2005 Instituto Juan de Mariana
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - La "guerra" de los sexos

18/10/2006 - Manuel Llamas

La "guerra" de los sexos

El socialismo discrimina a los individuos por razón de sexo. Este hecho irrefutable no constituiría por sí solo una amenaza, siempre y cuando tal precepto afectara única y exclusivamente al selecto club de los progresistas y allegados al PSOE. Al fin y al cabo, la discriminación es una herramienta que el individuo emplea de forma natural como consecuencia de su capacidad de decisión. Actuar en libertad implica elegir y, por lo tanto, descartar. El problema surge, sin embargo, cuando la legítima subjetividad del individuo es sustituida por una falsa objetividad del Gobierno, impuesta a golpe de decreto.

La Ley de Igualdad, que entrará en vigor en enero del próximo año, es un claro ejemplo de ello. La normativa, ideada por el Ejecutivo con la intención de "hacer efectivo el principio de igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres" (art.1), establece la denominada discriminación positiva como fundamento básico de nuestro ordenamiento jurídico. Dicho concepto nace en el seno de la teoría de género, que concibe al colectivo femenino como una "minoría" que se encuentra en una situación de desventaja con respecto a los hombres y, por ello, conforme a sus criterios de justicia, debería ser susceptible de ayuda y protección institucional para poder corregir tales desigualdades. De este modo, legitiman la aplicación de políticas sociolaborales ventajosas en favor de un grupo de individuos por razón de sexo.

Sin embargo, dicha argumentación adolece de una contradicción insuperable: ¿cómo es posible implementar un modelo en el que para mejorar la situación de los más, en teoría, desfavorecidos (en este caso las mujeres) es necesario vulnerar la posición y derechos individuales de los más aventajados (hombres)? De esta forma, se llegaría al establecimiento de una vulneración institucionalizada de derechos individuales inalienables que pertenecen a terceros, lo cual implica una violación en toda regla del fundamental principio de igualdad ante la ley.

La igualdad jurídica formal,propia de la tradición liberal, queda así en el más absoluto de los olvidos: "Todos los hombres son iguales y deben ser considerados y tratados por igual" y "la ley es igual para todos", base jurídica sobre la que se edifica la concepción del Derecho y del Estado modernos. Según esta misma argumentación teórica, ¿qué impediría a otros colectivos que se perciban a sí mismos como marginados o discriminados, aduciendo simplemente una situación de desigualdad frente a otros, la aplicación legítima de este tipo de medidas? Desigualdad que, por cierto, se configura como elemento intrínseco de la sociedad y de la propia naturaleza humana, y cuya argumentación podría estar basada en una infinidad de criterios: desigualdad económica, social, biológica, física, personal, intelectual, etc.

Se trata, por tanto, de una intervención directa por parte del Estado en el mercado de trabajo, cuyos efectos y consecuencias generan más problemas que beneficios. Y es que, ¿acaso no parece ilógico tratar de imponer a un empresario el tipo o clase de individuos que debe incorporar a su plantilla? ¿No se tiene en cuenta que dicho empresario, en su búsqueda constante de beneficios, tratará de contratar al personal que estime más conveniente y competente para el desempeño de determinadas tareas independientemente del sexo, la raza o la religión a la que pertenezca?

Evidentemente, existen prejuicios a nivel individual que afectan a la hora de tomar este tipo de decisiones, pero ¿de qué legitimidad y superioridad moral goza nadie para poder decidir por otro en aspectos de la vida semejantes? ¿Es que acaso está legitimado el Estado para recomendar o decidir por mí la clase de coche que debo comprar, o el tipo de personas que deben entrar en mi casa, con quién me debo casar, con quién debo hacer negocios? ¿No son éstas decisiones que pertenecen también al ámbito de lo privado? ¿Por qué entonces siendo yo el dueño de mi empresa puede intervenir el Estado a la hora decidir a quién debo ascender o contratar para un determinado puesto?

El papel de la mujer como directiva y empresaria es cada vez mayor, algo impensable hasta hace bien poco; los empleadores son cada vez más conscientes del enorme valor y alta competencia de la mujer en el ámbito laboral, lo cual posibilita el debilitamiento y eliminación de estereotipos de carácter sexista; las empresas son cada vez más conscientes en cuanto a la mejora de las condiciones laborales, como la creación de guarderías en los centros de trabajo, seguros médicos y escolares, bajas por maternidad, etc. Los avances a este respecto son claros y han sido posibilitados por la propia dinámica del mercado y no mediante la puesta en práctica de medidas discriminatorias implementadas por el Gobierno.

El mercado desempeña una esencial función de coordinación social, el único capaz de proporcionar un eficaz equilibrio entre los innumerables deseos individuales (demanda) y la diversa y variada gama de productos, bienes y servicios (oferta), y tal sistema descansa sobre los principios básicos de libertad de acción y establecimiento de acuerdos voluntarios por parte de los individuos. Sin embargo, libertad y voluntariedad no son compatibles con los conceptos de imposición y obligatoriedad por parte del Estado a través de sus políticas a nivel económico y social. El ministro de Trabajo, Jesús Caldera, se ha encargado de desenterrar el hacha... La guerra de los sexos comienza, precisamente, ahora.

 

Opinión de los lectores

María

La ley de la igualdad y las políticas de discriminación positiva son de lo más machista que conozco. Es cierto que hay un "techo de cristal" que impide a la mujer a acceder a puestos de mucha responsabilidad. Pero no quiero que venga nadie a salvarme. Ya me ocuparé yo si necesito un empujón de pedirlo a quien me apetezca. Y no quiero que me quiten dinero para acelerar la integración de la mujer en el mercado laboral. La mujer tiene libertad para decidir ser madre o no. El problema es él contrario del evidente: está infravalorada la función del padre en esta sociedad. Tanto, que a nadie se le ocurre repartirse el trabajo para que ellos disfruten de los hijos, se ocupen y se hagan más presentes en sus vidas. Al contrario, pobrecitas las mamás trabajadoras, lo que sufren... y acontinuación te quitan la cartera. No quiero que lo hagan en mi nombre. Debería ser un problema a resolver entre dos (la pareja) en función del coste de oportunidad de tener hijos. Y en última instancia, señores, el cuerpo es de la mujer, y si decide no tener hijos para llegar más alto, pues así debe ser. Lo que no puede ser es estar en todo. Hay que elegir. Pero cada cual. No se trata de que elijan por tí.

agolmar

La jurisprudencia española (TS y TC) justifica la discriminación “positiva” cuando haya existido una discriminación anterior basada en el tratamiento sistemáticamente peyorativo basado en condiciones sobre las que no tienen facultad de elección.
Así, la positiva no sería discriminación, pues no percibe a las mujeres como inferiores, sino como injustamente tratadas, y se presenta como una realización de las promesas incumplidas del liberalismo (TC 128/87). Tras el aparente juego de palabras se esconde un argumento que intenta eludir la contradicción que señalas, y que creo exige un poco más de profundidad por parte de los críticos de la discriminación “positiva”. Por ejemplo, se podrías argumentar que la discriminación positiva presume una situación de progresivo empeoramiento de las colectividades víctimas de discriminación legal anterior. De la misma forma que las injusticias anteriores muestran algunos de sus efectos en el presente, algo que sólo un tonto negaría, por otra parte la inversión de la tendencia, que sólo un imbécil cuestionaría, se debe argüir contra la discriminación positiva, que por otra parte es calificada como manipulación social por parte de sus defensores. Por extraño que parezca, la traslación de la falacia de la depauperización de los obreros es bastante exitosa, y sería conveniente incidir sobre ella antes de entrar en otras consideraciones.
Por otra parte, hay algunos casos interesantes corrección de discriminaciones sobre los que también cabría reflexionar. Por ejemplo en 1983 Telefónica fue obligada a readmitir a las mujeres que habían dejado de trabajar al casarse, pues normas anteriores permitían la alteración de la relación laboral con el cambio de estado civil de la trabajadora (7/83). También ese año el TC obligó a trasladar a los hombres el privilegio de que disfrutaban las enfermeras por horas nocturnas y extraordinarias (98/83). En 1982 (81/82) el TC había dicho que “la igualdad en razón de sexo puede restablecerse bien otorgando al varón los beneficios obtenidos por la mujer o bien privando a ésta de dichos beneficios” respecto a un asunto similar.
Volviendo a la sentencia 98/83 y respondiendo a María, ¿qué ocurre cuando la ley elimina la discriminación, pero las costumbres no lo hacen, es decir, las mujeres siguen ocupándose de los hijos, y por tanto, son perjudicadas por la nocturnidad y los turnos de fin de semana? ¿Asumimos que las mujeres eligen libremente ser ellas las que se ocupan de los hijos? Creo que la profesora ha dado en el blanco ¿Pedimos discriminación positiva para las mujeres y exclusividad en la educación de los niños, como parece sugerir la teoría política feminista? ¿Permitimos un matrimonio a la carta con posibilidad de compromiso de paridad en las tareas domésticas y derecho a indemnización en caso de divorcio e incumplimiento?
Manuel, el economicismo de Engels debería ser superado por un enfoque más holístico que tenga en cuenta que el materialismo no lo explica todo, más que reemplazarlo por otro igual de miope que el primero. ¿Para cuándo un estudio del Instituto Juan de Mariana sobre parejas de hecho y matrimonio a la carta? Como no parece que el embarazo masculino vaya a ser una realidad, yo en principio estoy por permitir a las mujeres valorar su maternidad frente a su futura pareja y negociar con aquella en los términos que les plazcan. Seguro que así se despejarían muchas dudas y se permitiría el ejercicio del legítimo derecho a la diferencia y a la elección individual.

Pascual

Estoy de acuerdo con que la discriminación positiva es la más abusiva de las discriminaciones. El hecho de que las mujeres no suelan ocupar puestos de alto ejecutivo no se debe a ninguna conspiración machista, sino a que pocas están dispuestas a renunciar a toda vida privada para convertirse en "enfermas del trabajo" a tiempo completo. Porque, señores, los papaítos cariñosos que están en casa puntualmente a las cinco para darle la merienda al nene TAMPOCO alzanzan nunca la máxima responsabilidad. Pueden progresar en el trabajo, pero siempre habrá un plus de dedicación que no estarán dispuestos a dar porque entra en conflicto con su dedicación a la familia. Así que cada cual, hombre o mujer, tendrá que definir sus objetivos vitales, pero llegado a cierto punto toca elegir: no se puede estar en misa y repicando.
Por otro lado, cualquier medida que ayude a conciliar vida laboral y familiar es positiva PARA AMBOS SEXOS: cheques guardería, flexibilidad de horarios, baja paternal. Que cada pareja decida quién se encarga de qué en su paternidad compartida.
Y mejor que imponer tal o cual persona a un empresario (que minusvalora el mérito de aquellas que se han hecho un lugar por sus propios medios), es promover la formación contínua y el reciclaje profesional para que pueda reintegrarse en el mercado quien lleve tiempo fuera, sea por la crianza o cualquier otro motivo. De nuevo, una medida positiva para ambos sexos.
En resumen, y para no alargarlo más: sobre la discriminación positiva puede aplicarse el dicho "el infierno está alfombrado de buenas intenciones"

María

Pascual, estoy de acuerdo casi del todo contigo. Pero si fueras mujer, sabrías que sí, hay una manera de mirar el mundo muy machista en esta sociedad. Hace tiempo que desterré la palabra conspiración de mi vocabulario... por lo que pueda pasar! Mucha "banda del andamio"... que solamente refleja un cierto temor a que las mujeres, que no saben jugar a ese juego adolescente de muchos hombres (no todos), te cuestionen simplemente con la presencia en el lugar de trabajo... tu reducto, tu imperio donde te "realizas" como hombre. Es un error, yo creo en el enriquecimiento mutuo y la colaboración espontánea. No todos funcionan así pero es un fenómeno bastante hispano.

Antonio, las mujeres también sabemos que existe esa tradición (ley de leyes) y la descontamos a la hora de actuar. Además de memes replicantes, que clonan esas tradiciones sin más, hay otros que se ocupan de cuestionar... y también se transmiten, con la palabra y con el ejemplo.

Fco. Moreno

Muy, muy interesantes todos estos comentarios, que dan materia de sobra para reflexionar.
Sin dejarme seducir por la “conspiración machista”, diré que cuando analizo el Derecho romano, que lo tengo por uno de los más elaborados ejemplos históricos del desarrollo del derecho privado, tiene demasiados elementos inquietantes con respecto a la discriminación entre ambos sexos: todos los miembros de la familia estaban sujetos a la potestad de uno solo (el pater familias), a la mujer le estaba vedado ser cabeza de familia, la mujer quedaba indisolublemente unida a su marido y a su culto. El pater familias era el único juez de los asuntos familiares. La esposa adquiría nombre y dignidad del esposo. El domicilio legal de la mujer era el del marido (y si lo abandonaba tres noches seguidas, sin justa causa, se extinguía el matrimonio). Hasta el fin de la época republicana no le era lícito a la mujer divorciarse. La mujer y los demás miembros de la familia podían venderse. Last, but not least, el pater familias podía disponer de la vida y de la muerte de cualquier miembro de su familia…
Menos mal que el derecho evoluciona. Ahora bien, cuando el omnisciente legislador de nuestra época se pasa de rosca es conveniente denunciarlo como hace Manuel.

© 2005-2008. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.