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Comentarios

Portada - Comentarios - La moda no tiene dueño

18/09/2006 - Albert Esplugas Boter

La moda no tiene dueño

El Congreso de Estados Unidos está considerando proteger mediante copyright los diseños de moda, desde los vestidos a los zapatos pasando por los cinturones y las monturas de las gafas. Los diseñadores arguyen que el plagio de sus diseños, antes incluso de que aparezcan en el mercado, amenaza su modelo de negocio, y reclaman un monopolio legal de tres años sobre estas invenciones.

Un argumento similar, no obstante, podrían esgrimir los filósofos o los economistas para reivindicar un copyright sobre sus ideas. ¿Por qué un diseñador tendría que poder patentar su diseño y un científico no puede patentar su nueva teoría de la evolución? ¿Cuál es la diferencia entre patentar un diseño de moda y patentar el teorema de Pitágoras, la teoría de la relatividad o el argumento de la última película de Shyamalan? Si el inventor del supermercado, de la rueda o de la escalera hubiera patentado esta idea, ¿hubiéramos dicho que sólo estaba protegiendo una idea de su propiedad o más bien le hubiéramos acusado de protegerse de la competencia? ¿Aspira el lobby de los diseñadores a defender su legítima propiedad o a lucrarse injustamente protegiéndose de la competencia? De hecho, la legislación de patentes y copyrights está tan alejada de su propósito oficial que hay compañías que simplemente se dedican a patentar "invenciones" y a cobrar royalties sin producir nada, o lo que es lo mismo, a lucrarse extorsionando a las empresas que sí producen en base a esas ideas.

Desde una perspectiva liberal se entiende que un individuo deviene propietario de un recurso cuando lo ocupa o le da uso en primer lugar (o cuando lo recibe voluntariamente de un tercero), teniendo entonces derecho a hacer con él lo que quiera en tanto no invada la propiedad ajena. De acuerdo con la lógica del copyright, sin embargo, basta con concebir un modo distinto de emplear un recurso para que un individuo cualquiera devenga propietario parcial del mismo, sin necesidad de haberlo ocupado o usado en primer lugar ni recibido de un tercero. Veámoslo con un ejemplo: imaginemos que Miguel ocupa una parcela yerma de tierra y la cultiva; deviene propietario de esa parcela. Sin embargo, un individuo en la otra punta del país, Pedro, que jamás ha puesto los pies en esa parcela, concibe el cultivo de regadío. La lógica implícita en el copyright sugiere que Pedro, en virtud de su invención, adquiere un derecho de propiedad parcial sobre la parcela de tierra de Miguel, esto es, un derecho a impedir que Miguel aplique esta técnica de cultivo en su parcela de tierra. Con respecto a la acción de utilizar un sistema de riego Miguel ya no es propietario de su parcela, pues no puede aplicar este sistema sin el permiso de Pedro. Pedro puede impedir a Miguel (y a todos los propietarios de parcelas de tierra) la aplicación de su idea a pesar de que Miguel ha sido el primer ocupante de la parcela y Pedro nunca ha puesto los pies en ella. ¿Acaso no está invadiendo Pedro la propiedad de Miguel, al impedirle que haga lo que quiera con la parcela que ocupó en primer lugar?

Imaginemos, aunque sea inverosímil, que Pedro llegase a concebir todos los usos posibles del hierro o del acero y patentara estas ideas. En semejante escenario nadie que tuviera estos metales podría darles ningún uso sin el permiso de Pedro, luego de facto Pedro se habría apropiado de todo el hierro o el acero del mundo sin siquiera tocarlo. ¿O deberíamos decir expropiado? Lo mismo, a pequeña escala, sucede con las patentes y los copyrights sobre un uso concreto de un recurso.

¿Por qué la propiedad intelectual entra en conflicto con la propiedad privada tradicional? Porque estos conceptos se refieren a bienes de distinta naturaleza: bienes no-escasos (ideas) y bienes escasos (recursos tangibles), y puesto que las ideas se plasman en recursos tangibles, la propiedad sobre las ideas implica un derecho de propiedad sobre los recursos en los que se plasman. Dicho de otro modo, el propietario de los recursos tangibles ya no es su primer ocupante, tal y como estipula el concepto tradicional de propiedad, sino el que concibe un modo distinto de utilizar ese recurso.

En el caso de la moda, ¿qué tiene de ilegítimo que, tras ver el diseño de un vestido en una pasarela, en un escaparate o por la calle, lo reproduzca luego con telas de mi propiedad? ¿Los derechos de quién infrinjo al plasmar en telas de mi propiedad esa información que ya está en mi cabeza? Zara o H&M hacen eso mismo cuando reproducen los diseños de otras marcas más caras. ¿Debe un diseñador convertirse en propietario parcial de todas las telas del mundo por el mero hecho de idear una forma distinta para una tela? Por otro lado, los inventos rara vez son cien por cien originales, sólo una pequeña fracción de una idea es original, el resto se toma prestado de ideas anteriores. El diseñador, por tanto, estaría patentando una idea como si hubiera surgido entera y nítidamente de su intelecto, cuando en su mayor parte bebe de diseños anteriores, así como del arte, la historia y aquello que le rodea.

El argumento de que el copyright incentivaría la creación no parece tener mucho fundamento. La industria de la moda es una de las más innovadoras, probablemente debido esta práctica de trabajar sobre la ideas de otros y reinventar diseños de forma constante. Un copyright de tres años quizás incentivara a los diseñadores antes de registrar sus diseños (para hacerse con el pastel), pero desincentivaría la creación durante esos tres años (pues tendrían el pastel garantizado). Lo cual sugiere que los diseñadores apelan al Estado, no para incentivar la innovación, sino para conseguir prebendas y lucrarse restringiendo la competencia.

 

Opinión de los lectores

María

¡Albert, qué bueno! Lo único que me extraña es que no se les haya ocurrido antes a los franceses, reyes de la moda y de la intervención...

MFantasma

¿Y cómo funcionaría con los artículos escritos el derecho de propiedad? ¿Alguien podría tener acceso a lo que has escrito y vender él el artículo a otro periódico? ¿Debe alguien convertirse en el dueño de todos los folios en blanco? Alguien acude a todas las conferencias que da un autor y saca un libro antes que él con todas esas ideas. ¿Sería legal?

Y, por supuesto, un científico puede patentar sus descubrimientos, vacunas y demás.

No digo que esté ni a favor ni en contra, solo pregunto.

Albert Esplugas

MFantasma, te remito a otros artículos en los que intento dar respuesta a estas preguntas: “Marcas, reputación y fraude”, El monopolio de las ideas: contra la propiedad intelectual y Reflexiones en torno a la propiedad intelectual”.
Un saludo

MFantasma

Mi conclusión al leer tus artículos es que si los copio, los traduzco al inglés y los vendo a una revista americana, por ejemplo, donde no te conozcan podría ganar dinero a tu costa y no te enfadarías. Digo USA porque pienso que no serás conocido por allí. Si en algún momento me descubren me importaría poco el supuesto desprestigio en USA, ya que no lo hago por prestigio intelectual sino por sacar lo que pueda.
La verdad es que es una pena que no piense igual que tú Dan Brown.

Estas pequeñas notas no dan para contestar mucho, si hacéis algún coloquio sobre esto intentaré ir.

Albert Esplugas

Mi conclusión al leer tus artículos es que si los copio, los traduzco al inglés y los vendo a una revista americana, por ejemplo, donde no te conozcan podría ganar dinero a tu costa y no te enfadarías.

Podrías plagiar mis artículos legítimamente (esto es, no supondría ninguna lesión de derechos), lo que no quiere decir que a mí vaya a parecerme bien (de hecho me parecería muy ruin) ni que no vaya a procurar protegerme del plagio recurriendo a mecanismos no-coactivos. Tampoco lo tendrías tan fácil para publicar mis artículos en una revista extranjera como si fueran tuyos. Podría advertirles del plagio y, si se trata de una revista seria, dudo que te dejaran volver a publicar. Por otro lado, en un contexto académico la reputación / prestigio (y las rentas derivadas de ello) no se adquieren a través del plagio, antes al contrario, así sólo conseguirás minar ambos. Y por último, dudo que traduciendo y vendiendo mis artículos vayas a ganar mucho dinero ;-) Si yo creyera que eso iba a reportarme beneficios lo hubiera intentado hacer antes que tú. El creador / inventor, siempre juega con ventaja en este aspecto, por ser el primero.

Hicimos ya un coloquio en el Juan de Mariana sobre este tema, del cual salieron las “Reflexiones en torno a la propiedad intelectual”.

Un saludo

Jesús Martín

Buen artículo Albert, las comparaciones son un poco extremas y creo que se podrían madurar un poco más, así como distinguir entre el sistema anglosajón de Copyright y el continental de protección. Debemos ajustar los conceptos de propiedad industrial, procedente del Derecho Mercantil y que requiere una idea de aplicación práctica, generalmente a un proceso productivo, y el de propiedad intelectual, del Derecho Civil, que requiere una obra original para que a su autor se le conceda este derecho. Existe una gran problemática jurídica ya que ambos sistemas son distintos, además de diferenciarlo con el sistema anglosajón. No olvidemos que se trata de un problema esencialmente jurídico con consecuencias económicas, y no nos cansemos nunca de poner trabas a todo este proteccionismo que dificulta a los consumidores el acceso a la cultura, así como a los productores la libre competencia.

Un grato saludo!!!

Albert Esplugas

Jesús, es cierto que en el artículo no distingo entre la propiedad intelectual en el sentido anglosajón (que es un concepto amplio que comprende distintos derechos legales: copyrights, patentes, marcas y secretos comerciales) y la propiedad intelectual en el sentido continental / español (que equivale a copyrights o derechos de autor; refiriéndose la propiedad industrial a las patentes ). Pero es que el tamaño de estos artículos tampoco da para tanto, de ahí que simplifique y emplee el concepto anglosajón, que es más omnicomprensivo. Espero que sirva de excusa ;-) Por lo demás tampoco distingo entre patentes y copyrights porque, en esencia, su lógica es la misma: un monopolio legal sobre la explotación comercial de una determinada idea. Y puesto que lo que me interesa es impugnar los monopolios legales sobre ideas, no sobre una clase concreta de ideas, no entro a considerar las diferencias específicas entre unas y otras.
Un saludo para ti también.

Jesús Martín

"lo que me interesa es impugnar los monopolios legales sobre ideas"

Perfecto, debemos darnos cuenta que un monopolio legal sobre una idea impide su distribución. Las ideas son bienes intangibles, las ideas (buenas, que son las que sirven) son escasas como todo recurso, y algunas de incalculable valor. Hay muchas personas que no se dan cuenta que con las trabas a la libre circulación de "ideas" estamos dificultando el progreso en todos sus ámbitos(que se dice rápido), y además con el proteccionismo peligrosamente creciente del derecho de autor, para que unos pocos se beneficien, perjudican a todos los que buscamos una cultura a "precio de coste", y sin duda dejando a muchos sin cultura, borregos de la sociedad.

Albert Esplugas

Perfecto, debemos darnos cuenta que un monopolio legal sobre una idea impide su distribución. Las ideas son bienes intangibles, las ideas (buenas, que son las que sirven) son escasas como todo recurso, y algunas de incalculable valor.

Jesús, permíteme matizar este punto. Las ideas no son escasas en el sentido económico de escasez / no-rivalidad. En economía se denomina bien escaso a aquel bien cuyo uso por parte de un individuo excluye / limita el uso de este bien por parte de otro individuo o para otra finalidad. La escasez no alude en este sentido a la carencia o insuficiencia de algo (al hecho de que haya pocas ideas buenas, por ejemplo), sino al hecho de que un bien sea de uso excluyente. Una manzana, por ejemplo, es un bien escaso porque si alguien la engulle ningún otro individuo puede darle uso. Por tanto, puede haber conflicto sobre su uso por parte de múltiples actores humanos. Los rayos del sol, por el contrario, no son bienes escasos, no generan ningún tipo de conflictividad sobre su uso: el que alguien reciba luz del sol no impide / limita que otro la reciba y se aproveche también de ella. No hay conflicto posible sobre su uso, porque nada de lo que haga ese individuo limita de algún modo el uso que otro puede hacer de esa luz solar.

Las ideas, sin embargo, no son bienes escasos. Los objetos inmateriales no son de uso excluyente, no hay conflictividad en relación con su uso. Una idea puede reproducirse de forma simultánea en la mente de todos, puede ser utilizada por un individuo sin que ello impida / limite el uso de esa misma idea por parte de terceros. Si alguien canta una canción, ello no impide que otro pueda cantarla. El que alguien utilice un invento no impide que otro pueda plasmar físicamente la misma idea innovadora y hacer igualmente uso de ella. No tiene sentido, pues, establecer normas éticas para evitar el conflicto en este caso, ya que no puede haber conflicto alguno con respecto al uso de ideas. En el caso de la manzana hay conflicto sobre su uso: uno puede quejarse de que otro se la coma porque entonces ya no puede comérsela él. Pero en el caso de una receta de cocina o de una canción no hay conflicto posible sobre su uso, el individuo no puede alegar que si otro hace uso de tal o cual idea impedirá que él haga uso de la misma idea. Y si no hay conflicto sobre el uso de la receta de cocina o de la canción, ¿qué justificación tiene el derecho de propiedad? Con la manzana es preciso establecer un derecho de propiedad para ver quién puede comérsela legítimamente, pero con la receta o la canción eso no hace falta, porque todo el que quiera puede utilizarlas sin que ello las desgaste.

Otra cosa es que las ideas, mientras no son difundidas y permanecen en la mente de su autor, más que de uso excluyente cabe considerarlas de uso exclusivo (y en efecto se pague un precio en el mercado por estas ideas no difundidas). La idea, per se, no es de uso excluyente o escasa. Puede “excluirse” a los demás de su uso en tanto no se revele, pero no en razón de la naturaleza misma de la idea. Puede excluirse a terceros porque no la conocen, pero no porque la idea en sí se gaste o tenga usos conflictivos (que es lo que define la escasez).

Por lo demás, veo que tu crítica a las patentes y los derechos de autor es fundamentalmente utilitarista (dificultan la propagación de ideas / el progreso etc.). El argumento utilitarista es relevante, pero ante todo es preciso impugnar la propiedad intelectual desde un punto de vista ético / de derechos de propiedad. En esta línea el argumento ético es que no caben derechos de propiedad sobre bienes no-escasos / de uso no-conflictivo, y que de hecho otorgar estos monopolios legales sobre bienes no-escasos supone violentar los derechos de propiedad sobre bienes escasos. Desarrollo más esta tesis en los artículos de Liberalismo.org que he enlazado más arriba.

Un saludo, Jesús

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