El crimen de Dresde
Las cifras de la barbarie sobrecogen. Sobre una ciudad de 630.000 habitantes cayeron 650.000 bombas incendiarias de una tonelada cada una, 529 de dos toneladas y una de cuatro toneladas. El incendio que provocó el ataque fue de tal magnitud que la columna de fuego se veía desde 150 kilómetros a la redonda. La ciudad ni siquiera pudo defenderse. Apenas quedaban baterías antiaéreas y los pocos cazas disponibles no pudieron despegar por falta de combustible.
La matanza fue inaudita. Éste de Dresde fue el único bombardeo de los muchos que asolaron Alemania en los dos últimos años de guerra, en el que no quedó gente con vida para enterrar a los muertos. Días después, cuando aún ardían como teas muchos edificios de la ciudad, se abrieron fosas comunes para sepultar apresuradamente a miles de cadáveres. Otros fueron incinerados en grandes parrillas en las que se apilaban hasta 500 cuerpos por pira. Un infierno indescriptible.
La razón por la que Inglaterra y los Estados Unidos planearon y ejecutaron semejante carnicería es aun desconocida. En febrero del 45 Alemania se encontraba presa de la confusión, en retirada de todos los frentes y virtualmente derrotada. Por si esto no fuese suficiente, Dresde no era un enclave importante desde el punto de vista militar. La industria bélica era casi inexistente y, lo que quedase de ella, no estaba operativa. Carecía de destacamentos militares de fuste y no constituía un punto trascendental para las operaciones aliadas.
El de Dresde fue el sangriento y criminoso punto final de una estrategia errada –los bombardeos sobre Alemania– que sólo sirvió para asesinar a mansalva a cientos de miles de civiles. Concebida en origen por Inglaterra como única arma a su disposición, había perdido todo su sentido con la entrada de la Unión Soviética y los Estados Unidos en la contienda. Cuando en 1943 se produjo la letal incursión de la RAF sobre Hamburgo, los bombardeos aliados sobre la población civil carecían de justificación práctica y no estaban demostrándose efectivos desde el punto de vista militar.
El poderío bélico norteamericano y la resistencia rusa, pertinaz como pocas, decantaron la contienda en el invierno del 42. La victoria aliada, a la larga, estaba garantizada, y eso Churchill lo sabía. Inglaterra, además, dejó de padecer los ataques de la Luftwaffe en noviembre del 40, por lo que queda eliminada la coartada de la venganza.
A pesar de que Gran Bretaña consagró gran parte de su esfuerzo bélico al mantenimiento de una inmensa flota aérea, la industria armamentística alemana no se resintió hasta 1944. No lo hizo entonces por los intensos raids aéreos aliados, sino por la falta de materias primas que, a partir del verano de 1944, colapsó la economía del estado nazi.
Los aliados, especialmente Inglaterra, consumieron preciosos recursos en un modo de hacer la guerra moralmente inaceptable que, indudablemente, retrasó el final del conflicto. Esto y la larga campaña italiana pospusieron –tal vez un año– el desembarco en Francia. No veo preciso remarcar que, de haber sido así, Stalin no se hubiera adueñado de la mitad de Europa, simplemente porque su ejército nunca hubiese llegado tan lejos.
Valga esta pequeña reflexión en perspectiva para percatarse de lo estéril e ilógico que fue el crimen de Dresde.
Opinión de los lectores
Fernando, interesantísmo tu recordatorio, pues nos obliga a ver de nuevo hechos que no suelen mencionarse por la versión aliada de la 2ª GM.
Los ensañamientos de los bombardeos aéreos a poblaciones civiles en los meses de febrero y marzo de 1945 (especialmente los de Dresde y Tokio) ordenados por los cabecillas de los dos Estados principales de los Aliados (EE UU y G.B.) fueron unas de las páginas más negras de la negra historia de la 2ª GM. Los cálculos de sus víctimas son tan sólo estimaciones porque fue imposible su recuento material. Hagamos un breve recordatorio de los aspectos más sobresalientes:
4-11 febrero 1945: se reúne en la veraniega población de Yalta (en la península de Crimea) la Conferencia más importante durante la 2ª GM: ahí se decide el reparto del mundo entre la URSS (Stalin), EE UU (Roosevelt) y, en menor medida, Gran Bretaña (Churchill), se proyecta la creación de la ONU y se decide perseguir a toda costa la completa derrota y la rendición incondicional de las dos potencias del Eje (Alemania y Japón; Italia ya no contaba a esas alturas). No habría negociación para la paz, simplemente se buscaría la claudicación de Alemania y Japón. Roosevelt no pudo, sin embargo, convencer a Stalin para la participación de la URSS en el frente del Pacífico; todo lo más que consiguió de él fue una mera promesa de declaración de guerra a Japón antes de los tres meses (Stalin se sabía impotente ante la inmensa dificultad de mantener simultáneamente dos frentes abiertos y separados por miles de kilómetros).
13, 14 y 15 de febrero 1945: se produce el Apocalipsis de Dresde que bien describe Fernando en su artículo. Añadiré que Dresde, además de su nulo valor militar, en ese momento era un centro importante de refugiados civiles que huyeron de otros lugares más expuestos, así como destino de muchos heridos atendidos en diversos hospitales. Dresde, la joya cultural alemana, simplemente se desvaneció. Se estima que murieron no menos de 140.000 personas. Otras poblaciones alemanas fueron por aquellos días igualmente atacadas pero ninguna con tal ensañamiento como en Dresde.
10 de marzo 1945: se produce el Apocalipsis de Tokio: 334 bombarderos B-29 arrasaron más de la cuarta parte de la ciudad de Tokio. Se estima que murieron no menos de 100.000 personas. Otras poblaciones japonesas fueron igualmente atacadas (la "lista negra" de dichos bombardeos incluyó otras 66 poblaciones japonesas) pero ninguna con tal ensañamiento como en Tokio.
Los bombardeos de Dresde y Tokio tuvieron en común el uso masivo de bombas incendiarias de fósforo y napalm que no eran tan eficaces contra el hormigón armado y otras estructuras reforzadas como las rompedoras, pero que eran letales para las poblaciones que las sufrieron. Además se iniciaron ambos ataques de madrugada para alcanzar a más población civil. Respondieron a una misma estrategia de desmoralización del enemigo. A esas alturas el lema del fin justificador de los medios era implacablemente aplicado por la alta Administración angloamericana.
Otros hechos relevantes son posteriores:
7 de abril 1945: desembarco americano en Okinawa, supuso una de las muchas luchas feroces contra soldados nipones.
12 de abril 1945: fallece Roosevelt, sin ver el final de la contienda, le sucede su vice-presidente H. Truman.
El 30 de abril, estando las tropas soviéticas ya en Berlín, Hitler se suicida.
7 de mayo: Alemania se rinde sin condiciones.
No me cabe duda de que si las tropas alemanas hubiesen resistido hasta el verano de 1945, la primera bomba atómica se hubiese lanzado sobre suelo alemán, pues el 15 de julio de 1945 Oppenheimer acciona la primera bomba atómica (una de las tres pruebas realizadas en Alamogordo, Nuevo Mexico): el "proyecto Manhattan", iniciado en 1941 por orden de Roosevelt, culminaba con éxito.
Luego vendrían otros dos Apocalipsis y una declaración de guerra, tras la Conferencia de Potsdam (julio-agosto de 1945):
6 de agosto 1945: 1ª bomba atómica lanzada por aviación americana sobre Hiroshima; estimación de víctimas: 240.000 aprox.
8 de agosto 1945: la URSS declara la guerra a Japón y de paso se apodera de Manchuria, Corea, islas Kuriles y la mitad de la isla Sajalin.
9 de agosto 1945: 2ª bomba atómica lanzada por aviación americana sobre Nagasaki; estimación de víctimas: 120.000 aprox.
10 de agosto 1945: Tokio anuncia, por vez primera, su disposición a la rendición incondicional.
La derrota de las dos potencias del Eje, implicó matanzas horrendas. Tal vez sin ellas hubiese tardado más en conseguirse la rendición de Alemania y Japón, pero los hechos criminales (vengan de donde vengan) cuando lo son, deben calificarse como tales, como bien haces, Fernando, en tu artículo.
Vaya por delante que suelo coincidir con lo que escribe el autor y lo que aparece en esta página, pero creo que en algunos temas se debe puntualizar sobre el bombardeo de Dresde y la campaña de Bombardeo Estratégico, cuando no corregir algunos puntos.
Sobre el punto principal del artículo, como opinión subjetiva que es, cada cual puede expresarse como desee. Para mi, el bombardeo de Dresde no fue bajo ningún concepto un crimen, puede que fuera un error o un desperdicio de recursos, pero en el contexto de una guerra, y más en el de la guerra mundial, jamás debería ser considerado un crimen. Las guerras se hacen para ganarlas, no para hacer amigos. Pero dejando de lado esta opinión, más o menos fundamentada, decir que la campaña de bombardeo estratégico de los aliados es “una estrategia errada” es un soberano error.
A excepción de algunos historiadores revisionistas, alemanes en su mayoría, con escasa o nula formación (e incluso interés) en temas militares, ningún militar o historiador niega el papel en la victoria de los aliados de dicha campaña. Por poner dos ejemplos fácilmente accesibles para el publico español, en la “Historia de la Segunda Guerra Mundial” de Basil Lidell Hart se dice textualmente: “Aun tomando las cosas como ocurrieron, a pesar de los errores estratégicos y a la desconsideración a la moralidad básica, la campaña de bombardeos desempeñó incuestionablemente un papel vital en la derrota de Alemania de Hitler”. De forma más socarrona y directa, los historiadores y militares Williamson Murray y Allan R. Millet afirman en su libro “La guerra que había que ganar”: “Al final, lo que es seguro es que la Ofensiva Combinada de Bombardeo fue esencial para la derrota de la Alemania nazi. No fue elegante, no fue humanitaria, pero fue eficaz”.
Como esto no dejan de ser opiniones baste mencionar algunos datos para apoyar estas tesis: en 1940 las baterías antiaéreas que defendían el Reich eran apenas 701, en 1943, no hace falta ir al 44 como se pretende, las baterías alcanzaban las 2.132; esto traducido a cañones implicaba más de 10.000 piezas de alto calibre que perfectamente podían haber sido utilizadas como piezas antitanque (el famoso 88 es un ejemplo). Por esas mismas fechas el personal asignado a la defensa aérea del Reich superaba el medio millón y no es difícil imaginarse que podrían haber hecho en el frente este o en el desembarco de Normandía. Por si esto fuera poco obligó a la enfermiza mente de Hitler a desarrollar las armas de castigo, las famosas V-1 y V-2, los recursos en ellas gastada equivalían al proyecto Manhattan de los aliados, la imaginación vuelve a sobrar. Más datos que confirman la importancia de esta campaña: la presencia continúa de bombarderos sobre Alemania obligó a aumentar la producción de cazas reduciendo la de bombarderos que pudieran apoyar a las tropas y, sobre todo, a estacionarlos en Alemania donde no podían atacar a los aviones tácticos aliados; se calcula que hacia 1943, entre un 80% y un 90% de los cazas estaban en suelo alemán u holandés para interceptar los bombarderos.
Respecto a los resultados materiales de los bombardeos una vez es más cuestionable por la falta de datos, pero no hay que ser muy perspicaz para intuir que las molestias de los bombardeos rebajó la producción. Además a partir de 1944, el ataque sistemático a la industria petrolífera alemana redujo las existencias de carburante a mínimos obligando a reducir el entrenamiento de tropas y pilotos (apenas sabían despegar) y, lo que es peor, dejando las divisiones motorizadas sin su preciada gasolina. La movilidad se redujo a la propia de divisiones de infantería de la Primera Guerra Mundial (iban con caballos y carros). En enero de 1945, la Alemania nazi disponía de 1.800 tanques de primera calidad en Silesia, pero no pudieron ser utilizados por falta de combustible. Eso se debió al Mando de Bombardeo, la Octava Fuerza Aérea y la bendita mira Norden.
Si estos datos siguen sin convencer valgan unas opiniones que considero de los más autorizadas y rotundas (si, no estoy borracho, las opiniones en este caso tienen tanto peso como los hechos, que ya son bastante tozudos por si mismos). El general Gerd Von Rundstedt dijo refiriéndose al desembarco de Normandía: “Todo fue cuestión de fuerza aérea, fuerza aérea y más fuerza aérea”. Por su parte el mariscal de campo alemán Albert Kesselring aseguró tras el final de la guerra y refiriéndose a la victoria aliada: “El poder aéreo aliado en si fue la causa principal de la derrota de Alemania”. Y por último, en 1944 el ministro de Armamento y Municiones del Reich, Albert Speer, comentó refiriéndose una vez más a la campaña de bombardeo aliada: “Nuestra única esperanza es que en el Alto Estado Mayor Aéreo del otro bando haya tanto cabeza de chorlito como en el nuestro”. Estos tres altos cargos alemanes sabían el daño que estaban recibiendo.
Respecto a otros temas comentar que la resistencia rusa no fue tan tozuda como se puede suponer y es que en, al menos dos ocasiones, Stalin se plateó la rendición ante Alemania y que sin las aportación material de EEUU y UK difícilmente podría haber resistido y mucho menos realizado las posteriores ofensivas (en esto, los camiones de GM nunca serán lo suficientemente valorados). Es falso que los bombardeos sobre el Reino Unido acabaran en noviembre de 1940, de hecho el bombardeo de Coventry fue en ese mes. El primer Blitz acabó oficialmente el 11 de mayo de 1941, cuando Hitler retiró los aviones para preparar la invasión de la URSS y, por ejemplo, es famoso el bombardeo de Londres del 29 de diciembre de 1940 cuando se arrasó todo el entorno de la Catedral de San Pablo, con la famosa foto en la que aparece la catedral, permítaseme la licencia, erguida orgullosa entre columnas de humo y fuego. A este Blitz hubo que añadir más tarde los lanzamientos de V-1 y V-2 que mataron a una gran cantidad de civiles en las ciudades inglesas y que no terminaron hasta el propio 1945.
Respecto al colapso de la economía alemana por falta de materias primas, una vez más no es así. El propio Albert Speer negó este punto y así lo prueban los 1.800 tanques que había en Silesia en enero de 1945, había tanques, pero no gasolina que fue eliminada por el bombardeo.
Otro error es que se pudiera haber realizado antes de 1944 un desembarco en Francia. El fracaso en Dieppe de las tropas canadienses es una muestra de ello. Los posteriores reconocimientos de los generales Marshall y Eisenhower de este punto es otro; pero con todo los más importante son los datos y es que en 1943 los aliados carecían del número suficiente de divisiones equipadas y entrenadas para aprovechar un desembarco exitoso y lo que es más decisivo, los aliados no disponían de los suficientes buques de desembarco y, en especial de las pequeñas lanchas Higgins necesarias para transportar las 5 divisiones que pisaron suelo francés durante la primera jornada del desembarco. Lo que quizás podría haber evitado un avance soviético tan profundo podría haber sido: 1) un desembarco en los Balcanes ,en vez de en el sur de Francia, como proponía Churchill; 2) el lanzamiento de las divisiones 101 y 82 aerotransportadas para tomar Berlín como estaba planeado y 3) la ausencia de freno por parte de Eisenhower a las tropas aliadas para respetar los límites de Yalta.
Respecto a la moralidad de los bombardeos, ya que la eficacia de los mismos creo que es incuestionable, es una vez más objeto de las más diversas opiniones y como tales válidas, cada uno tenemos una, pero no me resisto a mencionar unos puntos. Parafraseando al Conde Ciano aunque no con las palabras exactas (me he vuelto loco para buscarlas en sus diarios, pero sin éxito como queda patente, algún día puede que los editores hagan unos índices onomásticos decentes...) resulta curioso que sean los inventores del termino “coventrización” los que ahora se quejen de los bombardeos.
Los idealistas ingleses al principio de la guerra llegaron a abortar bombardeos en el puerto de Wilhelmshaven por la presencia de civiles en los muelles, no hay que decir que los pilotos de caza alemanes no les devolvieron el cumplido y unos cuantos Wellington cayeron en el noble intento. Los posteriores bombardeos de Varsovia y Rotterdam arrasaron ambas ciudades en ejemplos de porque no se debía resistir la maquinaria nazi. Posteriormente fueron las ciudades inglesas las que padecieron los efectos de los bombardeos y Belgrado no fue menos. El pueblo alemán jaleo estos bombardeos como muestran las películas de propaganda de Goebbels. La muerte de civiles es reprobable pero los bombardeos deben ser estudiados y examinados en su contexto y su época histórica. Alemania sembró viento y cosechó tempestades. El pueblo alemán conocía y apoyó las actuaciones de los líderes nazis. Cuando en el otoño e invierno de 1940 se redujo la producción de armamento para incrementar la producción de bienes de consumo mientras se bombardeaba Gran Bretaña y se hacía a costa de la labor de trabajadores extranjeros (algunos dirían esclavos) nadie protestó. Murieron más civiles en la marina mercante inglesa y estadounidense que en muchos bombardeos y no he visto a nadie protestar por ello. El revisionismo está muy bien porque hace que cuestionemos nuestras “verdades” pero en algunos casos roza el ridículo. La guerra le fue impuesta a las democracias y fue una guerra sucia y puede que los bombardeos rozaran la parte más sucia de la misma, pero llamar criminales a los que ordenaron el bombardeo de Dresde me parece pasarse tres pueblos, puede que fuera un error, puede que fuera un derroche de recursos, puede que fuera innecesario, pero lo que no cabe duda es que la campaña de bombardeo fue útil e incluso imprescindible para el triunfo aliado.
Un último apunte, las guerras se terminan cuando acaban. Dicho así suena tonto e incluso estúpido, pero es de vital importancia. Decir que cuando la guerra está a punto de terminar no hay que hacer determinadas cosas es, cuanto menos, absurdo; y ¿por qué no dejar de disparar? ¿por qué no dejar de avanzar? Los generales alemanes buscaban precisamente eso. Una tregua en Occidente para poder transferir tropas al este y frenar a los rusos. ¿Hubiera sido eso eficaz? Probablemente no, pero los aliados tenían el deber moral de presionar hasta que la bestia nazi acabara en el infierno y los bombardeos eran una de las maneras de presionar. Vuelvo al principio, las guerras de acaban cuando el enemigo se rinde y el último que muere es un pringao, pero siempre hay un último.
Vuelvo a repetir una frase ya mencionada: “No fue elegante, no fue humanitaria, pero fue eficaz”.
No escribo esto tanto como para que se ponga en la página como para expresar mi opinión al autor, Fernando Díaz Villanueva, con el que otras veces he coincidido y que me merece el máximo respeto (para 2 liberales que hay en este país mejor no pelearnos entre nosotros) y para subsanar los que yo creo son algunos errores históricos.
Sin más me despido, atentamente
Rafael Illán Oviedo (el hermanísimo)
Coincido con usted plenamente sobre lo absurdo de bombardear Dresde. Tanto el Mando de Bombardeo de la RAF, como la 8ª Fuerza Aérea de la USAF no tenían ningún motivo para atacar esta ciudad tal como lo hicieron y bien podía calificarse de crimen horrendo su actuación.
Con todo, discrepo con usted en varias cuestiones. Por principio he de decir que no creo en la historia ficción. Es verdad que el bombardeo por zonas fue totalmente incapaz de destruir totalmente o de manera significativa a la industria bélica alemana y tampoco consiguió doblegar la moral de la población alemana. Los británicos, además, conocían de primera mano como el “blitz” sobre Inglaterra, ni había menguado su capacidad industrial, (realmente fueron capaces de reponer los aviones perdidos durante la batalla de Inglaterra), ni había provocado el derrumbe de la moral de los civiles a pesar de los bombardeos sobre Coventry, Londres, Liverpool, etc. Por lo tanto tenían la experiencia de primera mano para conocer lo ineficaz de utilizar únicamente una estrategia de bombardeo sobre las ciudades y centros industriales para alcanzar la victoria. Todo hay que decirlo, en ese aspecto, Churchill, aunque cometió otros errores a lo largo de la guerra, acertó plenamente en desconfiar de los optimistas planes de Portal y de Harris de utilizar únicamente el bombardeo por zonas para doblegar al III Reich. Supuso que había de proceder a la invasión terrestre para obtener la victoria. Desgraciadamente una vez que en Dunquerque los británicos embarcaron a su fuerza expedicionaria, no podían contar con otro medio para luchar contra Alemania. El bloqueo naval que había sido eficaz contra Napoleón en el XIX, o contra las potencias centrales en la 1ª Guerra Mundial, requería que los inmensos recursos de la URSS no cayesen en manos de los alemanes, algo que no era seguro que no ocurriese durante gran parte de los decisivos años 1942 y 1943. ¿Qué hacer entonces? La pregunta es interesante, por que los aliados tuvieron que enfrentarse a ella. Ahora cuando hace tiempo que se tiene acceso a los archivos alemanes de la época la respuesta parece muy obvia. Concentrarse en la industria petrolífera alemana y las comunicaciones, pero entonces los aliados no disponían de esa información.
Debemos recordar, sin embargo, que los alemanes habían empleado el bombardeo masivo sobre ciudades con éxito, (Varsovia, Rótterdam, Belgrado), y aunque lo habían hecho como medio complementario a su estrategia terrestre, habían conseguido apuntillar de este modo la voluntad de lucha de los ciudadanos y de los líderes de estos países. La estrategia anglo americana se basó en premisas parecidas. Evidentemente Alemania no era Polonia, Holanda, o Yugoslavia, por eso se pensó que requeriría un nivel de destrucción mucho mayor, pero los aliados además, yo creo que acertadamente con la información que disponían, decidieron conjugar la estrategia del bombardeo estratégico con la invasión terrestre, a la que nunca renunciaron.
A pesar de esto, esta decisión no niego que fue equivocada en parte, pero no lo fue por el fin que se pretendía conseguir sino por los medios que se utilizaron para llevar a cabo la destrucción de la industria y de la moral alemana. Los británicos no disponían de los medios de precisión para el bombardeo nocturno y tuvieron que emplearse en el bombardeo masivo por zonas, y los americanos por el contrario, no podían proteger sus bombardeos durante sus ataques diurnos. Ambas fuerzas obstinadamente, y a pesar de las pruebas evidentes en contra de que no se estaban alcanzando los resultados deseados mantuvieron los ataques sobre las ciudades alemanas durante gran parte de la guerra, y solo al final de la guerra dirigieron parte de sus ataques sobre la industria petrolífera alemana.
De todas formas tampoco podemos negar que Alemania, debido al bombardeo estratégico anglo americano tuvo que destinar más Flak, más aviones y pilotos de la Luftwaffe a la defensa de su territorio, crear una compleja red de radares, dispersar su industria bélica, (lo que la hacía más ineficaz), crear refugios aéreos para proteger a sus obreros, importar masivamente mano de obra, desescombrar sus ciudades, emplear numerosos recursos en la investigación y puesta a punto de las armas V para intentar devolver la destrucción a los aliados, y por último cuando comenzaron los americanos a utilizar masivamente cazas escolta, (P-38 Lightning, P-47 Thunderbolt, y por último el magnífico P-51 Mustang), fue obligada a luchar por la supremacía aérea sobre su territorio, (y no sobre los campos de batalla).
Sin el bombardeo aéreo estratégico posiblemente tales recursos podrían haberse trasladado al campo de batalla con lo que los aliados lo hubiesen tenido más difícil. ¿Que habría sucedido en Normandía si la Luftwaffe y la Flak hubiesen podido proporcionar una mejor cobertura aérea a sus unidades? Quizás la Whermatch podría haber contado con los excelentes cañones de 88 mm para armar más carros de combate o como artillería PAK, en vez de destinarlos a artillería antiaérea para proteger su territorio. Las cuestiones abiertas son numerosas. La 2ª Guerra Mundial, como toda guerra, contiene numerosas paradojas, por lo que trastocar un elemento no implica que el éxito aliado se hubiese adelantado, por que a buen seguro las contramedidas alemanas no se habrían hecho esperar. De la misma forma que Churchill se negó a centrar su estrategia únicamente en el bombardeo estratégico, tampoco debemos aceptar que únicamente las fuerzas aeroterrestres vencerían por si solas, o más rápidamente, a Alemania.
Las aportaciones de Rafael y PEGA a este debate son muy válidas y aportan luz sobre estos hechos.
Quiero añadir que los ataques alemanes sobre suelo británico (y belga) siguieron existiendo hasta bien entrado el mes de marzo de 1945, con numerosos e indiscriminados lanzamientos desde el verano de 1944 de las bombas volantes V-1 (pequeños aviones a reacción no tripulados y con carga explosiva) y desde septiembre de 1944 las invulnerables V-2 (cohete-proyectil de unos 14 metros de longitud de gran alcance, precursor del actual misil). En relación con las V-1, se lanzaron en total unas 9.000 bombas sobre Inglaterra, causando la muerte de unos 6.000 civiles y unos 18.000 heridos. Con respecto a las V-2, se lanzaron unas 2.000 (causó unas 2.800 víctimas y unos 6.000 heridos). Después de la batalla de las Ardenas (dic. 1944), el ejército alemán se retiró del frente occidental, haciendo más difícil el lanzamiento de este tipo de bombas volantes sobre suelo británico desde las costas continentales dominadas por el ejército nazi.
Admito que la ofensiva combinada angloamericana de tierra y aire fue decisiva para vencer a Alemania. Creo que no fue un error estratégico como señala Fernando.
Asimismo puedo admitir que el hecho de tener varios frentes abiertos y tropas terrestres operativas en batalla abierta no da muchas oportunidades de atender a conflictos morales.
No obstante lo anterior, el mencionado libro “La guerra que había que ganar” de los militares americanos Murray y Millet, pese a ser un libro excelente, pasa de puntillas sobre los bombardeos sobre Dresde y Tokio, como sucede en tantos otros escritos de historiadores “aliados”.
Esto es lo que me parece parcial y el título del artículo de Fernando es muy oportuno para recordar el caso totalmente desproporcionado de Dresde. A lo sumo, la operación militar Gomorrah (el bombardeo masivo de Hamburgo, a finales de julio de 1943, que supuso la friolera cifra de unas 50.000 víctimas, sin contar heridos) tuvo, al menos, sentido estratégico militar pues se destruiría la producción bélica de sus importantes fábricas y astilleros. Esto no se daba, ni por asomo, en el caso de Dresde.
Para vencer a las potencias del Eje, iniciadoras de las 2ª GM y probadamente criminales contra poblaciones civiles, hubo que emplear todos los medios al alcance en aquellos momentos para dar fin a una guerra que estaba durando ya demasiado (no conozco mejor título de libro sobre la contienda que el mencionado de Murray y Millet).
Pese a encuadrarse en una estrategia globalmente eficaz, lo que no es aceptable, y esto es un juicio subjetivo, es la actuación totalmente desproporcionada de este tipo de bombardeo en ciertos casos (febrero del 45 en Dresde y marzo del 45 en Tokio). ¿Hubo necesidad de ello? seguramente sí; ¿fueron actos criminales? también, sin ninguna duda.
Mi primera intención cuando vi este artículo fue tratar de corregir algunos errores históricos ya que considero que opiniones tenemos todos y son respetables. De hecho, aunque no comparto la opinión ni de Fernando ni de Francisco (sigo considerando que ni Dresde, ni Tokio, ni Hiroshima fueron crímenes) puedo entenderlas y a veces preguntarme si no serán esas las opiniones correctas y la mía la equivocada. Como dijo Oscar Wilde: “No hemos venido a este mundo a expresar nuestros prejuicios morales”
Francisco hace una referencia a la parcialidad de los militares norteamericanos Murray y Millet al pasar de puntillas sobre estos bombardeos pero, ¿no es tan parcial como ellos fijarnos en esos bombardeos exclusivamente para, sacándolos del contexto de una dura campaña, calificarlos como crímenes? ¿Quién de nosotros no afirmaría eso de la muerte de decenas de miles de civiles? El problema de esa cuestión es el contexto de la foto fija que sirve para la pregunta.
Si la muerte de civiles es inadmisible, ¿por qué la justificamos cuando son 20 pero no cuando son 50.000? ¿Es asumible la muerte de civiles si a cambio reducimos a polvo algunas fábricas? Si la respuesta es positiva como se sugiere para Hamburgo, ¿por qué no lo es si a cambio logramos reducir a la nada un importante centro de transporte y logística por el que pasaban las tropas alemanas de la zona (es decir, Dresde)?
Dicho de una forma más directa. La pregunta correcta no es si Dresde fue un crimen o no, la cuestión es si la muerte de civiles en un conflicto como la Segunda Guerra Mundial es moralmente asumible. Si la respuesta es no, entonces la muerte de uno solo de ellos por la razón que sea debe ser considera un crimen. Si la respuesta es sí, ¿dónde y quién pone los límites? ¿Destruir fábricas es licito pero no estaciones de trenes? ¿Si en el proceso matamos un par de miles o matamos a 50.000 cambia el resultado de la respuesta?
Seamos justos, ni la cantidad ni la razón por la que mueren los civiles deberían contar. O su figura es sagrada con todas las consecuencias o no lo es y en este último caso cualquier justificación militar por pequeña que sea (en el caso de Dresde eliminar un centro de distribución por el que transitaban decenas de miles de soldados alemanes aunque no se quedaran) justifica la acción. Porque si no es así vuelvo apregutar, ¿quién pone el límite? Esto es como las subvenciones ¿ayudamos a Almodóvar o promocionamos a Cervantes?
Por último, existe un tema muy peliagudo y que es muy difícil tratar, pero que no por ello se debe olvidar y en el que aunque no diga directamente mi opinión va a quedar bastante clara ¿Es lícito matar a un civil alemán para salvar la vida a un soldado aliado? Y ¿cambia la respuesta si en vez de una relación 1:1 es 100:1? El dilema moral visto desde nuestras cómodas casas puede parecer bastante fácil de responder, pero no podemos olvidar que el primer deber de Churchill, y Attle después, y Roosevelt, y Truman después, era ganar la guerra, pero el segundo era devolver con vida a cientos de miles de jóvenes soldados a sus casas. Su deber era para con las familias británicas y estadounidenses que sin comerlo ni beberlo se habían visto envueltas en unas guerras de conquista y exterminio que ni habían pedido ni habían querido y que las poblaciones de Alemania y Japón si habían soñado. Para muchos sonará criminal, pero el deber de los Altos Mandos aliados era salvar las vidas de sus soldados al precio que fuera; jamás les pidieron que hicieran cargas suicidas como los rusos o los japoneses ni, como hizo Hitler al final de su régimen, clamaron pidiendo el fin de Alemania y el pueblo alemán.
Hace apenas un par de años, en plena celebración del 60 aniversario del desembarco de Normandía, unos jóvenes franceses protestaban contra las celebraciones angloestadounidenses con la sorprendente excusa de que en los bombardeos previos a los desembarcos los aliados habían destruido numerosas casas civiles y matado a inocentes franceses. Ni que decir tiene que me quede sorprendido. Una vez más es otro nivel, pero en el fondo es la misma pregunta ¿es lícito matar a un civil en una guerra?
Dresde fue un error, si bien pedido a gritos por Stalin. Era un centro logístico y de comunicaciones pero que con casi toda seguridad no requería ni la décima parte de los bombarderos que recibió. Los Lancaster, B-17 junto a los otros aviones hubieran sido mejor utilizados en otras partes, aunque nadie puede negar que no obtuvieran el éxito en su misión: colapsar el transporte en la zona e impedir el movimiento de tropas... y mandar un mensaje a Moscú.
Seamos justos, ni la cantidad ni la razón por la que mueren los civiles deberían contar
Esta frase me parece espeluznante. ¿En serio en una guerra estás indiferente entre la muerte de unos centenares de civiles y la muerte de millones de civiles? A menudo ni siquiera es cuestión de si se puede o no trazar una nítida frontera entre lo “asumible” y lo “no asumible”, hay cosas que desde el sentido común caen, sin más, dentro de uno de los dos grupos. Parece que ves el hecho de que sea difícil distinguir lo justo de lo injusto en determinados contextos bélicos como una razón para conceder carta a blanca a los Estados en guerra. Tu respuesta a la complejidad ética de algunas cuestiones es simplemente tirar por la borda toda consideración moral.
¿Si hubiera sido Alemania o Japón los que hubieran lanzado bombas atómicas sobre ciudades occidentales también te hubiera parecido “asumible”?¿No hubieras tachado de “criminales” estos actos?
¿Es lícito matar a un civil alemán para salvar la vida a un soldado aliado? Y ¿cambia la respuesta si en vez de una relación 1:1 es 100:1? El dilema moral visto desde nuestras cómodas casas puede parecer bastante fácil de responder, pero no podemos olvidar que el primer deber de Churchill, y Attle después, y Roosevelt, y Truman después, era ganar la guerra, pero el segundo era devolver con vida a cientos de miles de jóvenes soldados a sus casas.
Cuál es el deber que creían tener estos señores la verdad es que me parece bastante irrelevante de cara a enjuiciar sus acciones. Por otro lado, una cosa es argüir que tenían el deber de proteger a sus soldados y otra decir que tenían el deber de protegerlos aún a expensas de la vida de miles de civiles extranjeros (y lo del deber de proteger a sus soldados parece que no lo tenía muy presente Roosevelt con sus temerarios movimientos para provocar un incidente con Alemania o su política en el Pacífico, y de haber querido proteger a sus soldados antes que a los extranjeros se habría abstenido de entrar en la Segunda Guerra Mundial). En cuanto a la relación soldado aliado:civil alemán, no creo que tengan mucho sentido estos cálculos utilitaristas. Cuando la policía entra en un edificio con el objeto de detener a una banda de criminales no se plantea hacerlo estallar con los vecinos dentro para evitar así la posible muerte de alguno de los agentes. ¿Vale más la vida de un civil que la de un policía? Nadie se pone a hacer estos absurdos cálculos, simplemente se descartan de entrada las acciones que implican masacrar a inocentes.
Rafael, es interesante leerte por lo informado que estás sobre estos asuntos, pero en mi opinión para defender la causa aliada no hace falta caer en la disculpa de todo cuanto hicieron en menoscabo de los civiles del otro bando. Eso sólo resta fuerza a tus argumentos.
Un saludo
Reconozco que la frase es espeluznante y maquiavélica (tipo bastante denostado que a mi particularmente me cae muy bien) y es aún más espeluznante si la desnudas de la frase que continua... y también reconozco que la puse así para motivar más el debate.
Dicho esto entro una vez más en el tema. En mi segunda intervención planteo unas preguntas que siguen sin contestar. Dejando de lado las consideraciones de “sentido común” que como dice el adagio es el menos común de los sentidos; las preguntas siguen sin contestarse. Resumiendo para que no salga una gran lista de cuestiones : ¿Es diferente la muerte de un civil para destruir una fábrica (que justificáis en Hamburgo) y la de un civil para arrasar una estación de trenes (centro de clasificación en términos militares y que no justificáis en Dresde)?
Si la respuesta es que no hay diferencia, entonces se debe criticar toda la campaña de Bombardeo Estratégico y no sólo el bombardeo de Dresde, posición que sería moralmente más sólida frente a una más demagógica que sólo condene bombardeos en función del número de muertos.
Si la respuesta es que sí hay diferencia, entonces más que recurrir a razones de sentido común se debe explicar moral, ética y militarmente porque matar un civil que vive en una casa de una ciudad con una fábrica de cañones es lícito pero no lo es matar a un civil que vive en una ciudad con un importante centro ferroviario por el que pasan decenas de miles de soldados camino del frente y miles de toneladas de material bélico. Sinceramente espero que alguien ilumine mi ceguera.
Pero lo que sigue resultándome más curioso es que las personas que denuncian estos crímenes guarden un riguroso silencio sobre la muerte de otros civiles. No veo a estas personas clamar al cielo por la muerte de miles de marineros en los mercantes que acudían al Reino Unido. Los diferentes acuerdos internacionales marcaban claramente las condiciones en las que debían realizarse los hundimientos y no hace falta decir que la Kriegsmarine se saltó estos principios a la torera. ¿Dónde está vuestra condena? Respecto a mi opinión es sencilla, dadas las condiciones de la Segunda Guerra Mundial no se podía esperar otra cosa por parte de la marina alemana. Y como este existen múltiples ejemplos de ausencia de condena para acciones alemanas y japonesas y condenas sumarias a actuaciones aliadas. Tratar de equiparar las actuaciones de los gobiernos aliados y los totalitarios es ridícula; a veces, y salvando las distancias, me recuerda a las denuncias de Guantánamo y los silencios sobre China o Corea del Norte. Los aliados no crearon campos de exterminio. Los aliados no provocaron limpiezas étnicas. Y así podríamos seguir de manera inacabable. Como ya comenté, la guerra es un asunto sucio, un verdadero asco; y en medio de ese asco, los militares y los políticos deben tomar decisiones, muchas de ellas difíciles y que suponen un compromiso moral. Es fácil juzgar desde nuestros sillones pero no lo es cuando tomas las decisiones desde 20 metros bajo tierra y cuando te están arrojando bombas.
Dicho esto, agradezco todas las opiniones y me complazco en debatir... pero sigo esperando una respuesta a mi explicita pregunta.
Un saludo
Rafael, en contestación a tu interesante réplica, he creído conveniente, aportar una serie de reflexiones, dado el asunto de calado que has suscitado:
1. Las guerras reflejan inexorablemente las ideas (racionales e irracionales) imperantes en el momento que se producen.
2. La guerra es la forma institucionalizada por excelencia de la violencia.
3. Las guerras son desde el siglo XVI, actos de gobiernos y, por tanto, de los Estados (monopolios mayoritariamente aceptados de la violencia, contra cierta concepción liberal, al menos como yo la entiendo).
4. El pensamiento liberal debe hacer un esfuerzo por comprender sus mecanismos (pese a ser la guerra, como diría Mises, el acto más antisocial que pueda imaginarse) y proponer limitaciones, en la medida de lo posible, a dicha violencia (sin caer en un irreal y peligroso pacifismo).
Debido al innegable poder de destrucción de las guerras, los teóricos del Estado y del Derecho y los propios representantes de los gobiernos han establecido históricamente siempre limitaciones a la misma.
Las limitaciones a la guerra, durante mucho tiempo, fueron normas consuetudinarias, generalmente de inspiración religiosa o de espíritu caballeresco. Más adelante se perfilaron un poco más; se debe resaltar en este sentido las doctrinas de los escolásticos de la guerra justa, del derecho de gentes de nuestro dominico Francisco de Vitoria, inspirador de la Escuela de Salamanca, la obra "De iure belli" del holandés Hugo Grocio (que tanto cita a Votoria) y que asienta las bases de un incipiente derecho internacional, las imprescindibles aportaciones del suizo Emerich de Vattel y los posteriores teóricos del tema.
Decididamente la Ilustración trajo a occidente importantes cambios de paradigmas en la forma de entender el mundo (aunque alcanzara tan sólo inicialmente a una minoría). Entre otros cambios de perspectiva, en concreto, se modificó radicalmente la concepción que se tenía de las guerras y de la suerte reservada a sus víctimas. Se pusieron las bases de una posterior normativa positiva de derecho de la guerra y del derecho humanitario (no sólo basada ya en las antiguas costumbres de guerra).
La codificación progresiva de este tipo de normas internacionales con respecto a las limitaciones a la guerra comenzó ya en último tercio del siglo XIX (como tantas cosas importantes para el hombre moderno). Son fundamentales los Convenios de la Haya de 1899 y 1907 y los Convenios de Ginebra de 1864, 1906, 1929, 1949 y, más recientemente, 1977. Diré desde ya que todos estos acuerdos internacionales tienen un serio inconveniente y que resulta benditamente paradójico para un liberal: son normas "cojas" al no estar respaldadas por un poder único coactivo por inexistencia de un gobierno mundial que imponga su aplicación (por fortuna de los liberales).
No obstante esto, dichas normas han de ser herramientas valiosas en manos de liberales, pese a proceder de los propios Estados o de sus teóricos (¡El poder del Estado parece no ser ilimitado y, además, es declarado así por los propios estatistas! Toda limitación al poder del Estado, por mínima que sea, debe ser mirada con interés por el liberal, y más este tipo de limitaciones a la guerra, el acto de intervención estatal más devastador que existe).
Así pues, de manera general, se pueden clasificar estas normas como un conjunto de derechos y obligaciones que son de dos tipos:
a) Las relativas a los combatientes: a la conducción de hostilidades, armas, tipos de ataque, medios empleados en la guerra, etc. y
b) Las relativas a proteger a los no combatientes o puestos fuera de combate: heridos, prisioneros, civiles, etc.
Resumiendo mucho se puede decir que todo lo que inspira la normativa internacional o doctrina teórica que ha tratado de este asunto ha establecido una muy clara separación entre dos conceptos básicos del tema:
- el "ius ad bellum" (reglamentaciones y prohibiciones al recurso de la guerra, es decir normas previas a la guerra) y
- el "ius in bello" (normas que rigen las relaciones recíprocas entre beligerantes cuando se ha declarado ya la guerra entre ellos).
Ello es importante porque implica que incluso con el agresor debe aplicarse el "ius in bello". Este último, por tanto, no se subordinaría al "ius ad bellum" (tal y como pareces plantear en tu réplica). De operar dicha subordinación o de sostener una aplicación discriminatoria del "ius in bello", los beligerantes que ejercen su muy derecho legítimo de defensa para rechazar una agresión se verían eximidos de respetar todas las leyes y costumbres de la guerra. Se declararía al Estado agresor fuera de las fronteras del derecho. Llevando esta argumentación a sus últimas consecuencias, en que se volatiliza todo principio de equidad o proporción, se llegaría a la conclusión (que seguro que no compartes) que el conjunto de los miembros de las fuerzas armadas y de los ciudadanos del Estado declarado internacionalmente penal por iniciar la agresión, serían igualmente penales y, por tanto, merecedores de sanción.
Es muy interesante reparar en el art. 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional (conocido como "Tribunal de Núremberg") de agosto de 1945, pues en él se mantuvo de manera perfectamente clara la referida distinción (entre "ius ad bellum" y "ius in bello") al hablar por una parte de crímenes contra la paz que suponían "la conducción, la preparación el desencadenamiento o la prosecución de una guerra de agresión o de una guerra que viola los tratados, garantías o acuerdos internacionales", es decir, por conculcar el "ius ad bellum" y, de otra parte, al referirse como algo distinto a crímenes de guerra "por violaciones de las leyes y costumbres de guerra" (que no son otra cosa que el "ius in bello"). De este modo se dio a entender que los actos conformes a las leyes y costumbres de guerra no serían sancionados, aunque hubiesen sido llevados a cabo por el agresor (es decir, incluso los perpetrados por los nazis).
A sensu contrario, serían de aplicación las sanciones no conformes a dichas leyes y costumbres (tanto a los nazis como a los aliados, añadiría yo; por supuesto el Tribunal de Nüremberg no hizo esta última aclaración por obvias razones de que se juzgaba al vencido).
Volviendo al caso de Dresde, no estoy de acuerdo en que fuera, como dices, un centro logístico y de operaciones (esto fue precisamente lo que los mandos británicos dijeron nada más terminar el ataque, luego desmentido por los hechos; si así fuera no tendría, además, sentido que estuviese tan poco defendida) ni que colapsara el transporte de la zona (su cercanía de Leipzig o del propio Berlín puede desmentir dicho aserto). Además, para completar el panorama debemos saber que Dresde acogía por esas fechas un elevado número de aliados prisioneros o heridos (las diversas versiones rondan entre 15.000 a 25.000 aliados retenidos en la ciudad de Dresde en los días del bombardeo) y que las tropas soviéticas estaban cerca de dicha ciudad como para considerarla ya presa de la URSS. Su ataque masivo y desproporcionado puede perfectamente considerarse un crimen (desde el punto de vista del derecho internacional y desde el punto de vista moral). El caso del bombardeo a Hamburgo que comenté (con todas mis numerosas dudas asaltándome por doquier) puede estar más justificado pues estaba mucho mejor protegida, y era de un valor estratégico excepcional (creo que bien puede considerarse en aquella época la segunda ciudad en importancia después de Berlín): hubo fatalmente allí muchos "daños colaterales" como consecuencia de la operación Gomorrah pero creo (o al menos me gustaría así creer) que no se buscaron intencionadamente; cosa que intuyo fue lo de Dresde.
Además en la historia moderna no conozco bombardeos aéreos más letales que los de Hiroshima, Dresde, Nagasaki y Tokio (colocados por número de civiles muertos como consecuencia de los mismos). Todos ellos perpetrados por los aliados; esto siempre me ha dado que pensar.
Vietnam desafortunadamente conoció también bombardeos injustos directamente contra población civil. No es casualidad que las normas que limitan los bombardeos aéreos indiscriminados se añadieran a las revisiones de los Convenios de Ginebra de 1977 (concluida ya esa triste página de la historia contemporánea).
No quiero con ello dar la impresión de ser un revisionista de la historia ni mucho menos (estoy convencido de la necesidad de ganar la 2ª GM por parte de los aliados; es más, soy atlantista y políticamente incorrecto en estos lares al declararme pro-americano en términos generales) pero incluso la guerra justa debe tener sus propios límites. La defensa del Estado de derecho (incluido los pactos internacionales) en cualquier circunstancia sirve a la causa liberal; tal vez sea un iluso, pero creo en estos principios. Esto sirve también para la actual "guerra contra el terrorismo" (o cualquier otra forma de conflicto). Es necesario que con las armas no se destruya los valores que se pretenden proteger con ellas (este error es precisamente lo que los terroristas de todo pelaje intentan conseguir).
Parafraseando al estratega e historiador militar Françoise de la Noue (1531-1591), ¿Quién va a creer en la justicia de nuestra guerra contra el enemigo (el que sea) si la libramos sin mesura?
Disculpa, Rafael, por este rollo que te he soltado pero creo que era merecedor del tema tan importante que has traído a colación. Gracias por tu participación en este debate.
Si de frases es esto una competencia no diré una de Mises (que supongo tampoco será un dios infalible, al menos no para mi, soy ateo) diré una de Tucídides que de guerra sabía algo: Los pueblos se forman con las guerras y no hay otra forma de escribir las guerras más que con el hierro y la sangre.
Que Dresde fuera o no un centro de clasificación es, como va siendo habitual, una cuestión de opiniones. Lo que si es irrefutable es que el propio Stalin insistió en un bombardeo de esa clase para ayudar a sus tropas y supongo que el sabría lo que pedía. Que se colapsó el transporte también es cierto, pero no tanto por la destrucción de las estaciones ferroviarias sino por el atasco que se produjo por la huida de civiles, como ya había sucedido en Francia en 1940 y otros muchos lugares. Que la moral alemana en la zona se desplomó es evidente por los registros de rendiciones en la zona y la caída de producción que reflejan los diarios de Albert Speer; pero con todo esto me siguen asaltando varias dudas.
Nadie ha logrado explicarme porque tanta insistencia con los 4 (Dresde, Tokio, Hiroshima y Nagasaki) bombardeos de marras y el paso de puntillas por los miles de marineros aliados que murieron en el Atlántico. O los prisioneros de guerra occidentales que fueron masacrados en campos de concentración japoneses o los centenares de miles de esclavos forzados que uso el Reich para construir sus armas... ¿por qué esa doble moral? Lo repito; estas actitudes me recuerdan a los chicos de Amnistia Internacional que critican con megáfonos los crímenes norteamericanos en Guantánamo, pero discretamente ocultan los cadáveres coreanos o chinos debajo de la alfombra.
Reconozco que mis conocimientos de leyes no son ni la décima parte que los de alguno de vosotros, pero no termino de entender vuestra postura. Puedo entender una posición moral que repruebe toda muerte civil, pero me cuesta comprender una posición que justifica la muerte de un ciudadano de Hamburgo y no una de uno de Dresde; que denuncia a voz en grito la muerte de un ciudadano abrasado, pero no la de otro congelado y cubierto de petróleo en medio del Atlántico. A caso no son todos estos civiles sujetos a todas esas normas legales que tan prolíficamente habéis descrito. ¿Por qué se aplican a unos y a otros no? Y más me cuesta pensar que unas personas que defienden el individuo, como yo trato, se reduzcan a condenar esos incidentes simplemente por el número de víctimas. 50.000 crimen de los gordos; 1 ni lo mencionamos en el periódico. Tan criminal es matar a un judío por su condición de judío que matar a 6 millones por su condición de judío. Tan horroroso debe ser matar a un civil en un bombardeo como a mil.
No entiendo porque todas esas leyes deben ser aplicadas a unos pocos civiles y otros no. ¿Dónde ha quedado la igualdad ante las leyes?
Planteé una pregunta que creo sencilla; sigue sin contestación: ¿Es diferente la muerte de un civil para destruir una fábrica (que justificáis en Hamburgo) y la de un civil para arrasar una estación de trenes (centro de clasificación en términos militares y que no justificáis en Dresde)?
Una vez más gracias por vuestra atención.
Rafael, un matiz, von Mises era ateo y tener estima a un gran economista liberal en tiempos de totalitarismos no significa endiosarlo.
Pero vayamos a tu pregunta persistente y sencilla: "¿Es diferente la muerte de un civil para destruir una fábrica (en Hamburgo) y la de un civil para arrasar una estación de trenes (centro de clasificación en términos militares en Dresde)?", esto tiene también una respuesta sencilla: no; no es diferente, ambas muertes son moralmente idénticas. Pero vayamos a tu pregunta... "Pero se pueden enjuiciar de manera distinta según cómo se haya producido esa muerte tal y como describe el corpus de derecho internacional al que en mi anterior réplica hacía referencia."
Lo que sucede es que en este debate se habla fundamentalmente del caso de Dresde y no de los campos de exterminio nazi o de las increíbles matanzas de los japoneses contra población china, por ejemplo. Tienes razón en que me he centrado tal vez en exceso sólo en 4 casos de los innumerables bombardeos que hubo en la 2ª GM por ambas partes, pero creo que era consecuente con el título del artículo de Fernando que ha dado pie a estos debates. Además, por lo menos en mi caso, sí es significativo el nivel de destrucción alcanzado en dichos bombardeos (con la paradoja añadida de que todo el mundo conoce lo de Hiroshima y Nagasaki, pero lo de Dresde y Tokio es francamente poco conocido en general y creí conveniente resaltarlo). En tu primera réplica comentas que es parcial sacar unos hechos aislados del contexto general y tienes toda la razón (pero tal vez en este foro no sea adecuado invadir el espacio ofrecido con excesivos datos para no hacer pesada su lectura).
Se trata de introducir cierta racionalidad al asunto. Los dilemas absolutos que propones me recuerdan a ciertas "guerras santas" o "guerras sagradas" del tipo de "con nosotros o contra nosotros" que justifican o tapan demasiadas veces los peores excesos estatales. Aclaro enseguida que los verdaderos crímenes contra la paz y los mayoritarios crímenes de guerra fueron responsabilidad directa de los ejércitos del Eje sin ninguna duda. Pero esto no nos debe impedir denunciar los que hubo en el bando aliado; creo que es un ejercicio de honradez histórica. Ganaron (ganamos) los aliados, pero hubo ciertos excesos criminales (tal vez pocos para lo que se había perpetrado ya por el lado nazi y nipón y lo que aún se estaba cociendo en aquellos momentos). El indiscriminado bombardeo sobre Dresde, los fines perseguidos, los medios empleados, el ensañamiento con que se llevaron a cabo sobre población civil o no combatiente casi en exclusiva es un caso de pizarra si se quiere tomar un ejemplo de crimen de guerra (me cuesta comprender que no veas esta evidencia).
El que Stalin lo pidiera a gritos no es una justificación, es más, creo que es un agravante, porque Roosevelt y Churchill sabían ya por esas fechas que era un tirano deleznable con el que había que contar para ganar la guerra. Hacerle un favor de esas proporciones es poco creíble cuando en la muy reciente la Conferencia de Yalta Roosevelt imploró a Stalin hasta límites impropios de un gobernante que atacara el frente del Pacífico y no consiguió más que una elusiva promesa de futuro (que además no cumplió). Más bien creo que fue un alarde de potencial bélico destructor sobre población civil desarmada frente a las cercanas tropas soviéticas para mostrar que también el ejército angloamericano sabía destruir (fue la antípoda de lo militarmente correcto). Si esto consideras que no es un crimen de guerra, me temo que para ti no existen los crímenes de guerra.
Lo repito, fue un acto desproporcionado a todas luces, con nulo sentido estratégico y un error que podía desdibujar el inmenso (y heroico) esfuerzo de lucha de los admirables ejércitos angloamericanos.
Por cierto, la mayoría de los habitantes de Europa no agradecemos suficientemente este impagable esfuerzo, y siempre me produce irritación las posturas intelectualoides antiyanquis o antisajonas (cada vez soy más alérgico a ellas). Sólo una muy pequeña minoría reconocemos abiertamente esta deuda que tenemos con aquellos soldados pero, Rafael, que no nos ciegue tanto nuestro sincero agradecimiento como para no ver lo que no nos gusta de los aliados).
Un saludo liberal.
Una anotación a tu anotación. Von Mises sería ateo, pero el problema es que lo tratáis como si fuera Dios. Que él dijera algo no lo hace mejor que si lo dice Tucídides o Marx; de hecho, si por cada vez que un progre ha tratado de convencerme diciendo que algo lo había dicho Marx o el Che tuviera que cambiar de opinión ahora sería más rojo que Llamazares. Los razonamientos deben basarse en otras cosas más allá de nombres por muy respetables que sean (y Mises, al menos para mí, lo era como lo era Tucídides) y en ese sentido debe tomarse mi frase.
Una vez más veo que, en el fondo de la argumentación, no pesa si no el horror de las cifras: "Además, por lo menos en mi caso, sí es significativo el nivel de destrucción alcanzado en dichos bombardeos (con la paradoja añadida de que todo el mundo conoce lo de Hiroshima y Nagasaki, pero lo de Dresde y Tokio es francamente poco conocido en general y creí conveniente resaltarlo)".Vuelvo a afirmar que tan criminal es quien mata uno como quien mata mil, la diferencia son los medios. Y además, si bien se contesta la pregunta no se dice el porqué, que es lo que pretendía. Evidentemente sostenéis este punto, pero no lo aclaráis. ¿Por qué es distinto?
Reconoces que los bombardeos han sido sacados de contexto (En tu primera réplica comentas que es parcial sacar unos hechos aislados del contexto general y tienes toda la razón (pero tal vez en este foro no sea adecuado invadir el espacio ofrecido con excesivos datos para no hacer pesada su lectura). ) y probablemente es ahí donde residen nuestras discrepancias. Al igual que no juzgamos las razias de la guerra de los Cien Años con los ojos del siglo XXI y las calificamos de atrocidades porque en pleno siglo XIV y XV eran normales. Así como no consideramos un horror sin nombre que los romanos esclavizaran a las poblaciones tras su conquista; los mismos criterios debemos aplicar al juzgar los hechos que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial. Siempre digo que no me gustaría que en las épocas futuras nos juzguen con los criterios morales de esas épocas y si con los que actualmente poseemos.
La atmósfera en la que se concibieron los bombardeos estratégicos es muy definida y no puede ser dejada de lado al juzgarlos tanto en conjunto como por separado. Cuando durante la Primera Guerra Mundial se ataca París con artillería de largo alcance y diversas zonas de Gran Bretaña son bombardeadas, primero con dirigibles y posteriormente con aviones, surge un tipo de guerra al que los gobiernos y las personas no estaban acostumbrados, pero que es asumido por ambos bandos. Es a raíz de estos incidentes cuando una serie de teóricos de la guerra aérea (Trenchard, Douhet o Mitchell; por mencionar algunos) vaticinan un tipo de conflagración en la que las batallas terrestres serán irrelevantes y serán los grandes bombarderos los que lograran la victoria mediante la destrucción de las ciudades y las fábricas enemigas. La lógica de esos años veinte es que este tipo de guerra evitará los horrores de la Primera Guerra Mundial con sus trincheras y frentes estáticos con sus millones de muertos. Según estos teóricos la guerra sería ganada en unas pocas semanas, a lo sumo meses, con una pérdida relativamente baja de vidas unida a un desplome de la moral de soldados y ciudadanos. Esta estrategia es asumida por ambos bandos y las grandes fuerzas aéreas son diseñadas bajo estos preceptos; y al asumir estos preceptos una vez más ambos bandos aceptan a la moral enemiga y las ciudades y civiles que en ellos habitan como objetivos legítimos de guerra. Para confirmar este punto basta leer cualquiera de los textos de los teóricos antes mencionados o los discursos de Churchill ante la Cámara de los Comunes del 7 de febrero de 1934 o el del 8 de marzo del mismo año o el del 16 de noviembre del mismo; el del 31 de mayo de 1935 o el de marzo de 1936... y así podemos continuar. En todos estos discursos se advertía de los bombardeos que se avecinaban. Era un tipo de guerra que se asumía.
Los hechos siguieron a las palabras. El mismo día en que Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania (3 de septiembre de 1939) sonaba la primera alerta de bombardeo que por suerte para los londinenses fue solo un error. Los bombardeos de Varsovia y Rotterdam por mencionar alguno de los más importantes demostraron que un bando estaba dispuesto a usar esta arma y la producción de bombarderos Wellington en el otro eran un claro indicativo de que al otro solo le faltaba un poco de tiempo. La decisión de no mandar más cazas a Francia en 1940 para poder luego luchar sobre Gran Bretaña es otro ejemplo de que ambas partes asumían este tipo de guerra. La moral y las ciudades se habían convertido en objetivo legítimo. Gran Bretaña limitó sus ataques no tanto por moralidad, como luego se vio y como cualquier estudioso puede ver en sus planes preguerra como por la falta de bombarderos. Alemania no tenía este inconveniente y aplicó la nueva guerra a fondo; como ya he dicho, primero Polonia, después Holanda y así sucesivamente. La conclusión es que el famoso contexto del que hablo es este y no otro y es aquí donde debemos juzgar los actos que durante esta guerra ocurrieron.
Pero como supongo que esta descripción del entorno en el que se creo la doctrina de bombardeo estratégico no te va a convencer y veo que se está llegando a un callejón sin salida, creo que es el momento de buscar otro enfoque. Por adelantado pido paciencia ya que sé que el razonamiento que voy a utilizar será largo principalmente por mis carencias a la hora de explicarme.
Para empezar comentaré dos puntos sin aparente conexión con el tema que estudiamos, pero que sí creo son relevantes para el asunto que nos afecta.
La guerra por su condición caótica y frenética tiene varios problemas y uno de los principales es que induce a errores. El caso más grave de error militar es el denominado "fuego amigo" que tan sarcástica mueca arrancaba a Hilario Pino durante la segunda guerra del Golfo. Ejemplos de este fenómeno han ocurrido a lo largo de toda la historia. En la Segunda Guerra Mundial, los bombarderos aliados machacaron a sus propias tropas antes de dar comienzo a la operación Cobra. El general Stonewall Jackson fue abatido por sus propias tropas durante la Guerra de Secesión y otro tanto le pasó a Gustavo Adolfo de Suecia en la batalla de Lutzen durante la Guerra de los 30 años. Existen otros tipos de errores como son los de inteligencia que llevaron a los británicos a obviar la presencia de tropas blindadas en Arhem o errores de cálculo como pensar que la conexión de la Armada Invencible y el ejercito de Flandes se realizaría sin problemas. Para abreviar, en la guerra los errores de diferentes signos ocurren y parafraseando al doctor House: "Lo malo de esta profesión es que si la cagas los pacientes mueren"
Bien ahora pasemos a los ovnis (no estoy borracho y vuelvo a recordar que preciso un poco de paciencia). Cuando me encuentro con un apasionado defensor de la existencia de extraterrestres le planteo un razonamiento bastante contundente y que es el siguiente: Sí los extraterrestres quieren darse a conocer, ¿por qué no aterrizan en la Cibeles o en Times Square? Y si no se quieren dar a conocer, ¿por qué se ponen lucecitas en los platillos, persiguen aviones como si fueran niños y secuestran gente para tirársela? La consecuencia de este planteamiento suele ser un incómodo silencio que va seguido por la expresión: "Es que eso no es así...", aunque jamás expliquen porque no es así.
De acuerdo ahora volvamos al tema de este comentario. En el caso de Dresde se puede utilizar una argumentación similar.
Sí el bombardeo fue una decisión consciente y deliberada de los líderes occidentales con el objeto de matar a un buen número de civiles, no cabe duda que fue un crimen y los líderes occidentales tan criminales como los líderes del Eje tal como pretenden algunos historiadores.
Pero para admitir esta hipótesis hace falta contestar una serie de preguntas ¿Por qué, si los líderes occidentales estaban tan ávidos de sangre como para ordenar una matanza de semejantes dimensiones, esperaron a febrero de 1945? Las fuerzas aéreas occidentales ya tenían esa capacidad en 1944 y en especial en la segunda mitad de ese año, cuando campaban casi a sus anchas por los cielos de Alemania. Podían haber realizado esos bombardeos mucho antes y tratar de recoger unos supuestos efectos morales en los que por aquella época se seguía insistiendo. ¿O es que la avidez de sangre alemana sólo apareció en febrero de 1945? Con todo, las dudas a esta interpretación continúan. Sí Dresde fue ordenado para matar civiles de forma indiscriminada, ¿por qué no continuar con esa política? Había decenas o centenares de localidad alemanas poco o nada protegidas que acogían miles de refugiados (en especial en el sur del país) que podían haber sido el objetivo de los bombardeos e incrementar la supuesta venganza de los occidentales; o es que la avidez de sangre occidental se limitaba al mes de febrero de 1945 y además tenía un limite como las botellas. Pero aún surgen mayores incertidumbres. ¿Por qué si los líderes aliados estaban ávidos de sangre alemana proporcionaron alimentos y medicinas en las zonas ocupadas cuando aún no había terminado la guerra usando para ello importantes cantidades de transportes y que el propio gobierno alemán les había negado? No existe lógica alguna en procurar matanzas de forma intencionada y luego salvar la vida a los civiles que estaban en la zona ocupada. ¿Por qué se establecieron protocolos de comportamiento con la población civil y una fuerte presencia de PM para impedir, en la medida de lo posible, los saqueos y otras tropelías. ¿No hubiera sido mejor el conocido método soviético que autorizaba los saqueos, violaciones y ejecuciones sumarias? La explicación del crimen deliberado debe explicar estos puntos o al menos dar una razón de porque se actuó con esa ansia de sangre en febrero de 1945.
Con todo y utilizando el mismo esquema de usado para rebatir la existencia de extraterrestres, existe otra opción que explica el bombardeo de Dresde. Y es que un cúmulo de errores, que llevaron un horror como pueda serlo el fuego amigo, llevó al bombardeo de Dresde. Errores de inteligencia que aseguraron una importancia en el sistema logístico alemán que no tenía. Error al tratar de complacer la insistencia de Stalin de realizar un ingente bombardeo estratégico para facilitar el avance de las tropas rusas. Error al creer que se podía lograr el desmoronamiento moral alemán con un nuevo bombardeo de saturación tal como había previsto la doctrina preguerra y habían intentado ambos bandos durante la guerra (y que funcionó en Japón) y así precipitar el final de la misma. Error al usar el bombardeo como forma de advertencia a Stalin ante posibles aventuras postguerra (un informe británico afirmaba que si el Ejercito Rojo seguía su avance como se temía, los aliados tendrían que retirarse tras el Rhin y en el peor de los casos preparar un nuevo Dunkerke).
Como ya dije en el segundo párrafo de mi primera intervención, considero que Dresde fue un error, pero no un crimen. Los medios utilizados fueron excesivos y el objetivo no lo merecía, pero nunca se realizó para provocar una matanza deliberada y sin fundamento de civiles. Los errores en la guerra son notables y pueden provocar muchas muertes, es el problema que tienen los conflictos bélicos. Los aliados tuvieron muchos, por poner unos pocos ejemplos, el ya mencionado de Arhem donde murieron o fueron capturados miles de soldados británicos. El bombardeo de Monte Cassino que solo sirvió para que los defensores alemanes tuvieran mejores sitios donde atrincherarse. La negativa estadounidense de implantar el sistema de convoyes en la costa que provocó el hundimiento de cientos de barcos indefensos. El bombardeo de tropas propias antes de la operación Cobra que mató a numerosos soldados estadounidenses porque alguien no calculó correctamente la velocidad y la dirección del viento. Y así podríamos continuar hasta el infinito. Los errores ocurren y Dresde fue un error, un error que costó miles de vidas, pero no más error que los anteriores y que provocaron la muerte de soldados aliados. Si Dresde fue un crimen, ¿entonces no lo fue mandar a unos paracaidistas a pegarse con una división blindada alemana en Arhem?
Vuelvo a la frase del inefable doctor Gregory House: "Lo malo de esta profesión es que si la cagas los pacientes mueren". Lo malo de la guerra es que cuando la cagas la gente muere a miles, en tu bando y en el otro; pero para poder definir Dresde como crimen debería existir la convicción de que fue ordenado para matar de forma indiscriminada y consciente a miles de civiles por el puro placer de saciar la sed de sangre de occidente y si alguien cree que eso fue así deberá contestar a las preguntas anteriormente planteadas o someterlo a una mera cuestión de opinión o fe y ahí si que no entro, porque opiniones tenemos todos.
De todas formas creo que aquí se ha abierto un debate muy interesante en el que no pretendo tener la verdad absoluta, pero en el que si tengo mi opinión, y que por su complejidad es difícil, cuando no imposible, que lleguemos a un acuerdo. Sería interesante que los responsables del Instituto plantearan una conferencia sobre la moralidad de la guerra y el papel del liberalismo, en todas sus versiones, en esta faceta humana y se contemplaran las facetas morales y éticas, pero también militares e históricas del asunto.
Una vez más, gracias por vuestra atención.
Francamente interesante, Rafael, tu último comentario. Tal vez tenga que revisar los referidos bombardeos sobre Dresde del 13 al 15 de febrero de 1945. Lo que no dejo de darle vueltas es que la Conferencia de Yalta terminó el 11 de febrero y es como si, a partir de entonces, a los Aliados les empezara a entrar las prisas de acabar la contienda “como sea”.
Reconozco que he aprendido bastante con las aportaciones tuyas y la de PEGA.
No me imaginé que este debate fuera a llevarme por estos derroteros (el replanteo de mi idea preconcebida del bombardeo a Dresde). Eso me pasa por debatir con un declarado admirador de Maquiavelo.
Por cierto que en sus Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio (posteriores a Il Principe de 1513) en donde trata de sacar lecciones de la historia antigua, tras sus observaciones sobre el auge y la caída de los gobiernos, el autor llega a alguna que otra conclusión interesante, como la de que el no respetar las leyes puede acabar en insoportable tiranía y reconoce la importancia de la obra ordenadora de las leyes “a las que está obligado el propio rey” (Discorsi I, 17). Este desarrollo de su pensamiento político no llegó a plasmarse en Il Principe.
Creo que los Discorsi deberían ser mejor conocidos para matizar algunas interpretaciones (también preconcebidas) del florentino.
Gracias por enriquecer este debate.
Sólo un apunte, porque básicamente ya he dicho todo cuanto quería decir en este debate:
pero para poder definir Dresde como crimen debería existir la convicción de que fue ordenado para matar de forma indiscriminada y consciente a miles de civiles por el puro placer de saciar la sed de sangre de occidente
Los medios utilizados fueron excesivos y el objetivo no lo merecía, pero nunca se realizó para provocar una matanza deliberada y sin fundamento de civiles.
Todo crimen tiene un móvil, ¿importa el móvil de cara a considerarlo un crimen?¿Desde cuándo? Tu razonamiento a este respecto, Rafael, se sustenta sobre la falacia de que una acción sólo puede considerarse un crimen si el propósito de la misma es “matar de forma indiscrimanada y consciente por el puro placer de saciar la sed de sangre”. Pero esto no tiene nada que ver con la definición de
crimen/agresión: un acto
voluntario/intencional que
causa daño a terceras personas o a su propiedad. El motivo o fundamento que subyace tras una acción puede ser relevante en otros ámbitos, pero es irrelevante a la hora de considerar si una acto es o no criminoso. El individuo que coloca una bomba en un coche con la intención de hacerla explotar cuando suba el conductor está realizando un acto voluntario/intencional que causará la muerte del conductor. ¿Cuál es el motivo?¿Vengarse porque era el amante de su esposa?¿Cobrar una herencia?¿El placer de saciar la sed de sangre? Su condición de crimen es independiente de cuál sea la respuesta a estas preguntas. En el caso de Dresde, los aliados bombardearon la ciudad con la
intención de destruirla. Fue un acto deliberado, voluntario e intencional, que
causó la destrucción de la ciudad y la muerte de miles de civiles inocentes. Esto basta para considerarlo un crimen.
Pero entonces, ¿cabe tildar de crimen toda acción militar que comporte la muerte de un inocente? En general y en sentido estricto, sí. Es posible que la muerte de civiles pueda justificarse en circunstancias especiales en las que el ejercicio del derecho de auto-defensa implica inevitablemente la muerte de civiles (por ejemplo, si tu agresor retiene civiles a su lado y
necesariamente no puedes defenderte sin infringirles daño). No estoy seguro sobre estos extremos, pero ceo que
Roderick Long discurre en esta línea. ¿Es inconcebible o ilusorio un planteamiento tan restrictivo dada la naturaleza de las guerras modernas? Es probable, pero tu crítica a este planteamiento debería tener en cuenta dos cosas:
Primero, no puedes acusarme de caer en contradicciones éticas ni de fijar fronteras arbitrarias. A lo sumo mi razonamiento no se trasladará a la práctica y será poco más que simple “wishful thinking”, pero eso nada nos dice sobre su validez.
Segundo, precisamente por el hecho de que las guerras modernas entrañan crímenes en una escala masiva tiendo a oponerme a ellas en la mayoría de casos. Simpatizo con la idea de que la mayor parte de las guerras acontecidas no pueden justificarse desde un punto de vista ético, no al menos tal y como han sido emprendidas. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, me inclino a pensar que desde la guerra de la independencia virtualmente ninguna de las intervenciones militares impulsadas por su gobierno debería haberse llevado a cabo. No es sólo por cuestiones éticas que me inclino a pensar de este modo, creo que también hay poderosas razones consecuencialistas para rechazar las guerras que no tienen su origen en un ataque frontal sobre territorio nacional. Pero no pretendo defender aquí esta tesis, supongo que ni tan siquiera pretendo que te parezca respetable una postura como ésta, sólo quería que entendieras que nuestra discrepancia en muchos casos será anterior a las especificidades de una determinada contienda. No se trata tanto de que mis principios éticos no tengan aplicación en la guerra moderna como de qué guerras pueden justificarse en la actualidad en base a estos principios. No se trata de lo que debería hacer House cuando opera al paciente, sino si debería operarlo en primer lugar. Más allá de este punto, como ya he dicho arriba, una vez embarcados en una guerra no creo que la complejidad ética que atribuyes ciertas situaciones sea una razón para desechar todos los cortapisas morales. En mi opinión los mismos principios éticos que a mí me llevan a oponerme a la idoneidad de una guerra pueden servir de guía en el marco de la misma y a la hora de enjuiciar las acciones bélicas de los combatientes.
Un saludo Rafael y Francisco, ha sido un intercambio interesante.
Lo que me faltaba; ahora este cartesiano razonamiento de Albert para dejarme echo un lío y profundizar en mi perturbadora fascinación que me producen las dos guerras mundiales.
Cordial saludo a los dos.
Sin ser un especialista, opino que el bombardeo aéreo aliado hizo aún más escasos los recursos de Alemania, lo que influyó en el desarrollo de la guerra (las baterías antiaéreas no estaban en el frente). Además veo legítimo que se plantearan el dilema de las vidas propias frente a las extranjeras como también hacían los alemanes.
Así Fernando estarás contento de que gracias a la evolución de la tecnología y por tanto la seguridad de los soldados, EEUU haya podido desarrollar una guerra de precisión, de operaciones quirúrgicas aunque entonces como vemos en Irak aparece una segunda fase de la guerra en la que los elementos del régimen no eliminados pasan a cometer acciones terroristas que alargan la guerra con las consiguientes muertes de civiles. Y es que por mucho que la refinemos guerra irá unida a muerte y horror.
Durante la Conferencia de Yalta (4-11 de febrero 1945) los Tres Grandes trataron de varios asuntos importantes:
1. La conveniencia de que se celebraran elecciones libres en Polonia con participación de todos los partidos políticos polacos (promesa de Stalin que fue incumplida descaradamente, así como la instalación de un gobierno comunista en Rumania 6 semanas después de la firma de los Acuerdos de Yalta).
2. La necesidad de que el ejército soviético colaborara con los Aliados en el frente del Pacífico en el plazo de tres meses (promesa de Stalin que incumplió en el plazo previsto, y sólo lo hizo dos días después del lanzamiento de la 1ª bomba atómica sobre Hiroshima para poder, una vez debilitado Japón, asegurarse la URSS los territorios perdidos en la batalla ruso-japonesa de 1905).
3. Necesidad de que las fuerzas angloamericanas atacaran el frente occidental para poder aliviar el frente oriental de las tropas soviéticas contra el ejército nazi (promesa que las autoridades angloamericanas sí cumplieron).
En relación con esta última promesa cumplida por parte de los británicos y estadounidenses, quisiera matizar algunas cuestiones, creo, poco conocidas:
- Que durante las reuniones y negociaciones de Yalta, fueron constantes las incisivas comparaciones con el frente occidental y exageraciones parte de Stalin y del subjefe del Estado Mayor soviético, el general Antonov, sobre las derrotas sufridas por el ejército soviético en su avance hacia Alemania, así como del nº de divisiones nazis desplazadas a las que tenía que hacer frente el ejército soviético. La realidad en esos momentos era esta: que en el frente occidental los Aliados tenían 78 divisiones frente a 79 divisiones nazis (no todas operativas al 100%) y que en el frente oriental la superioridad soviética erapalamria: 180 divisiones soviéticas frente a 80 divisiones nazis. No obstante, la superioridad aérea era angloamericana, sin duda alguna.
- Que los jefes de los Estados Mayores británicos y norteamericanos, se comprometieron “a hacer lo posible para colaborar con el avance del Ejército soviético” (según consta en las Actas de Guerra de los Gabinetes aliados).
- Que ello redundó en una menor celeridad del avance de las divisiones aliadas en el frente occidental (pese a la brecha abierta ya por las mismas en la línea Sigfrido el 4 de febrero del 45) a favor del avance de las tropas soviéticas de “liberación” en el ala oriental.
- Que hubo un desvío de los ya existentes ataques aéreos angloamericanos sobre las reservas y suministros petrolíferos de control alemán (según estrategia apadrinada por el general americano Spaatz reforzada por los informes de los servicios secretos aliados; dichos ataques diurnos a unos 7.000 metros de altura fueron uno de los factores decisivos para la derrota del ejército nazi) y que, por ello, se vio reforzada la estrategia del general británico A. Harris de ataques nocturnos “de tormentas de fuego y escombros” sobre ciudades enemigas a unos 3.000 metros de altura.
En conclusión (esto es un juicio subjetivo): la Conferencia de Yalta fue un rotundo éxito para Stalin y sus planes de expansión a costa de las posiciones Aliadas.
Luego vendrían los hechos del bombardeo sobre la ciudad de Dresde comandados por el general británico Arthur Harris, como mando supremo del Comando de Bombarderos de la RAF:
- Dos ataque nocturnos de la RAF:
22H13 del 13 de febrero 45: 245 bombarderos cuatrimotores Lancaster arrojaron todas las bombas que pudieron transportar. Tres cuartas partes de la ciudad antigua quedaron destruidas (incluidas la estación principal de ferrocarril y la zona industrial Ostragehese).
01H23 del 14 de febrero 45: 529 bombarderos cuatrimotores Lancaster arrojaron todas las bombas que pudieron transportar y
- Dos ataque diurnos de la USAF:
12H17 del 14 de febrero 45: 311 bombarderos B-17 arrojaron todas las bombas que pudieron transportar.
11H51 del 15 de febrero 45: 211 bombarderos B-17 arrojaron todas las bombas que pudieron transportar.
Del total de los 1296 bombarderos angloamericanos utilizados para dicha operación de Dresde tan sólo 8 aviones fueron abatidos, lo que suponía un 0,61% (lo normal, en caso de existencia real de defensa era un rango impredecible entre 5-10% -a veces más- de bajas en cada ataque). La mayor parte de las defensas aéreas alemanas estaban en el frente occidental del Ruhr o en las inmediaciones de las plantas petrolíferas alemanas. Los escasos Flak antiaéreos quedaron destruidos en el primer bombardeo de la RAF).
Se pudieron reconocer oficialmente 39.773 cuerpos hallados; un número indeterminado quedó inidentificado por incineración o por sepultamiento de escombros.
El plan de A. Harris era bombardear 50 ciudades básicas alemanas para acabar con la guerra (cuanto mayor fuera la destrucción antes se produciría el colapso). No tuvo ocasión de llevarlo a cabo pues tras los bombardeos de Dresde Churchill dio instrucciones en marzo a Harris de detener dicho tipo de ataques (“Otherwise we shall come into control of an utterly ruined land” según palabras del primer ministro).
Al general Arthur Harris nunca se le otorgó una condecoración por sus servicios al frente del Comando de Bombarderos; asimismo fue ignorado en la lista de Honores emitida por el Gobierno británico en enero de 1946.