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Portada - Comentarios - La guerra de Corea o cómo se expande el comunismo

08/11/2006 - Fernando Díaz Villanueva

La guerra de Corea o cómo se expande el comunismo

El 25 de junio de 1950 el ejército de Corea del Norte cruzó por sorpresa la frontera del paralelo 38, línea que los aliados habían fijado tras la guerra para delimitar las áreas de ocupación soviética y americana. La idea de los aliados occidentales era reunificar el país después de que se celebrasen elecciones libres, pero eso no entraba en los planes de Stalin. Muy al contrario, lo que rondaba por la cabeza del tirano soviético era enquistar el conflicto reproduciendo el mismo patrón que en Alemania: una nación, dos estados, dos sistemas y la determinación de rendir al oponente tomando ventaja de las oportunidades que las democracias ofrecen siempre a los que no creen en ellas, como es el caso de los comunistas.

La idea de Stalin era que Kim Il Sung, un partisano sanguinario que había pasado la guerra exiliado en Moscú, hostigase a sus vecinos sin enredarse en un conflicto abierto que probablemente tenía perdido de antemano. De esta manera, poniendo a los norcoreanos comunistas en pie de guerra, el Kremlin fijaba con cola la frontera coreana y apartaba de la mente de Truman la idea de unificar Corea desde Seúl, donde, en 1948, unas elecciones habían dado la victoria al partido prooccidental.

Kim Il Sung, sin embargo, no era de esa opinión. Fanático y engreído como pocos dictadores del siglo XX lo fueron, desató una campaña relámpago al estilo de las de la Wehrmacht en la guerra mundial. En pocas semanas ocupó Seúl y buena parte de la península ensanchando de este modo las fronteras de su República Popular. Como obsequio a sus vecinos, pasó a cuchillo a todos los opositores al comunismo que encontró con vida. A Washington la ofensiva de Kim Il Sung le cogió con el pie cambiado y en pleno repliegue de tropas. Truman había ordenado una retirada ordenada de Corea tras las elecciones, y en esas estaban los militares americanos cuando sobrevino la invasión.

La guerra había sido buscada a propósito por Corea del Norte saltándose las normas más elementales normas de Derecho Internacional y sin apoyo popular alguno. Si los coreanos habían decidido ser libres, Kim Il Sung les iba a demostrar que vivían en el error, que su destino ineluctable era el comunismo aunque fuese por la fuerza de las armas y a través del asesinato masivo de civiles. Sólo en Corea del Sur perecieron un millón, lo que unido a los dos que se dejaron la vida en la república norteña, hizo de esta guerra una de las más letales de la historia para la población civil.

La reacción norteamericana fue fulgurante. Apoyado sobre una ONU que aún le era propicia, Truman envió al general MacArthur para que estrangulase la acometida comunista cortando su retaguardia. El laureado general desembarcó en Inchón y, en pocos meses masacró al entusiasta ejército de Kim Il Sung forzando su retirada más allá del paralelo de la discordia. En este punto la guerra se le había ido de las manos a Stalin y al propio Kim Il Sung, que no había medido adecuadamente la reacción de los Estados Unidos. Para Mao, en cambio, la de Corea era una buena oportunidad de convertirse en una potencia militar de fuste, independiente de la URSS y preparada mental y materialmente para mirarse cara a cara con los norteamericanos.

Esto tampoco lo había previsto Stalin. Accedió a la intervención china convencido de que, si los chinos ponían los muertos –un millón en menos de tres años–, él podría capitalizar la inversión mutando el vasallaje chino en una relación privilegiada con Moscú que impidiese que China y Estados Unidos llegasen alguna vez a entenderse. La realidad fue muy distinta. China aprovechó el conflicto para formar y entrenar un espléndido ejército y armarse hasta los dientes con la tecnología que el gobierno soviético le puso en bandeja a coste cero.

En el verano de 1953 se firmó el armisticio, que no el tratado de paz. La guerra de Corea, al menos oficialmente, no ha terminado. La frustración de los norteamericanos fue intensa porque no habían conseguido nada práctico en la refriega y su ejército había perdido a 34.000 de sus mejores hombres. Una minucia insignificante en comparación con la de chinos y coreanos, pero cantidad suficiente como para replantearse toda su política asiática. Stalin no llegó a ver el final pero naufragaron sus planes de anexionar toda Corea al bloque socialista. Su miopía estratégica ayudó al alumbramiento del gigante militar chino, único beneficiado por la guerra que, en poco más de diez años, rompió formalmente con su padrino.

Con todo, la consecuencia más visible de aquella absurda y cruenta guerra fue el inicio del rearme a gran escala que no se frenaría hasta el colapso de la Unión soviética en los años 90. Stalin, en uno de sus juegos macabros, había partido el mundo en dos y lo había convertido en un polvorín.

Para Corea fue una tragedia humana de dimensiones incalculables. Millones de muertos, cientos de miles de mutilados y desplazados. Un país en ruinas y dividido de por vida. La herida fue tan profunda que hoy, 56 años después, sigue abierta en el corazón de la península coreana, uno de los pocos lugares del mundo donde la guerra fría aún no ha concluido.

 

Opinión de los lectores

Carlos J. Gómez Martín

Con relación al artículo sobre Corea, quisiera plantear alguna opinión para el debate. No tengo tan claro que Stalin quisiese la guerra de Corea. No olvidemos que Kim siempre actuó un tanto por libre y que no consta que la URSS tuviese información clara sobre la invasión.
En segundo lugar, la intervención estadounidense fue aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU porque el representante soviético, creo recordar que era Malik, llevaba seis meses ausente en protesta porque la China Nacionalista siguiese ocupando el escaño entre los 5 grandes una vez que Mao había vencido en la guerra civil. Por ello no pudo ejercer su derecho a veto.
En tercer lugar, en mi opinión el Presidente Truman se equivocó en su política, cuando impidió a Mc Arthur bombardear la parte norte del río Yalú y los puentes sobre el mismo, permitiendo a los chinos una ventaja estratégica para concentrar sus tropas sin miedo a los ataques aéreos de las fuerzas aéreas norteamericanas y aliadas muy superiores a las coreanas y chinas
Cuarto, aunque desde el punto de vista de la supremacía del poder civil la destitución de Mc Arthur pudo ser adecuada, desde el punto de vista militar perjudicó la actuación estadounidense, pues, mas allá de la valía del general, el carisma de Mc Arthur así como su audacia, recordemos el desembarco en Inchon, no lo tenían sus sucesores.
En quinto lugar, la estrategia política norteamericana nunca fue reunificar Corea, así lo expresó en la ONU, lo que obligaba a que las acciones fueran limitadas. Cuando el mencionado desembarco en Inchon y la posterior liberación de Seúl condujo al derrumbe norcoreano, el Presidente Truman no tuvo clara la decisión a tomar y la posterior contraofensiva china tomó la decisión por él, restablecer la situación anterior al 25 de junio., lo que impidió una acción militar más contundente. Situación similar se repetiría en Vietnam, donde nunca se intentó liberar el Norte, lo que condujo a un tipo de guerra ventajoso para Ho y no para EEUU.
Por último, la acción china tuvo, a mi juicio, dos razones, una primera de intento por establecer una esfera de poder en Asia, que empezaba en Corea y, en segundo lugar, como bien dice el Sr Díaz Villanueva, establecerse como poder frente a Stalin para no ser subsumido por éste.

FDV

1.- Stalin, efectivamente, no quería que la guerra se produjese porque sabía que estaba perdida y podía, en último extremo, costarle el dominio de Corea del Norte. Lo que si pretendió es mantener la tensión en la frontera para evitar dos cosas:
- Que el ejemplo de Corea del Sur cundiese entre los norcoreanos
- Que se estabilizase la frontera y, de este modo, el Sur nunca pudiese pasarse al bloque socialista (que era su intención)

2.- Estados Unidos sí que quería que el país se unificase, de hecho, las elecciones del 48 fueron convocadas en todo el país aunque solo se voté en el sur y sólo fuerton válidos los resultados en el sur. Por otro lado, la intención de los aliados al liberar Corea en el 45 era fundar una nueva república, unificada, naturalmente, sobre principios democráticos. Años más tarde, en la ONU y en pleno desarrollo de la guerra, los EEUU dijeron que, querían devolver la frontera al paralelo 38, al statu quo del 45. Para entonces las circusntancias geoestratégicas habían cambiado.

3.- Mac Arthur fue relevado porque estaba llevando la guerra hasta la frontera china donde fue derrotado y, sobre todo, porque pidió tirar del arsenal nuclear para poner fin al conflicto. A mi juicio, ya sólo por eso se merecía el cese. Arrojar bombas nucleares sobre la población civil era, es y será siempre una aberración moral que carece de justificación.

4.- Por último, Truman fue un desatre de presidente y en el caso de Corea no estuvo a la altura de las circunstancias.

FDV

o.trillas

Admirado Fernando: Ilústrame, si puede ser,por qué sostienes que Truman fue un desastre de Presidente.

seneca

Fernando, ¿qué opinión te merece el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki?

Miguel Moreno

Ya te contesto yo:

1º Una de sus primeras decisiones como presidente fue la de arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.

2º Era un cínico: una de sus frases más famosas fue: “Si vemos que Alemania va ganando, debemos ayudar a Rusia, y si es Rusia la que gana, debemos ayudar a Alemania, y de ese modo dejar que se maten tanto como sea posible".

3º Dejó media Europa en manos del terrible y brutal sovietismo estalinista.

FDV

Bueno, Miguel Moreno ya ha respondido lo fundamental. Lo de
Hiroshima fue imperdonable, un crimen que no tiene justificación alguna. Lo de Nagasaki no digamos ya, fue como si a un cojo le cortamos la pierna que le queda por puro placer.

Respecto a su política europea fue un desastre sin paliativos. Regaló a la URSS la mitad del continente sin necesidad alguna de hacerlo. En el 45 EEUU era el país más poderoso del mundo con tanta diferencia sobre el segundo que podía hacer lo que le venía en gana. Se achantó ante Stalin y solo dio la cara en el bloqueo de Berlín del 48, cuando ya era tarde. Si en lugar de gobernar en los EEUU Truman lo hubiese hecho Churchill otro gallo le hubiera cantado a la Europa del este.

En China permaneció impasible y se la entregó al socialismo, es decir, no movió un sólo dedo cuando un tercio de la humanidad estaba a punto de caer en la esfera soviética. Y a esas alturas todos sabían quién era Mao y cual era su programa. Reaccionó tarde (como en Berlín) salvando la poca ropa que quedaba seca, esto es, salvando la isla de Taiwán de la quema comunista.

Seneca, el uso de armas nucleares me parece una aberración y el simbolo de hasta que punto el siglo XX llevó el relativismo moral hasta límites insospechados. En la guerra no todo vale, y si bien es inevitable que mueran inocentes, no es moralmente aceptable que el eje de la estrategia bélica sea liquidar civiles indefensos al por mayor. Creo que ahí estamos de acuerdo casi todos.

Lo de Hiroshima fue un disparate tan innecesario como el de Dresde aquel mismo año y al que dediqué un comentario hace unos meses. "El crimen de Dresde" se titula, búscalo por la web del Instituto. en agosto del 45 Japón estaba virtualmente derrotado y, si bien el Gobierno japonés (y no todo) tenía intención de seguir luchando, no así el pueblo ni el grueso del ejército. La resistencia de Iwo Jima fue el último estertor y era practicamente imposible que se reprodujese en la isla principal.

De cualquier modo, y en el improbable caso de que los japoneses hubiesen mostrado una resistencia numantina, siempre cabía la posibilidad de hacer estallar la bomba en un atolón deshabitado para mostrar a Tokio la que les podía venir encima si no se rendían.

Por último, cuando los EEUU tiraron la bomba no estaban en una situación límite, defendiendo su territorio y la supervivencia de su pueblo. Al contrario, se encontraban a punto de ganar la guerra. Esto creo que ya desmonta cualquier justificación que aquel crimen pudiese tener.

En fin, es pura historia ficción, porque pasó lo que pasó y podemos elucubrar desenlaces diferentes durante horas. Lo que me parece indudable es que el peor de todos fue el que fue: matar a cientos de miles de personas inocentes en un alarde de fuerza desmedida. No creo equivocarme al afirmar que aquel bombardeo junto con los campos nazis y el gulag soviético fueron los momentos de la historia en los que la humanidad ha caído más bajo.

Espero haberte respondido a la pregunta.

agolmar

Querido Fernando: Creo que magnificas el papel jugado por Truman y no tomas en cuenta la gran influencia ejercida por el espía comunista Hiss en la política exterior norteamericana desde la Oficina de Asuntos Políticos -al final fue procesado en 1950- y de otros muchos pro-comunistas en el Departamento de Estado. Creo que la inteligencia y el espionaje son elementos claves para entender tanto la historia contemporánea como las relaciones internacionales. Por ejemplo, para entender la postura titubeante de Truman es fundamental mencionar a Lattimore y a su Institute of Pacific Relations, en el que trabajaban más de cuarenta comunistas (y más de cien en el Departamento de Estado). Fue Lattimore quien convenció a Truman para que dejara caer a Chiang Kai-shek y estableciera contactos con Mao, ese “reformista”, según muchos en el IPR y en el partido demócrata, como Marshall, cuya efigie debería reemplazar a la de Mao en las calles de China, pues él hizo más por el comunismo que todos los soldados del ejército rojo (y por supuesto ganó un premio Nóbel de la paz). También fue Marshall quien convenció a Truman para que despidiera al general MacArthur y aceptara la división de Corea. Creo que si incluyeras a Marshall y al resto de apaciguadores, comunistas y espías soviéticos tu análisis de la guerra de Corea se enriquecería, y algunas preguntas y enigmas se clarificarían. Uno de ellos es la doctrina Eisenhower, que no fue sino un intento por poner la casa en orden y arreglar todos los estropicios causados por las malas compañías de Truman. De ahí sus mensajes agresivos contra China, dirigidos tanto a Mao como a todos aquellos en la administración y en el Partido Demócrata que habían simpatizado con los comunistas (sus memorias proporcionan valiosa información al respecto).
La apertura de archivos en los EEUU y Rusia en los últimos años ha dejado algunos libros sobre la Guerra Fría algo obsoletos, al mismo tiempo que muchas de las preguntas que los historiadores se han hecho durante décadas (recuerdo tu último comentario) han sido respondidas recurriendo al estudio tanto de las operaciones de inteligencia e impostura llevadas a cabo por las grandes potencias como de los archivos de los políticos de la época. Otro ejemplo: el comportamiento norteamericano en Yalta y el aparente cinismo del gobierno norteamericano no fue tal, como afirma Miguel Moreno. Algunos norteamericanos, como por ejemplo Chambers y Hiss, por mencionar a dos, no actuaron por cinismo, sino por idealismo, el comunista, y Roosevelt y Truman adolecieron de una mezcla de ignorancia y “buenismo” por los que tuvieron que pagar cientos de millones de personas.

Carlos J. Gómez Martín

Discrepo respecto a la voluntad de EEUU de querer en el ‘45 la unificación de Corea. En ese momento tenía mucho interés en que la URSS entrase en guerra contra el Japón, ya que temía que un desembarco en las islas le costase entre quinientas mil y un millón de bajas. Existía un pacto en Asia, como para Europa, de zonas de influencia y el problema es que Corea quedaba en una situación poco clara, por eso se llegó al acuerdo del Paralelo 38.
Respecto a los intentos de McArthur de lanzar bombas atómicas sobre la población civil, no tengo constancia de esa propuesta, si de lanzarlas sobre las tropas chinas. No creo que eso fuese razón suficiente para su dimisión, pues no debemos olvidar que en 1954 también se barajó lanzar bombas atómicas sobre las tropas del VietMinh que rodeaban Dien Bien Phu y no se hizo dimitir al General Le May que lanzó la propuesta.
Por último y respecto a Truman, discrepo de que fuera tan desastre, pues no olvidemos que Yalta fue un producto del para mi si nefasto Rooselvet. Truman apoyó el Plan Marshall, a Grecia impidiendo el triunfo comunista, salvó a Persia de que se convirtiese en una satélite comunista, la Alianza Atlántica y, efectivamente, estuvo firme en Berlín. El problema es que había heredado un EEUU muy prosoviético, heredado del neosocialismo roosveltiano y de la supuesta "heroicidad" de los soviéticos en la SGM.
No sería hasta el bloqueo de Berlín y el golpe de Praga cuando empezase a girar la opinión estadounidense en contra de la URSS. Y cuando Truman pudo actuar con cierta libertad para frenar al comunismo, aunque en Europa Oriental ya era tarde y también en China, en este último país debido a la inmensa corrupción del régimen nacionalista.

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