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Portada - Comentarios - ¡Traición!

13/07/2006 - José Carlos Rodríguez

¡Traición!

El New York Times ha dado a conocer parte de los planes del Gobierno de los Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo islámico. La Administración federal seguía los pasos del dinero, la savia que junto con el odio sin límites a lo occidental alimenta las organizaciones terroristas y sus actividades criminales. Tenemos que acabar con ellos, ¿no? Y tiene que hacerlo el Gobierno, ¿no? Y si para hacerlo tiene que tener control sobre las claves internacionales de nuestras cuentas, si tiene que intervenir los teléfonos de los periodistas y otros ciudadanos, pues qué le vamos a hacer. Su objetivo es protegernos.

¿No?

Mientras nos entretenemos en pensar si el Estado va a renunciar a cualquier objetivo que pueda obtener con todos los medios que se arroga con la excusa de perseguir al terrorismo, centrémonos en la actitud del New York Times y en la de sus críticos. Los más conservadores han pronunciado en un tono más elevado que otras, la palabra traición. La información del Times desbarata los planes del Gobiernos por invalidar los planes de los terroristas, en su permanente lucha por hacer de este un mundo más seguro. Pero no es la única crítica. Resulta que el Times pretendía haber desvelado un secreto que, pásmense, estaba en boca de todos. Algo así como si dijera en sus páginas que ha desvelado los secretos planes de Bush de hacer permanentes sus rebajas de impuestos. ¿En qué quedamos? ¿Ha desbaratado un preciado secreto oficial o engaña a sus lectores habiendo pretendido hacerlo, ya que se hablaba de ello hasta en las hojas parroquiales?

La reacción conservadora a la información del Times es el típico caso en el que un macrovalor colectivo nubla el pensamiento hasta dejarlo absolutamente inservible, algo que ellos mismos denuncian una y mil veces en la izquierda, y con razón. Ese valor colectivo es la fidelidad al Gobierno por lo que se refiere a nuestra seguridad. Todo lo que se oponga a sus designios, a sus manejos, a sus planes, es traición.

Pero contar la verdad, ¿es traición? Y si lo es, ¿a qué se traiciona? La respuesta no puede ser otra: a algo que no casa con la verdad, que sufre con la convivencia de una sociedad informada y que puede tomar sus decisiones responsablemente y por el contrario se crece con el ocultamiento, la propaganda y la mentira, disfrazada de verdad por profesionales. La acusación de traición a un medio de comunicación por contar lo que ocurre es el reconocimiento de una debilidad, la alianza con vacío informativo y moral.

Cuando se antepone un valor colectivo (en este caso la seguridad nacional y la fidelidad debida al Gobierno en esta materia) a los derechos individuales, como el de obtener información veraz y transmitirla, lo más valioso se pone en peligro. Puesto que estos valores supraindividuales son imposibles de asir, no se refieren ni pueden referirse a situaciones concretas, su ámbito es potencialmente ilimitado y por tanto su capacidad para arrinconar a los derechos de las personas es total.

Pero, entonces, ¿cualquier traición es inocua? ¿Toda fidelidad es innecesaria o incluso mala? Ni mucho menos. La sociedad es un entramado de afectos, dice Arcadi Espada, con profunda verdad. Esos afectos se asientan en unas relaciones de solidaridad, de acuerdos mutuos y convenciones aceptadas que permiten ese milagro de que millones de personas puedan seguir sus propias vidas en relación con el resto. Estas solidaridades interpersonales necesitan de un compromiso personal, y su violación sí es una traición moralmente reprobable. Pero no es el caso del Estado. La relación que mantenemos con él es de obediencia y subordinación. Ninguna exige un compromiso moral.

 

Opinión de los lectores

Javier Moreno

La cuestión es si el compromiso por nuestra seguridad lo tenemos con el Estado o es, aunque inaprensible, cuestión colectiva, formando parte de esa solidaridad social también inaprensible, pero no por ello menos real.

Uno de los pilares del Estado liberal (y ojo que digo "Estado" liberal) es precisamente la seguridad colectiva frente a agresores externos e internos. El cáncer de la delincuencia tiene que ser una y otra vez extirpado del cuerpo social, y de continuo brota y medra. El enemigo exterior solo espera nuestro momento de debilidad y decadencia para dañarnos y destruirnos. Con la sociedad globalizada el enemigo exterior se hace interior, el guerrero terrorista, los ejércitos en formación en campo abierto asesinos con máscaras viviendo entre nosotros en las sociedades abiertas, el conquistador delincuente.

El problema adicional de extremada importancia que tenemos es la proliferación de ADMs. El hecho de que la tecnología precisa para desarrollarla pueda llegar a estar algún día al alcance de grupos pequeños debiera ser motivo de profunda preocupación. Pues ya se sabe con solo mirar a los bolcheviques, los fundamentalistas islámicos, los etarras y un largo etcétera de minorías agresivas dispuestas a todo y opuestas a transacciones y entendimientos, que grupos pequeños dogmáticos y organizados pueden poner de rodillas a sociedades enteras; y dichos grupos harían un uso profuso de las ADMs si pudieran.

Nos encontramos sin duda ante una nueva coyuntura social que supone grandes retos y peligros, y las respuestas que deben darse quizá las traiga la propia sucesión de acontecimientos, en un proceso complejo de ensayo y error. Quizá Guantánamo sea un error, pero es también un ensayo.

agolmar

La acusación de traición al NYLies es desde luego exagerada e indigna. Sin embargo, es cierto que el NYT lleva más de dos años haciendo periodismo partidista de una forma bastante burda, lo que le ha acarreado poblemas, porque llevados de su entusiasmo anti-Bush han contado más de una mentira. Como bien dices, la traición sería en todo caso a los ciudadanos, cuya seguridad puede verse afectada por las revelaciones del periódico. Eso sí que es grave, mucho más que publicar información secreta.
¿Está traicionando El Mundo a alguien revelando los "agujeros negros" del 11-M? A nadie, y además hace un servicio a los ciudadanos al señalar las graves deficiencias de nuestros servicios de seguridad.
¿Me gustaría que un periódico revelara que la policía está haciendo un seguimiento a una banda de delincuentes que intentan matarme porque al medio en cuestión no le cae bien el comisario? No, y además lo consideraría una traición. No sé si habrá algo de esto último en el NYT.
Al último párrafo tuyo, añadiría yo que a veces el tabú cumple una función importante función en los grupos humanos, pues evita situaciones que cuestionarían todas esas convenciones y solidaridades sin ofrecer a cambio ninguna alternativa. ¿Ha roto el NYT un tabú? No lo sé, pero tal vez sería un enfoque útil para estudiar el asunto.

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