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Portada - Comentarios - Evolución de las formas del Estado (II)

17/06/2013 - Ángel Fernández

Evolución de las formas del Estado (II)

Vimos en la parte I del artículo cómo el proceso de institucionalización del poder ha sido estudiado por diversos autores como, por ejemplo: Georges Burdeau, Otto Hintze, Carl Smith, F. Meineke, Bertrand de Jouvenel, Michael Oakeshott o Dalmacio Negro.

Las instituciones morales o, si se prefiere, los patrones de comportamiento adquiridos como el respeto por la vida propia, la familia, la propiedad privada, el lenguaje, el cumplimiento de los contratos, el comercio, la empresa, el dinero, la banca... son las instituciones espontáneas y naturales que permiten la eficiencia dinámica en Economía.

El Gobierno es otra forma institucional que permite administrar los asuntos comunes o "res publica" tanto si se trata de alcanzar un fin privado al dirigir una familia, un negocio o una empresa como si se trata de coordinar un fin común al gestionar una ciudad, un condado o una provincia.

Sin embargo, siguiendo esta línea de análisis institucional, el Estado es una forma institucional "artificial" frente a las formas más espontáneas, orgánicas y naturales de organización de lo político que son la Ciudad, la Provincia, el Reino y el Imperio. De hecho, el Estado no ha existido siempre y surgió hace relativamente poco en la historia de la humanidad impulsado territorialmente por la oligarquía que formaban el Rey, la Corte Real y la Iglesia a finales del siglo XV y comienzos del XVI.

En esta parte, veremos como la evolución del Estado se puede clasificar en tres grandes fases que están relacionadas directamente con el tamaño creciente del sector público en las economías de los países, crecientemente intervenida por las élites extractivas, la oligarquía o, si se prefiere, la casta política que ejerce el poder en cada territorio.

1. Primera fase de MONARQUÍAS ESTATALES, en los siglos XVI y XVII.

La primera fase se produce durante los siglos XVI y XVII, con la aparición de la institución “artificial” del Estado para la provisión de seguridad a los pueblos y ciudades de uno o varios reinos entorno a la figura del Rey y su Corte.

Se produce una afirmación de la estatalidad mediante las Monarquías Estatales, con un Estado Mínimo que proporcionaba seguridad exterior, interior y jurídica a la población de uno o varios reinos.

En esta primera fase, en Europa y América, la oligarquía está constituida por el Rey, la Corte Real y la Iglesia. El tamaño del Estado apenas representaba un 5% del Producto Interior Bruto (PIB) de la época, como señala Carlo Cipolla (8) en su obra Historia Económica de la Europea Preindustrial.

Sin embargo, la limitación del poder del Rey (o “mutatis mutandis” del Estado moderno), sólo logró arraigar y extenderse parcialmente a partir de la obra Dos Tratados sobre el Gobierno Civil (1689) de John Locke (1632-1704). Locke replicó, sin ninguna innovación substancial, las ideas escolásticas previas sobre los derechos de propiedad privada adquirida por el trabajo y los derechos subjetivos de la población —que argumentaban los jesuitas españoles 80 años antes—. Sin embargo, John Locke logró una gran difusión entre los intelectuales y la población del Reino Unido con el objetivo de diferenciar y defender el incipiente parlamentarismo inglés frente al absolutismo que era generalizado en otras cortes reales continentales, como en Francia y en España.  

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Opinión de los lectores

ANGEL FERNANDEZ

2. Segunda fase, en los siglos XVIII y XIX, de consolidación del ESTADO MODERNO entorno a las clases burguesas (medias), que apoyaban el Estado-Nación gestionado por la oligarquía de la época.

La obra de John Locke se considera la base intelectual de la Revolución Gloriosa (1688), que puso fin al reinado de tres años del católico Jacobo II y termino con el absolutismo y dio inicio a la democracia parlamentaria del Estado Moderno en Inglaterra, que se consolidaría durante el siglo XVIII y que permitiría un mayor progreso socioeconómico en este país.

Salvo con la excepción de Inglaterra, la estatalidad se formaliza por medio de una Constitución, a modo de contrato entre la población y la oligarquía.

En general, emerge un Estado Limitado por una Constitución y, la monarquía constitucional se fue democratizando hacia una monarquía parlamentaria. Un buen punto de partida de esta segunda fase fue la vigente Constitución de los Estados Unidos de América de 1786:

"THE PEOPLE of the United States, in Order to form a more perfect Union, establish Justice, insure domestic Tranquility, provide for the common defence, promote the general Welfare, and secure the Blessings of Liberty to ourselves and our Posterity, do ordain and establish this Constitution for the United States of America”

En la revolución norteamericana no se realizó una ruptura con el orden natural, dado que la Declaración de Derechos de 1776 invocaba al Dios Creador, lo que guarda relación directa con la existencia de los derechos individuales, inmanentes e inherentes de cada persona, con independencia del Estado que sólo se constituía contractualmente como una institución capaz de dotar de seguridad exterior, interior y jurídica a los ciudadanos.

Probablemente, este origen constitucional, vinculado al orden natural de los derechos individuales y el principio de consentimiento, por orden de los ciudadanos que legitiman lo Político, haya determinado que siga vigente hoy en día.

Sin embargo, como argumenta el erudito profesor, Dalmacio Negro, fue precisamente la Revolución Francesa en 1789 el suceso histórico que rompió con la concepción del orden natural de lo Político. Se introdujo un cambio en la mentalidad de la oligarquía y de la población, que ha desatado las revoluciones y que ha “guiado” la sociedad política hacia el organicismo de las ideologías colectivistas, con una reorganización de la sociedad entorno a un orden “artificial” basado en el Estado, entendido como un órgano central de “planificación” de todos los aspectos de la vida de las personas:

“La legitimidad del poder depende de la 'auctoritas'. Pero la revolución (francesa) sustituyó la legitimidad, de fundamento trascendente, por la legalidad, de fundamento inmanente… En lo que concierne a la estatalizad, a partir de ese momento toda autoridad y todo poder –y con ello la libertad y el Derecho— se identificarán formalmente con la sociedad sacralizada como nación: en la voluntad general.” Negro, D. (2010), p. 193.

En esta fase, la oligarquía se constituye entorno a los partidos políticos, los sindicatos y las patronales, y coincide con la revolución industrial (tecnológica) en Europa y América que permitió el desarrollo socioeconómico de muchos países occidentales.

A finales del siglo XIX, las ideologías colectivistas y la presión sindical logran que el canciller alemán Otto von Bismark introdujese las políticas “sociales” de subsidio de la población, y las políticas de adoctrinamiento "educativo" y "cultural" a favor del culto al Estado. Primero, lentamente, el Estado Moderno comenzó a ampliar su tamaño intentando “guiar” la economía de los países y “redistribuir” la riqueza. Durante la Primera Guerra Mundial el Estado ya representaba hasta el 15% del PIB de las naciones europeas y, después de la Gran Depresión de 1929, el Estado creció de un modo exponencial.
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ANGEL FERNANDEZ

3. Tercera etapa, en los siglos XX y XXI, con la imposición del ESTADO TOTAL por parte de la oligarquía, que promete la provisión de la “seguridad total” desde la cuna y hasta la tumba.

El Derecho y la Ley se ponen al servicio de una Sociedad-Estado controlada por una oligarquía, en donde un Estado Intervencionista intenta abarcar hasta el último rincón de libertad de cada individuo. Aumenta la híper legislación que invade hasta los detalles más íntimos de las familias y de las personas.

Durante las guerras mundiales y en los periodos de entreguerras, el tamaño del Estado aumenta exponencialmente. Anteriormente, el tamaño del Estado estaba limitado, y apenas representaba un 15% del Producto Interior Bruto (PIB) en la época previa a la Gran Depresión de 1929.

Sin embargo, en muchos países, la imposición de ideologías colectivistas aumentó exponencialmente el tamaño del Estado, por lo que llegó a alcanzar en algunos países niveles cercanos al 100% del tamaño de la Economía; como ocurre a princiopios del siglo XXI en los actuales regímenes políticos de Cuba, Myanmar o Corea del Norte.

Así, por ejemplo, en los años 30 y 40, con la sacralización de la Ley, Adolf Hitler instauró en Alemania el Estado Total entorno a la ideología nacionalsocialista, que desencadeno la Segunda Guerra Mundial en Europa, y que exterminó hasta 6 millones de personas.

Análogamente, durante el siglo XX, con la imposición del derecho público, Vladímir Ilich Lenin, Joseph Stalin, o Mao Zedong (citando sólo los dictadores más conocidos), junto con sus correligionarios comunistas, impusieron el culto al Estado Total y el comunismo asesinó a cerca de 100 millones de personas para perpetuarse en el poder durante el siglo XX.

Evidentemente, el incremento del tamaño estatal hacia el Estado Total no es un proceso uniforme en todos los países durante el siglo XX y que, por tanto, pueda explicarse de modo pormenorizado en un solo artículo pero, de modo general, el culto al Estado arraiga entre la oligarquía que controla cada país y, por medio de los medios de comunicación bajo el control estatal, se extiende entre la población una confianza ciega en la providencia del “papá” Estado que controla la casta política y, por tanto, se extiende la irresponsabilidad individual, al eludirse la necesidad de proveer el futuro por el esfuerzo y el trabajo de cada persona.

Así, con el cuto al Estado como doctrina, las élites extractivas de la casta política logran que el resto de la población pague los privilegios y prebendas de la oligarquía.

El culto al Estado sirve para que la población pague sin protestar el aumento constante del tamaño del Estado y, por tanto, el aumento imparable de los impuestos, del endeudamiento y/o del envilecimiento monetario, todos sustraidos coactivamente del trabajo, de las propiedades y de la función empresarial, centrándose el intervencionismo en las clases medias en muchos de los casos pero, en general, en la Acción Humana de toda la población.

Como hemos señalado, al finalizar la Primera Guerra Mundial, emergen con fuerza los regímenes totalitarios del comunismo (URSS), del fascismo (Italia) y del nacional-socialismo (Alemania), surgidos como respuestas utópicas a la crisis económica debida a la Gran Depresión de 1929 y como movimientos políticos entorno al culto al Estado.

Sin embargo, las democracias de Europa Occidental y América no son ajenas a este proceso de institucionalización del Estado Total.

Por la imposición “moral” de la supuesta (e incierta) superioridad de las ideologías colectivistas, a partir de la Segunda Guerra Mundial, se comienza a implementar el Estado de Bienestar y se intentan conciliar dos concepciones opuestas de la sociedad política: las soluciones de mercado libre que generan la riqueza socioeconómica del país y la redistribución “social” de la misma que en su mayoría es captada por la oligarquía.

De un modo no-lineal pero constante, la institución “artificial” del Estado aumenta siempre su tamaño en el largo plazo, así logra concentrar más poder al servicio de la oligarquía y, paulatinamente, invade las competencias propias de las instituciones morales más espontáneas y naturales como el respeto por la vida, por la propiedad privada, por la familia, por el lenguaje, por la empresa, por el comercio, por el dinero,…

Cuando se generaliza el intervencionismo estatal, se instala siempre la corrupción, primero entre los círculos de poder de la oligarquía y después en la mayoría de la sociedad política.

Y, a partir de los niveles más elevados de gasto público, el Estado como maquinaria o aparato de poder, centrado en la fiscalidad y al servicio de la oligarquía, transita e involuciona desde el gasto “social” de la Socialdemocracia hacia un Estado Total o Minotauro con niveles de gasto público superiores al 40% del PIB y que, por tanto, devoran tanto la riqueza como la vida de sus propios ciudadanos por medio de los impuestos, el endeudamiento, la burocracia y la hiperlegislación.

El Estado Total aumenta su tamaño y se transforma en un Estado Minotauro que se identifica también con un Estado Hidra de 1+17 cabezasen el caso de la España de los Reinos de Taifas Autonómicos:

3.1.) Primero, queda identificado como Estado Total por el aumento constante del gasto público, manteniéndose en niveles superiores al 50% del PIB.

3.2) Segundo, queda caracterizado como un Estado Minotauro por devorar a la propia España como nación, por devorar un Estado de Derecho (si fuese digno de tal nombre), y por devorar las libertades de sus propios ciudadanos en favor de los intereses de la "élite extractiva" propia de cada Comunidad Autónoma.

3.3) Y, finalmente, queda caracterizado como Estado Hidra de 1+17 cabezas por el incumplimiento de la Ley en las Comunidades Autónomas, por las constantes tramas de corrupción encabezadas por los círculos de poder regionales, por la corrección política que impide la más mínima disensión respecto del orden político establecido (dado que supone la muerte civil del disidente) y, también, por el control de los medios de comunicación regionales, por establecerse ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría en función de su seguimiento, pleitesía u oposición al régimen político de cada autonomía (socialismo de mercado o nacional-separatismo), por la legislación detallista (rótulos de tiendas, facturación de empresas, idioma del dependiente,...), y por la imposición del idioma , del historicismo, del culturalismo, del ecologismo, de las bioideologías,…

Sin embargo, siempre el Estado Total aumenta su tamaño progresivamente y se transforma en las etapas finales en un Estado Moloch que es “señor de la vida y de la muerte”, lo que constituye el hecho político que caracteriza al Estado Totalitario.

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