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Portada - Comentarios - Reexaminando la crisis de los 70

06/11/2006 - José Ignacio del Castillo

Reexaminando la crisis de los 70

Tras tres décadas de pensamiento único keynesiano, la crisis de los años 70, que trajo a la vez paro y subida desbocada de precios, sumió en la confusión a los apóstoles de la macroeconomía de la inflación. Según la macroeconomía keynesiana, las causas de las crisis y del paro eran la demanda insuficiente de bienes y el atesoramiento excesivo. Contemplar a la vez el paro y la inflación en el doble dígito no les cuadraba.

Aunque hubo bastantes deserciones en las filas keynesianas, los inflacionistas más pertinaces se sacaron curiosísimas explicaciones para explicar lo que ellos habían reputado imposible. Aparecieron diversos chivos expiatorios: los árabes y el petróleo, las políticas de rentas y los trabajadores que querían aumentos de salarios para compensar la depreciación monetaria o los siempre denostados especuladores que "hacían subir los precios". Se habló de "inflación de costes" (de una nueva naturaleza) y de no sé cuántos pretextos más.

Eso sí, han mantenido silencios culpables con relación al definitivo cierre de la ventanilla del oro al que condujeron tres décadas de keynesianismo inflacionista, sobre la naturaleza del sistema monetario instaurado a partir de entonces y, en definitiva, sobre la mayor o menor confianza que el papel moneda gubernamental suscitaba entre los particulares.

Sin embargo, si nos paramos a pensar un poco, los grandes mercados alcistas en materias primas del siglo XX –1907-1920, 1933-1953, 1968-1981– han coincidido y, no por casualidad, con largos periodos de inflación monetaria. Han sido éstas épocas de turbulencias asociadas a un gasto y a unos déficit públicos desbocados, y a conflictos armados (la Primera Guerra Mundial; la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea; la Guerra de Vietnam y el desorden monetario de los 70). En tales entornos, la práctica totalidad de las materias primas, ya se traten de productos agrícolas, metales o fuentes de energía, aparecen como refugios alternativos bastante más idóneos para la conservación de los patrimonios que el dinero de curso legal y los activos financieros en él denominados.

El sistema monetario actual se compone así de un amplio abanico de activos –un popurrí de divisas, toda clase de activos financieros e inclusive un número significativo de materias primas en épocas de inflación e incertidumbre– susceptibles de ser utilizados como instrumentos monetarios según conveniencias de tiempo, espacio o legislación. El gran problema de todo ello es que la piedra angular de este nuevo sistema, las divisas nacionales (que no son otra cosa que el pasivo de los diversos bancos centrales nacionales en forma papel moneda inconvertible) carecen de las propiedades que un buen dinero debe poseer.

Algunos pueden considerar paradójico que durante casi veinte años la misión de dar estabilidad al dólar haya recaído en Alan Greenspan, un declarado partidario del patrón oro, discípulo además de Ayn Rand, una de las más ilustres defensoras del libre mercado en el siglo XX. Sin embargo, la designación de Greenspan en EE.UU., igual que la apuesta por la ortodoxia en las cuentas públicas del Tratado de la UE en Maastrich, muestra, antes que nada, un intento casi desesperado por parte de los gobiernos de dar credibilidad a su papel moneda y evitar una huida seguramente devastadora. Estas son las características del nuevo sistema donde, más que nunca, la cantidad ha dejado paso a la cualidad y donde una buena parte de la clave para comprender las idas y venidas en los precios de las materias primas y de las distintas monedas nacionales hay que buscarla en la utilización alternativa por parte del mercado de variados instrumentos para llevar a cabo las funciones monetarias.

Todo el periodo de la crisis de los 70 nos dejó una valiosa enseñanza que Carl Menger ya había explicado un siglo antes. El dinero no es una cantidad que pueda generarse o imprimirse a partir de la nada y por decreto, sino una cualidad –la liquidez– que el mercado descubre en los bienes y en los activos. La liquidez consiste en no sufrir pérdidas de valor (o pérdidas de tiempo) al desprenderse de cantidades incluso enormes de un bien. Ora el dinero mercancía, ora los activos monetizables, han de ser aquellos que constituyen o representan los bienes más deseados por el mercado. Aquellos con una demanda más amplia, estable y permanentemente insatisfecha. Inexorablemente, la violación de esta ley significa tener que pagar el precio de las recesiones. Que sean "deflacionarias" o "inflacionarias" sólo dependerá del activo que tomemos como referencia para expresar los precios.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Como aprendiz me gusta leer especialmente todo lo que tiene que ver con el dinero y la moneda, por eso acercarme a sus escritos siempre me ha parecido de lo mas instructivo.

Sin haber leído a Menger uno piensa en el dinero y lo primero que le viene a la cabeza es que lo que solemos tener entre las manos, eso que llamamos dinero, no es en sí dinero sino que lo único de lo que se trata es de moneda. La diferencia fundamental reside en que el valor que tiene viene reflejado por lo que en dicho objeto ha escrito aquel que lo ha emitido.

Pero cuando uno empieza a crecer y descubre que cuando para ir al colegio uno se compraba un Donuts con un duro y que al llegar al instituto le hacían falta veinticinco pesetas y poco después treinta empieza a pensar que la relación entre el donuts y la moneda ha cambiado. No ha cambiado el donuts, no ha cambiado la moneda pero el intercambio del uno por lo otro si.

Por tanto cabe preguntarse qué es la moneda y como muy bien reflejó en su anterior comentario la moneda es una mercancía cuyo valor se basa en el uso a fuerza de la costumbre pero cuyo valor no viene precisado por lo que en ella ponga sino por su valor de compra.

¿Pero eso no ocurre con todos los bienes? Si efectivamente. El dinero es una cualidad, la liquidez, pero no todo es moneda, es más sólo es moneda lo que el Estado dice que es moneda imponiendo una medida en la cual se fija el cambio entre bienes líquidos. Por ello siempre me he hecho varias preguntas:

¿Hay alternativa a las monedas?

Y no me convence la idea de que haya la posibilidad de emitir dinero privado porque ambos, el privado como el estatal tienen la misma pega, la confianza que pueda generar el emisor y la seguridad en el medio, en el material. Por tanto, ¿podríamos usar privadamente una correlación monetaria, o mejor un sistema de medidas independiente del sistema monetario? Algo así como establecer precios en determinados círculos de análisis, pero accesibles a aquellos que se quisieran acercar a ello, por el cual el precio de las cosas esté en función de una relación de variación de determinados bienes que estén demostrando una gran liquidez. De esa manera obtendríamos una medida del valor independiente de la injerencia estatal.

René Guerra

Bastiat, el dinero es una institución (y como tal no es inventable); moneda es cualquier cosa que usemos como tal. El problema con la moneda viene esencialmente del curso forzoso que cada gobierno impone a la suya. El timo está en que no podemos elegir nuestro medio de pago, contratación o atesoramiento libremente (moneda). Privatizar la moneda no resuelve nada, lo que hay que necesitamos es liberaralizar el dinero.

bastiat

René, estoy de acuerdo. El dinero es una institución tanto en cuanto adoptamos la convención de llamar dinero a aquel bien que tiene como característica fundamental su liquidez. Aquel o a aquellos porque históricamente se ha usado el oro, pero también la plata, el hierro, las cochas marinas.... La convención exige que el bien sea líquido, pero que sea también manejable, que el costo de transporte sea ínfimo en comparación con su capacidad de compra y su, sobre todo, aceptación por una gran mayoría de personas. El Jade en China valía mas que el oro.

Pero es que en eso estamos de acuerdo. La ficción monetaria obligatoria que nos impone el Estado es eso, una ficción fruto de la coacción.

Pero es que la moneda viene a resolver un problema de contabilidad porque la maldita función del estado que más valoramos es la facilitación de las cosas. Un barril de petróleo vale 65$, una onza de oro 331, de plata 4,75, es decir están referenciados a una moneda y, a su vez esa moneda refenciada a otras monedas, es decir, no sabemos cuanta plata vale una onza de oro, salvo que lo pasemos por la moneda. Y el precio de la moneda está fijado por el mercado de divisas que depura la inflación monetaria.

Complejo. ¿NO?

Pero puestos a elegir ¿podemos encontrar alternativas a las monedas?

renegm

Bueno, la liquidez y otras caracteristicas no son una "convención". Cualquier bien es susceptible de ser usado como moneda y continuamente se están buscando y encontrando "monedas alternativas". El proceso del mercado discrimina entre ellas por su "liquidez" entre otras cosas. Suponiendo que los ciudadanos se decanten por una solución privada cualquiera, el Estado lo tiene tan simple como forzar el cambio, tal como ocurrió en el "corralito" argentino.
Los "problemas" que mencionas con la contabilidad, provienen en buena parte del caracter predatorio de la política fiscal, a eso se reduce la "facilitación". En el mercado quienes contabilicen inadecuadamente sufrirán por desinformación y acabarán cometiendo errores que los llevarán a la quiebra, o serán reputados de mentir a los inversores con la descapitalización subsiguiente. Las normas contables "homologadas" para "facilitar" en cambio castigan a numerosos empresarios al imponerles trabajo inútil y estimulan el "maquillaje" contable para obtener como premio subvenciones o excenciones.

Dos ejemplos para terminar
1(contable)En Cuba, el único sistema de inventario de almacenes permitido es el fifo (first in first out) lo que provoca un sinfín de líos. La causa es simple. Puesto que todas las empresas están en manos del estado, la contabilidad se ha construido sobre el principio no declarado: "Todo el mundo roba" y requieren seguirle la pista a todo.

2(moneda)En América Latina hay un país que se ha librado de las peores consecuencias de las crisis de devaluación de moneda, pese a que los gobiernos han sido bastante interventores: Panamá. Tienen que agradecerlo principalmente al artículo 117 de su constitución que dice:“No podrá haber en la República papel moneda de curso forzoso.” Anteriormente añadía a lo anterior:
"En consecuencia cualquier individuo podrá rechazar todo billete u otra cédula que no le inspire confianza; ya sea oficial o particular.”
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Yo no me atrevo a sugerirte lecturas específicas sobre el asunto. Sería muy útil que el mismo autor se animara a proponerte algo.

Bastiat

Si, sería interesante aunque lo mismo ya se ha recomendado algún libro… pero hay ocasiones que comprar esos libros se hace complicado incluso en Unión Editorial cuyo sistema de compra deja, al menos para mi, bastante que desear.

Respeto a lo de la liquidez, evidentemente una característica no es una institución. La institución es el dinero que reúne todas esas características u otras que la gente les haga concebir como un bien cambiario no para el consumo sino como depositario de valor.

Pero quizás la pregunta sí debería ser considera pertinente por el autor del artículo ¿es posible prescindir de las monedas? ¿Sería factible encontrar una figura no material que expresara el valor de las cosas independientemente de lo que expresen las monedas?

Además, siempre me ha surgido la duda, la pregunta de saber si es posible saber, en el caso del patrón oro parece ser que así sería, pero mantengo mis dudas, si sería po9sible saber cuanta cantidad de moneda sería precisa para que el sistema tuviera la necesaria liquides y que los precios fijados en dicha moneda no estuvieran sometidos a inflación monetaria.

Un saludo.

Bastiat

No sé si se va a leer esto pero me gustaría alguna reflexión, y lo pongo aquí porque creo que viene al caso de lo que antes comentaba, sobre la noticia que aparece en El Navegante de El Mundo sobre unos problemas que tiene allá el Banco central de China con una moneda virtual...

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