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Comentarios

Portada - Comentarios - Una visión del nacionalismo

24/07/2006 - Alberto Illán Oviedo

Una visión del nacionalismo

Seguramente hay personas que se pregunten cómo es posible que desde posiciones liberales no se apoye con vehemencia los fenómenos nacionalistas que afectan a España en particular y a Europa en general, ya que conllevan un debilitamiento del Estado que en último término, es el principal enemigo del liberal. Sin olvidar el hecho de que resulta frustrante ver que un fenómeno como el nacionalismo se ha convertido en una exhibición de forofos y detractores, como si de un club de fútbol estuviéramos hablando (aunque quizá siempre lo fue), la situación no es tan sencilla.

El nacionalismo, o sus rudimentos, tienen su origen en la Edad Media pero no es hasta el siglo XIX cuando el fenómeno madura y se globaliza, azuzado por las guerras napoleónicas y por la colonización que los europeos realizan en el resto del mundo. Desde un punto de generación de entidades políticas, contiene dos cualidades que paradójicamente no son excluyentes. Por una parte, está el carácter disgregador propio de aquel nacionalismo que nace destruyendo una entidad estatal superior, como le pasó Imperio Austrohúngaro. La doble monarquía incluía en su interior once nacionalidades, desde austriacos a húngaros pasando por bohemios, polacos, croatas, rumanos, bosnios, serbios entre otros, que tras siglos de equilibrios casi imposibles firmaron su desaparición al final de la Primera Guerra Mundial, una guerra que el Imperio había empezado junto a Alemania, un ejemplo del otro carácter, el agregador. Alemania nace del buen hacer de Bismarck, que aglutina sentimientos y da forma al sueño de una nación germana unida que reúne en una entidad política a la mayoría los pueblos de habla y cultura alemana.

Este carácter agregador conlleva el germen del imperialismo, que es a lo que tiende el nacionalismo una vez que desata en todas sus posibilidades. El nacionalismo se basa más en el mito que en la realidad, idealiza la historia hacia sus propios objetivos, oculta o elimina hechos, resalta o inventa otros y pide a sus contrarios un territorio que, por lo general, sólo dominó política o culturalmente en sus sueños más delirantes. En no pocas ocasiones, azuza el odio contra el enemigo que supuestamente le subyuga, reforzando ese sentimiento colectivo que le impregna.

Es este sentir común, este elemento aglutinante, cultural, lingüístico, étnico, religioso o tribal, el que más le aleja de una visión liberal ya que termina negando la primacía del individuo, supeditándolo a una entidad superior, a la postre política. A diferencia de otros movimientos de independencia, como puede ser los que separaron a los Estados Unidos del Imperio Británico o a los países iberoamericanos de España y Portugal, el nacionalismo necesita forzosamente de un orden estatal fuerte que dirija este proceso y establezca los que pueden o no quedarse bajo su paraguas. No es casualidad que durante el nacimiento de estos estados nacionales, o incluso después, se hayan producido una serie de limpiezas étnicas, de desplazamientos e incluso el asesinato de comunidades enteras ajenas o enemigas de los insurrectos.

Ante esta situación, la percepción del liberal debe ser cauta. El hecho de que se destruya un Estado superior no implica necesariamente que las naciones nacientes sean menos intervencionistas y siendo cierto que hasta que éstas aparecen no se puede adivinar cuál será su carácter, aunque sí intuirlo, también es cierto que la historia nos enseña que por lo general, estos Estados nacen con un afán de control desmedido, al menos igual al de su enemigo.

Así pues, a la hora de dar nuestro apoyo o quitárselo, deberíamos juzgar el nivel de libertad que posiblemente tengan sus ciudadanos con respecto al que ya poseen, pues este es en último término el objetivo del liberalismo, el incremento de la libertad. Tampoco podemos obviar que si realmente esa población (todos o al menos la gran mayoría de sus habitantes) quiere vivir bajo otro régimen, no se puede rechazar desde una perspectiva liberal, aunque si pudiera serlo desde un punto de vista emotivo, pero no podemos dejar de recordar que precisamente esta separación no es fácil, que surgen innumerables conflictos cuya resolución no es necesariamente pacífica, sobre todo si el nacionalismo ha elegido la vía de la violencia como principal, y que conllevan una serie de pérdidas de libertades como el de la propiedad o incluso la vida.

Por último, creo que el nacionalismo no es ni mucho menos un objetivo liberal, ni siquiera una herramienta que pueda o deba ser usada, porque más allá de la justificación que pueda tener desde el punto de vista político, traslada al individuo y sus derechos a un segundo plano.

 

Opinión de los lectores

Doncorleone

Cabe recordar que el nacionalismo como sentimiento per se, no es, desde un punto de vista liberal, condenable. El problema surje cuando ese sentimiento pasa a querer ser impuesto a los demás, surgiendo aquí el socialismo.
Si hay algo insano en la Cataluña de hoy, por ejemplo, no es el sentimiento catalán (patriotismo) que puedan sentir una parte de la sociedad, sino el hecho de que con la excusa del nacionalismo impongan medidas propias del socialismo más atroz.
Así pues, el nacionalismo no es malo por si mismo, sino por socialista.
No olvidemos que cabe concebir un nacionalismo liberal (véase la tesis del profesor Huerta de Soto).

Nasser

No hay que olvidar las consecuencias que tiene toda secesión: una parte de los población pierde sus derechos ciudadanos y se convierte en extranjera, con todos los derechos políticos disminuidos.

Se establecen nuevas fronteras, que siempre suponenen un atentado contra la libertad por limitar la libre circulación de personas,bienes y capitales

Albert Esplugas

Me parece una reflexión muy cabal. Dos matizaciones: este sentimiento común al que aludes no tiene, en mi opinión, por qué alejarnos de una visión liberal, aunque es cierto que en ocasiones –y esto es lo reprobable - se pretende convertirlo en normativo a través del Estado. El nacionalismo, definido por la RAE como el “apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece” (nación cultural, se entiende, no política), pienso que es perfectamente compatible con el liberalismo.

El hecho de que se destruya un Estado superior no implica necesariamente que las naciones nacientes sean menos intervensionistas

Cierto, pero tampoco debemos olvidar que cuanto más pequeñas sean las unidades políticas y mayor sea su número menos atractivo resultará el proteccionismo y más se potenciará la competencia entre Estados y el voto con los pies. Este argumento (el cambio en la estructura de incentivos que se sigue de sustituir un escenario por otro) hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar, desde un punto de vista liberal, la deseabilidad de un proceso secesionista.

Un saludo

Alberto Illán Oviedo

Desde mi punto de vista y a partir de lo que he observado y aprendido de los fenómenos nacionalistas a lo largo de la historia, el nacionalismo tiene tres características que le distingue de ese sentimiento individual que se menciona, llámese patriotismo o de cualquier otra manera. Primero es activo, es decir es algo más que un elemento emotivo que cuentas a tus familia y allegados, es un sentimiento que debe ser propagado entre los que forman parte del grupo nacional. Segundo, es coactivo, es decir elimina derechos a aquellos que se le oponen o de los no nacionales y amplía los privilegios de sus seguidores en detrimento del resto. En tercer lugar, es necesario, aunque al principio no tenga porque existir, que se cree con cierta rapidez una organización con el suficiente poder como para proteger, crear y propagar estas ideas, por lo general un Estado pero también vale un grupo terrorista o cualquier otra organización más o menos violenta. En este sentido sí que estamos hablando de socialismo. Evidentemente, y siempre desde mi punto de vista, la definición de la RAE se queda un poco escasa a la hora de explicar un fenómeno tan complicado. También he de aclarar que no todos los nacionalismos, por diferentes causas, han llevado al extremo estas tres características.

Por otra parte Albert, tu teoría sobre los estados pequeños que compiten entre sí, favoreciendo a sus habitantes es muy atractiva, pero siempre en teoría. No creo, o al menos yo no conozco que en ningún momento de la historia se haya llegado a dar una situación parecida porque a la larga suelen convergir otros aspectos que terminan convirtiendo la convivencia en un infierno y no necesariamente ligados a la existencia del Estado, el simple odio ancestral es un ejemplo. Una situación parecida a lo que propugnas se dio después de la Primera Guerra Mundial cuando tras la desaparición del Imperio Austrohúngaro, del Imperio Otomano y el Imperio Ruso se crearon multitud de pequeños países-naciones, dominios y protectorados que terminaron guerreando entre sí aunque tuvieron consigo todas las condiciones para poder haber vivido en paz durante mucho tiempo. De hecho, las cuestiones de las minorías y el nacionalismo protector fue un cóctel demasiado peligroso. Claro que en todo esto tuvo mucho que ver ese gran experimento de ingeniería social que fueron los tratados de Versalles de 1919 y que podrían dar lugar a más de un comentario como este. Qué digo, más de una conferencia en el IJM.

Por otra parte, creo que hay que distinguir entre un proceso secesionista, digamos normal para entendernos, y otro en el que se implique el nacionalismo de alguna o todas sus partes. En el primer caso, que creo que es el que tu propugnas, efectivamente es posible que las partes lleguen a acuerdos más o menos asumibles por todos, con un mínimo de coacción y perdidas de derechos y con Estados poco desarrollados. Difícil pero no imposible. De hecho, la separación de los estados checo y eslovaco es un ejemplo muy bien traído. Pero desgraciadamente no suele ser lo habitual, estoy abierto a otros ejemplos.

En las secesiones con grupos nacionalistas entran en competencia, y no me refiero a la económica, cuestiones muy diferentes como son los territorios que deben dominar, las personas que pueden o no quedarse, las que hay que eliminar o las ideas que hay que propagar. Tal es el caso de lo ocurrido en los países que formaban Yugoslavia, donde el nacionalismo serbio chocó con el croata y ya de paso con el albanés y hasta el húngaro o lo que esta ocurriendo actualmente en el Caspio con los rusos de por medio. En esas condiciones, es muy difícil, yo diría que imposible, que se den las condiciones para que los miniestados compitan entre sí, es más yo creo que es mucho más fácil que los estados que se crearon para mantener el elemento nacionalista, creen barreras de todo tipo incluidas las que evitarían la salida de los ciudadanos, impidiendo la prosperidad de los mismos.

Una última cosa, Albert, tu comentario sobre el nacionalismo fue uno de los primeros que leí cuando me puse a redactar el mío.

agolmar

Magnífica tu exposición, que por breve no deja de ser brillante. Sobre el nacionalismo como invención hay dos textos que creo son fundamentales. Comunidades imaginarias del marxista Anderson y Nations and Nationalism de Gellner, que es la réplica liberal-conservadora al primero.
En cuanto a tu criterio, convendría operacionalizarlo. Hay un artículo en la revista Publius, The journal of Federalism, vol. 35, n 2 titulado Federalism and the Subnational Separation of Powers que trata de eso, aunque es un esbozo de lo que sería una investigación así. Por cierto, según el Handbook of Federal Countries, España es un país plenamente federal, aún sin nuevo Estatut.
El argumento de Esplugas me parece demasiado apriorístico, y más que como axioma habría que tomarlo como una hipótesis más que debe aceptarse o descartarse según se encuentren referentes empíricos o no. De todas formas, creo que se deja tantas variables por el camino que su utilidad me parece muy limitada.
Tu comentario invita a una investigación que tal vez alguno de tus lectores más jóvenes quiera convertir en tesis doctoral u otro tipo de trabajo académico. Sería una gran contribución al conocimiento, y por ende a la libertad.

Albert Esplugas

Alberto,

Desde mi punto de vista y a partir de lo que he observado y aprendido de los fenómenos nacionalistas a lo largo de la historia, el nacionalismo tiene tres características que le distingue de ese sentimiento individual que se menciona

Estoy de acuerdo en que el nacionalismo cultural, con menor o mayor intensidad, va ligado con frecuencia a un nacionalismo político, pero no creo que eso sea algo inherente al nacionalismo sino al generalizado afán de la gente por imponer a los demás sus particulares concepciones morales, culturales etc. En otras palabras: creo que el hecho de que el nacionalismo se vuelva normativo no es más que una de las derivaciones de esta mentalidad estatista tan extendida. En este sentido, como señala DonCorleone y como apuntó Huerta en las conferencias de El Escorial, habría que criticar a los nacionalistas por socialistas, no por nacionalistas (o por nacionalistas-políticos, no por nacionalistas-culturales). Por otro lado, mi impresión es que hay gente en Cataluña que se siente catalana (lo mismo que gente en España que se siente española) y no alberga ninguna pretensión de imponer a los demás este sentimiento (o de discriminarlos en función de ello).

Por otra parte Albert, tu teoría sobre los estados pequeños que compiten entre sí, favoreciendo a sus habitantes es muy atractiva, pero siempre en teoría. No creo, o al menos yo no conozco que en ningún momento de la historia se haya llegado a dar una situación parecida porque a la larga suelen convergir otros aspectos que terminan convirtiendo la convivencia en un infierno y no necesariamente ligados a la existencia del Estado, el simple odio ancestral es un ejemplo.

La competencia entre unidades políticas y el voto con los pies es un fenómeno absolutamente contemporáneo (migraciones, deslocalizaciones...). Mi argumento es que en este contexto un mayor número de unidades políticas tendería a potenciar dicho fenómeno. Pero es importante destacar, como haces, que la competencia interestatal puede que no sea la única consecuencia de un proceso secesionista, que junto a estos incentivos menos favorables al intervencionismo quizás podemos encontrarnos con una mayor conflictividad social. Sin embargo también está por ver que en ciertos casos el mantenimiento de las fronteras estatales precedentes hubiera extinguido la conflictividad social.

En mi opinión, como dije en el artículo, no creo que una Cataluña independiente fuera a tener un gobierno sensiblemente más intervencionista que el que fuera a tener el gobierno español (aparte de que estaría sujeto a esos incentivos a los que hemos aludido). Lo que más me preocupa en todo caso es la conflictividad social a que llevaría un proceso secesionista, dicho lo cual no tengo intención de contribuir al mismo tomando posiciones beligerantes con respecto a la unidad o a la independencia.

Un saludo

Miguel Moreno

Albert Esplugas dijo: "cuanto más pequeñas sean las unidades políticas y mayor sea su número menos atractivo resultará el proteccionismo y más se potenciará la competencia entre Estados y el voto con los pies".

Creo que es una apreciación incorrecta de cabo a rabo. 1º La conformación de los estados no ha de supeditarse ni a su tamaño ni a su optimización económica. 2º Cuanto más pequeño es el Estado, desde un punto de vista liberal, siguiendo tus argumentos, precisamente más intervencionista y más % de funcionarios tendrá.

Albert Esplugas

Miguel: 1º La conformación de los estados no ha de supeditarse ni a su tamaño ni a su optimización económica.

¿? El objetivo es, como señala Alberto, el incremento de la libertad. Lo que digo es que un escenario con unidades políticas más pequeñas / más numerosas presenta una estructura de incentivos más favorable a la libertad (el proteccionismo / la autarquía resulta inviable, la competencia inter-estatal / voto con los pies se acentúa, los gobiernos están más cerca de los ciudadanos / no en Bruselas o en Washington etc.)

2º Cuanto más pequeño es el Estado, desde un punto de vista liberal, siguiendo tus argumentos, precisamente más intervencionista y más % de funcionarios tendrá.

¿? Véase el párrafo anterior.

Carlos

El punto es descentralización. Acercar el estado al ciudadano o mejor devolver responsabilidades y libertades al ciudadano. Desde el punto de vista liberal siempre es mejor un estado mas pequeño, que abarque territorios mas pequeños. Si vemos la historia, la libertad en USA se ha debilitado a medida que el gobierno federal le ha quitado poder a los estados y a las ciudades.

Tomas

Yo tampoco termino de ver clara la afirmación de Albert de que "cuanto más pequeñas sean las unidades políticas y mayor sea su número menos atractivo resultará el proteccionismo y más se potenciará la competencia entre Estados y el voto con los pies". Esto dependerá de la naturaleza de los estados, y no de su tamaño. Multitud de pequeños feudos controlados por una pequeña clase dirigente puede ser mucho más proclive a un Estado controlador que un estado plural con muchos intereses que compitan entre sí (lo que sería una democracia "perfecta").

Por otro lado, lo que de verdad es raro, raro, es que los nacionalismos vengan patrocinados en España por grupos de izquierdas, supuestamente contrarios al "hecho diferencial" que un nacionalismo conlleva. ¿Dónde ha quedado aquello de "trabajores del mundo, uníos"? No suena igual "trabajadores y trabajadoras de vuestra región autónoma independiente, federaros"

En fin, ver para creer.

Salu2

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