2005 Instituto Juan de Mariana
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - Liberalismo contra neoliberalismo

13/09/2006 - Jorge Valín

Liberalismo contra neoliberalismo

Suficientes veces se ha dicho ya que el neoliberalismo es una forma despectiva de llamar al liberalismo. En realidad no hay ninguna escuela económica que se defina a si misma como neoliberal. Intelectualmente es un error, pero a pesar de ello muchos grupos anticapitalistas usan el término para definir un fenómeno político, y no económico, que aparentemente conlleva un mayor grado de libertad al mercado. Por ejemplo, se puede leer la definición de Wikipedia para ver las barbaridades que expone.

Los grupos anticapitalistas suelen estar contra el neoliberalismo porque favorece las grandes instituciones políticas supranacionales como el FMI, Banco Mundial, bancos centrales, lobbies empresariales, etc. en detrimento de la sociedad civil. Curiosamente, los liberales compartimos, en líneas generales, el mismo principio.

El gran problema es la tergiversación que han sufrido algunas palabras en el siglo XX, como ya nos había avanzado el economista Friedrich A. von Hayek refiriéndose a expresiones como "democracia", "igualdad" o "liberalismo". En realidad se suele confundir el término "neoliberalismo" con el de "capitalismo corporativista" o "capitalismo corporativo", que es uno de los rasgos esenciales de la economía del fascismo impulsada principalmente por Benito Mussolini.

Para James Ostrowski, el capitalismo corporativista es "privar a las personas de su libertad y concentrar el poder en manos de unas pocas organizaciones [políticas y privadas]". Fíjese que para muchos, redactores de Wikipedia incluidos, neoliberalismo entra perfectamente en la definición que nos proporciona Ostrowski.

El avance del capitalismo corporativista lo vemos de forma clara cuando el gobierno proclama estar privatizando. El gobierno no tiene interés alguno en otorgar libertad al ciudadano ni a la sociedad civil, sino al revés, por eso esclaviza al ciudadano con leyes innecesarias, hace lavados de cerebro masivo que llama "campañas de concienciación" y emprende guerras que eufemísticamente llama "misiones de paz", enviando "tropas de pacificación".

La liberalización que practica el estado simplemente significa despojarse de cierta participación estatal de una empresa semi–privada o introducir a dedo otras empresas en un sector considerado monopolístico, pero manteniendo siempre su control gubernamental. Esto no es liberalizar porque la presión gubernamental sigue siendo feroz y, por tanto, el mercado sigue sin ser libre. Liberalizar significa eliminar la intervención del estado de sectores enteros: abolir leyes, impuestos, barreras de entrada, etc. Como afirma Ostrowski, la "liberalización" que practica el estado no es más que "concentrar el poder en manos de unos pocos"; no es ningún cambio de paradigma, sino un maquillaje que oculta el mismo monopolio anterior bajo una ilusión de competencia. En España tenemos como muestra la partidista liberalización de las comunicaciones o la de la energía, que ha dejado el panorama peor que antes ya que se ha regulado aún más.

La creación de competencia no es un fin, sino una consecuencia de la libre iniciativa del mercado y orden espontáneo de los actores económicos, ya sean consumidores, accionistas o empresarios. Crear competencia de forma artificial, mantener la legislación económica, crear comités para–estatales como la CNE, la CMT, tribunales de la competencia y colocar "a dedo" amigos del gobierno en las empresas privadas no significa más libertad para el consumidor, empresario ni accionista, sino más poder para el estado de forma indirecta u oculta. La reciente disputa por la OPA de Endesa ha sido una muestra ejemplar.

Si el gobierno controla aunque sea la más pequeña parte de la actividad económica privada, eso siempre será capitalismo corporativista, por más que algunos se empeñen en inventar palabras carentes de sentido como neoliberalismo.

 

Opinión de los lectores

Juan Santoro

Está claro que el concepto "neoliberalismo" ha sido creado por la izquierda para desprestigiar al "liberalismo". Es como el rollo ese del "neofascismo". Se trata de salpicar todo con el basurero dialéctico del progresismo.

No obstante, a efectos dialécticos se puede mantener un poco el término neoliberalismo, como las doctrinas económicas liberal-conservadoras surgidas a raíz de Thatcher y Reagan. No eran perfectos liberales, pero dieron una buena salida al sistema, frente a la socialdemocracia europeísta. Bajaron los impuestos y desnacionalizaron algunas empresas. Para empezar, no estaba mal...

Saludos,

Ameba

No entiendo que se pueda entender el término “neoliberalismo” de una forma despectiva. ¿Dónde está el desprecio, en el término “neo”? Es cierto lo que dice Santoro, que empezó a utilizarse con Thatcher y Reagan. En realidad el concepto emana de la crisis de los años 70, del cambio del patrón oro con Nixon, de los inicios de la globalización y del final de la era de las políticas keynesianas en Europa Occidental.

Y es la primera vez que leo que uno de los rasgos esenciales de la economía fascista fuera el capitalismo corporativo. El Estado fascista se autodenominó Estado Corporativo, que es otra cosa. Cuando se habla de capitalismo corporativo se habla de las sociedades anónimas, de las grandes corporaciones cuya propiedad está distribuida en acciones. Y para autores como Robert Dahl es una de las instituciones que más han contribuido al proceso de acumulación del capital.

Y el concepto de orden espontáneo de Hayek es una falacia que no se sostiene lo más mínimo. Todos los sistemas sociales, políticos y económicos incluidos, tienen componentes organizados (o construidos) y espontáneos. No se puede contraponer acción humana a intencionalidad humana. Toda acción humana es intencional.

María

Ameba, estás en el sitio adecuado. La idea del orden espontáneo se remonta a Bernard dde Mandeville, un tipo curioso. Adam Smith también introdujo esa idea, y desde luego, Hayek ha sido el filósofo que lo ha incorporado al ámbito económico, pero no solo al económico, mejor de todos. A lo mejor te interesa leer algo más, hay muchas cosas en la web.
El capitalismo corporativo es esta mezcla tan eficiente y maravillosa que tenemos en la mayoría de estados europeos, se ha escrito mucho sobre ello y sí proviene de la organización económica dictatorial no soviética del siglo XX. Los dictadores tenían que incorporarse al mundo capitalista sin soltar la rienda. En la historia de España, es en el 59 cuando, aconsejado por sus "ingenieros", Franco decide abrirse al capitalismo, dentro de unos límites. Mira el libro de Gabriel Tortella (el manual de Historia Económica de España. Siglos XIX y XX).
El término "neo" aplicado a liberalismo, se emplea para diferenciarlo del clásico del XIX y se asocia al "capitalismo salvaje" (otro término que tiene tela...). Es absolutamente despectivo e irreal, porque no conozco liberal con formación que no se sienta encantado de reconocer sus raíces. Y por desgracia, no solo es un invento de la izquierda (¡ojalá!. También nos llaman así los pseudo-liberales, que pretenden obtener votos (el espantoso voto útil: vótame que soy lo más liberal que te vas a encontrar). Pero no hay más que rascar para ver el verdadero pelaje de cada cual...

félix

Ameba, creo que confundes en que consiste el orden espontaneo. No significa que no haya intencionalidad, simplemente que confluyen tantas intencionalidades distintas y tantos planes distintos que el resultado no coincide con ningún plan único general y es por lo tanto imposible de predecir.

El ejemplo del lenguaje, no por muy utilizado deja de ser ilustrativo: Existen muchas instituciones que contribuyen a formarlo, pero ninguna tiene suficiente influencia como para ser el arquitecto de la estructura. La evolución es gradual pero visible. La forma de hablar de nuestros abuelos es muy distinta a la nuestra y no se debe a la RAE.

Félix

Por cierto, creo que es legítima la diferenciación que implica el término neoliberal. El liberalismo del siglo XX está tan influido por las ideas colectivistas en política y keynesianas en economía que en ciertas cuestiones demuestra una ruptura importante con el del s. XIX
Que Reagan y Thatcher sean considerados el paradigma liberal lo demuestra. Jefferson, Peel o Martin Van Buren redujeron el peso del Estado, los neos se dedicarón a reducir el crecimiento relativo de este.
Además creo que es un término muy adecuado para los socialistas latinoamericanos que impulsaron políticas "liberales" a instancias del FMI sin tener ni idea de sus significado, y para todos aquellos que se cambiaron de bando tras la caida del muro pero conservaban la mentalidad estatista a la vez que cambiaban el discurso...

Gonzalo Melián

Jorge me ha encantado tu artículo.

Ameba el término neo históricamente se ha puesto delante de las palabras no para indicar que es nuevo, como mucha gente puede pensar equivocadamente, sino con una connotación despectiva. Por ejemplo esto se aprecia en todos los supuestos estilos arquitectónicos. Un ejemplo podría ser gótico-neogótico, el gótico sería toda aquella magnífica arquitectura que se hizo entre los siglos XII y XVI aproximadamente, sin embargo el neogótico no tiene el neo delante porque sea del siglo XVIII y XIX sino porque es una arquitectura anacrónica y una mala copia de la original y por lo tanto se introduce una vez más en términos despectivos. Los mismo pasa con el barroco-neobarroco o clásico-neoclásico. Para ponerte un ejemplo simpático, supuestamente la Catedral de la Almudena tiene un interior neogótico de inicio del siglo XX, un exterior neoclásico de mediados del XX y por último unas pinturas neobizantinas de finales del XX o principios del XXI no estoy seguro ahora, pues bien todo eso no es ni clásico, ni gótico ni bizantino, es un pastiche anacrónico sin ningún tipo de valor (subjetivo) arquitectónico, y en Madrid en vez de haber una catedral de arquitectura contemporánea hay una catedral NEO. Así que mejor siempre desconfiar de las palabras que llevan el neo delante pues normalmente siempre lo llevan en sentido despectivo. No te quepa duda que neoliberal es también en sentido despectivo.

En otro orden de cosas me encantaría que me dijeses que partes exactamente no se sostienen de la idea del orden espontáneo desarrollada por Hayek, es más, como supongo te has leído el libro primero de Derecho, Legislación y Libertad donde Hayek desarrolla ampliamente la teoría de los ordenes espontáneos en una sociedad abierta, me encantaría que me detallaras que partes crees que no se sostienen , sinceramente estaría encantado de poder discutirlas contigo y que me demostraras que no se sostiene verdaderamente.

Ameba

Antes de nada tengo que decir que juego un poco con ventaja, ya que la teoría del orden espontáneo la hemos estado debatiendo recientemente en el foro "Anarquismo de mercado". Este hecho puede provocar que algunas partes no estén conectadas suficientemente. Sobre el capitalismo corporativo y el neoliberalismo contestaré en otro momento.

Dice Hayek en "Derecho, legislación y libertad", págs. 59 y 60, que:

“El estudio de los órdenes espontáneos ha sido durante mucho tiempo tarea peculiar de la teoría económica, aunque, naturalmente, también la biología se ha ocupado desde el principio de esta especial forma de orden espontáneo que llamamos organismo. Sólo recientemente ha surgido en el ámbito de las ciencias físicas, con el nombre de cibernética, una disciplina especial que se ocupa también de lo que se ha llamado sistemas que se autoorganizan o autogeneran.

La distinción entre este tipo de orden y otro que ha sido creado por alguien poniendo en su lugar los elementos de un determinado conjunto o dirigiendo sus movimientos es indispensable para entender el proceso de la sociedad así como cualquier política social. Existen varios términos para designar cada uno de estos órdenes. El orden construido, al que ya nos hemos referido como a un orden exógeno o un arreglo, puede describirse también como una construcción, un orden artificial o, especialmente cuando se trata de un orden social dirigido, como una organización. Por otro lado, el orden que se forma por evolución, al que nos hemos referido como a un orden que se autogenera o endógeno, puede describirse mejor como orden espontáneo. Los griegos clásicos tenían más suerte al disponer de términos diferentes para designar estos dos tipos de orden, a saber, taxis para el orden creado, como por ejemplo un orden de batalla, y cosmos para el orden formado por evolución, que originariamente significaba “un orden justo dentro de un estado o de una comunidad”. […]

No sería exagerado decir que la teoría social comienza, y tiene un objeto propio, sólo con el descubrimiento de que existen estructuras ordenadas que son fruto de la acción de muchos hombres aunque no el resultado de un proyecto humano”. […]

Hayek incurre en varios errores al plantear su teoría. Dice que la división de los fenómenos entre aquellos que son “naturales” y los que son “artificiales” es una falacia, sobre todo cuando se habla de una teoría social, cosa que es muy razonable. Según Mandeville y Hume existe una tercera clase de fenómenos que posteriormente Adam Ferguson describió “como resultado de la acción humana pero no de la intención humana”. Así, cuando Hayek establece las dos fuentes de orden (construido y espontáneo) se basa en el mismo criterio que dice refutar cuando habla de lo artificial y lo natural.

Yo, particularmente, no creo que en el orden, estructura o sistema social (o como queramos llamarlo) existan dos tipos tan diferenciados, hablando claro está de teoría social. De hecho podríamos aplicar lo mismo que decían sobre la tercera categoría a esto mismo. No creo que sea posible contraponer acción humana a intencionalidad humana, no se sostiene. Toda acción tiene una finalidad y el orden subyacente a la interconexión de muchas acciones humanas se corresponde con un modelo ideologizado por parte del observador.

El mismo Hayek reconoce al querer aplicar algunos de los conceptos de la teoría general de sistemas en la última parte de su obra que no es capaz de poder asimilar tan bastos conocimientos, por lo que su teoría del orden espontáneo, poco coherente con algunos de los presupuestos epistemológicos más importantes de la TGS (ver http://usuarios.lycos.es/edecena/IngSistemas/ConceptosTGS.htm), se queda en un intento más o menos actualizado y refinado de la teoría de la “mano invisible”.

Todo depende del punto de vista del observador, por tanto, dicho concepto, si existe, o, mejor dicho, si el concepto pudiera tener una valoración positiva, es debido a ese punto de vista y no a un conocimiento basado en variables objetivas. Es un concepto ambiguo que no se sostiene, de hecho en la última parte de la obra reconoce que quizás no fuera adecuado y que podría traducirse como sistema o estructura.

La espontáneidad es otro término sujeto a claras limitaciones conceptuales. Porque dónde estableces la distancia entre lo espontáneo y lo organizado (o construido por el hombre intencionalmente). Incluso en el caso de los diseños preprogramados y planificados de una forma intencional no se puede controlar sus resultados en la mayoría de los casos. No existe en la realidad social un sistema espontáneo que se pueda diferenciar de un sistema organizado. Todas las estructuras o sistemas (u órdenes) tienen ambos componentes, de otra forma estaríamos prediciendo el futuro en todo componente con mediación consciente del hombre. Es evidente que no es así. Ningún sistema social es absolutamente organizado, es imposible controlar todas las variables de forma preventiva, se pueden realizar esbozos, diseños más o menos acertados, pero el grado de incertidumbre es algo que siempre se debe tener en cuenta. Y lo mismo se puede decir al contrario, algo que surge "espontáneamente" procede de las acciones humanas individuales (organizadas y con objetivos definidos). La falta de control sobre la interacción con los objetivos de las acciones de los otros es algo que escapa al control aparentemente. Sin embargo, no hay sistema social que escape a alguna mediación humana consciente y a algún mínimo diseño organizado. Por ejemplo, tanto la existencia de la propiedad privada del capital como su ausencia están sujetos a restricciones y a limitaciones determinadas por factores tanto organizados como espontáneos (si es que es posible hablar de esta forma, que lo dudo). Muchas veces lo único que se puede controlar son las condiciones iniciales, su desarrollo y sus consecuencias pueden ser previsibles o no, pero no depende del grado de "espontaneidad" o de "organización" sino de otros factores, como son el tipo de sistema social y sus características con respecto a que sean más o menos abiertos o cerrados al cambio, a su capacidad de adaptación.

Para algunos el mercado capitalista es un orden espontáneo, para otros es un desorden espontáneo, pera mi es un sistema cerrado y programado con un alto grado de organización porque entre otras cosas también se pueden controlar (hasta un cierto límite) sus resultados o sus fines.

Precisamente Hayek habla de la tradición que es como un palimpsesto en donde se reescriben los cambios sociales. Nada surge de la nada. Siempre hay algo sobre lo que se sostiene lo nuevo.

He encontrado por ahí un texto que explica de una forma más académica los errores de la obra de Hayek: en la página 141 del texto de Manuel Gaete, titulado “Ideología y teoría en el pensamiento de Hayek”, en http://www.cybertesis.cl/tesis/uchile/2004/gaete_m/sources/gaete_m.pdf

Como ya dije anteriormente, en ningún sistema social realista (otra cosa son las entelequias tipo Rawls) se puede diferenciar lo espontáneo de lo organizado. El ser humano es creativo y, por tanto, predispuesto al cambio, eso provoca que evolucione culturalmente, lo cual nos habla de que es espontáneo en lo organizado y organizado en lo espontáneo. Puede existir una interpretación de estos dos conceptos como que lo individual es espontáneo y lo colectivo es organizado. Pero esto también es una falacia. Tanto lo individual como lo colectivo pueden estar sujetos a normas y tener una alta organización, de la misma forma que se puede decir lo contrario. Y por otro lado, toda conducta humana (salvo casos patológicos que no vienen a cuento) es intencional.

En relación con esto último, se puede decir que la única forma de resolver el problema, aparte de lo ya analizado sobre la teoría esta, depende de la metodología que apliques a la hora de observar la realidad. Poder, humanidad y sistema están unidos de forma irremediable. Y todo lo puedes analizar molar (y macroscópicamente) o molecular (y microscópicamente). La idea del orden espontáneo es como pensar que en el fondo es lo mismo la biología molecular y la etología. La política es el reino de lo grande, pero también existe una micropolítica (lo doméstico, los intereses y necesidades individuales, la creatividad, la personal práctica de la libertad, etc.) que influye en ese reino. En lo “grande” y en lo “pequeño” existe espontaneidad y organización. En los microsistemas sociales hay mucho de programación e intencionalidad. Pero hablar de lo espontáneo y lo organizado en el fondo aporta bien poco al conocimiento del funcionamiento de los sistemas sociales, todo es mucho más complejo e interesante. Al final los presupuestos de Hayek son pura metafísica política.

Casi todo en el ámbito social y político son elaboraciones o construcciones del hombre, sin embargo, eso no implica que todo esté controlado (como algunas visiones de la teoría conspirativa), el azar sigue teniendo su peso en la conducta.

Incluso en un sistema hiper-organizado como Matrix se necesitaba un cierto grado de incertidumbre para que el sistema no se autodestruyera.

Ameba

Puedo estar de acuerdo con Valín en que la descapitalización de muchos Estados no es una liberalización auténtica, ya que sigue existiendo un control central importante por parte del propio Estado por medios más indirectos que el control de la propiedad (pública). Incluso puedo estar de acuerdo en la crítica que hace del sistema capitalista actual, aunque mis críticas tengan un origen ideológico diferente.

Sin embargo, no puedo estar de acuerdo en la vinculación del capitalismo del Estado fascista italiano con el capitalismo moderno. Puesto que el Estado Corporativo italiano significó un extraordinario crecimiento del sector público, que convirtió al Estado italiano a principios de los años treinta en el primer inversor industrial interno. Además del hecho de que fue una economía nacionalista encaminada a la independencia o autarquía económica. Estas son dos variables que impiden cualquier intento de vincular ambos modelos capitalistas.

En los últimos años lo que se ha desarrollado, contrariamente al modelo fascista, es una pérdida de sector público en la mayoría de Estados, tanto con respecto a la propiedad como a la gestión. Esa es una de las características de lo que se ha venido a llamar neoliberalismo, esto es, la descapitalización del Estado o, dicho en otras palabras, la reducción del gasto público (sanidad, educación, servicios públicos), junto con otras medidas tendentes a “desregular” o reducir los derechos sociales adquiridos por los trabajadores en el período que va de la 2ª GM a los años 70 (período keynesiano).

De todos modos, en la izquierda no hay acuerdo sobre la utilización del término “neoliberal”, precisamente por los mismos argumentos expuestos por algunos de los compañeros aquí. Es decir, porque puede insinuar que es un nuevo liberalismo, cuando para muchos no tiene nada de nuevo.

Quizás no sea un término adecuado, no lo dudo, pero lo que es evidente es que ha habido un cambio importante en las políticas económicas desde los años 70. Por lo que quizás sea necesario algún término para diferenciar la época actual (desde los años 70) del período keynesiano.

Por otro lado, el término “corporativo” asociado a capitalismo puede dar lugar a equívocos, no sólo por la utilización del término con otros significados (vg., Robert Dahl en “Democracia Económica”) sino porque el término “corporativo” alude a la llamada “democracia orgánica” del fascismo italiano y del pseudo-fascismo franquista, es decir, a la representación funcional de los intereses corporativos (trabajo, municipio, familia) y al dirigismo estatal en materia laboral (por ejemplo, sindicato único controlado por el Estado).

Existen demasiadas diferencias entre el capitalismo de Estado del fascismo y el capitalismo del período neoliberal (podríamos denominarlo post-keynesiano, pero ese término podría tener connotaciones ideológicas): comercio exterior, autarquía, regulaciones laborales, sector público, sistema financiero, etc.

Jorge Valín

Hola Ameba,

En el último comentario que realizas aportas cosas interesantes que, como siempre ocurre en estos casos, no se pueden explicar por problemas de espacio.

Comentas que “pérdida de sector público en la mayoría de Estados, tanto con respecto a la propiedad como a la gestión”. Eso es una apariencia. El fascismo tenía una forma muy directa de incidir en la economía: el estado lo decidía casi todo pero mantenía la propiedad privada en los medios productivos. Es la principal diferencia con el socialismo (políticamente traducido en comunismo). Actualmente el estado se ha tenido que liberar de cierto peso directo en la economía por razones pragmáticas, necesitaba dinero, pero no de forma real. La herramienta usada hoy día, y aquí hago referencia directa al Public Choice, es el logrolling, otros tipos de control más indirectas, como la “acción de oro”, y diferentes comités para–estatales del gobierno: FMI, BM, comisiones de sectores concretos, leyes generales como la Ley de la Competencia, etc. Si te das cuenta es exactamente lo mismo pero más sutil porque la “intransigencia” por la que abogaba Mussolini ya no sería bien aceptada. Una muestra reciente la hemos tenido con lo de Gas Natural–E.On–Endesa. El logrolling más aparente, en el caso de España y aunque es un artículo que trata sólo del PSOE, lo he resumido en un artículo esta misma semana. Y eso son fijarnos ya con la economía financiera que desde la regulación de 1.988 no ha hecho más que sobreregularse día tras día casi. La intromisión estatal en este apartado es francamente espeluznante. Y no digamos ya en otros países como Estados Unidos que tienen órganos reguladores para todo.

Cuando hablas de “descapitalización del estado” no sé a qué te refieres exactamente. La presión fiscal es año a año más alta . La monetización en España ha aumentado espectacularmente desde la entrada en el euro. La propiedad cada vez es menos privada en cuanto la gente ha de tratarla como si fuera un bien común o colectivo, teniendo el estado potestad ilimitada para expropiar, es decir, nacionalizar. Los presupuestos del estado son cada vez más abultados, y cuando se acaben los fondos de cohesión esto puede ser el no va más, y así, un largo etcétera. Esa descapitalización de la que hablas es aparente. Y comentando los casos concretos que apuntas, los presupuestos en sanidad y educación concretamente son de los que más han subido además.

Respecto al penúltimo párrafo, seguimos en una “democracia orgánica”, pero ahora se la llama populismo (los padres fundadores la llamaron “mobocracia”, en el fondo es el mismo principio). La forma de llegar a ella es curiosamente mediante las urnas, pero a costa de la compra de votos, y votos cautivos. El dirigismo económico y social es evidente, y lo quiero mostrar es que este capitalismo corporativo es el uso de la fuerza para conseguir precisamente esa cautividad electoral: subvenciones a jóvenes, a madres con hijos pequeños, a parados… Todo esto sería magnífico si alguien de su bolsillo donase este dinero voluntariamente, pero no es así, sino que las subvenciones, la “solidaridad” del estado, son a punta de pistola. Son el robo de unos para dárselo a otros, es extorsión, es crimen. Y ya no me meto en otros asuntos como la guerra que hoy día tienen la grotesca desfachatez de llamarla “misiones de pacificación”. Al menos los fascistas eran claros en su mensaje.

En el resto de puntos coincido más o menos contigo.

María

Enhorabuena por tu artículo, Ameba... bien colado.

Fco. Moreno

Ameba, con relación a tus comentarios: “No se puede contraponer acción humana a intencionalidad humana. Toda acción humana es intencional.” y “Sin embargo, no hay sistema social que escape a alguna mediación humana consciente y a algún mínimo diseño organizado”

Dos de los más agudos observadores de la realidad social humana, K. Menger y K. Popper, vinieron a decir que la función esencial de las ciencias sociales es el análisis de las consecuencias no intencionadas de las acciones humanas intencionadas (o bien el análisis de resultados no intencionados de acciones individuales que pretendían otra cosa). Aclaremos que para ellos - también para Mises y Hayek- el concepto de “sociedad” no existe como algo independiente con una entidad propia y con sus propias leyes o principios ajenos a los de la suma de los mismos individuos que la conforman.

Menger observó que las instituciones sociales más importantes para el bienestar de los individuos organizados socialmente surgen sin una voluntad colectiva o centralmente diseñado de antemano dirigida a su creación.
Para entendernos, estamos hablando de instituciones básicas para el hombre que actúa y se relaciona con sus semejantes tales como el dinero, la competencia, el mercado, la libre formación de precios, el lenguaje, la familia, el derecho, el surgimiento de las ciudades, las costumbres, la división de trabajo o especialización del conocimiento, etc. ¿Cómo es posible, se preguntaba Menger, que el origen de todo ello, pese a contar con la evidente participación humana, no sea intencionalmente planificado? Esta es la pregunta esencial y sus posibles o probables soluciones a ella es el meollo de toda ciencia social teórica (y, en particular, de toda teoría económica cuando se refiere al estudio del origen y transformación de las instituciones económicas).

Una vez surgidas estas instituciones básicas (de forma orgánica como diría Menger), ya en estadios posteriores, es cuando toma sentido el reconocimiento de la intencionalidad planificada para corregirlas o modificarlas. Es evidente que la acción intencional (ahora ya centralizada) en nombre del bien público, vía legislación, tiene una intención de mejorar o perfeccionar estas instituciones pero ¡ay! no siempre se consigue pese a sus buenas razones (o intenciones); incluso llegan a degradarse tomemos los ejemplos de instituciones básicas espontáneas antes mencionadas y sus degradaciones por la voluntad planificadora racionalista:
El dinero (vs. dinero fiat moderno sin respaldo de activos, expansivo e inflacionista), la competencia (vs. la irreal competencia perfecta paralizante), el mercado (vs. Planes quinquenales), la libre formación de precios (vs. tarifas), el lenguaje (vs. Esperanto), la familia (vs. matrimonios con progenitor A y B), el derecho (vs. mandatos coactivos), el surgimiento de las ciudades (vs. planificación urbanística monopolista creadora de corrupción segura) , las costumbres (vs. positivismo normativo que niega toda fuente de derecho alternativa), la división de trabajo o especialización del conocimiento (vs. cuotas de acceso al mercado o a la formación o adoctrinamiento), etc.

No entro en analizar las instituciones que sí tienen un origen intencional claro desde su génesis, tales como asociaciones, universidades, fundaciones, corporaciones mercantiles, sindicatos, planes reguladores, seguros, impuestos, etc. pues ahora me interesa más analizar las que no está nada claro su génesis teleológica previa y, además, son más fundamentales que las anteriores.

Ha habido pensadores -denunciaba Popper- que han pretendido negar el origen no intencional de las instituciones sociales proponiendo que toda institución tiene su génesis en proyectos o acciones intencionadas (falacia del llamado psicologismo social tipo roussoniano o rawlsiano), otros creen de verdad que todo problema social (paro, carestía, pobreza, etc.) se explica si se identifican las intenciones de hombres o grupos sociales –capitalistas o imperialistas- que lo han proyectado para promoverlo (falacia conspiradora de la sociedad tipo neomarxistas o islamista).

Analizar las repercusiones sociales no intencionadas de acciones intencionadas es uno de los retos más fascinante que existe para comprender lo que llamamos “sociedad” y no creo que el reto se subordine al observador o a sus ideologías subyacentes (interesadas en ofrecer otra versión actualizada de la “mano invisible”). La psicología evolucionista aporta, en este sentido, datos de sumo interés desde otra ciencia totalmente diferente.

Ameba, con relación a tu comentario “para mí (el capitalismo) es un sistema cerrado y programado con un alto grado de organización porque entre otras cosas también se pueden controlar (hasta un cierto límite) sus resultados o sus fines.”
No estoy de acuerdo con esta afirmación; al contrario, el capitalismo es un sistema esencialmente abierto, dinámico, no estacional y no aislado (sino global), pero que tal vez se le tenga esencialmente por cerrado (o controlador) por el hecho de que se vea constantemente distorsionado por lo que Jorge Valín calificaba de “capitalismo corporativista”, que no es otra cosa que el pseudo-capitalismo mercantilista asociado al poder (o “ventajista”) y enemigo acérrimo de la libre competencia y de la supresión de barreras.

© 2005-2008. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.