La corrupción es la norma
Los escándalos de corrupción, que a menudo salpican las primeras páginas de los periódicos, tienen la virtud de hacer cada vez más difícil a los políticos y a sus medios de comunicación afines sostener la ficción de que se trata de asuntos excepcionales dentro de unas coordenadas de comportamiento generalmente correctas. Sin embargo, cuando el sistema se sostiene en cimientos ya podridos, lo raro no es que alguien maneje sus engranajes en beneficio propio, sino que haya alguien con capacidad decisoria que no lo haga.
El sistema de pensiones de la seguridad social es un fraude por sí mismo, más allá de que la implicación de alguna representante del petardeo televisivo en un caso puntual le otorgue a éste una relevancia especial. El método de reparto en el que se basa el procedimiento de asignación de pensiones, como es bien sabido, no difiere gran cosa de la conocida estafa piramidal, en virtud de la cual muchos pagan a unos pocos con la esperanza de llegar un día a la cúspide de la figura y empezar a recibir ingresos, aunque lo más normal es que a mitad del proceso todo el montaje se vaya abajo y la mayoría no se convierta nunca en perceptora neta. De hecho, la seguridad social pública ya hubiera implosionado en los estados del bienestar si no fuera por las ingentes inyecciones económicas de los distintos gobiernos.
El penúltimo escándalo, al que nos referíamos, tiene que ver con la supuesta concesión de pensiones de invalidez fraudulentas, algo que sólo puede ocurrir bajo el actual método de reparto, pues si se implantara el sistema de capitalización, de forma que cada individuo se hiciera responsable a través de depósitos mensuales de su pensión futura, nadie podría "robar" a otro su capital mediante partes de baja ficticios como ocurre actualmente.
La prohibición de construir viviendas u otros edificios sin la oportuna licencia expedida por el órgano político correspondiente, es también otro ejemplo de corrupción sí mismo. La maldad intrínseca de este sistema consiste en que no existe seguridad jurídica sobre qué o qué no se puede hacer en un determinado terreno hasta que un político municipal da su visto bueno. Los que piensan de buena fe que es la mejor manera de garantizar un crecimiento urbanístico adecuado, no deben luego escandalizarse de que ocurran escándalos como el de Marbella, pues todo el hormigón construido ha contado con todos los premisos urbanísticos, tanto municipales como de la Junta de Andalucía.
La mejor forma de luchar contra la corrupción no es crear "observatorios" ni fiscalías ad hoc, sino quitar a los políticos la capacidad decisoria sobre asuntos en los que se generan ingentes cantidades de dinero que pertenecen a todos los que pagamos impuestos.
Opinión de los lectores
Efectivamente, el problema no es QUIÉN tiene el poder sino QUÉ poderes se tienen. Mientras el negocio de alguien dependa de la decisión más o menos arbitraria de un político o funcionario, los incentivos para la corrupción son inmensos.
Y que ahora todos los partidos políticos se echen las manos a la cabeza con lo de Marbella, es como la escena de la película Casablanca en la que el gendarme clausura el Rick's Café diciendo \"¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se juega\" mientras se guarda en el bolsillo las ganancias de la noche.
Totalmente de acuerdo. Los políticos se rasgan las vestiduras hablando de encarecimiento del suelo o de la vivienda, cuando son ellos, al imponer tasas, expedientes, licencias, arbitrios y convolutos, los que hacen aumentar el riesgo de invertir en la construcción de cualquier inmueble. Y la ecuación es fácil de seguir: inseguridad jurídica=riesgo=mayor exigencia de rentabilidad para asumirlo=mayores precios.
El sistema montado es lo peor de todo: por cada % que sube el precio de la vivienda, más cobra el Estado (IVA, AJD de hipoteca, ITP..) y claro, el incentivo está ahí: cuanto más regulen, contengan y controlen, menos oferta y competencia habrá de suelo y vivienda, y más cobrarán. Ya sea vía impuestos (Estado) o vía "cazos" y convolutos (partidos/entes locales/políticos sin escrúpulos)
Totalmente de acuerdo con vosotros.
¿Os podéis creer que un catedrático de Filosofía Política me dijo que lo de Marbella era producto de la "ausencia del Estado"?
Por supuesto, le repliqué que era precisamente por todo lo contrario.
Evidentemente Pablo, el reverso del axioma de Acton "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente" es que los políticos sólo se dediquen a regir un Gobierno tan modesto y reducido que sólo sea un mero vigilante jurado y no un vampiro sediento de sangre y sacrificios.
No cabe otra salida pues toda intervención es causa de un lobby que se organiza mejor que el resto de los ciudadanos y reparte los costes de sus decisiones entre todos al tiempo que se queda con la vid para él solito.
Pablo, has dado en el blanco con la denuncia del sistema de pensiones (ver asimismo comentario y opiniones en
esta página) así como la elevación del precio de la vivienda por intervención púbilca.
Doncorleone, me has hecho verdaderamente reír con el comentario del catedrático de Filosofía política (qué crack!). Ese catedrático nos puede dar mucho juego, no le pierdas la pista!
"Quitar a los políticos la capacidad decisoria sobre asuntos en los que se generan ingentes cantidades de dinero que pertenecen a todos los que pagamos impuestos". Esa es la clave. Muerto el perro se acabó la rabia. Si los alcaldes tienen capacidad para dar o quitar licencias urbanísticas la corrupción (y el encarecimiento del suelo) está completamente garantizada. Este y no otro es el problema, porque aunque se crearan mecanismos de control anticorrupción éstos quedarían fácilmente inutilizados mediante la compra de los inspectores. No se olvide que, cuando de suelo hablamos, las cifras son escandalosas y hay dinero para todo.