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Portada - Comentarios - En el nombre de la derecha

31/10/2006 - Antonio Nogueira

En el nombre de la derecha

El próximo 7 de Noviembre los norteamericanos renovarán la Cámara de Representantes y consolidarán o pondrán fin con su voto a la actual hegemonía republicana. Las elecciones al Congreso dictaminarán además el cenit o el ocaso de la presidencia de George W. Bush. Sabremos si la guerra de Irak ha lisiado al GOP, si la hipocresía íntima (caso Foley) o la política económica errática de la era Bush tumbaron definitivamente al partido de Lincoln y Reagan. Extrapolando la iluminadora conclusión que reflejan John Micklethwait y Adrian Wooldridge, analistas de The Economist, en su último libro (Una nación conservadora. El poder de la derecha en Estados Unidos) no debería existir duda alguna acerca de lo que pasará en las legislativas: Norteamérica es y seguirá siendo conservadora. Lo cual no quiere decir, como aclaran los autores, que sea técnicamente republicana. Los candidatos demócratas transversales, con ganas de balón y sin desgaste, podrían heredar el legado de la derecha. Bill Clinton, sin ir más lejos, fue el precursor: torcido hijo dilecto de la causa moderada, sin radicalismos, al gusto de muchos; habría ganado en 2000 su segunda reelección si la ley no lo impidiese.

El poder del conservadurismo estadounidense procede, para Micklethwait y Wooldridge, de Dios, los negocios y la geografía. La libertad religiosa inyectó competitividad entre los clérigos e hizo de la religión un factor dinámico en la vida americana. La empresarialidad propició las economías de escala, la expansión tecnológica y la filantropía (Carnegie: "el hombre que muere rico, muere deshonrado") La holgura de Estados Unidos –el cuarto país más extenso del mundo, dos tercios habitables– animó el espíritu de frontera y los sueños particulares.

Hoy la derecha goza de buena salud y es propietaria de un poderoso mercado de ideas. El New Deal de Franklin Roosevelt –que arrinconó a la derecha durante décadas– queda lejos. Libertarios y conservadores sociales son las dos grandes tendencias que lideran el republicanismo; depuran entre sí sus exageraciones y ponen a raya a la izquierda. El equilibrio entre anarcos e intervencionistas no es fácil aunque prevalece el provecho de convivir juntos pero no revueltos. "Hacia la unión por la separación" sería su lema.

Para los autores, el futuro del partido republicano pasa por atender las expectativas de los profesionales independientes, dejarse de mangoneos tipo Enron, olvidarse para siempre de capitales como San Francisco –darlas por imposibles– y por el contrario cuidar a los contribuyentes que habitan en las urbanizaciones de las ciudades medias. El objetivo primordial es conquistar el interés de la madre negra que prefiere que el gobierno le ofrezca un cheque escolar para sus hijos, hastiada de la violencia en las escuelas de la acción afirmativa. Se trata de acercarse a las preocupaciones de la gente, sabedora ésta que los burócratas ya no lo pueden todo. Los riesgos de una derecha caviar ajena a la vida se vislumbran y la siguiente observación resulta significativa:

El otro gran peligro para la rive droite es la introversión. La gente que se pasa la vida entre grupos de expertos tiende a hacerse adicta al radicalismo por el radicalismo. Preguntarle a un miembro de tales equipos si necesitas o no una solución drástica para un problema es como preguntarle a un peluquero si te hace falta un corte de pelo. Estudios que preconizan llevar la libre empresa al espacio exterior, abolir los departamentos del gobierno o derrocar el régimen de Arabia Saudí atraen más atención que garantizar los servicios educativos, sanitarios y gubernamentales. La intelligentsia de izquierdas perdió su pegada en los años sesenta por quedarse anclada en Vietnam y no darse cuenta de lo que estaba ocurriendo en las calles estadounidenses. Lo mismo podría ocurrir con la actual fascinación de la intelligentsia de derechas con Oriente Próximo.

The Right Nation de Micklethwait y Wooldridge es una historia bien contada sobre el universo del republicanismo, sus logros y caídas, la mezcla de tradición y modernidad, los filósofos y la base social que le acompañan, la piedra de toque del 11-S y la generalizada incomprensión europea hacia Estados Unidos; una crónica sugerente que ofrece numerosas claves para entender los acontecimientos que están por llegar.

 

Opinión de los lectores

agolmar

Dos precisiones: Clinton se vio beneficiado en 1992 por Ross Perot, quien al final aconsejó a sus seguidores apoyar al demócrata. Clinton nunca logró más del 50% de los votos, y se vio obligado a girar a la derecha tras la victoria republicana en las legislativas de 1994 (El Contrato con America). Respecto al caso Enron, la empresa donó a los republicanos un poquito más que a los demócratas, quienes recibieron casi las mismas cantidades. Es difícil tener un sistema basado en circunscripciones uninominales y no depender de contribuciones privadas, tanto grandes como pequeñas. Afirmar lo contrario es una superficialidad, al menos que defendamos el sistema de subvenciones estatales propuso Pilar del Castillo en los setenta, cuando era progre, y que tanto éxito internacional ha tenido. Creo que las cosas son un poco más complicadas de como las presentan Micklethwait y Wooldridge. Por otra parte, algunas de sus recetas ya están siendo puestas en práctica por los republicanos, que hace muchos años olvidaron San Francisco y que últimamente están presentando candidatos que denuncian los efectos contraproducentes de la acción afirmativa para las minorías raciales.

Albert Esplugas

Antonio, mi impresión es que los liberales (libertarians) no tienen liderazgo ninguno en el Partido Republicano actual. Como apunté en este artículo el año pasado el Partido Republicano, salvando algunos elementos netamente liberales que hay en su seno, está tomado por neoconservadores, social-conservadores y políticos sin principios.

Recomiendo la lectura de esta serie de artículos del Cato Unbound y de este número del American Conservative dedicado a definir la izquierda y la derecha (algunos de los artículos creo que hacen un retrato bastante acertado – y muy crítico – de la deriva del GOP actual).

Un saludo

Antonio

Estoy de acuerdo contigo, Albert: predomina la agenda conservadora-confesional y quizá paguen un precio por ello. Es el sempiterno problema en política de la indecisión. En realidad, Agolmar, el mandato de Bush padre fue un último cheque de agradecimiento popular a Reagan. Bush senior era el típico patricio centrista y cuando aparecieron esos dos outsiders rápidos de reflejos su reelección se desmoronó. En mi opinión, la cuestión esencial es que desde el laboratorio de ideas frecuentemente se olvida ese pequeño y fastidioso detalle de que en política la gente se reúne para no perder el tiempo y lograr que sea al menos posible hacer algunas cosas.

agolmar

Una auténtica amalgama la de los articulistas del American Conservative, desde el narcotraficante Taki Theodoracopulos -no sé si todavía tiene la entrada prohibida en los EEUU- a la ultra Phyllis Schlafly -all gays to to hell. Yo que tú no me tomaría sus críticas demasiado en serio, al menos haría una criba entre los articulistas.

Albert Esplugas

Hombre, agolmar, si consideras narcotraficante a alguien que llevaba 23 gramos de cocaína en un sobre... Aparte, creo que también posee nacionalidad estadounidense. Taki es un bon vivan y un paleocón con un discurso bastante controvertido, pero tiene sus momentos. Es verdad que en este número del TAC hay articulistas de tendencias muy dispares, algunos están bastante lejos de cualquier planteamiento liberal, otros me parecen muy certeros en sus críticas a los republicanos. Hay de todo, en cualquier caso es interesante.

a cuestión esencial es que desde el laboratorio de ideas frecuentemente se olvida ese pequeño y fastidioso detalle de que en política la gente se reúne para no perder el tiempo y lograr que sea al menos posible hacer algunas cosas

Tiendo a pensar que es más bien lo contrario, en política la gente se reúne para recrearse en el poder y aparentar que hace algo de provecho, y son los pocos que intentan cambiar las cosas desde dentro los que suelen perder el tiempo (si es que finalmente acaban intentándolo).

kuko

Estoy de acuerdo con la ideologia liberal y sin embargo me gustaria criticar, y no a vosotros.

Me gustaria criticar el modo en que por ejemplo libertad digital expone las noticias, que para el lector que no conoce tienen aspecto de chascarrillos de barrio dichos con suficiencia, en lugar de objetivamente exponer, como haceis aqiu cual es el problema y el impacto de cada cosa.

Lo unico que provoca es rechazo en la gente que no llega a entender el fondo de la cuestion.

Si estais de acuerdo con esta opinion, no estaria de maas transmitirse a los señores de LD y que sean mas objetivos y mas didcaticos y menos "suficientes" y "sobrados".

Un lector.

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