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Portada - Comentarios - GULAG, ojos que no quieren ver...

07/06/2006 - Antonio Mascaró Rotger

GULAG, ojos que no quieren ver...

No interesa. No es que lo nieguen, como intentaron al principio, achacándolo a la propaganda capitalista. Ni que traten de excusarlo, como hicieron después, basándose en las exigencias de la lucha de clases. Es que, simple y llanamente, la esclavitud planificada en masa perpetrada durante tres cuartos de siglo en el Paraíso del Proletariado no interesa.

Justo después de la Revolución de Octubre, Lenin ya abrió los primeros campos del GULAG, Glavnoe upravlenie lagerei, la Dirección General de Campos. En 1950 el sistema de campos ya contaba con dos millones y medio de reclusos. Con Gorbachov, en los ochenta, algunos campos seguían a pleno rendimiento. Pero a nadie le ha parecido que semejante hito de vejaciones masivas merezca una Lista de Schindler, una Gran evasión o un La vida es bella. En 2001, se abrió en Moscú una muestra sobre el GULAG, el primer día no recibieron ni una sola visita. Obviamente, en otras muchas capitales mundiales jamás se ha abierto una exposición sobre tal asunto.

Por descontado, tampoco ha tenido unos juicios de Nuremberg. Ni una campaña como las de Pinochet o Milosevich para que se lleve a Tribunal Penal Internacional alguno.

Varias causas convergen para explicar este desinterés.

A diferencia de Hitler, Stalin no sólo no fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, sino que salió de ella fortalecido y arropado por los acuerdos con los dirigentes occidentales. ¿Quién iba a criticar a un aliado? ¡Al bueno del Tío Joe, como le llamaron algunos! Si el buenazo de Roosevelt y el intransigente de Churchill podían fotografiarse sonrientes con él, no podía ser tan malo.

Otra diferencia capital radica en el apoyo descarado que la intelectualidad occidental, de forma casi unánime, dio a la ideología marxista durante (¡y después de!) la era del terror estalinista. Es más, cuando en la propia URSS postestalinista empezaron un timidísimo proceso de autocrítica y regeneración, las élites intelectuales de Occidente lo acogieron con una frialdad poco menos que siberiana. Los pocos activistas que se atrevían a recopilar y divulgar información mediante las Samizdat, tuvieron pocos apoyos a este lado del Telón de Acero.

Esta falta de aliento liberal es la que volvió a ponerse de manifiesto hace quince años cuando el espejismo socialista soviético se desvaneció. Los esfuerzos occidentales por animar a Rusia hacia las libertades civiles y económicas se limitaron al lamentable Consenso de Washington, que, según el opositor bielorruso Jaroslav Romanchuk, "ha creado Estados oligarquías, proteccionismo y pobreza. En Rusia o Bielorrusia casi el 40% de la población vive en la pobreza. ¿Ello es así por el capitalismo o porque se ha pretendido aprovechar el Estado para redistribuir la riqueza desde la población a la Nomenclatura? Obviamente se trata de ésta última posibilidad; nosotros no hemos tenido una revolución capitalista. Cuando Corea del Sur, Japón, Hong Kong o Singapur iniciaron sus reformas capitalistas, el gasto público en estos países estaba por debajo del 15%. ¡15%! Ahora en Europa del Este estamos por encima del 50%. Por tanto, es imposible que se produzcan resultados sociales positivos, por no hablar de los resultados económicos."

Comprensiblemente, el interés de la Nomenclatura por recordar los campos de concentración comunistas ha sido todavía menor, si cabe, que el que mostraron las cabezas bienpensantes en Occidente.

La Transición rusa ha dejado tanto que desear que los rusos tienen hoy, o eso parecen creer, problemas más acuciantes que el incómodo recuerdo de ese terror.

Pero hay un detalle, especialmente macabro, que tal vez aclare mejor que todos los demás esta insensibilidad. Acaso la vida en la URSS era tan miserable que las condiciones de los campos de trabajo forzado no llamaban especialmente la atención. En palabras de veterana de los Samizdat, Liudmilla Alekseeva, "si la mayoría de tus amigos se marchan de vacaciones a Paris, no es tan sorprendente que te marches de vacaciones a Paris. Si la mayoría de tus amigos está en la cárcel, no es tan sorprendente que acabes en la cárcel."

Si bien Lenin inauguró el GULAG para aislar y deshumanizar a los contrarrevolucionarios, Stalin lo "perfeccionó" para contribuir a sus ambiciosos planes quinquenales. Así, el sistema de campos de concentración conocido como GULAG fue una gigantesca red de centros de producción con mano de obra esclava. Prácticamente todas las ciudades importantes tenían uno, o varios, de estos centros. Allí se producía de todo: electricidad, armas, incluso juguetes.

Según la máxima marxista, se les exigía según sus posibilidades, o sea, trabajaban hasta morir, casi siempre en el sentido literal. Según la misma máxima, se les recompensaba según sus necesidades, o sea, unas raciones de alimento del todo insuficientes. Es más, gran parte de los que han sobrevivido a día de hoy no pueden regresar a sus casas porque no pueden costearse el viaje.

Pero a The New York Times no le extraña que nadie en Occidente lo recuerde, "al fin y al cabo, la matanza fue muy, muy aburrida y ostensiblemente carente de dramatismo".

 

Opinión de los lectores

agolmar

Efectivamente, el poco interés por el Gulag es algo incomprensible a primera vista. Sin embargo, ha habido intentos por ilustrarlo con imágines, pero sin mucho éxito. La serie documental "El Imperio Rojo" (The Red Empire) no se dio en España, exceptuando Canal de Historia, lo que nos valió por entonces una dura reprimenda del partido comunista portugués. Todavía recuerdo la preocupación de la directora cuando lo supo, y la alegría del resto de los de la plantilla, pues ser criticados por los comunistas era para nosotros un honor. La película "La vida prometida", nominada a un óscar, pasó desapercibida en España en una de la salas Passé Imparfait: Les Intellectuels en France, 1944-1956, que describe y explica la simpatía de algunos en Francia por el estalinismo, no ha sido traducido, y que yo sepa no se han organizado muchas exposiciones fotográficas sobre el Gulag a pesar de que hay libros publicados con abundante documentación gráfica. ¿Quién tiene valor en España para montar una megaexposición o seminario sobre el asunto con especialistas internacionales? Mejor no preguntar ni en la calle Juan Bravo ni en la Puerta del Sol, donde seguramente estarán de acuerdo con lo que dice The New York Times.

Albert Esplugas

Es francamente lamentable. ¿Alguien se imagina a declarados nazis asistiendo a tertulias de la tele o dando clase en la universidad como si fuera la cosa más normal del mundo?¿O que los jóvenes llevaran camisetas de Mussolini y se presentaran abiertamente como fascistas sin siquiera ruborizarse? Pero uno se confiesa comunista y nadie se escandaliza, no está mal visto en absoluto, de hecho a menudo incluso se considera “cool”. Que al nazismo/fascismo se le imputen 20 millones de muertos y al comunismo más de 100 (las cifras de Mao se están revisando al alza y Rummel sitúa el total en 150 millones de víctimas) es irrelevante. Lo primero es un atrocidad que demanda la repulsa más categórica y la marginación social de todos aquellos que secundan o simpatizan con la ideología que dio pie a ese horror, mientras que lo segundo es una nebulosa realidad histórica que levanta algunas pasiones y suscita cierta controversia pero que apenas tiene repercusión social e implicaciones para quienes se adhieren a la ideología que la hizo posible. No deja de ser sintomático que hace unos meses los eurodiputados socialistas se negaran a refrendar en el parlamento una condena de los crímenes del comunismo y que el diputado ruso Konstantin Kosachev dijera que “no vale la pena explicar aquí las diferencias” entre los crímenes del comunismo y el nazismo. En fin, es una auténtica vergüenza.

Francisco Moreno

Desde el primer campo de concentración soviético que se tiene conocimiento en la isla Solovki (1923) casi 29 millones de personas pasaron por los miles de gulags que se establecieron en todo el territorio de la URSS. Tuvo que esperarse hasta la llegada de Gorbachov al poder para su eliminación definitiva.
Su máximo promotor, J. Stalin, creyó que el gulag era esencial para el crecimiento de la economía soviética. Como teoría económica no “estaba mal”; sólo Mao la hizo más gorda.
Iban a parar allí todo acusado de “enemigo del pueblo” (imprecisión jurídica que incluyó a todo afecto al antiguo régimen, a todo opositor político o no que fuese molesto, a grupos nacionales o étnicos, a polacos, a bálticos, a chechenos…).
Al prisionero que lograba finalmente salir fuera de la alambrada, se decía desde el gulag que se encontraba en la “bolshaya zona” (esto es, la zona de la gran prisión).
Quien no quiera ver, es que está ciego.
El libro fundamental sobre este alucinante y masivo sistema de reclusión para trabajos forzados en suelo ruso creo que es el de Anne Applebaum; para su edición en español ver aquí: http://www.editorialdebate.com/ficha_libro/ficha_libro.asp?Ident=29159 y aquí:
http://www.elcultural.es/HTML/20040610/Letras/LETRAS9725.asp

Tomas

Pues yo creo que hay una teoría más simple y menos conspiratoria acerca de este relativo menor interés en Europa Occidental y EEUU por los excesos del comunismo que por los del fascismo: y es que en España, o en Inglaterra, o en Francia, no se ha vivido el comunismo y sin embargo sí que se ha vivido (o se ha estado a punto, como en Inlgaterra) bajo el fascismo. Sólo Alemania, en toda Europa, puede tener la desgraciada experiencia de haber sufrido ambos regímenes y poder comparar....

Por otro lado, parece que tampoco interesan crímenes no del pasado sino del presente, como los cometidos por los regímenes de Sudan, del Congo, de Rwanda, etc...

En mi opinión no es una cuestión de política o ideología, sino de puro egocentrismo.

Saludos.

Albert Esplugas

Pues yo creo que hay una teoría más simple y menos conspiratoria acerca de este relativo menor interés en Europa Occidental y EEUU por los excesos del comunismo

Tomas, nadie ha mencionado aquí ninguna “teoría conspiratoria” o explicación de por qué no interesan los crímenes del comunismo, simplemente se ha aludido a lo vergonzoso de este hecho y del doble baremo que se emplea para juzgar el nazismo/fascismo y el comunismo.

Un saludo

Tomas

Albert, tienes razón. Lo que quería decir es que en general el ser humano es muy egoísta y que no creo que sea un cuestión de ideología, sino de puro egocentrismo: siempre no parece más terrible lo que nos pasa a nosotros.

Además, no creo que hoy en día nadie ponga en duda que Stalin, Mao, Pol Pot estuvieran al mismo nivel que Hitler (no voy a decir más, porque medir los muertos me parece de mal gusto).

Saludos

Francisco Moreno

El siglo XX es el siglo de los campos de concentración, de la masificación del dolor, del exterminio o la esclavitud en anonimato: campos de exterminio nazis, Gulags soviético, UMAP cubanos, Laogai chinos, estos últimos aún en funcionamiento.

Me llena de asombro la ignorancia general que existe especialmente de los campos de concentración comunistas. Parece como si existiera una memoria hemipléjica.

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