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Portada - Comentarios - ¿Quién debería ahorrar agua?

08/09/2006 - Alberto Illán Oviedo

¿Quién debería ahorrar agua?

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención de las democracias con fuerte carga estatal es el reparto de culpa. Resumiendo, cualquiera de nosotros, como entidad que forma parte de la sociedad, tenemos culpa de todos los males que la afectan menos de los que producimos nosotros mismos. De esos, por supuesto, la tienen los demás. Así, el delincuente no es culpable del delito, sino la sociedad que no ha sabido dotarle de los medios y recursos suficientes para impedir que los perpetre. En lo medioambiental, este curiosa filosofía también está vigente aunque con ciertos matices. La culpa es de todos salvo de los que luchan por un medio ambiente más saludable y esa lucha se mantiene dentro de los parámetros que manejan las organizaciones ecologistas.

A finales del verano, la sequía debería ser algo que entre dentro de la normalidad, sobre todo si este es el segundo o tercer año que la padecemos. Que los pantanos estén en límites preocupantes no debería sernos extraño pero nos lo venden como una catástrofe y lo peor de todo, nos aseguran que somos los culpables de la situación ¡porque desperdiciamos agua! Este tipo de generalizaciones es ante todo insultante pero responde a la lógica de lo políticamente correcto por dos razones, una de carácter moral y otra de carácter económico.

La primera es la típica moral anticapitalista, el desarrollo en el que nos hemos embarcado es totalmente insostenible y por tanto llenar piscinas privadas, regar hectáreas de campos de golf, bañarnos en vez de ducharnos, hasta usar el retrete como papelera improvisada es algo inadmisible, es un derroche que estamos pagando ahora y en el futuro. Este sencillo mensaje ha calado y no solo en los ciudadanos sino en los políticos que nos gobiernan lo que es mucho más peligroso. La segunda razón, de carácter económico, es la ausencia del libre mercado. Al no existir, surge el concepto del despilfarro. El precio del agua se establece desde las administraciones, la gestión es pública o semipública y se prohíbe o dificulta la actividad empresarial que no se controle gubernamentalmente por lo que se impide que se desarrollen nuevos o alternativos sistemas de transporte de agua y sobre todo un mercado del agua que nos permita ahorrar de forma voluntaria, igual que ahorramos en la cesta de la compra sin que nadie nos obligue, cuando suben los precios y gastar más, si lo deseamos, cuando bajan. Así que como por definición las Administraciones Públicas no pueden equivocarse, salvo puntual e infrecuentemente, debe ser el administrado el que no cumple con parte de su contrato social.

Pero lo cierto es que las Administraciones Públicas despilfarran y mucho. Según datos de 2003 del Ministerio de Medio Ambiente, el 77% del agua usada en España lo hace la agricultura, el 18% el consumo urbano y el 5% restante la industria. Además, y según datos del INE, las redes públicas de distribución perdieron ese año el 18,7% del agua disponible en fugas, roturas, etc. Es decir, que las Administraciones Públicas, de las que depende directa o indirectamente la gestión de las redes de abastecimiento en la que se pierde casi el 19% de lo que vierte a la red, nos dicen que somos culpables de la sequía y de la situación insostenible.

Pero esto puede ser aún más irónico: los ayuntamientos se vanaglorian de sus parques públicos. No hace mucho, en el madrileño municipio de Leganés se instaló un sistema "inteligente" que permitía el riego ahorrando un 40% de agua. Situado al sur de Madrid, esta población soporta un tórrido verano, por lo que el sistema tendría su lógica si no fuera porque se aplica a unas praderas que no son precisamente plantas que necesiten poco agua. ¿No sería mejor plantar otras especies vegetales más adecuadas al clima, ahorrándonos el sistema de riego? ¿O es que las praderas son únicamente inmorales cuando lo que se riega es un campo de golf?

Pero lo más sangrante es el uso agrícola del agua. En España, el 77% del agua lo consume la agricultura. Sólo subvencionando la agricultura se consigue que ciertos productos sean "rentables" y sin esas ayudas el agua que se utiliza para sacar adelante todas esas producciones se podría usar en otras cosas. El problema se multiplica si observamos que, precisamente por la ayuda pública, muchos agricultores no invierten en el ahorro de costes y desperdician esta agua con sistemas ineficientes de riego, intensificando el problema de la sequía. De forma directa o indirecta, el Estado es uno de los mayores despilfarradores de agua y, no contento con ello, ahora mismo varias autonomías han creado nuevas tasas que se adelanten a la nueva Directiva Marco del Agua, que estará vigente en 2010, dentro de poco más de tres años. Y luego dicen que somos nosotros los que desperdiciamos agua.

 

Opinión de los lectores

agolmar

Los criterios para que una situación se califique de sequía no han cambiado en los últimos años, así que si ahora la hay y hace tres no, algo de razón tendrán los que miden precipitaciones y agua embalsada. No comparto tu acusación de alarmismo. Sin embargo, pasado el primer párrafo, estoy bastante de acuerdo. El asunto del despilfarro público sólo aparece de vez en cuando como arma partidista, no dentro de una reflexión o debate sobre las causas y los remedios de la posible insuficiencia de agua. Aparece fulano o fulana de tal haciéndose una foto en una avería y diciendo “el gobierno local/autonómico/central derrocha agua”. Y ahí se queda. Y desde luego, no creo que tú último párrafo, el dedicado a la agricultura, sea objeto de atención por parte de los políticos porque pones el dedo en la llaga que casi nadie quiere ver, y menos aún curar.

¿Y si la gestión del agua se liberalizase y como resultado, y si no lo remedia el clima, todos acabásemos pagando más? ¿Y si algunos agricultores se pudieran permitir pagar más por el agua o introducir mejoras para no despilfarrarla y sacar rentabilidad a sus cultivos? Lo que dicen los murcianos sobre su gestión modélica, ¿es cierto o propaganda? No preguntes a Narbona, que en los noventa decía una cosa y ahora la contraria. Y del frustrado plan hidrológico y el transvase de agua desde la desembocadura del Ebro mejor no hablar. ¿Habrían aceptado los gobiernos de Aragón y Cataluña esta política si la hubiese llevado a cabo una empresa? Lo dudo, porque la controversia se enmarcó en términos nacionalistas, con los ecologistas actuando de comparsa –además, en Murcia se ofrecieron a pagar, aunque también dudo de su sinceridad.

Esto me lleva a dos preguntas más: ¿cómo evitar que un grupo se dedique a sabotear el desarrollo económico de otro en virtud de su posición geográfica? ¿Se podría obligar a Cataluña a aceptar el trasvase retirando financiación y forzar a esta región a vender agua? En ese caso, ¿quién debería pagar la obra?

Fco. Moreno

El agua, por su escasez, es un bien claramente económico pese a quien le pese.

Pero debido a la nefasta socialización generalizada de los recursos hídricos, la práctica totalidad de la propiedad de ríos, lagos, embalses y acuíferos es pública y su gestión está también en manos públicas (regulación directa sobre dicho recurso, fijación de precios decretada oficialmente y la inexistencia del principio de beneficios –o, al menos, no pérdidas- en su explotación, transporte y depuración), tenemos como consecuencia una mala asignación y un consumo excesivo (no racional) del agua.

Creo, por tanto, que existe un riesgo muy real de escasez de agua (agravado, además, en países semidesérticos como es el nuestro, con un índice de pluviosidad bajísimo).

El caso de España es de nota: es el país de la UE que más agua consume por persona y al precio más bajo. El precio "oficial" medio de abastecimiento de agua es de 0,96 euros el metro cúbico (si bien la media que se está pagando en estos momentos es de 0,66 euros!). El precio más caro de España se sitúa en Canarias, con 1,64 euros por metro cúbico; cuando el precio "oficial" de la media europea supera ya los 3 euros. Parece lógico, además, que el precio en España sea aún superior al de los países que cuentan con un índice de pluviosidad mayor. Pero, desgraciadamente, andamos a ciegas pues, con el socializante método actual de gestión del agua, nadie sabe a ciencia cierta cuál es el precio real de cada momento del agua (ésta no está a la venta pues se acepta como axioma que "es de todos" y, por tanto, es gestionada por burócratas). Aviso a navegantes, el precio "oficial" de Turquía ronda los 4 euros por metro cúbico (¿a qué esperamos para abrir los ojos en este tema?)

Cuando un bien económico es acaparado por el Estado para su explotación se da una paradoja sorprendente: a diferencia de la empresa privada en una economía de mercado regida por la libre competencia, que lucha por la explotación eficiente de su producto (también escaso) e incita a su consumo; la Administración, por el contrario, es el único "agente económico" que, ante su ineficiencia propia, decreta la restricción de su consumo (además de culpar a los administrados de su escasez, como denuncia con acierto Alberto). Ahora "caen" en la cuenta los responsables públicos europeos que el precio oficial era bajo y hay que subirlo vía ecotasas o similares. Es seguro que habrá más medidas correctoras de este tipo, siempre adoptadas demasiado tarde, y me pregunto ¿por qué, si no todos, algunos recursos hídricos no pueden tener propiedad privada y el precio del agua no lo establece de una vez por todas el mercado que es el mecanismo conocido más realista que existe contra la escasez?). Este planteamiento es el único lógico que se me ocurre y el más certero para ganarse enemigos o levantar recelos en propios y extraños (según experiencia propia).

El agua, pese a ser más abundante que el petróleo, correo el riesgo de escasez a corto plazo en determinadas zonas de Europa por la inexistencia de los mecanismos de fijación de precios verdaderamente reales.

Parafraseando a Clemenceau diría que el agua es un asunto demasiado serio como para dejarlo sólo en manos de los políticos y/o burócratas.

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