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Portada - Comentarios - Thomas Szasz: La nueva psiquiatría libertaria

21/09/2012 - Adolfo D. Lozano

Thomas Szasz: La nueva psiquiatría libertaria

Si le hablas a Dios, estás rezando; si te responde, tienes esquizofrenia.
T. Szasz

Este pasado 8 de septiembre falleció una de esas personas cuya falta de popularidad y nombre entre el público resulta bastante injustificada. Parte de esto podría deberse a un mensaje, el suyo, más que incómodo para no pocos poderes tanto formales como fácticos. Thomas Szasz, nacido en 1920 en Hungría, con apenas 18 años se trasladó a estudiar y vivir a EEUU, donde acabó estudiando medicina y especializándose en psiquiatría. Pronto destacó como un profundo crítico de la psiquiatría oficial.

Baste mencionar, para comprender su antagonismo con la psiquiatría dominante, que Szasz consideraba por ejemplo falsa la existencia de enfermedades de tipo mental. Tal es el argumento central de su obra El Mito de la Enfermedad Mental. Szazs afirmaba que el concepto de "enfermedad", según la definición clásica-victoriana, sólo es aplicable a lesiones del cuerpo físico y sus órganos. A lo que uno replicará que el cerebro es, sin duda, también un órgano. Szasz no niega evidentemente esto, sino que puntualiza que las enfermedades del cerebro como órgano son estudiadas por la neurología. La psiquiatría, sin embargo, ocupada de la mente, no trataría de enfermedades en tanto la mente no es un órgano físico. Es decir, hablar de mente enferma sería para Szasz como hablar de una economía enferma; se trata meramente de metáforas lingüísticas. La psiquiatría estudiaría por tanto comportamientos, pero no enfermedades. Si uno acaba teniendo problemas de comportamiento por una enfermedad cerebral (intoxicaciones, infecciones, etc., cerebrales), esto pertenece por tanto a la neurología, no a la psiquiatría. Y si un día halláramos que todos los problemas mentales son enfermedades cerebrales, la psiquiatría desparecería en pos de la neurología. Como inequívocamente aclaraba Szasz, si un problema no puede observarse en una autopsia no es una enfermedad.

Son otros sin embargo los argumentos en los que Szasz fue más contracorriente. Basándose en sus profundas ideas libertarias e individualistas –de que uno es dueño absoluto de su cuerpo y mente-, Szasz fue un incansable crítico del uso del tratamiento en pacientes de forma coactiva, o dicho resumidamente de la hospitalización involuntaria. Forzar a alguien a ser hospitalizado o tratado contra su voluntad es mera y llanamente esclavitud, y todos somos y debemos ser libres en tanto no hayamos arrebatado antes la libertad a alguien (robando, matando, secuestrando, etc.). Exactamente Szasz consideraba la hospitalización involuntaria un crimen contra la humanidad. Así, en los 70 contribuyó a la fundación de la Asociación Americana por la Abolición de la Hospitalización Mental Involuntaria. Dentro de su lógica libertaria, defendía por supuesto el derecho al suicidio, que se cuidaba mucho de diferenciar de la eutanasia sancionada por el Estado. Nada menos que dos obras íntegras dedicó al tema: La prohibición del suicidio: La vergüenza de la medicina y Libertad Fatal: Ética y Política del suicidio. Ya saben, desconfíen del que se proclama liberal y está contra de la legalidad del suicidio (o eutanasia), pues será otro intervencionista-colectivista enmascarado. Y es que, por supuesto, Szasz fue un acérrimo enemigo del Estado. Siempre defendió, hasta el final de sus días, que la psiquiatría, y la medicina entera, debía separarse del Estado por las mismas razones que, parafraseando a Ayn Rand, debía separarse la Iglesia del Estado.

Esa invasión de la medicina por parte del Estado es para Szasz en no poca medida responsable de la desquiciante medicalización farmacológica de la sociedad actual. "En tanto la teocracia es el sistema de Dios y sus clérigos o la democracia el sistema de la mayoría, la farmocracia es el sistema de la medicina y los médicos". Décadas después de esta cita, la fundación Life Extension recuperó felizmente el término farmocracia. La medicina en general, y la psiquiatría en particular, con prácticas en su historial como la lobotomización o la crítica de la masturbación, ha llegado según Szasz a convertirse en una nueva y perniciosa religión. A este propósito dedicó, entre otros, su libro Farmocracia: Medicina y Política en América.

Una de sus definiciones más características fue la acuñada en los años 60 de "Estado Terapéutico" para dar cuenta de la alianza del Gobierno o Estado con la psiquiatría. Para Szasz se trata de un sistema totalizante y prototalitario en el que se busca reprimir las acciones, pensamientos, ideas o emociones censuradas por el órgano político empleando la farmacología como brazo de implementación. La timidez, la ansiedad, la promiscuidad, la homo o bisexualidad, el tabaquismo, el uso de drogas que el órgano político-gubernamental etiqueta como ‘ilegales’, comer en exceso... deben ser, según la religión secular del Estado y la farmacología, tratadas y remediadas. Sin duda el gran libertario Murray Rothbard pecó hace 30 años de ingenuidad cuando en las páginas finales de su brillante obra La Ética de la Libertad aún dudaba de si se extendería por todo Occidente el puritanismo moral intervencionista ‘por nuestra salud’. En esta línea, hace pocos días veíamos cómo la ciudad de Nueva York prohibía la venta de refrescos gigantes. Quizás no falte tanto para que el Gobierno multe y sancione a quien se ponga enfermo, rediseñen el Impuesto sobre la Renta como Impuesto sobre Grado de Enfermedad, o directamente prohíban a uno morirse. No bebas, no fumes, no tengas relaciones sexuales, no comas demasiadas ni demasiadas pocas calorías, sé sociable sin caer en la excesiva extroversión... ¿A qué nos suena todo esto? Al terrible mundo feliz de Aldous Huxley donde somos máquinas y autómatas dirigidos por el órgano gubernamental de turno. Por supuesto no deberíamos fumar o beber demasiado alcohol si queremos estar sanos, pero estas cuestiones competen a los que nos dedicamos a la salud y a los ciudadanos libres de hacer, o no, caso, pero no al Gobierno que emplea la coacción y el palo de la ley a ciudadanos convertidos en siervos y lacayos. Como dice el libertario Ron Paul, si el Gobierno debe protegernos de nosotros mismos, absolutamente ya cualquier cosa imaginable le estará permitida a un Gobierno.

Y como no podía ser menos, Szasz abogaba por la legalización sin cortapisas de todas las drogas. Teniendo efectos nocivos para la salud muchas de ellas, la prohibición y la guerra contra las drogas no hace sino aumentar la tragedia y el perjuicio infligidos por éstas. El libre mercado, la libre competencia y la libertad de elegir del paciente y consumidor eran para Szasz parte de la receta, nunca mejor dicho, libertadora en el campo de los fármacos y las drogas. Y he aquí uno de sus libros más célebres: Nuestro derecho a las drogas.

Entre las decenas de premios recibidos en su vida, por ejemplo, fue nombrado en 1973 humanista del año por la Asociación Humanista Americana y doctor honoris causa por la Universidad Francisco Marroquín por su contribución a las ideas de la libertad.

Thomas Szasz es de esas personas que, si no existieran, habría que inventarlas. Nunca, sin embargo, nacerá un Szasz auspiciado por la industria farmacéutica ni por las subvenciones e intereses político-burocráticos. El mundo, nuestro mundo, necesita de muchos Szaszs. Que proclamen que la libertad es una e indivisible. Que no puede haber libertad intelectual y de mente si no la hay económica. Y viceversa.

La plaga de la humanidad es el miedo y el rechazo a la diversidad: el monoteísmo, la monarquía, la monogamia. La creencia de que sólo hay una manera correcta de vivir, sólo una forma de regular el derecho religioso, político, sexual, es la causa fundamental de la mayor amenaza para el ser humano: los miembros de su propia especie, empeñados en asegurar su salvación.
T. Szasz.

 

Opinión de los lectores

Eugenio Martín Velázquez

Adolfo felicitarte y agradecerte tu esfuerzo en este fenomenal artículo. Me enseñó cuando era muy joven lo siguiente. Cuando una persona privada quita la vida, la propiedad, la libertad a otra persona llamamos al primero criminal y a la última víctima. Cuando un Agente del Estado hace tal cosa, y lo hace legalmente, de acuerdo con la ley “estatal”, lo consideramos como un funcionario que impone la ley cumpliendo con su deber, y consideramos a la persona despojada como un criminal que recibe su justo castigo.

Gregory

El miedo y el rechazo a la diversidad se manifiesta también en el monolingüismo impuesto, en los favorables a un partido único, en el sentimiento de pertenencia a una única nación, en los intolerantes con disidentes o minorías de cualquier tipo, en los exigentes de reciprocidad absoluta en las relaciones internacionales entre Estados…

Tu artículo me ha parecido interesante y es un buen tributo al recientemente desaparecido Th. Szasz.

wiener

entonces , siguiendo a Szasz, ¿qué diferencia a un psiquiatra de un psicólogo? ¿Habría que estudiar la carrera de medicina para ejercer como psiquiatra szasziano?

quedan lagunas en este artículo. pero, en general, es estupendo y conciso.

saludos.

dottedsun

No me parecería mal la legalización de las drogas si las consecuencias no las pagásemos los demás, es decir, si el que se droga luego no tiene que tener tratamientos médicos pagados por los demás, como si se droga hasta morir.
Pero aún hay más: el que se droga con drogas que le hacen perder la capacidad de raciocinio es un peligro para los demás (un borracho, por ejemplo) y, en la legislación españlola, alguien así no es responsable de sus actos, o lo que es lo mismo, que puede cometer crímenes y el estar bajo la influencia de las drogas es un eximente. Eso no puede ser.

Alejandro Sala

Me causa mucha gracia eso de que el suicidio pueda resultar ilegal. ¿Cómo se instrumentarían las sanciones a los suicidas? ¿Se les negaría el derecho a recibir coronas de flores en su funeral? ¿Se los condenaría a reposar en un cementario sin calefacción ni aire acondicionado? A veces el estatismo llega a niveles que son directamente disparatados...

Mónica

Magnífico artículo. Ahora, lo que no comparto ni entiendo es la identificación terminológica que haces de suicidio con eutanasia. La eutanasia libertariamente bendecida no deja de ser un tipo de suicidio (un suicidio, vamos, con todas sus letras) que, si no puedes ejercerlo tú mismo, habrás de subcontratarlo tú mismo previo pago de su importe. Así sí. Pero hablar de eutanasia implica hablar de voluntades ajenas al individuo, ya sean estatales o –con su anuencia- de las familias. Y eso no es nada, pero que nada liberal.
Y cuidadín con esos matices, porque el lenguaje lo carga el diablo.

Enrique

Respondiendo a Rotesdun(creo que se escribe asi), verá usted es que esa es la esencia liberal, cada cual es responsable de sus actos y si tiene un contrato con un grupo social, caso de un territorio, debe cumplir las normas comunmente decididas incluidos los castigos, este borracho o colocado, usted no se pero yo lo he estado y sabía perfectamente lo que hacia, en ambos casos.

Las escusas de no saben lo que hacen o pierden el racioncinio, son como las "escusas de mal pagador", utilizadas en el mejor de los casos por maridos infieles que no asumen su error como hombres o personas como usted quiera y en el peor son las usadas por los estados, añadiendo (ahí me desmarco de muchos hasta liberales) que detras de esa ilegalidad estan los que compran a esos estados para que "todo siga así", esos narcos que si fuera legal, caso Holanda, desaparecerian.

me hace gracia cuando se opina de algo sin haberlo consumido en contra de ello.

Me recuerda a un debate de TV de hace años en que un sociologo comparaba, con bastante acierto, la coca con 20 tazas de cafe, le estigmatizaron en esta sociedad hipocrita. Tenia razon, él la habia consumido y sabia de que hablaba, la señora que le estigmatizó hablaba de su hijo, que si mi niño no deberia tener acceso a esas cosas, mi mi, su que, su niño señora es el director del instituto (ironia) y es un adulto responsable de sus actos, hace años que dejo de ser suyo...madre castradora creo que se denomina a ese trastorno.

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