Las multinacionales del chantaje
El 24 de marzo de 1989 el petrolero Exxon Valdez se golpeó contra unos arrecifes frente a las costas de Alaska, una cantidad de petróleo equivalente al contenido en 1,48 millones de barriles se vertió en el agua y la superficie afectada cubrió unas 460 millas cuadradas a lo largo de 2.000 kilómetros de costa provocando una catástrofe medio ambiental cuyo coste de limpieza se elevó a 2,1 billones de dólares.
Dos circunstancias ayudaron a magnificar el incidente. Por una parte, Alaska fue presentada como un ecosistema virgen prácticamente ajeno a la acción humana, la Madre Tierra en toda su potencia. Aún hoy, la posibilidad de explotaciones petrolíferas dentro de este territorio genera polémica y rechazo. Por otra, los medios de comunicación desarrollaron un seguimiento detallado del incidente casi siempre desde la perspectiva ecologista. La televisión espectáculo tuvo otro gran desastre medioambiental, el cuarto del quinquenio. En el accidente de Bhopal en la India murieron miles de personas la noche del 2 al 3 de diciembre de 1984 debido al escape de gases tóxicos. El 11 de julio de 1985 gobierno francés ordenó el hundimiento del barco ecologista de Greenpeace Rainbow Warrior en el puerto neozelandés de Auckland. Por último, la catástrofe de Chernobil, el 26 de abril de 1986, se produjo debido al desinterés del gobierno soviético en el mantenimiento de una central obsoleta incluso para su época. Todos ellos ayudaron a sembrar los medios de comunicación de imágenes "espantosas" que los televidentes y votantes no estaban dispuestos a consentir. Los políticos, asustados por el impacto de semejantes espectáculos, pusieron entre sus posibles aliados a tan molestas organizaciones.
El accidente del Exxon Valdez no ha sido ni el mayor ni el más importante de los que han afectado el mar pero se convirtió en un punto de inflexión en la actividad del movimiento ecologista y a Exxon en el arquetipo de capitalismo salvaje y en uno de los mayores enemigos de la Humanidad. Pero ante todo estamos ante un ejemplo práctico de cómo los grupos ecologistas ganan prestigio por la fuerza y con la connivencia de muchos.
Accidentes e incidentes como estos han jugado a favor de los grupos ecologistas a lo largo de estos últimos años creando una imagen donde la denuncia y la solidaridad, el buenismo en definitiva, sustituye a la realidad, una realidad que en manos de los ecologistas roza, cuando no invade, la ilegalidad y que en buena parte echa mano de la coacción e incluso de la violencia desatada. A diferencia de otras instituciones y organismos, los grupos ecologistas no son simples think tanks que ofrecen sus ideas o defienden ciertas posiciones políticas o sociales. Los grupos ecologistas son organizaciones en los que se mezclan la ideología, la política, el activismo social coactivo, el marketing de la marca y el chantaje a las empresas en forma de campañas de denuncia que orbitan desde las fuentes de energía a la química de sus productos. Nadie está fuera del punto de mira de estas multinacionales del chantaje.
Resulta complicado explicar las razones por las cuales unas organizaciones que persiguen, invaden propiedades y destruyen bienes tienen el beneplácito del público. Pensemos por un momento lo que se diría si unos agricultores especializados en cultivos transgénicos, hartos de esta actitud chulesca y violenta, entraran en la sede de Greenpeace se encadenaran y destrozaran todos los ordenadores y mobiliario como los ecologistas hacen con sus cosechas. Dos son los aliados naturales que juegan a su favor: los medios de comunicación que incorporan a sus líneas editoriales las ideas de las organizaciones ecologistas e incluso pueden contar entre sus redactores con activistas o miembros de algunas de estas organizaciones, y los partidos políticos y las instituciones estatales que favorecen sus políticas e incluso las incorporan en sus programas y labores de gobierno.
La primera de las alianzas conlleva dos ventajas claras. Por una parte les permite un canal adecuado no sólo para dar a conocer a sus ideas, sino también para adoctrinar a una parte de la sociedad que suele dar credibilidad a los artículos y los reportajes que en ellos se publican frente a otras fuentes de información más áridas y menos populares como son los propios organismos científicos. La segunda es precisamente ese barniz de credibilidad en el que se envuelven y que los medios de comunicación les conceden y que les permite ganar imagen incluso cuando sus actuaciones rozan lo ilegal o incluso cuando lo sobrepasan hasta el punto de que el agredido se convierte en el villano y el agresor en el héroe.
Este comportamiento no sería posible si no tuvieran a los organismos públicos de su parte. Las alianzas entre los partidos políticos y los grupos ecologistas se hace plena cuando estos entran en el espectro político de mano de los primeros. No son sólo las ecotasas o las políticas energéticas basadas en las energías renovables, que son comunes a partidos de derechas e izquierdas; de todos es conocida la alianza rojiverde que gobernó la Alemania de Schröeder o el acuerdo que alcanzaron Los Verdes con el PSOE para las elecciones generales de 2004. Esta posición ventajista tanto en la opinión pública como en los poderes estatales es la que les permite presionar a las empresas para que estas dediquen parte de sus recursos a satisfacer sus objetivos.
Así, buena parte de los recursos de las empresas se destinan, a través de la responsabilidad social corporativa, a financiar programas sociales de contenidos cercanos a las tesis ecologistas. La enseñanza pública y su alianza con la empresa se convierte en una herramienta importante de perpetuar esta tendencia. De la misma manera, empresas energéticas, alimentarias, químicas y cualquiera que sea potencialmente peligrosa para el medio ambiente, siempre desde una perspectiva ecologista, tienden a mantener buenas relaciones con los poderes públicos que favorecen este tipo de políticas. Cualquier esfuerzo es poco para evitar caer dentro de sus críticas y campañas pues los efectos pueden ser a la larga, contraproducentes. Gobiernos tan poderosos como el francés y el estadounidense terminan, cada uno a su manera, rindiéndose a sus peticiones aunque nada es suficiente para calmar sus ansias.
Opinión de los lectores
Si, la verdad es que el comportamiento de los ecologistas en cuanto menos chocante. Sería muy interesante preguntarle a Xavier Pastor, expresidente de Greenpeace que realizó aquella operación de “comandos” contra las pruebas nucleares de los franceses en el pacífico qué opina de la carrera armamentística nuclear que está llevando a cabo Iran y Corea del Norte y las pretensiones de Chavez de exportación de armamento a toda América latina.
Creo que sería interesante.
Alfonso Ussía distinguía dos tipos de ecologistas: el “ecologista sandía” (verde por fuera, rojo por dentro) y el ecologista pelmazo (don reciclón). Greenpeace es del primer tipo. La excusa ecologista es una simple bandera para tomar cuotas de poder y modelar la sociedad según su idelogía. No les interesa la ecología “per se”, les interesa únicamente en la medida en que vaya en su línea idelógica. La derecha, incapaz siempre, tiene terror a esgrimir algún argumento en contra, por lo que contribuye a darles ese poder y protagonismo, que no les corresponde.
Existe una controversia sobre el hundimiento del WTC. Hay quien sostiene que, gracias a la histeria ecologista desatada contra el asbesto, el fuego provocado por los aviones derritió tan rápidamente la estructura de soporte de acero. Si hubiesen podido usar mas asbesto,
hubiesen aguantado un par de horas mas.
Con independencia de que esta teoría sea cierta o no hay que preguntarse cuántos conservantes, materiales de construcción, productos farmacológicos, higiénicos y agrícolas de alta calidad no podemos usar gracias al criterio anticientífico de amas de casa histéricas y peludos de vida bohemia organizados en grupos de presión. Y cuánto bienestar y cuántas vidas está costando este chantaje.
Vamos que lo Bhopal, Chernobil,Alaska fueron una fantasia que nunca ocurrió. Venga ya!!!Ah, claro como el Prestigue que tampoco ocurrió-
Vamos a ver manifa, esperaba una crítica algo más profunda a mi comentario. Algo que argumentará que esos hechos no son el punto de inflexión de la radicalización de los grupos ecologistas, o que los grupos ecologistas nunca fueron radicales o una justificación moral de sus acciones por muy violentas que sean, que son realmente.
Pero sólo aciertas a decir que yo niego la existencia de unos sucesos en los que ¡me apoyo para basar mis argumentaciones! Vamos, un poco más de esfuerzo, por favor.
Una cosa más, quizá el que se nos olvida es el accidente del Mar Egeo frente a la Ría de El Ferrol. Quizá porque en ese momento gobernaba en España el PSOE y ya se sabe que con los gobiernos de izquierdas, nunca pasa nada.
Ocurre, manifa, que las bacterias de los cultivos encharcados de los arrozales, así como las ventosidades de las vacas y otras putrefacciones anaeróbicas producen diariamente un biogas invernadero letal para el querido y escasísimo ozono de nuestra atmósfera. Ante la existencia de estos hechos que, según su sagaz deducción, Alberto será incapaz de reconocer, ¿qué medida coactiva le provoca más para intentar evitar eso? Estoy que no duermo hasta no ver sus manifiestos. Pero una cosa es segura, intentará meterme miedo y/o sacarme dinero (justo lo que hacen los chantajistas).
No me esperaba menos de vosotros. Ya veo lo molesto que debe de resultar para miles de empresas supuestamente contaminantes en mayor o menor grado, que existan personas dispuestas a perder su tiempo e incluso arriesgar su vida por proteger de los abusos a nuestro planeta. Deben existir grupos de presión que obliguen a las transnacionales o multinacionales y empresas en general a preocuparse, porque sus acciones no son gratuitas. Toda acción puede tener repercusiones que involucren a otros tantos miles de personas.
Para vosotros, está claro que son daños colaterales. Algo que nadie quiere que suceda, pero que, maldita sea, entra dentro de la probabilidad... Pues bien, yo estoy convencido de que la inmensa mayoría de los accidentes graves producidos en la mitad del pasado siglo, están directamente relacionados con factores económicos y más concretamente con recortes en áreas de seguridad, falta de reinversión o medidas empresariales de ahorro.
Para ti, Alberto, sobra cualquiera que pretenda ponerle un pie delante al capital (para no extenderme llamémosle así al conjunto de empresas susceptibles de sufrir el acoso ecologista) pero yo diría que en una sociedad LIBRE cualquiera debe estar legitimado para cuestionar la manera de resolver los problemas de ésas mismas empresas, a la hora de no contaminar. ¿Qué los ecologistas son radicales? Para radicales las patentes que deciden qué ciudadano vive y cuál muere, para radicales las conductas de los de Gescartera,
Vuestro mayor problema, de cara a ganaros a la mayoría (y esto es gratis, jeje) es que caéis en la misma falacia comunista que presupone que es la mejor de las teorías. ¿Y por qué no lo es? Pues porque el que la pone en práctica es el hombre y como tal, acaba buscando (mayormente) su beneficio propio frente al beneficio de la comunidad o en última instancia, del planeta. La gente desconfía enormemente de las grandes empresas y de las que contaminan, más todavía.
El gobierno debe de estar del lado ecologista porque es una materia sensible y porque si no fuese así todos vosotros tendríais carta blanca para terminar con lo poco que queda de nuestra Gaia. Cada vez tiene que haber más leyes que penalicen a aquellos que contaminan, deben publicarse los nombres de esas empresas, para que el ciudadano decida si es más responsable comprar a una contaminante o a una respetuosa con el medio ambiente, etc.
Por último y respecto a las WTC una serie de preguntas:
¿Por qué los bomberos de NY que participaron en los rescates, hablan de cadenas de explosiones continuadas en pisos inferiores al choque? Denuncian que hubo una serie de microexplosiones similares a las producidas en una demolición controlada.
Estimado Betterman, si hay una cosa que me sorprende es la capacidad de muchos de vosotros de saber lo que yo o cualquiera de vuestros enemigos, en el buen sentido de la palabra, piensa o quiere decir. Este aire paternalista es muy propio de los que se consideran intelectual y moralmente superiores, y tiende a tratar al oponente como un perfecto ingenuo o al menos un tanto bobalicón. Dices que:
“Para ti, Alberto, sobra cualquiera que pretenda ponerle un pie delante al capital (para no extenderme llamémosle así al conjunto de empresas susceptibles de sufrir el acoso ecologista) pero yo diría que en una sociedad LIBRE cualquiera debe estar legitimado para cuestionar la manera de resolver los problemas de ésas mismas empresas, a la hora de no contaminar. ¿Qué los ecologistas son radicales? Para radicales las patentes que deciden qué ciudadano vive y cuál muere, para radicales las conductas de los de Gescartera”.
Debo, no obstante ser un poco ceporro porque no he conseguido explicarme bien. Yo no niego la existencia a los grupos ecologistas ni les niego la libertad para expresar sus ideas, sus desacuerdos y sus juicios de valor, por muy en contra que pueda estar con la mayoría de sus posiciones, sobre todo las políticas y las carentes de base científica. Tienen mil formas, y suficientes voceros, para exponerlas y si encuentran o creen encontrar una posible ilegalidad de cualquier tipo, dirigirse a los juzgados más cercanos para poner la denuncia pertinente.
Sin embargo, eso que es lo que solemos tener los ciudadanos normales a nuestro alcance no es suficiente y los grupos ecologistas echan mano de acciones coactivas y violentas, haciendo a la sociedad MENOS LIBRE, para terminar en muchos casos imponiendo por vía de la política, con el Estado como su gran aliado, políticas que supuestamente defienden el medio ambiente pero que en no pocos casos, se han demostrado inútiles (véase las energías alternativas) o incluso contraproducentes (véase la prohibición del DDT). Es decir que la LIBERTAD de la sociedad se ve reducida y cuanta menos libertad menos posibilidades de solucionar los problemas que la acción humana vaya generando.
En cuanto a las patentes y Gescartera, en el primer caso tu queja es la del socialista (entiéndelo en el sentido amplio del tema) de manual, es decir que el bien individual es incompatible con el bien colectivo. Si alguien pone una empresa y patenta, adquiere un procedimiento o un desarrollo que puede salvar vida, debe entregarlo por el bien de la Humanidad y no sacar ningún beneficio, o este estar limitado al que.... por ejemplo, varias personas como tú, crean justo. Semejante dislate conduce a la desaparición de la actividad empresarial y a todos los beneficios que de ella se derivan, desde los productos y servicios que aporta hasta los puestos de trabajo que crea sin olvidar la cadena de nuevas posibilidades que se abren al volcar información nueva, posibilidades que crean más bienestar. Eso de cualquier tiempo pasado fue mejor es un tópico abrazado por izquierda y derecha, sobre todo la conservadora, de manera casi enfermiza, las patentes y los desarrollos industriales han salvado innumerables vidas. Lo de Gescartera, ¿acaso cuando yo meto el dinero en una empresa que da un determinado interés no estoy corriendo un riesgo?, ¿no es MI RESPONSABILIDAD observar la solvencia de una empresa sobre todo cuando ofrece remuneraciones muy altas para los que se ofertan en ese momento en el mercado?, si no doy mis ganancias cuando gano, ¿por qué tengo que cargar a otros con mis pérdidas cuando las tengo o en este caso, cuando me han engañado A MI y no a otros?, en todo caso, para eso esta los juzgados y mala suerte, la próxima no meteré todos los huevos en la misma cesta.
Dos últimas cosas para terminar, los grupos ecologistas se acercan al Gobierno, a los gobiernos central, autonómico y municipal, para medrar y poder obtener su porcentaje de poder y para ello, no dudan una gran mayoría en usar medios cuanto menos dudosos. En el caso del poder, del Estado, el alarmismo medioambiental del los primeros, aceptando sus puntos de vista, es perfecto para asumir determinadas políticas y conseguir mayor poder del ciudadano, en forma de leyes más restrictivas, mayores impuestos, Al fin y al cabo, lo hacen por nuestro bien.
En cuanto al WTC, ¿y yo que narices sé?, es la primera vez que oigo semejante majadería y mira que he oído muchas. No sí al final, el que estaba en Florida era un doble de Bush y ha sido el propio presidente americano el que le dio a la manivela para volar los dos edificios para contentar a Bin Laden, porque realmente se lo apostaron en una partida de streap poker. ¡Hala!, supera la teoría conspirativa.
Respondiendo a Florecilla Silvestre:
Sobre el WTC hay muchas teorías, no creo que el recubrimiento hubiese valido de nada fuese cual fuese, la velocidad de entrada de los aviones dejo los pilares pulidos y con el acero al descubirto. Esto hubiese ocurrido con independencia del recubrimiento.
Pero tu lo sacas a colación para cantar las bondades del asbesto. Hay dos tipos de asbesto, blanco y azul,
ambos peligrosos.
Ahi están las fichas de seguridad de ambos, que cada uno saque sus conclusiones. Yo por mi parte, asbesto, cuanto menos mejor.
No me parece que mi forma de escribir denote un afán de superioridad moral etc, etc.. Es una forma, que yo definiría más bien de fraternalista, de mostrarte mis impresiones al leer tu comentario. Aunque te sorprenda, hay gente que escribe por el afán de entender la forma de ver la vida de los demás y para intentar que alguna de sus teorías o impresiones consiga acercar a las partes que al fin y al cabo pertenecen al mismo todo.
La postura totalmente generalizadora que adoptas, al referirte a grupos ecologistas y movimiento ecologista y la forma que tienes de minimizar los efectos de esa pequeña muestra de los desastres, que nos recuerdas, me hacen cuestionar tu objetividad al hablar del tema. Por supuesto, tampoco quiero que pienses con esto que te digo, que niego tu existencia, ni te niego la libertad para expresar tus ideas, tus desacuerdos y tus juicios de valor. Todo lo contrario, como te digo más arriba.Tu generalización es la que propicia que sobren los que denuncias, porque según tu, buscan el poder, adoctrinan y se basan en teorías científicas de escaso peso ¿No?
Yo pienso que son muy, pero que muy necesarios y te diré porqué, aunque tu ya lo sabes, si no no escribirías contra ello.
Son necesarios porque los mecanismos para actuar contra empresas que desprecian el medio ambiente suelen ser lentos y caros. Las grandes empresas suelen atilizar toda su corte de abogados y amistades varias para aplastar e intimidar, a fin de garantizarse el salir airoso o cuando menos pagando lo menos posible por sus crímenes.
Son necesarios porque muchos de ellos, la inmensa mayoría, realizan tareas en el ámbito local de protección y conservación del medio ambiente. Sin que jamás se les pase por la cabeza asaltar con pancartas una central o soltar a miles de visones para salvarlos de su destino. Y sin cobrar ni un duro por ello. Aunque esto último supongo que será como todo, irá con el ser humano, no con el ecologista...La codicia y el ansia de poder no es privilegio de los ecologistas, políticos, magnates de la comunicación, que tu
denuncias. Creo que si hubiera una escala para definir la ruina moral y la codicia desmedida, desde el punto de vista Humano, también estarían allí muchos empresarios y empresas que se aprovechan; de vacíos legales, de la buena fe de las gentes, del chantaje que hacen a gobiernos locales y autonómicos para establecerse por unos años
(pocos siempre), de la necesidad de las personas, ... En fin, que tienen mecanismos más que suficientes para denunciar a los ecologistas que les molesten en su propiedad privada. ¿O no van a la cárcel y pagan multas bastante importantes? Espera, espera ahora que me acuerdo hace tiempo querían sacar en norteamérica una ley que casi
equiparaba a los ecologistas con terroristas (supongo que sería sólo a los activistas radicales, aunque viniendo de Bu$h no me sorprende nada).
Son necesarios porque de otro modo, todas las acciones serían a posteriori. Osea, una vez hecho el mal. Y hay cosas que no se pagan con dinero, no se puede tener en tan poca o nula consideración a los seres humanos.
En cuanto a lo dudoso de sus teorías científicas, me temo que tienen tanta credibilidad como las de los reputados científicos que trabajan para multinacionales y grandes consorcios, fundaciones que reciben dinero de los mismos sobre los que se van a pronunciar...etc. Tu crees a unos porque va con tu ideología liberal o simplemente porque te
merecen más respeto y yo creo a otros porque he visto demasiadas veces la cara implacable y sin más ley que la del dinero, de las empresas.
Las energías alternativas no son inútiles, son insuficientes. Sobre las patentes, no hablo de imponer la gratuidad, pero creo que se deberían de llegar a acuerdos con los gobiernos de los países del tercer mundo o con los subdesarrollados, para abaratar los productos que salvan vidas. Es una aberración que sólo tiene como fin no sentar precedentes que mermen la capacidad económica y en un momento dado, la capacidad de chantaje de las empresas sobre los pueblos. Está claro que vivimos en el mismo mundo con valores diferentes, tu ves el lado económico y para mi prima el humano. Tal vez sea socialismo, como dices, yo creo que es pura humanidad.
¿Y ya está? ¿No hay más comentarios? A ver si al final voy a tener razón y todo...
Bueno hablando en serio, tengo que decir que he descubierto en esta página puntos de vista que realmente me fascinan y son el contrapunto a opiniones preestablecidas en mi, que necesitaban, ciertamente, de una sacudida.
Podré estar o no de acuerdo con vosotros, pero estoy seguro de que la única forma de sacar algo en claro, es debatiendo y posteriormente buscando fallas a las tesis expuestas.
Un franco saludo.
Betterman, disculpa por la tardanza en la contestación y aunque otros asuntos han requerido mi tiempo, no me he olvidado de ti. Me sorprende que me eches en cara una postura generalizadora ante los grupos ecologistas aunque debido a la falta de espacio y lo complejo y amplio del movimiento ecologista tengas algo de razón. Mi intención en este artículo es llamar la atención sobre las formas que muchas de estas organizaciones tienen de por una parte llamar la atención, por otra buscar cierto poder social. No creo que ninguna de mis acusaciones se base en algo diferente a los actos coactivos que con cierta frecuencia vemos, generalmente con el beneplácito del medio de comunicación que informa.
Digo que me sorprende porque el espíritu de tu contestación es de asignar a los ecologistas, en un nuevo episodio de generalización, de una serie de virtudes que niegas, generalizando de nuevo, a las empresas. No me sorprende; desde la perspectiva socialista y en general desde la intervencionista, las empresas son entes egoístas que buscan ganar dinero a costa de las necesidades, ficticias o virtuales, de los demás. Nunca se ven como organizaciones que nacen para cubrir servicios a cambio de un precio, justo para ambas partes, y que en caso de que el cliente, la parte supuestamente débil –según la tesis socialista- no esté contento con el servicio, pueda cambiarse a otra empresa que se lo sirva a su gusto o incluso, en un acto de responsabilidad personal, dejar de consumir.
Este buenismo atribuido a los ecologistas es ciertamente curioso. El hecho de que una organización se persone como defensora de un problema global, en este caso el medio ambiente, no le debe conferir una actitud carente de crítica ni despojarle de fines, digamos egoístas. No entiendo porque una persona en una empresa es egoísta e interesado, mientras que en una ONG, es solidario y desprendido. La búsqueda del interés personal no está reñido con el beneficio colectivo.
Esta visión de los ecologistas conduce a varias visiones dogmáticas, he aquí algunas:
En primer lugar, ver los asuntos relacionados con el medio ambiente siempre como problemas cuando no tienen porque ser necesariamente tales. Es verdad que la literatura científica que domina los medios de comunicación es en su gran mayoría proecologista, pero eso no quita que existan otras concepciones científicas contrarias. Lo cierto es que el sensacionalismo mediático tiende a tapar unas, por poco vendibles, y destacar otras incluso exagerarlas, y en esto los movimientos ecologistas son expertos. Se dice que los segundos científicos están vendidos a las multinacionales, fuerte acusación pero, ¿por qué los primeros no están vendidos a los ecologistas?, de hecho estos grupos gastan bastantes de sus recursos en realizar informes que les avalen, ¿por qué en este caso no se inventan o exageran una situación en NINGÚN caso y las empresas lo hacen SIEMPRE? La respuesta es siempre la misma, unos son buenos lo otros, son malos y egoístas. Y punto pelota.
En caso de que efectivamente haya un problema, ¿por qué es siempre la solución ecologista la buena y la privada la mala?. Este es otro dogma que pocos se replantean. En algunos casos podrá ser solución uno y en otros no. Es más, se puede plantear que determinado problema no tenga solución o esta no esté al alcance del hombre. El Calentamiento Global o el Cambio Climático es un ejemplo. Yo no niego que se esté dando, incluso tampoco niego que el hombre sea su máximo culpable. Lo que me niego a aceptar es que esto esté más que demostrado y que para evitarlo haya que expoliar a millones y millones de trabajadores del mundo para que al final no se pueda evitar nada, sólo retrasarlo, como es el caso del Protocolo de Kyoto. Dejemos estos recursos para hacer frente a los problemas cuando surjan. Ante un problema, cuantos más piensen mejor y la solución puede surgir en cualquier organización, desde Greenpeace a Exxon.
Otro dogmatismo interesante es el hecho de que los poderes públicos son los UNICOS que nos salvarán en caso de desastre medioambiental y sólo si toman medidas que proponen los ecologistas. No digo que te lo creas sólo porque yo lo digo, sólo que lo medites con otros ojos. Las empresas ayudasn a mantener el medio ambiente y lo hacen con mayor efectividad que la por lo general, lenta burocracia estatal. De la misma manera que tú puedes encargar a una empresa que te limpie la casa cuando esta demasiado sucia, los responsables de un monte pueden encargar a una empresa que lo cuiden e incluso gestionen para que se encuentre en el mejor de los estados posibles y porque no, para que le saquen un beneficio económico que permita si autosuficiencia sin necesidad que recibir dinero de subvenciones, es decir del ciudadano que no tiene ni quiere tener que ver con esa zona. Tu pagas por ello un precio justo y todos contentos o incluso hasta recibes una renta. ¿Qué con la Administración es gratis?, falso, en el otro caso lo pagan los contribuyentes que no tienen porque pagar algo que pueden y deben hacerlo los dueños.
Dos cosas más, eso que tú llamas socialismo no es Humanidad, simplemente es un intervencionismo que obliga a todos a pensar y actuar de una única manera y que se justifica con el bien común. Pero el bien común es una entelequia que no existe pues siempre habrá alguien descontento y obligado a aceptar, sin rechistar, una postura, eso sí, con buen rollito y con la sonrisa en la cara. La segunda es una disculpa, quizá te he asignado un papel de superioridad moral que no ejerces y en virtud de tu tercer comentario, veo que al menos te replanteas ciertas cosas. Eso está bien, llegues a la conclusión que llegues. Sé que me dejo muchas cosas en el tintero pero ya habrá otros momentos.
Un saludo