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Portada - Comentarios - Guerra de Secesión Americana (I)

04/09/2012 - Alberto Illán Oviedo

Guerra de Secesión Americana (I)

Es posible que el de los militares sea hoy en día uno de los colectivos más maltratados por personas de distintas ideologías. Quizá sea porque la violencia repugna moralmente, sobre todo la violencia planificada, y porque es fácil colocarnos en el papel de víctima de esa misma violencia. De los militares se dice con frecuencia que ansían la guerra, suspiran por la batalla y la destrucción. Sin embargo, son menos frecuentes las guerras que se han empezado por la obstinación de un militar que las que han estallado por el empecinamiento de los líderes políticos, que creen que es una herramienta fácil de controlar. Algunas, paradójicamente, se han iniciado incluso en contra de la opinión de los propios militares.

En febrero de 1861, los líderes secesionistas se reunieron en Montgomery (Alabama) para crear una nueva nación: los Estados Confederados de América, con una Constitución muy similar a la de sus enemigos norteños, pero permitiendo la esclavitud. La elección como presidente de Estados Unidos de Abraham Lincoln había sido el detonante de la decisión del Sur. En diciembre de 1860, una convención en Carolina del Sur había declarado su secesión. A ella, siguieron las de los Estados de Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas. Sin embargo, previo a todo esto, el clima de violencia creciente entre los Estados esclavistas y los no esclavistas se había ido intensificando desde el Acta Kansas-Nebraska, que permitía a cada Estado votar a favor o en contra de la institución de la esclavitud, que en teoría beneficiaba al Norte y que sustituía al Compromiso de Missouri, firmado en 1820.

La esclavitud se ha situado en el imaginario creado en torno a la Guerra Civil americana como la principal causa del conflicto y, aunque tuviera un papel importante en su justificación moral, habría que buscar las claves también en otros factores.

En primer lugar, el conflicto entre el Gobierno Federal y los gobiernos de los Estados, identificado el primero con el Norte y los segundos con el Sur. Desde la independencia de Gran Bretaña, las delimitaciones legales, así como sus derechos y deberes políticos, no habían quedado claros y los conflictos habían protagonizado buena parte de la política interna americana.

En segundo lugar, la imposición por parte del Gobierno Federal de una serie de medidas fiscales que afectaban de manera desigual a los industriales del Norte y a los plantadores del Sur, perjudicando a éstos últimos. Durante varias décadas, los congresistas y senadores del Sur habían conseguido mantener los aranceles a la importación en niveles aceptables, incluso reduciéndolos con respecto a los que ya existían en la década de los 20; sin embargo, al final de la década de los 50, los industriales del Norte pedían una política fiscal más acorde con sus intereses, con unas tasas más elevadas, dificultando a los grandes terratenientes del Sur (que no eran muchos, todo hay que decirlo) la compra de algunos bienes de equipo en el extranjero.

En tercer lugar, el distinto desarrollo económico y social de ambos territorios, que había generado dos sociedades muy distintas y, hasta cierto punto, antagónicas. No era extraño que la gran mayoría de los americanos nacidos antes de la mitad del siglo XIX en Estados Unidos no se hubieran movido más de 20 kilómetros del lugar que les había visto nacer. Esta inmovilidad relativa había dado lugar a un Norte industrial y más poblado, frente al Sur eminentemente agrícola y más tradicional, con una población dispersa en un territorio enorme, donde la esclavitud era importante, al menos para la economía de los terratenientes, aunque no para la gran mayoría de la población, repartida por numerosas granjas independientes, la gran mayoría, sin esclavos.

En 1861, todo parecía indicar que el conflicto se podía convertir en una guerra abierta, como así ocurrió. Cuando el 13 de abril se produjo el bombardeo - sin víctimas - del fuerte Sumter, bajo la bandera de los Estados Unidos de América, los líderes políticos que gobernaban los Estados Confederados estaban seguros de que empezaban una guerra corta que daría pie a una independencia rápida de los Estados secesionistas y una aceptación internacional de su soberanía, apoyada ésta última en la enorme demanda de algodón de las grandes potencias europeas, en especial Gran Bretaña y Francia.

Esa idea de que las naciones del Viejo Continente les apoyarían por ser su principal proveedor de algodón, unida a la percepción de que la sociedad sudista era superior a la del Norte y que su capacidad bélica era, por tanto, mayor (no eran extrañas las comparaciones en las que uno de los soldados del Sur era equivalente a un número variable de los del Norte), iniciaría un violento camino que conduciría, no sólo a la derrota del Sur, sino a la desaparición de la causa sudista, no la esclavitud, que posiblemente habría desaparecido con el tiempo, sino la defensa de los derechos de los Estados frente al Gobierno Federal y, de alguna manera, al declive de su forma de vida.

Y es esta simplificación de la realidad, esta visión idealizada (quizá basada en la propia experiencia americana) de que una causa aparentemente justa puede y debe terminar bien, la que hizo que los políticos del Sur tomaran una serie de decisiones que determinarían el transcurso de la guerra y su resolución.

La arrogancia sureña, el honor mal entendido, explica situaciones tan absurdas como empezar la guerra sin haber acumulado suficientes suministros (quizá por la seguridad de que sería un conflicto corto tras algunas rápidas victorias del Sur), el no haber sondeado de manera adecuada un previo reconocimiento internacional (que se daba por hecho por la "dependencia" del algodón del Sur de las factorías británicas y las supuestas simpatías de Napoleón III hacia la causa sudista, obviando la amplia repulsa británica a la esclavitud, los problemas del gobierno francés en México y la necesidad de que el Norte no interfiriera en su incursión mexicana) o haber creado una estrategia de actuación en función de las posibles respuestas militares del Norte a su desafío, en vez de un camino político, más largo, pero seguramente más exitoso. El cálculo político maneja demasiadas variables como para que los resultados sean siempre los que se buscan, sobre todo, si se parte de premisas erróneas.

 

Opinión de los lectores

Sergio Samayoa

Interesante.
Solo una pequeña correción: No es "gran mayoría" ya que no hay "mayorías" pequeñas, medias o grandes, solo existe una "mayoría".

Saludos.

Imanol Arbinaga

Fantástico y muy instructivo artículo que nos hace ver que, a veces, la realidad es más compleja de lo que nos cuentan y que, en muchas ocasiones, los intereses económicos están en el transfondo de la realidad.
Te felicito.

Diego

Muchas gracias por este artículo.
Una gran mayoría, es una gran mayoría, una expresión que se ha extendido mucho y que además tiene sentido.
Así hablando de una gran mayoría puedes pensar en un 90% y una mayoría a secas puedes pensar en un 65%.
Me interesa la historia de Estados Unidos pero sólo me he informado através de wikiepdia y aveces es un poco aborrecible además de no ser 100% fiable, podrías recomendar algún libro para iniciarse en la Guerra de Secesión Americana?

Enrique

Agradecido por su articulo, voy mas lejos, la guerra fue para mi la excusa de los poderosos del Norte y del Sur, que ambos tenian esclavos (hasta la Casa Blanca), para realmante acabar con un sistema que no les interesa (lo que quieren hacer con Suiza y su Confederacion) e implantar otro que no es mas que un centralismo disfrazado, la unión, al estilo de europa, lo que algunos federalistas, creo que equivocadamente llaman estado federal.

Que se permite decidir sobre sus estados miembros en cada vez mas cosas financiado pior su hermanito BC.

JFM

Unas cuantas puntualizaciones.

1) La guerra sí tuvo por causa principal la esclavitud. No hay mas que ver el volumen respectivo de la esclavitud y los aranceles de aduana, (los cuales por cierto no habian parado de bajar durante tres decada tal como lo queria el Sur) el numero y la posicion de los articulos de la Constitucion confederada que trataban de ambos temas para ver que es lo que les importaba a los Confederados. Y eso aera la esclavitud


2) A Lincoln le importaba la escalvitud. Cierto que dice en una carta abierta que solo, le importaba la Union pero en un momento en los que los estados del Alto Sur todavia permanecian indecisos ningun politico respnsable podia permitirse el proclamar urbi et orbe que queria aboliral: hubiese significado la secesion inmediata de estados que a la postre seguirian siendo leales (Kentucky por ejemplo). Si queremos saber lo que le importaba a Lincoln lo mejor es referirse a las negociaciones de principios de 1860 para obtener la reintegracion de,l Sur Profundo que habia hecho secesion. Si de vberdad lo que le importaba eran los aranceles y la union lo logico es que hiciese concesiones sobre la esclavitud a cambio del regreso de los estados secesionatas. Pues bién se niega en forma tajante a hacer la menor concesion sobre el tema.

Porqué estos mitos entonces? Pues porque lmucha gente tiene interés en propagarlos. Obviamente los sureńtios tras la guerra. Tambin ma izquierda especuamente durante la guerra fria tenia un interés en denegar cualquier accion decente de EEUU. Los estados fallidos de ibero america. La legion de los "enteraos". Y last but not least los europeos que despues de Auschwits necesitaban despreciarca los americanos para restaurar la imagen que tenian de ellss mismos.

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