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Portada - Comentarios - La fuente de los Principios

13/04/2006 - Gabriel Calzada

La fuente de los Principios

Mucho se ha escrito acerca de la importancia de los Principios de Economía Política de Carl Menger. Sin embargo, la mayor parte de los estudiosos colocan esta gran obra en un equivocado lugar de la historia del pensamiento económico. Las dos afirmaciones más repetidas consisten en que el fundador de la Escuela Austriaca de Economía provocó una verdadera revolución y que sus orígenes remotos habría que buscarlos en el mundo anglosajón. Sin embargo, es difícil determinar cuál de estos dos asertos encaja peor con la realidad histórica.

El coste entendido como coste de oportunidad, la relación entre precios y costes, la determinación del precio de los factores de producción, el subjetivismo, la definición de bienes económicos y la relación entre la unidades incrementales y la ley que explica el valor son algunas de las aportaciones originales que Menger habría hecho a la ciencia económica. Pero lo cierto es que no fue así. La adecuada definición del coste económico y su relación con los precios fueron desarrolladas varias décadas antes por Hermann, Ray, Roscher y Schultz. Hermann, por ejemplo, llegó a afirmar que "de la demanda y de lo que los demandantes están dispuestos a ofrecer por un bien vemos que cantidad de bienes están dispuestos a renunciar a cambio del deseado y esto determina cual puede ser el nivel superior del coste de la producción menos remunerada". Tampoco el subjetivismo fue una aportación original de Menger. Autores como Hufeland lo desarrollaron y lo aplican a la economía desde comienzos del siglo XIX. Hildebrand hizo lo propio con la idea de marginalidad y, todos los autores citados, casi sin excepción, explicaron de manera previa y muy similar a Menger las características que tiene un bien económico.

No cabe duda de que Menger tomó prestada la mayoría de los conceptos que le caracterizan según la visión actual de la historia de las doctrinas económicas e incluso según los economistas y pensadores contemporáneos de la Escuela Austríaca. Su obra, sin embargo, no supuso una revolución radical como suele pensarse sino un paso más en una tradición en la que Menger se había empapado durante años. Sus aportaciones más importantes a esta línea de pensamiento son su inconfundible individualismo metodológico, por un lado, y por el otro su tratamiento de la interacción de los mercados analizando más de un precio simultáneamente en una estructura de producción intertemporal ligada a la clasificación vertical de órdenes de producción. A estas dos contribuciones habría quizá que añadir la integración de la idea subjetiva de tiempo y la de incertidumbre en el cuerpo teórico de la economía. Sin embargo, el subjetivismo económico era algo totalmente arraigado y desarrollado cuando Menger escribe sus Principios. La verdadera revolución de la época, como ha explicado Streissler, llegó de la mano de Schmoller.

Pero, ¿quiénes eran estos autores que precedieron a Menger en muchas de sus supuestas aportaciones? Actualmente se les conoce como a los miembros de la Gebrauchtwertschule. Y lo curioso es que Menger reconoce una y otra vez su enorme deuda con todos ellos. En el comienzo de los Principios, dedicados por cierto a Roscher, declara que "la reforma aquí intentada de los principios supremos de nuestra ciencia se fundamenta en un trabajo previo, llevado a cabo casi sin excepción gracias a la laboriosidad de investigadores alemanes." Así pues está claro que los autores de esta escuela alemana son el precedente más directo de la Escuela Austriaca de Economía.

Si esto es así, ¿cómo es posible que Mises situara los orígenes de la Escuela en el mundo anglosajón? Este es uno de los errores más misterios e intrigantes que surgen de los escritos de Mises y de Schumpeter. Los cierto es que tanto uno como otro sabían (a través de Menger, Böhm-Bawerk y Wieser) de la importancia decisiva de la Gebrauchtwertschule en los Principios de Economía Política pero ambos decidieron ocultarla e incluso negarla. Sin embargo Mises ignoró a los autores alemanes y puso a los Smith y compañía en el lugar de predecesores de Menger. Y no cabe siquiera especular que Mises pensara que a su vez, esta escuela alemana estuvo influida de tal forma por la escuela escocesa que se pueda decir que la anglosajona es el origen de la austríaca y que no merecía la pena mencionar a los alemanes. De hecho, si por algo se caracterizaron estos autores alemanes fue por su fiero rechazo a la teoría anglosajona del valor y de ahí su nombre de Escuela del Valor de Uso. Por su parte Schumpeter llegó a afirmar que este grupo de autores alemanes no tienen otro valor que el de haber repetido lo que decía Adam Smith. De nuevo, nada más alejado de la realidad. Por poner un ejemplo, Oberndorfer concluyó una de las más demoledoras críticas a la teoría del valor en La Riqueza de las Naciones con estas palabras: "Y puesto que en sí mismo el trabajo no tiene valor, tampoco puede tener en sí mismo precio y, por lo tanto, tampoco puede ser medida de precios."

Al otro lado de la interpretación histórica se sitúan los propios autores alemanes que recibieron la obra de Menger como un gran paso delante de su trabajo. Wilhem Roscher, el miembro más destacado de la Gebrauchtwertschule cuando se publican los Principios de Economía Política, considera a Menger como el gran continuador de la escuela alemana del valor de uso. Refiriéndose a "aquellos economistas que continúan en el camino de Hermann", Roscher destaca al "austríaco C. Menger y su análisis conceptual altamente abstracto, siempre original y a menudo bastante fructífero, fundamentado habitualmente en un conocimiento exhaustivo de la historia del pensamiento". Como ejemplo demostrativo de estas cualidades Roscher señala que Menger "examina primero la formación de los precios en el caso de un intercambio aislado, luego en el caso del intercambio monopolístico y tan sólo finalmente en el caso de la influencia de la competencia por ambos lados".

No cabe duda de que los autores de la Gebrauchtwertschule, una escuela de pensamiento económico unida a través de su crítica a la concepción smithiana del valor, fueron la fuente inmediata de donde bebió Carl Menger para sus Principios. Donde sí surgen infinidad de interrogantes es en el motivo por el que Mises y Schumpeter decidieron desviar la atención sobre este hecho y trataron de colocar a la Escuela Austriaca en un lugar que no le corresponde.

 

Opinión de los lectores

Francisco Moreno

Gabriel, como siempre, tus artículos son muy estimulantes. No obstante ante este último, me quedo con ciertas dudas de las conclusiones a las que llegas en relación al misterio del no reconocimiento de la paternidad de la Gebrauchtwertschule sobre la Escuela Austríaca de Economía por parte de Mises y Schumpeter. Desconocía la importancia de los conceptos subjetivos y la ley del valor que la escuela del historicismo alemán había ya aportado a la ciencia económica antes de Menger (sólo por ello es recomendable la lectura de tu artículo), pero detecto en el historicismo alemán (al menos de la segunda generación de historicistas representada por Gustav Schmoller) serias contradicciones con las posiciones de la Escuela Austríaca de Economía para justificar que Mises y compañía dejaran fuera a los historicistas alemanes de los orígenes de la corriente de pensamiento austríaco. A saber:

1. Los historicistas alemanes rechazaron de plano el método lógico-deductivo utilizado con carácter sistemático desde la Escuela clásica de economía para el desarrollo de dicha ciencia (sobre todo desde Ricardo, pues Smith fue, en general, poco metódico en sus escritos). Los historicistas quisieron cambiar de raíz la ciencia económica clásica, denostando a sus creadores como meros teóricos “puros”. Proponían, por el contrario, el método empírico-inductivo (debían recogerse infinidad de datos históricos y estadísticos antes de esbozar cualquier modesta teoría o tendencia económica). Creo que no te descubro nada nuevo al mencionar la fuerte y áspera polémica intelectual que surgió entre Menger y Schmoller desde 1883 al respecto, y que continuó varias décadas (sobreviviendo en ambientes académicos incluso posteriores a sus iniciadores).

2. Los historicistas alemanes consideraban al sujeto económico, así como la realidad económica en donde se desarrollaba, como algo meramente histórico, sujeto a evolución, y no aceptaban que fuesen realidades “naturales” con las que era posible teorizar. Negaban la importancia de reducir las decisiones individuales y su cálculo racional como fundamento primero de todo beneficio social y explicación posterior (por deducción) de toda la Economía política.

3. Como consecuencia de lo anterior, Los historicistas alemanes negaban cualquier validez a las leyes universales en Economía y, por tanto que fueran válidas en toda latitud o época económica. A lo sumo se podrían descubrir ciertas tendencias (y siempre condicionadas por el lugar y la época histórica de la que fuese objeto el estudio). Es paradigmática la anécdota que se produjo entre Schmoller y Pareto cuando éste último, al disertar en un congreso de estadística de Berna y hablar de las “leyes naturales de economía”, fue contradicho por Schmoller pues negó la existencia de dichas leyes en economía. Acto seguido Pareto le preguntó si conocía algún restaurante de la ciudad donde se pudiera comer sin pagar siendo, obviamente, negativa la respuesta de Schmoller. “Ajá, pues ahí tiene una de las leyes naturales de la economía”, sentenció Pareto.

La Escuela clásica de economía (fundamentalmente de tradición franco-británica: Turgot, Smith, Ricardo, J.B. Say, J.S. Mill y Cantillon) levantaron un edificio teórico –aunque no perfecto- sí potente de Economía que intentó ser derribado en sus aspectos básicos por dos corrientes en la última mitad del siglo XIX (ambas de procedencia alemana):la marxista y la historicista. Recordemos su contexto histórico (algo que gustaría a los propios historicistas): gran parte de la intelectualidad alemana estaba muy influida por Hegel y veía como algo natural la acción del gobierno y el florecimiento de las naciones; el aldabonazo más importante se produjo en 1871, tras la derrota militar de los franceses, que hizo posible la culminación de la unidad administrativa alemana (heredera del Estado prusiano). Los buenos resultados de la disciplina prusiana y el inmenso prestigio que llegaron a alcanzar las políticas de Bismarck, hizo “casi” evidente ante los ojos de muchos la conveniencia del poder del Estado para el adecuado beneficio de sus súbditos. Frente al liberalismo “manchesteriano” (hoy se diría frente al “neoliberalismo”) se impulsaron por el Estado alemán políticas sociales y redistributivas que hacían pensar en la superioridad de este tipo de medidas tomadas desde el poder central para solventar las penalidades de la clase trabajadora y frente a la libertad “descontrolada” propugnada por los clásicos de economía o frente a las revoluciones violentas que tan numerosas fueron en el siglo XIX. Todo este estatismo e intervencionismo público para el mayor bien de todas las gentes fueron apoyados con entusiasmo por los historicistas alemanes (no se olvide que Schmoller fue férreo catedrático en Berlín por aquellos años, 1882-1913). No me cabe duda de que este tipo de política social germana fue el origen del Estado del Bienestar que conocemos hoy día. Incluso la propia Iglesia católica fue deslumbrada por la supuesta “superioridad” de este intervencionismo social moderado que venía de Alemania: con la encíclica de León XIII “Rerum Novarum” de mayo de 1891 se iniciaba la doctrina “social” de la Iglesia.

Pues bien, fue en Austria, especialmente desde la publicación de los Principios de Menger, donde un grupo de economistas profesionales (no sólo académicos) desmontaron las falacias de ambas corrientes alemanas de finales del siglo XIX (la marxista y la historicista, enemigas las dos, no se olvide, de la tradición de la Economía clásica, pese a declarar ambas que venían a perfeccionarla). En tu magnífico artículo ¿Quién derrumbó el muro? señalas claramente a la Escula austríaca como el origen de la refutación incontestable de la corriente marxista. Ahora leo este nuevo artículo tuyo sobre los historicistas alemanes y su Gebrauchtwertschule. ¿No es comprensible con estos pocos datos que doy que Mises quisiera ver la Escuela Austríaca de Economía como heredera, en cierto sentido, de la tradición de la Escuela clásica de economía y no la reconociera como seguidora de los historicistas alemanes por muchos y acertados descubrimientos conceptuales que hicieran estos últimos? Eran demasiadas las incompatibilidades como para sentirse hijos de estos historicistas (denominados “socialistas de cátedra”). En cambio sí era muy plausible que los austríacos se sintieran hijos de los economistas clásicos (pese a sus diversos errores teóricos de bulto -que ejemplificas en la teoría del valor- y pese a no nacer de la cultura germana, sino de la tradición franco-británica).
Este es el motivo que alcanzo a vislumbrar en tu interrogante sobre el desvío de la atención de los austríacos frente a la Gebrauchtwertschule (historicista) a favor de los economistas clásicos.

Disculpa la disgresión, pero la creí necesaria debido al interés del asunto que planteabas.

Gabriel Calzada Álvarez

Muchas gracias por tu interesantísimo comentario, Francisco. Estoy de acuerdo con casi cada una de tus frases, en especial con los puntos 1, 2 y 3. La posible diferencia entre lo que digo y lo que comentas surge de tu aparente identificación del Historicismo Alemán con la Gebrauchtwertschule. Esta última fue una escuela económica que utilizaba el método lógico-deductivo mientras que los historicistas, como bien explicas, lo rechazaban de plano. Surge mucho antes que el historicismo y se encuentra bastante madura cuando Meger da el paso magistral con sus Principios. El problema es que a partir de la década de los 70 del siglo XIX el estatismo se abre paso en Alemania y gran parte de quienes escribían y enseñaban sobre economía pasan a ser, por primera vez, funcionarios del estado. Es entonces cuando el historicismo pisa fuerte y atrae a un gran número de teóricos. Por desgracia, muchos miembros de la Gebrauchtwertschule se van desinflando o convirtiendo ante el avance de las ideas de Schmoller y compañía. Ya digo en el artículo que la verdadera revolución no es la de Menger sino la del alemán. Una revolución tan exitosa como trágica desde mi punto de vista. Gracias a Menger y a sus discípulos –a Böhm-Bawerk en la segunda generación y, especialmente, a Ludwig von Mises en la tercera generación- la tradición continental, de la que la Gebrauchtwertschule había sido el último eslabón, se salva y cobra un nuevo impulso en Austria y más tarde en toda Europa. Aunque sólo fuera por eso el nombre de Escuela Austriaca lo tiene más que merecido.

En el ambiente estatalizador de finales del XIX se produce la rendición de parte de los miembros de la Gebrauchtwerschule, que puede observarse leyendo las diferentes ediciones del tratado de economía de Hermann, Staatswirtschafliche Untersuchungen, (el segundo autor más citado en los Principios de Menger). Por poner sólo un ejemplo, si cogemos una edición del tratado publicado en los años 30 y otra publicada en los 80 veremos que en la primera define los bienes como “toda cosa que a juicio de un hombre satisfaga una necesidad suya”, mientras que en la segunda leeríamos (esta la cito de memoria, así que no es textual) “toda cosa que satisface necesidades”. Así se fue perdiendo el subjetivismo y fue entrando la “realidad objetiva” de una tercera persona en todo cuanto tocaba al valor y la relación entre fines y medios. Esa tercera persona era, por supuesto, el historicista. Además, las definiciones y encadenaciones lógico-deductivas que podían encontrarse en los primeros capítulos de tratados como el de Hermann, Storch o Roscher pasan en muchos casos a esconderse (ya diluidos) en medio del libro. Otra anécdota en medio del aluvión de cambios que se produjeron es la ligera crítica que le dedica Menger a Hermann en los Principio por no mostrar interés en … ¡los estudios históricos sobre el origen del dinero! Y es que los miembros de la Gebrauchtwertschule eran muy dados al análisis teórico y abstracto. Poco años más tarde Menger se vería luchando prácticamente en solitario contra la nueva corriente -a la que se pasaron algunos de sus antiguos maestros y aliados- que pretendía sustituir el análisis lógico-deductivo por la narración de la historia. Ironías de la vida.

¿Por qué Mises no reconoce que la Escuela Austriaca recoge y mejora el legado de esos autores alemanes de la Escuela del Valor de Uso? Pues no lo sé. Huyo de las interpretaciones de intenciones ajenas (excepto cuando se trata de interpretar la motivación detrás de la última medida intervencionista de un político, pero eso es un juego malicioso que dedico a nuestros estatistas). Pero lo cierto es que la postura de Mises es intrigante. No olvidemos que Mises comienza siendo un historicista (les prometo que no es un intento sutil de desprestigiar a Mises [¿cómo iba a serlo si es, en mi opinión, el mejor economista del siglo XX?], es lo que él mismo dejó escrito). Es, según sus propias palabras, la lectura de los Principios lo que le convierte en un verdadero economista. Por lo tanto Mises sabía muy bien que Menger consideraba su obra un esfuerzo para hacer avanzar la visión de la economía que tenían muchos de los autores de la Gebrauchtwertschule. Sabía también que los autores más citados son de esa escuela. Tampoco se le debió escapar que Menger maltrata a Smith mientras que elogia a Say (se suele decir que los dos son citados el mismo número de veces en los Principios. Es verdad, pero menuda diferencia de tratamiento) y a los alemanes de la Gebrauchtwertschule. El propio Böhm-Bawerk, su profesor, reconoce en varias ocasiones el origen alemán de varios principios o teorías de la Escuela Austriaca. Es posible que tu interpretación sea acertada (suena muy plausible ese de que a Mises no le gustaba la idea de situar los orígenes en un grupo de pensadores de los cuales algunos se pasaron al bando historicista). Pero no encaja muy bien con el rigor de Mises en otros asuntos relacionados con la Historia de las Doctrinas. En fin, que lo interpreten los amigos de interpretar intenciones. Si Mises estuviera vivo se lo preguntaría pero como por desgracia no puedo hacerlo, lo dejo en un interrogante que no pretendo contestar. Lo curioso es que cada vez que he dado un conferencia sobre el tema de los orígenes de la Escuela Austriaca han surgido varias teorías explicativas de las motivaciones de Mises entre gente del público (especialmente cuando he hablado en el Mises Institute).

Espero haber aclarado algo. Aunque siendo casi las 4 de la mañana me temo lo peor.

Francisco Moreno

Gracias, Gabriel, por tu esclarecedora respuesta. He de reconocer que la Gebrauchtwertschule
ha sido todo un descubrimiento para mi. He podido comprobar la solidez de sus argumentaciones y sus diversas aportaciones subjetivas de la utilidad previa a la Escuela Austríaca y que suponen un claro avance frente a los smithianos-ricardianos. Ahora sí que toman sentido para mí tus palabras del artículo inicial: es veraz la ocultación de estos antecedentes por parte de los austríacos. Cuál ha sido, además, mi sorpresa cuando, al consultar el panorama post-ricardiano en el segundo tomo de la Historia del pensamiento económico de M. Rothbard (verdadero escudriñador de los antecedentes de las aportaciones austríacas desde la Antigüedad hasta el final del período clásico) hace una breve alusión a Friedrich Hermann como un “smithiano adelantado” sin entrar en ninguno de sus interesantes conceptos pre-austríacos. ¿por qué esa falta de reconocimiento de los austríacos de las aportaciones previas de estos pensadores alemanes y antes de que tuviera lugar el arrollador movimiento historicista de la mano de Schmoller?

Tal vez mi ignorancia me permita ser un osado, pero ahí va mi hipótesis: los primeros economistas de la Escuela de Austria fueron siempre unos marginados, se situaron fuera de la corriente principal de su época (el historicismo) y desde la polémica Menger-Schmoller de 1883 (la Methodenstreit) se situaron conscientemente y por convicción en el bando más “débil” del momento (de hecho los prepotentes alemanes historicistas les llamaron “austríacos” con una clara intención peyorativa); en una palabra eran unos outsiders. A esto se ha de añadir que algunos de los miembros de la Gebrauchtwertschule se pasaron claramente a las filas del historicismo (caso de W. Roscher; desconozco la trayectoria intelectual de los demás que mencionas en tu artículo). Sabemos, además, que la Sozialpolitik de Bismarck estuvo muy directamente influida por estos historicistas alemanes; que dicha corriente historicista nada pudo explicar ante los agudos problemas económicos de después de la Primera Guerra Mundial y que, para colmo, los epígonos de estos historicistas alemanes (A. Wagner y W. Sombard) dieron su apoyo incondicional al “gobierno omnipotente” del nazismo y del fascismo. Sombard (discípulo aventajado de Schmoller) llegó incluso a justificar el origen divino del poder de Hitler y hablar de la belleza e inevitabilidad de la guerra (!). Esta actitud prepotente y la verdadera degeneración posterior del pensamiento económico alemán historicista haría verdadera mella en los austríacos de la segunda generación que no pudieron ya ver con generosidad las aportaciones incuestionables de otros economistas alemanes de la Gebrauchtwertschule de mediados de siglo XIX, pero que sí reconoció Menger. Sin duda, se trataría de un prejuicio.

Por cierto, Menger escribió en 1875 (y, por tanto, antes de la mencionada polémica de la Methodenstreit de 1883) una obra titulada “”Wilhelm Roscher” de la que no he podido obtener referencias. Sería muy interesante saber qué decía en ella.

P.S.- el saber que puedes reflexionar sobre pensamiento económico a altas horas de la madrugada me ha dejado anonadado.

Francisco Moreno

Disculpa, quisiera agregar un matiz importante al comentario de ayer:

Releyendo el breve ensayo póstumo de Mises, poco antes de morir, The historical setting of the Austrian School of Economics (1969), descubro que en el capítulo dedicado a La esterilidad de Alemania en el campo de la ciencia económica, escribe que a pesar de los efectos devastadores que tuvo sobre la Economía como ciencia el hegelianismo y su corolario (el historicismo) en tierras alemanas, en los primeros tercios del siglo XIX “existieron algunos profesores alemanes que aportaron notables contribuciones a la ciencia económica” y menciona, entre otros, a Hermann, Mangoldt y Knies (está traducido al español en la Unión Editorial con el título “Autobiografía de un liberal”, pág. 192, junto a otro ensayo de recuerdos que no tiene desperdicio). Esto no invalida la tesis de la ocultación general (excepto de su fundador Carl Menger) por parte de los miembros de la Escuela Austríaca de los interesantes economistas de la Escuela del Valor de Uso (Gebrauchtwertschule) que les precedieron pero hace justicia, en parte, a Mises en este tema que hemos tratado. Ludwig von Mises no deja nunca de enseñarme cuando abro cualquier libro suyo.

Gabriel, ha sido un placer este intercambio de ideas (me ha espoleado intelectualmente y, al final, me ha enriquecido).

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