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Comentarios

Portada - Comentarios - Turgot, sobre la tolerancia religiosa

09/08/2012 - José Carlos Rodríguez

Turgot, sobre la tolerancia religiosa

El 15 de junio de 1775, en Reims, Luis XVI celebraba su coronación. No era dueño del todo de las palabras que formarían parte de su juramento, un conjunto de promesas hechas ante Dios, ante la Iglesia y ante sus súbditos. Formaban parte de una acuñación tradicional que, simplemente, había heredado. Pero cuando llegó a la mención de su compromiso de "exterminar" a "los herejes condenados por la Iglesia", su voz se apagó y lo que dijera quedó sólo para sus oídos.

Había seguido el consejo de Anne Robert Jacques Turgot. Este autor se había destacado desde hacía dos décadas por su encendida pero razonada defensa de la "tolerancia cívica". Su primera obra publicada es un folleto, Le conciliateur, escrito en 1754. Aborda un conflicto del momento de los obispos franceses con los protestantes y con los jansenistas. También con el Parlamento de París, que pese a su nombre era entonces más un juzgado que lo que hoy entendemos por Parlamento.

En ese pasquín imagina cuál sería el mensaje del Rey, que entonces era Luis XV, hacia cada uno de los grupos en contienda. De todos ellos reconoce su competencia o su situación a los ojos de un rey católico. A los protestantes les miraría con aflicción por su desvío de la verdadera fe, a los jansenistas diría que le gustaría ver una Iglesia sin divisiones, se referiría a los obispos que respeta y asume sus juicios y espera del Parlamento que sepa armonizar su autoridad con la del Rey.

Pero a todos ellos expone cuáles son los lindes de su competencia. Lo que está asentando Turgot, que no es sino el reconocimiento de una realidad, es el principio de que hay varias jurisdicciones, cada una de ellas sobre ámbitos distintos. A los protestantes les dice: "someteos a las leyes (...), y recibiréis de mí la misma protección de que disfrutan el resto de los súbditos". "Todo lo que me concierne", dice a los jansenistas, "es ver que disfrutáis de vuestra vida con tranquilidad como ciudadanos. Es sólo a este respecto que me intereso por vosotros. No temáis ni el exilio ni el castigo ni la prisión".

En una segunda carta, escrita en 1764, parte de las palabras y los hechos de Cristo para recalcar la idea de que hay dos ámbitos distintos, uno espiritual y eterno, otro terrenal y pasajero. Por ejemplo, dice que Jesús "no instruye a sus discípulos que imploren la asistencia de los reyes para perseguir a los no creyentes, a emplear la autoridad humana para hacer conversos". Y cita sus palabras: "Mi reino no es de este mundo". Los primeros Padres de la Iglesia, por su parte, "no pedían a los príncipes paganos que hicieran del evangelio la ley del imperio. Sólo pedían libertad para profesar su religión". Da un paso más en la historia para decir que "cuando los príncipes se hicieron cristianos, los obispos, para inmiscuirse en los asuntos de Estado, pidieron que sus decisiones formaran parte de las leyes del reino. Los príncipes, bien por celo, bien por propio interés, accedieron a ello, imaginando que con ello adquirirían mayor autoridad sobre los súbditos. Este paso fue perjudicial para ambas partes".

Sigue insistiendo en la llamada "separación de Iglesia y Estado", que no es sino un reconocimiento de que no hay una única jurisdicción enorme, la del Estado, sino que hay al menos dos, cada una con su propio ámbito. "Debemos volver a los orígenes de las cosas", dice Turgot. "Veremos a la religión, como debe ser, separada del gobierno; la Iglesia ocupada de la salvación de las almas; el imperio ocupado con el bienestar de la gente; la una y el otro teniendo sus propias leyes distintas, como lo son las cosas del cielo de las de la tierra".

¿Por qué hay que volver a los orígenes? ¿Por qué esa confusión de jurisdicciones es perjudicial para ambas? Porque reconoce que hay una división natural en la sociedad por lo que se refiere a las creencias religiosas. Y añade: "Rezo al cielo para que se restituya la paz en la Iglesia. Pero sería un mal para mí si esas divisiones se arrastrasen al Estado". En un texto escrito para Luis XVI sobre la tolerancia, que comienza haciendo referencia al consejo que le dio de no pronunciar parte del juramento en su coronación, hace referencia a este hecho natural que es la diversidad de creencias. "No todo el mundo concuerda en reconocer la revelación divina, y aquéllos que la reconocen no están de acuerdo en la interpretación de sus revelaciones particulares. Es bien conocido que hay sobre la faz de la tierra una multiplicidad de religiones, los devotos de las cuales creen que aquélla que profesan es la única que es obra de la Divinidad, y la única agradable a Él".

De modo que hay una distinción de jurisdicciones y una diversidad natural de creencias. Pero Turgot tiene aún un nuevo argumento para pedir que prevalezca la tolerancia. Y son los efectos que tiene la persecución sobre el propio individuo. Si por un lado esa persecución "arrastra", como él dice, las divisiones naturales de la sociedad al Estado y genera conflictos, por el otro sólo crea tormento en los perseguidos, sin tener el efecto deseado.

"Los hombres, para sus opiniones, sólo desean libertad. Si se les priva de ella, estás poniendo un arma en la mano", dice en su carta de 1764. "Dales libertad, y estarán tranquilos, como los luteranos en Estrasburgo. De modo que es la misma unidad en la religión que queremos imponer y no la diferencia de opiniones que toleramos la que produce problemas y guerras civiles".

Y sobre los efectos en la conciencia individual, insiste Turgot con gran ahínco en su carta a Luis XVI: "Si hay una religión verdadera, si Dios pide cuentas a cada hombre de lo que ha creído y practicado, si una pena eterna será el pago por rechazar la verdadera religión, ¿cómo podemos pensar que cualquier poder sobre la tierra puede tener el derecho de obligar a un hombre a seguir otra religión distinta de la que él cree verdadera en su alma y su conciencia?". Esa conciencia, ese espacio íntimo que guarda una relación directa con la Divinidad (no es en vano que la palabra religión venga de re-ligare), está más allá del poder terrenal. Y lo más que puede conseguir, aunque no siempre, es que adapte su comportamiento a los deseos del Estado, pero no puede asegurar que acabe siendo un verdadero creyente. La España moderna es clara ilustración de ello.

 

Opinión de los lectores

Francisco

Era sólo comentar que la fecha de Le conciliateur no me cuadra mucho y por lo que he encontrado es de 1754, además de ser lógico por cuándo vivió.
Muchas gracias por escucharme.
Un saludo.

david

Con todos mis respeto, leyendo el artículo da la impresión que el análisis de las relaciones Iglesia-Estado se establecen desde las corrdenadas marxistas. Como bien sabrá, las relaciones instituionales quedaron muy marcadas por la patrística, especialmente a través de la obra de Agustín de Hipona y la "Civitas dei". Y digo que la interpretación es muy marxista porque siempre fue el poder político (Caín) el que constantemente invadía las competencias de la "sociedad civil" (concepto muy cacareado hoy día y cuya creación se la debemos a Agustín de Hipona). No es cierto que la jurisdicción terrenal fuese competencia de la Iglesia, es más, ésta servía de contrapeso a las constantes intromisiones del poder político (véase el De rege et regis institutione del padre Mariana). El cristianismo, como las monoteístas, son religiones proselitistas, es decir, han de dar fe pública y eso suele acarrear problemas. Por lo tanto, es el poder político el que ha utilizado a su antojo al religioso y no viceversa. Y esa ha sido la artimaña propagandística de la izquierda. Por último, quien creo el concepto de tolerancia fue Leibniz, pero como reacción a la intolerancia, es decir, primero existía la intolerancia y luego apareció la tolerancia como medida para atenuar los desastres de las guerras de religión en Alemania, guerra que por otra parte eran más políticas que religiosas. Y como conclusión personal, la intolerancia religiosa ha traído mucha más paz que la tolerancia: ¿se imagina que hubiesen pervivido las tres religiones monoteístas en España? Lo de Yugoslavia (nuevamente, essa guerra fue política que aprovechó la religión para disfrazarla) al ladao de España habría sido una broma.

José Carlos Rodríguez

Y el pobre Marx, ¿qué pinta en todo esto? En cualquier caso, por lo que se refiere a la intolerancia religiosa, que cada uno sea intolerante en su casa, pero que no se meta en la del vecino.

david

¿Podrías explicar cómo las religiones monoteístas pueden dejar de ser proselitistas, o dejarse de meter en la casa del vecino? No comentas nada cómo acabaron los hugonotes en Francia. La tolerancia no es virtud: se fue tolerante con los nazis y acabó como acabó; las potencias europeas fueron tolerantes con Lenin y Mao y acabó como acabó. ¿Por que hay que ser tolerante con la estupidez? ¿Por qué habría que tolerar al Islám? Según sus presupuestos, al sarraceno habría que sugerirle amistosamente que se fuese de la península. Pero fue gracias a la intolerancia por lo que se construyó España. La palabra tolerancia está cargada de lenguaje políticamente correcto, rezumando buenismo por doquier. Y cuando se quiere decir intolerante, se acude a la "tolerancia cero", expresión ridícula y falta de criterio.
Turgot está allanando a un viejo argumento de Suárez de la religión escrita en el corazón de los hombre pero lo desvirtúa; en el fondo Turgort está abriendo las puertas al protestantismo, algo fácil por la descomunal presencia de la superstición en Francia, tal como lo cuenta Descartes, algo que no ocurría en España gracias al Santo Oficio. Para terminar, le recuerdo que a Luis XVI se le guillotinó principalmente por envilecer la moneda y los libros de la Teoría del justo precio del escolástico Luis de Molina estaban presentes en todo París. Una vez más, gracias a la intolerancia religiosa se salvó a la sociedad civil de la intromisión del poder político, algo que hoy día es ya imposible porque ha ganado la tolerancia. Y repito, la Francia del XVII y XVIII estaba repleta de superstición mientras que España disfrutaba de la escolástica (le recuerdo que los escolásticos eran la referencia mundial, sobre todo el padre Suárez, al que Leibniz y Descartes estudiaban con pasión) y eso fue gracias a la intolerancia de la Inquisición para con esas sectas supersticiosas, que entre otras cosas, les daba por quemar al primero que se moviera. Creo que la leyenda negra de España, creada por otra parte en Francia, sigue percutiendo los cerebros de mucha gene hoy día.

Rothbard

David, ¿puedes poner algún link a un documento académico, una tesis doctoral o un libro publicado en donde se comente ésa supuesta relación que aparentemente mantuvieron Leibniz y Descartes con los libros de Luis de Molina ?. Suena extraño y, al mismo tiempo, curioso; si hubiese sido demostrado académicamente (con datos y sin conjeturas a vuela pluma).

Igualmente, por favor, ¿puedes poner algún link académico adicional en donde se explique que fue el envilecimiento de la moneda la causa que llevó al rey Luis XVI de Francia hasta la guillotina revolucionaria y, especialmente, sobre el supuesto (y creo que improvable) conocimiento y estudio del pensamiento del jesuita Luis de Molina en la Francia del siglo XVIII?

El tema del pensamiento escolástico me interesa mucho por lo que agradecería datos académicos (constratados) al respecto.... si existen.

Gracias

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