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Portada - Comentarios - Incapacidad estatal e inseguridad ciudadana

26/05/2006 - Jorge Valín

Incapacidad estatal e inseguridad ciudadana

En estos días hemos visto cómo el estado ha fallado en relación a la seguridad física de las personas. Aumentan los "secuestros express", los robos en los domicilios de los particulares son más violentos –aunque los Mossos d’ Escuadra mantienen que han disminuido–, el nivel de inseguridad diaria es más fuerte que en años anteriores. No es un panorama muy halagüeño.

Si el Estado se hubiese mantenido fuera de la seguridad física de las personas, los detractores de la libertad económica lo habrían calificado como un fallo de mercado. Por el contrario, este fallo ha sido del Estado. Lo sorprendente es ver como los medios de comunicación reclaman soluciones al creador de esta situación, al Estado: más policías, más control. Pero más vigilancia estatal no significa más seguridad sino menos libertad.

Si aplicamos la Teoría de la Imposibilidad del Cálculo Económico Socialista de Ludwig von Mises al mundo de la seguridad rápidamente nos daremos cuenta que el gobierno siempre fallará como productor.

El gobierno no tiene idea alguna de cuál es la cantidad necesaria de efectivos, recursos ni sistemas que pueden garantizar una situación de seguridad estable, por eso mismo, cuando se destapan escándalos como el que nos ocupa la respuesta gubernamental va en dos direcciones que sólo cumplen con las apariencias sin dar soluciones reales al problema: una es por medio del desbordamiento de la producción incurriendo en fuertes gastos económicos que no suelen atajar el problema debido a la propia estructura de la administración pero que parecen serias y son defendidas por los amantes de lo políticamente correcto. El precipitado refuerzo de 200 guardias civiles para vigilar las zonas de Barcelona y Tarragona es una muestra.

En segundo término, la respuesta del gobierno siempre será creando órganos burocráticos y leyes que sólo refuerzan el poder estatal que nada tienen que ver, pese a los grandilocuentes nombres que les dan los burócratas, con la seguridad de las personas. La política de seguridad totalitaria de George W. Bush en Estados Unidos, y la próxima creación en España del Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado sólo son, y serán, armas para fiscalizar a las personas, crear chivos expiatorios y el arma arrojadiza de los partidos políticos para criticarse los unos a los otros. Los ciudadanos seguiremos estando indefensos.

Sólo el individuo libre es capaz de calibrar la seguridad que él quiere y cómo la quiere. Estos factores son un cúmulo de variables demasiado complejas y volátiles como para ser abarcadas por las mentes cerradas y cartesianas de los diseñadores sociales del gobierno. En la libre valoración subjetiva cada actor económico destina una parte de sus dotaciones económicas a aquello que más valora, y en respuesta, las empresas satisfacen al cliente para obtener así el mayor beneficio económico.

Para conseguir una auténtica reducción del crimen no sólo tendremos que modificar las leyes penales para basarnos en una justicia inspirada en el derecho natural y de indemnización a la victima en lugar del castigo al criminal, sino también, desregularizar todo el sector privado de la seguridad como la tenencia y uso de armas de fuego. Con las leyes actuales sólo los criminales van armados. Ya es hora que la gente honrada pueda defenderse de los ataques que se cometen cada día contra su vida y propiedad.

Únicamente la incapacidad estatal ha hecho posible que este proceso individual de defensa ya haya empezado. El que de verdad está preocupado por su seguridad acude rápidamente a empresas de defensa instalando habitaciones del pánico, comprando herramientas para su seguridad individual, alarmas cada vez más sofisticadas... Los actos, que son lo único que nos interesa en economía y en el mundo de la praxeología, nos demuestran que sólo el sector privado es capaz de corregir y solucionar las barbaridades antisociales del estado. Si no procuramos por nuestro bienestar nadie más lo va a hacer de forma desinteresada, y menos aún, el Estado.

 

Opinión de los lectores

Daniel Ballesteros

Vaya por delante que no veo la relación de la Teoría de la Imposibilidad del Cálculo Económico Socialista de Mises con este problema.
La seguridad pública (financiada con impuestos) es una actividad que realiza el Estado gracias a que existen lo que se denominan economías de escala, que abaratan el coste de prestación del servicio de seguridad para los ciudadanos sin merma de su calidad, además de amortiguar el peso del coste de la seguridad sobre aquellos ciudadanos con menos recursos.
Me parece repugnante acusar al estado de ser el creador de esta situación: los causantes son, única y exclusivamente, los criminales.
Por otro lado la salida a este problema es una combinación de un control efectivo de la inmigración (reduciría la entrada de delincuentes), un endurecimiento de las condenas (reducen el incentivo a delinquir) y un incremento de las dotaciones policiales.
En este caso asegurar la vida y la propiedad privada no requiere de desembolsos adicionales ni de alambicadas elaboraciones teóricas, sino de la mejora de los instrumentos ya existentes.
Por último, dudo mucho que la política de seguridad useña sea totalitaria cuando el sistema de gobierno de ese país es una verdadera democracia y la separación de poderes es real. Supongo que será una opinión infundada más al estilo del increíble comentario "Medios económicos vs. políticos". Una gloriosa interpretación del papel del estado y la Conquista.

Albert Esplugas

Es curioso, cuando una empresa no nos satisface buscamos una alternativa, en ningún momento pensamos que la solución sea seguir pagando y dotarla de más recursos para que pueda volverlo a intentar. Pero cuando el Estado falla, ¿qué hacemos en lugar de buscar una alternativa? Pedir más Estado. La guerra del Estado contra las drogas es un fracaso estrepitoso, ¿buscamos alternativas no estatales? No: pedimos que se destine más dinero a este fin, que se empleen más medios, que se expandan las regulaciones... La guerra del Estado contra la delincuencia es un fiasco, ¿buscamos alternativas no estatales? En absoluto: pedimos más gasto público, más dotaciones policiales, más controles migratorios, nuevas leyes... Esto es el mundo al revés. Como dice Doug Casey, una definición de estupidez es hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados distintos. De eso peca la intervención pública, también en el ámbito de la seguridad.

Daniel, si no ves ninguna relación entre la imposibilidad del cálculo económico y el problema de la seguridad supongo que sabrás decirnos cuál es la cantidad eficiente de seguridad que hay que producir... Si las empresas hacen un mal uso de sus recursos registran pérdidas; si por el contrario hacen un uso eficiente de sus recursos obtienen beneficios. ¿El estado registra pérdidas? ¿Registra beneficios? ¿Cómo sabe si está empleando sus recursos eficientemente? ¿Cómo sabe si hay que destinar un factor más aquí en lugar de allí si no tiene el auxilio de los precios para verificar que su decisión es acertada? Dices que el Estado debe incrementar las dotaciones policiales. ¿Cómo sabes que es un problema de cantidad y no de calidad o de organización? ¿Qué cantidad adicional de policías y equipo crees que sería necesaria? ¿Cómo sabes que la gente prefiere más policías en lugar de más carreteras, más escuelas, más dinero en sus cuentas de ahorro etc. si no les dejas elegir?

Lo de que un monopolio financiado con impuestos como es la seguridad pública “abarata los costes sin merma de la calidad” ya es lo último. ¿Nacionalizamos todos los sectores con economías de escala?¿Desde cuándo un monopolio favorece unos precios más bajos y una mejor calidad?

Un saludo

Topo Universitario

Dice Daniel Ballesteros:

Me parece repugnante acusar al estado de ser el creador de esta situación: los causantes son, única y exclusivamente, los criminales.

Por otro lado la salida a este problema es una combinación de un control efectivo de la inmigración (reduciría la entrada de delincuentes), un endurecimiento de las condenas (reducen el incentivo a delinquir) y un incremento de las dotaciones policiales.

Comento yo:

El estado no es el causante del problema, pero el estado es, según tú, quien tiene en la mano todos los mecanismos para resolverlo. ¿No hay una cierta contradicción aquí?

La función de los medios de seguridad cuidadana no es 'asegurar la vida y la propiedad privada'. Desde una perspectiva liberal en la que los satisfactores no son objetivos sino subjetivos, la función de la seguridad es que los cuidadanos tengan la sensación de estar protegidos.

Topo Universitario

Daniel Ballesteros

Albert: el estado no fracasa en su lucha contra las drogas; en esa lucha cada individuo cuenta. Solo con no consumir ese veneno (que al final pagamos todos vía sanidad o vía delitos para seguir consumiendo), dejarían de existir mafias. La legalización ha demostrado ser un fiasco en Holanda.

¿La guerra contra la delincuencia es un fiasco?: no, la delincuencia nunca desaparecerá, pero sí se la puede minimizar o disuadir a los delincuentes.

Releed mi comentario con más atención y encontraréis los términos justos: con los mismos medios se puede hacer mejor todo, pero hace falta voluntad por parte del Gobierno; una voluntad que los ciudadanos libres hemos de impulsar con nuestra protesta democrática.

Albert, completamente de acuerdo con Mises. Pero la preferencia ciudadana es clara: la seguridad de la propia vida, de la propia familia, de la propiedad privada... es una prioridad en una nación verdaderamente libre; condición sine qua non del crecimiento económico y de la verdadera libertad. Una seguridad que, en precio y en calidad, solo puede ofrecer el Estado a aquella mayoría de ciudadanos que no puede asumir el enorme coste de una seguridad privada eficaz.

Por otro lado, la gente puede expresar sus preferencias sociales mediante su voto: si no está satisfecha con la dureza de las leyes (algo que sucede a día de hoy), ni con la política migratoria (otro tanto de lo mismo), ni con el volumen de fuerzas policiales (ten en cuenta que en 10 años nuestra población se ha incrementado en cinco millones)... puede que decida cambiar su gobierno local, o regional, o nacional.

Si los monopolios, públicos o privados, ofreciesen sus bienes o servicios a precios mínimos y con un gran nivel de calidad, sería partidario de ellos. Pero no existe este monopolio maravilloso, porque el monopolio carece del incentivo para mejorar sus costes, sus precios y el producto o servicio en sí. Pero en cuanto a la seguridad, el Estado es un monopolio que, la verdad, me parece necesario e insustituible a pesar de sus imperfecciones.

Para Topo:
Si un delincuente te roba la televisión, eres tú quien tiene que resolver el problema comprándote una nueva y/o instalando una alarma para que no vuelva a suceder. ¿Es ilógico?, no, luego es perfectamente plausible que si alguien causa un daño y es casi imposible que abandone o lo repare, otro tenga que combatirlo o repararlo.

Los consumidores no pueden ser engañados: si tienen la sensación de estar protegidos, pero no lo están, se enfadarán igual.

Los consumidores tomamos nuestras decisiones en primer lugar en base a la información percibida, no a la información real. Pero cuando obtenemos una experiencia, ignoramos la información aparente, y tomamos decisiones en función de esa experiencia subjetiva; por ejemplo: un aumento de robos, de asesinatos, de tráfico de drogas, de terrorismo... que, la verdad, de subjetiva tiene bien poco.

Un saludo.

Albert Esplugas

Albert: el estado no fracasa en su lucha contra las drogas; en esa lucha cada individuo cuenta. Solo con no consumir ese veneno (que al final pagamos todos vía sanidad o vía delitos para seguir consumiendo), dejarían de existir mafias. La legalización ha demostrado ser un fiasco en Holanda.

Aseveras que el Estado no fracasa en su lucha contra las drogas y en lugar de mostrarnos los resultados exitosos de su política te limitas a decir que si la gente “no consumiera ese veneno dejarían de existir mafias”. Daniel, la intervención del Estado en este ámbito va por el mismo camino que la Ley Seca, otro gran éxito estatista. ¿Y cuál es la solución que propone cada nuevo gobierno ante los deprimentes resultados de estas medidas? Más Estado.

¿La guerra contra la delincuencia es un fiasco?: no, la delincuencia nunca desaparecerá, pero sí se la puede minimizar o disuadir a los delincuentes.

¿Qué tiene que ver tu respuesta con mi pregunta?¿El Estado está “minimizando el crimen” y “disuadiendo la delincuencia”? La noticia que ha dado pie a este artículo precisamente ilustra todo lo contrario.

Una seguridad que, en precio y en calidad, solo puede ofrecer el Estado a aquella mayoría de ciudadanos que no puede asumir el enorme coste de una seguridad privada eficaz.

¿Y eso se sigue de...?¿Conoces el precio que tendrían los servicios de seguridad en un escenario absolutamente liberalizado?¿Sabes cuánto cuesta la seguridad pública a los contribuyentes? Te invito a que dividas el gasto público destinado a seguridad entre el número de hogares españoles para que te hagas grosso modo una idea de lo asequible/inasequible que sería para las familias pagar esa cantidad en un escenario sin impuestos.

Por otro lado, la gente puede expresar sus preferencias sociales mediante su voto: si no está satisfecha con la dureza de las leyes (algo que sucede a día de hoy), ni con la política migratoria (otro tanto de lo mismo), ni con el volumen de fuerzas policiales (ten en cuenta que en 10 años nuestra población se ha incrementado en cinco millones)... puede que decida cambiar su gobierno local, o regional, o nacional.

Mejor ser cliente que votante, ¿no crees?¿Preferirías que el Estado monopolizara todos los servicios y te permitiera votar cada cuatro...?

Pero no existe este monopolio maravilloso, porque el monopolio carece del incentivo para mejorar sus costes, sus precios y el producto o servicio en sí.

Como he intentado explicar, no es sólo una cuestión de incentivos, sino de imposibilidad de asignar eficientemente los recursos.

Un saludo

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