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Portada - Comentarios - Ingenuidad francesa, pérdidas totales

31/03/2006 - Jorge Valín

Ingenuidad francesa, pérdidas totales

Según un reciente informe del senado francés, el 75% de los jóvenes de Francia quieren ser funcionarios. Si la estadística es cierta, Francia tiene un problema grave. Evidentemente nadie se quiere hacer funcionario para servir a la gente, eso sólo lo hace la empresa privada. No destaca entre el personal del gobierno cualidades como la buena atención al cliente, eficiencia, empatía hacia el consumidor, la búsqueda de beneficios, ni la alta producción.

Este 75% de jóvenes tal vez creen, ingenuamente, que empleo es igual a riqueza y producción, pero el trabajo por el hecho de no hacer nada, y a esto aspira el funcionario, no da valor alguno a la comunidad. Keynes, por ejemplo, era partidario de este tipo de "producción". Afirmaba que en momentos de crisis "el estado debía estimular el trabajo aunque fuese cavando zanjas para luego volverlas a tapar".

Si gran parte de un país usa su tiempo y capacidad creativa y productora a no hacer nada, la producción útil que los consumidores y accionistas ansían para mejorar su nivel de vida –y aquí estamos todos en algún momento– se verá insatisfecha con sus lógicas consecuencias; tampoco habrá capital extranjero que venga al socorro (nadie crea empresas en países poco productivos y caros); el mercado interior será cada vez más deficiente y la esterilidad económica ahuyentará o desanimará a la persona trabajadora, productiva y ambiciosa que son el motor de la sociedad. Ahora podemos entender mucho mejor el offshoring y outsourcing (deslocalización y subcontratación) que se producen en nuestro mundo globalizado, y también podemos comprender cómo no sólo son fenómenos de costes, sino también de mejora en la productividad.

También, una parte importante de los jóvenes franceses pretenden sustituir la fuente de innovación y prosperidad que otorga el libre mercado por la decadente gestión de la burocracia gubernamental. Así funcionaban los países de la antigua Unión Soviética. La muerte del socialismo político, el comunismo, demostró, incluso a los más radicales partidarios que del totalitarismo soviético, que la gestión estatal de la economía sólo sirve para crear penurias a la gente y riqueza a los altos dirigentes políticos.

Esto no significa que ese 75% esté a favor del socialismo ni sepan siquiera las consecuencias que éste conlleva, es evidente que no. Pero para un occidental actual vivir bien significa no trabajar, algo que es una contradicción ya que si no trabajamos no obtenemos nada y por lo tanto empobreceremos. Si no producimos lo que otros ansían y trabajamos sin producir nada (al modo de Keynes), todo el sistema de alta división del trabajo, diversidad económica, prosperidad y creación y acumulación de riqueza desaparecerán. En este caso el estado no podrá suministrarnos los mínimos y menos aún proporcionarnos lujos; porque el estado vive de la gente a la que domina, y si ésta no tiene nada, el estado guardará lo que expolia a la gente para distribuirlo entre los altos burócratas y políticos.

La dificultad a la que se enfrentan los franceses no es la de un mercado laboral rígido, la negación a un contrato que pueda despedir a los jóvenes de forma libre (el CPE), el alto nivel de desempleo, ni las cuentas rojas del estado... sino la propia mentalidad francesa que es el paradigma de Europa. Si la gran mayoría de los franceses no quieren trabajar, aunque no consigan hacerse funcionarios, los resultados van a ser igual de destructivos: continuo retroceso económico. Ninguna ley les va a servir para estimular la producción. Tardará tiempo, pero Francia está a las puertas de su hundimiento.

 

Opinión de los lectores

Francisco Moreno

Parece mentira lo que se va viendo de Francia, pero quien conozca un poco los escritos del agudo observador de la realidad francesa, Jean-François Revel, no se sorprenderá en nada. El libre-pensador Revel dio en el clavo cuando denunciaba al Partido Socialista como el más reaccionario de Europa, después de quedar definidas sus orientaciones en el “ultra-progre” Congreso de Épinay (13 junio 1971). En dicho congreso se estableció la estrategia de unir todas las fuerzas de izquierda (incluidos los comunistas) y se postuló el propio Mitterand como el galvanizador de los izquierdistas franceses y cabeza visible del socialismo francés. El discurso de François Mitterand de aquel congreso aburre hasta lo indecible pero se ve por dónde iría su estrategia futura como presidente (elegido por dos veces consecutivas como presidente de la República por los franceses, desde mayo de 1981 hasta 1995) con propuestas de dilemas en dicho discurso como esta: o bien la tiranía, decadencia y podredumbre del capitalismo o bien el Socialismo (como símbolo de la Justicia y la rectitud). Su objetivo en dicho discurso era la toma del poder. Su programa confeccionado posteriormente era salvajemente anticapitalista y anti-liberal. Ya había declarado que el modelo sueco, aunque había conseguido ciertas conquistas sociales le parecía en verdad flojo ya que no había sido capaz de “golpear el corazón del capitalismo”.
En el mencionado Congreso de Épinay destacó el discurso Pierre Mauroy, que es mucho más interesante que el discurso de su jefe pues se ven muy claras sus intenciones. Sus cinco orientaciones son: 1. Ideal socialista, 2. Equilibrio entre reforma y revolución (pero, ahí despunta su tendencia jacobina, declara que, llegado el momento oportuno, la evolución podría tornarse en “mutación rápida y brutal”), 3. Toma de poder para los próximos 20 años, 4. Política de apertura (invitación a unirse en su proyecto socialista a jóvenes, sindicalistas, cristianos, cooperantes y demás gente de buena voluntad) y 5. Alianza con los comunistas y su reflejo en iniciativas legislativas concretas (¡y tanto que las hubo!). Al final, el Sr. Mauroy termina coreando, “¡nosotros somos los mejores!”. No tiene desperdicio.
Todo esto parecía charlatanería, pero una vez en el poder, y muy especialmente durante el primer gobierno concebido por Mitterand designando como primer ministro al propio Pierre Mauroy, pronto se comprobó que las soflamas del Congreso de Épinay no iban en broma. Un muy sucinto relato de alguna de las muchas acciones de intervencionistas de ese trienio de gobierno socialista (mayo 1981-julio 1984) le deja a cualquier liberal horrorizado:
- Aumento del 10% del salario mínimo inter-profesional
- Aumento del 25% de las ayudas familiares
- Se duplica el presupuesto del Ministerio de Cultura
- Se construyen nuevas prisiones exponencialmente
- Diversos préstamos al Estado, elevando su deuda considerablemente
- Nacionalización de los 36 primeros bancos de ahorro de Francia
- Nacionalización de los grandes grupos industriales
- Semana de 39 horas semanales
- 5ª semana de vacaciones pagadas
- Prohibición de multi-empleo
- Jubilación obligatoria a los 60 años
- Refuerzo de la prevención de los riesgos laborales y de los comités de empresa
- Subvención a libros culturalmente protegidos para conseguir un precio único
- Creación de la Alta Autoridad de la Comunicación audiovisual
- Endurecimiento de los controles de cambio ante las diversas devaluaciones del franco
- Impuesto especial para los reproductores de música
- Creación del Centro Mundial de Información y de RR HH (¡vade retro!)
- Intento de crear, en el seno del, por entonces, G-7 una regulación a nivel mundial mediante el NTIC (Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación) con la excusa de controlar su difusión en los países menos desarrollados; menos mal que Reagan y Thatcher le pararon los pies a Mitterand.
- Refuerzo de la enseñanza pública
- Intervención en el Chad, etc., etc., etc.
(Aquí paro; pero de verdad que la lista de iniciativas legislativas de la mano de sus inspiradores comunistas es mucho más larga). Es un programa de lo que no debería hacer nunca un político liberal.

En 1988 los franceses volvieron a dar su confianza a Mitterand en un segundo mandato presidencial, a pesar de los inmensos errores y fracasos económicos de esos primeros años de exceso social-progresismo (1981-84).
Francia es, sin duda, una gran nación e innumerables franceses han despuntado en todos los terrenos del saber y del buen hacer, pero Francia no volvió a ser la misma desde entonces.
La sombra de Mitterand es alargada…
Francisco Moreno

libertymad

Para cualquier interesado en "La Cuestión Francesa" le recomiendo La singularidad francesa, de Guy Sorman, o cualquiera de los libros del autor, que suelen centrarse en Francia. ¿Por qué a algunos nos gusta tanto la literatura francesa y tan poco su política?

Miguel Moreno Ibáñez

Enhorabuena a Jorge Valín y al primer comentarista. Francia está condenada al fracaso. Salvo la UDF todos los partidos políticos son bastante o muy intervencionistas:

- Frente Nacional (extrema derecha - antiliberal)
- Movimiento Nacional Republicano (extrema derecha - antiliberal)
- Movimiento por Francia (nacionalismo soberanista - poco liberal)
- Rally por Francia (neogaullista - poco liberal)
- Caza, Pesca, Naturaleza, Traditiones (conservadurismo - poco liberal)
- Unión por un Movimiento Popular (centroderechismo - poco liberal)
- Unión por la Democracia Francesa (democristianismo - liberal conservador) *
- Partido Radical de la Izquierda (radicalismo - poco liberal)
- Energía Radical (radicalismo - poco liberal)
- Movimiento Republicano y Ciudadano (republicanoizquierdismo - poco liberal)
- Partido Socialista Francés (socialismo - antiliberal)
- Partido Comunista Francés (comunismo - antiliberal)
- Union Gauche - Parti Communiste Reunionnais (comunismo-antiliberal)
- Los Verdes (ecologismo - antiliberal)
- Lucha Obrera (trotskismo - antiliberal)
- Liga Comunista Revolucionaria (trotskismo - antiliberal)
- Partido de los Trabajadores (lambertismo - antiliberal)

Con este panorama, el fracaso a corto y medio plazo es seguro.

Arturo Solórzano

Sería bueno que cada país hiciera una encuesta entre los jóvenes para saber a qué aspiran ser cuando tengan que trabajar. Es casi seguro que hay muy pocos que quieren ser empresarios.

Esto es resultado del sesgo anti empresarial en la sociedad que lleva a reforzar un círculo vicioso de cada vez menos empresas competitivas, cada vez menos empleo, cada vez menos salarios e ingresos, cada vez menos impuestos y cada vez menos gasto social, es decir, un proceso de involución económica causado por cada vez más personas poniendo obstáculos al desarrollo de las empresas; cada vez más personas pidiendo empleo sin tener idea de cómo crearlo y presionando los salarios hacia abajo; cada vez más personas presionando por subsidios y servicios sociales, impulsando a gobiernos irresponsables a endeudar a las próximas generaciones o a disparar la inflación; cada vez más personas pobres, con menos acceso a alimentación, salud, educación, vivienda, etc. que lleva a muchos a la delincuencia, la prostitución, las protestas violentas con destrucción de la propiedad pública y privada, y hasta la guerra civil. Las sociedades que caen en este proceso de involución económica y social también destruyen las instituciones democráticas y se ven incapacitadas de recuperar el control y la gobernabilidad. Esto es lo que se conoce como "Estados fallidos o fracasados" -failed states por su traducción del concepto original en inglés-. En África hay muchos de ellos. En América tenemos a Haití. Es claro que también puede haber otros elementos que influyen en que se llegue a este extremo, como los de orden político, religioso o racial, pero el sustrato económico es el mismo.

Afortunadamente no hemos llegado a estos extremos, debido que una pequeña parte de la población tiene un espíritu empresarial que la motiva y la impulsa a crear empresas, y con ello riquezas, empleo, ingresos, e impuestos. La fuerza de este pequeño contingente de empresarios y personas que comprenden el papel que las empresas desempeñan en la economía, es suficiente no sólo para impedir llegar al punto de involución sino también para mantener un pequeño crecimiento económico. Sin embargo, el tamaño de este contingente pro empresarial no es aún suficiente para lograr un despegue vigoroso de la economía que permita alcanzar en poco tiempo el status de país desarrollado. Hacen falta más personas que quieran ser empresarios en lugar de empleados. Hacen falta más personas que comprendan el funcionamiento del sistema económico y desde sus diferentes puestos en la sociedad contribuyan a la creación y fortalecimiento de las empresas, no al contrario como ahora sucede.

No creamos que esto es un problema solamente de países subdesarrollados. Algunos de los desarrollados también lo padecen. Por ejemplo, los disturbios en Francia en mayo de 2006 fueron una reacción a los intentos -luego fallidos- del gobierno para flexibilizar el mercado laboral y mejorar la competitividad de las empresas. En Alemania, los sindicatos -más flexibles e inteligentes que sus pares franceses- aceptaron un aumento de la jornada laboral y reducción de privilegios. En ambos países, el nivel de productividad de las empresas es capaz de sostener un alto nivel de vida para la población. Sin embargo, llega un momento en que la carga social es tan grande que hace perder competitividad a las empresas frente a las de otros países y es necesario reducir beneficios. Quienes comprenden cómo funciona el sistema económico se ajustan, quienes lo ignoran recurren a la guerra contra los empresarios. Podrá Francia evitar llegar al estancamiento? No lo sabemos. Lo único seguro es que la Unión Europea no le permitirá llegar al punto de involución.

En Nicaragua, a diferencia de Francia, no somos parte de un poder supra nacional que nos obligue a encarrilarnos por el rumbo correcto. Debemos hacerlo por convencimiento propio. Por eso necesitamos acabar con el analfabetismo económico.

Lo anterior es parte de un artículo que escribí sobre el tema del analfabetismo económico y que puede verse aquí.

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