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09/08/2006 - Alberto Illán Oviedo

Aborregados

El pasado 25 de julio la Fundación BBVA hacía público su "Estudio sobre la Conciencia y Conducta Medioambiental en España". Según las conclusiones del mismo, "se revela la existencia de una conciencia medioambiental extendida en la sociedad española" de forma que "los valores ecológicos han desplazado una visión más materialista de la naturaleza como simple objeto de uso y explotación para el beneficio del ser humano. La naturaleza sería un medio puro y bello cuyo equilibrio puede resultar fácilmente alterado por la acción del ser humano".

Por otra parte, "está tomando forma una conciencia global de los problemas medioambientales y los ciudadanos perciben con igual intensidad e inquietud problemáticas globales y locales". Además, "el rango de problemas medioambientales que preocupan a los españoles es muy amplio destacando los incendios forestales, la contaminación, la escasez de agua dulce, el cambio climático y las centrales nucleares", para seguir, "el ecologismo de la sociedad española se mueve en un plano declarativo y no se plasma con claridad en acciones y disposiciones concretas. La extensión de prácticas ecológicas que requieren cierto esfuerzo y no reportan beneficios inmediatos para el individuo es todavía limitada".

Sin embargo, las conclusiones toman un cariz si cabe más inquietante: "los ciudadanos esperan que los poderes públicos ocupen un lugar medular en el cuidado y protección del medio ambiente. El desafío atañe sobre todo al Gobierno central, visto todavía como responsable principal de la resolución de los problemas medioambientales", "rechazan medidas de protección medioambiental basadas en mecanismos fiscales y de precios" pero "el rechazo es relativamente menor cuando se trata de regulaciones de tipo restrictivo que limiten el uso de determinados objetos, como el coche, o el consumo de bienes naturales, como el agua". Se destaca al final que existe "una relación significativa entre el nivel de estudios de los entrevistados y la práctica de comportamientos afines al medio ambiente: la información y educación medioambiental podrían jugar un papel destacado de cara a promover el compromiso con conductas ecológicas".

Lo cierto es que todo esto es bastante alarmante, todo apunta una sociedad que avanza hacia el intervencionismo y por ende al totalitarismo, en algunos casos disfrazado de democracia. El primer punto destacable es el cambio de valores, de los tradicionales, donde el hombre ocupaba un lugar destacado sobre el resto de las especies, avanzamos hacia otros donde ocupa un lugar parecido o incluso inferior, situación que poco o nada tiene que ver con el cuidado del entorno. Esto abre la puerta a nuevos totalitarismos donde el conservacionismo justifique medidas, no sólo que impidan el desarrollo de las sociedades sino su involución.

Otro aspecto relevante es el éxito del mensaje ecologista, el cambio climático, la demonización de la energía nuclear, la escasez de los recursos, el supuesto bajo costo de las energías alternativas son mensajes que han cuajado hasta el punto de que son aceptados por la mayoría de los encuestados sin cuestionarlos. Precisamente, se subraya que son las personas con mayor nivel de estudios las de mayor concienciación ecologista, lo que demuestra que la repetición del mensaje junto a su inclusión en los planes de enseñanza, es un hecho contrastable y que la educación pública, y en buena medida la privada cuyos contenidos vienen impuestos por los poderes estatales, se convierte así en una poderosa herramienta de adoctrinamiento. El ciudadano piensa que debe ser el Gobierno el que solucione los problemas medioambientales, paradójicamente dentro de la línea de no asumir las propias responsabilidades que caracteriza el colectivismo, pero además es que está dispuesto a aceptar leyes que restrinjan sus propias libertades pues tiene la certeza de que éstas suponen un bien mayor. Toda esta situación es el caldo de cultivo perfecto para justificar cualquier cambio legislativo o reglamentario que mine nuestra libertad y además con la complicidad del administrado

Este intervencionismo es aplaudido por la mayoría de los medios de comunicación cuando tratan los temas medioambientales. Es sintomático que se destaque que el español es sólo ecologista "de boquilla" puesto que no está dispuesto a pagar más por ciertos productos o a que le suban los impuestos para acometer proyectos medioambientales, es decir que lo más destacable y reprochable es la rebeldía del que se queja de las subidas de impuestos o precios o de los que no realizan una serie de actividades, como son el reciclaje o el ahorro energético, que supuestamente favorecen un futuro medioambiental más adecuado. Por enésima vez se identifica la libertad con el egoísmo y la coacción y la obligación se justifica en aras del bien común.

Ante tan desoladora encuesta sólo cabe decir que queda mucho camino por recorrer para que la libertad se convierta en uno de los más preciados valores y que en esta carrera, los intervencionistas y los totalitarios nos sacan varios cuerpos de ventaja.

 

Opinión de los lectores

Beto

Sr. Alberto:
No se preocupe Ud. pues de los incendios de Galicia. No critique la gestión del gobierno.
No lo haga, ya que el hombre está por encima de todas las especies, y si le apetece quemar un bosque pues va y lo quema (siempre que ese bosque no sea privado, claro. Si lo es, puede hacer lo mismo pero pagando antes). El gobierno intervencionista y totalitario no debe procurar extinguir un fuego que en nombre de la sacrosanta libertad individual alguien ha decido encender.
Para Ud. la Naturaleza no es de todos por igual. Del "hombre" entendido como especie. La Naturaleza es una "objeto" más que se compra, se vende, se quema o se contamina por el "hombre" como individuo que es propietario o no de él.
Eso si, si después no llueve (que no será por el cambio climático, claro), trasvásese Ud. el rio o construyase su pantano particular. Peléese Ud. con su vecino por el agua. No espere a que un estado totalitario le solucione la papeleta. Sea coherente.

Alberto Illán Oviedo

Estimado lector, me resulta un poco difícil contestarle, no porque su planteamiento sea profundo y meditado, sino porque no sé muy bien por donde empezar. En su discurso ha sabido concentrar dos de los principales problemas del izquierdismo militante, la ignorancia y los prejuicios, felicidades. Dice que no me importan los incendios en Galicia y llega a identificarlos con la práctica de la libertad, es decir que para usted libertad implica necesariamente delincuencia. Mire, si a mi me apetece quemar mi bosque o mi casa (aunque no sé que tipo razón voy a tener para hacerlo) soy muy libre, pero deberé tomar una serie de medidas para que el incendio no afecte a las fincas colindantes porque en ese caso estaremos agrediendo la propiedad de otra persona o entidad y es que a diferencia del libertinaje, con el que usted parece confundir la libertad, esta conlleva una serie de responsabilidades que, ciego de socialismo, ignora.

Lo que está ocurriendo en Galicia, junto a lo que ocurrió el Guadalajara el año pasado y en Huelva y en el resto de España a lo largo de muchas décadas es sobre todo, un “éxito” del colectivismo borreguil que usted parece exigir en exclusividad. Tanto dinero gastado, que no invertido, en planes que nunca se materializan o que lo hacen parcialmente y medios que siempre son insuficientes, y año tras año se siguen quemando miles de hectáreas sin que todas estas medidas parezcan servir para casi nada la mayoría de las veces para que el politiquillo de turno se haga la foto junto al camión de bomberos o hablando con los voluntarios. ¿Por qué no dejamos a la iniciativa privada la extinción de incendios?, desde luego peor no lo harían.

Verá, tanto el trasvase, porque intuyo que a través de este texto usted está atacando la política hídrica del PP, como el Plan Agua del Ministerio de Cristina Narbona, que lleva varios meses de retraso y no se ha concretado en nada más que promesas y pocas actuaciones, son dos ejemplos de socialismo, uno de derechas y otro de izquierdas, que tampoco parecen haber solucionado nada de nada. Pero eso no es óbice para que usted vuelva a pedir más y más actuación estatal. La gestión del agua es algo que se lleva haciendo desde el estado desde hace décadas y la poca participación de la empresa privada es a través de permisos que desde ayuntamientos y Comunidades Autónomas se expiden.

Sí, también sé cuál es la solución que desde la izquierda se da a tal situación, menos desarrollo, menos libertad, y mucho control, eso que se hace llamar desarrollo sostenible, aunque de nuevo llevamos unos cuantos años de desarrollo sostenible y ello no ha impedido ninguna de las supuestas plagas que desde el punto de vista de la gente como usted padecemos.

Finalizo, sea consecuente y no se corte. Para que vamos a permitir que los recursos naturales se puedan vender y comprar, los nacionalizamos y punto pero no nos quedemos aquí. Ya que todo está relacionado, ecológicamente relacionado, nacionalicemos también la economía, dejemos que unos pocos, los iluminados del partido o del grupo ecologista, establezcan cuáles son los buenos usos y cuáles los malos y pongamos barreras por todas partes, convirtamos las ciudades en gulags y establezcamos el desarrollo cero. Todo sea por el topillo de la Cabrera o el ornitorrinco.

Toni

Y además, señor Beto, ¿quién le habrá contado a usted que los incendios los apaga el estado? Lo que es yo, galleguiño y colindante de los fuegos, todo lo que veo es a gente con ramas apagando lo que pueden, sobre todo cuando se acercan a lo más valioso: su propiedad. Una vez más se demuestra la eficacia del estado. Como ya vimos en el caso del Prestige, son los pobres hombres que viven allí los que le sacan los colores a las administraciones que los mangonean todo el año con el rollo de la ecología-buen salvaje. Pues por mi que les den a los montes y a los pájaros. Que me dejen vivir en libertad y después, si me apetece con mis manos transformaré el mundo.

Es que esto del ecologismo es una maldita horterada de cojones –¡ay pobrecitas las gaviotas!– y después revientan a 300 almas en un tren y nada, a ver el partido del madrí.
Hay que joderse...

Fco. Moreno

Sr. Beto, he echado de verdad en falta una siquiera breve alusión a la vergüenza de la existencia de los campos de golf en España. Con ello quedaría muy completo su pedazo de panorama eco-populista que tan a menudo nos lacera por doquier. Le recomiendo este comentario de Daniel Rodríguez Herrera en esta misma web; ya que de agua ha aludido.

¿Cuándo diablos oiré o leeré alguna crítica del lobby ecologista contra la absurda, abusiva e ineficiente manera de consumir agua por parte de nuestro sector agrícola que, gracias a la gestión pública del agua, disfruta de ella a un precio irreal, pues está subvencionada (además de otras subvenciones y restricciones arancelarias tipo PAC) y que se chupa ni más ni menos que el 75% de todos nuestros recursos hídricos? Eso sí que es tratar a la Naturaleza (y sus recursos) sin razón.

¿No será, me malicio, que entre lobbies bien organizados (en este caso que nos ocupa, el agrícola con proyección europea y el ecológico-alarmista) hay acuerdo tácito de no pisarse la manguera para respetarse su "cacho de presupuesto" público?

Ay, estos buscadores de renta ajena... ¡qué cruz!

Miguel Moreno

"El gobierno intervencionista y totalitario no debe procurar extinguir un fuego que en nombre de la sacrosanta libertad individual alguien ha decido encender."

Esta frase encierra un totalitarismo cavernario de difícil catalogación. Presupone que el Estado viene a solucionar los problemas que ha creado el individuo, cuando precisamente, en el caso que nos ocupa -los incendios forestales- sucede exactamente al revés. Entre otras cosas, porque varios de los incendiarios se ha demostrado que son funcionarios. Pero vamos, que la inútil actuación preventiva de la Xunta (Estado) y su más inútil actuación postincendiaria no tienen la culpa de nada. Claro, lo fácil, lo progre, lo socialista, es echar la culpa al individuo, a la libertad del individuo para incendiar. Libertad de acción del individuo que lo mismo se ve favorecida por leyes escasamente punitivas con los incendiarios o por inútiles sistemas (estatales) de localización de incendiarios.

manu martin

lo de intentar echarle el muerto de los incendios a los apagafuegos, es de risa. el 99% del trabajo de uno de ellos es destinado a limpiar los montes y realizar cortafuegos, es decir tareas preventivas, por tanto es falaz idear que son autores de los incendios para no perder su trabajo o cualquier otra espurea causa.

En cuanto al agua estoy totalmente de acuerdo con el Sr Moreno. Hay que repetir de nuevo que el agua llamada de "boca", destinada al consumo humano directo, no llega al 2% del total consumido, y de ella se desperdicia un 30% o asi debido a una causa muy poco conocida:fugas en las tuberias de conducción...

Si es que estos progres...
pero siga así don Beto que sino como vamos a discurrir algo los que tratamos de pensar en las soluciones reales a los problemas...


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