2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - Dinero en abundancia en la donación de órganos

17/11/2006 - Daniel Rodríguez Herrera

Dinero en abundancia en la donación de órganos

Hace ya tiempo, publiqué en mi blog una referencia a un artículo de Sowell donde éste defendía la libre compraventa de órganos. Esa anotación es ahora la segunda página que aparece en Google al buscar "venta de órganos", lo que provocó que muchas personas se ofrecieran a vender los suyos en los comentarios. No soy el único a quien le ha pasado; también a los críticos de esta práctica les sucede. Sin embargo, desde el momento en que un ungido lo descubrió se produjo cierto escándalo, bastante hipócrita, por otra parte.

Se considera que es inmoral vender una parte de tu cuerpo, aunque no regalarla. Es el mismo tipo de moralidad que encuentra perfectamente aceptable el sexo libre pero no la prostitución voluntaria. La cuestión no es que no resulte espeluznante que haya gente dispuesta a desprenderse de una parte de su cuerpo por dinero, sino en qué mejora la vida de esas personas que están tan desesperadas como para estar dispuestos a realizar esa transacción el prohibirles hacerla. Los ungidos pueden tener la moral que quieran, pero no deberían arrogarse el derecho a imponérsela a los demás vía Congreso de los Diputados. Porque, mientras ellos sestean satisfechos en sus casas, los pobres siguen igual de pobres y quienes mueren sin el órgano que necesitan siguen muriendo. Pero los ungidos nunca han buscado el bien de los demás, sino su propia autosatisfacción moral, a costa de quien sea.

Lo curioso es que muchos alegan que introducir dinero en el sistema de donaciones destrozaría un sistema que, al parecer, "funciona bien". Ningún sistema funciona bien en términos absolutos cuando hay listas de espera; cuando eso sucede es evidente que hay una carencia de oferta. Aún así, es cierto y generalmente reconocido que el sistema español de trasplantes es el mejor del mundo. El problema es que eso sucede debido a que el dinero corre, y a raudales, por el mismo. Claro que ese dinero lo reciben a manos llenas los médicos y las enfermeras, y no los donantes. Eso, cabe suponer, es lo que lo hace "moralmente aceptable".

En España no se hacen más donaciones de órganos porque seamos mejores y estemos "más concienciados"; las bajísimas cifras de donación de sangre así lo demuestran. Nuestro mayor número de donantes se debe a que se ofrecen enormes incentivos económicos a los trabajadores del sistema estatal de salud implicados en la identificación y captación de donantes; estos médicos y enfermeras pueden cobrar el doble que quienes han tenido la mala suerte de especializarse en otra rama de la medicina, puesto que "reciben, más o menos disfrazada y aparte de sus sueldos, una retribución especial por trasplante hecho, retribución sustanciosa que los mantiene en alerta continua, diligentes en identificar y seguir a todos los enfermos potenciales donantes que entran en el hospital y en persuadir a los familiares para que autoricen la extracción de los órganos". En definitiva, nuestros "éxitos" en las donaciones se deben a una característica típica del funcionamiento político de las instituciones: el gasto exagerado en una parte del sistema para presentarlo como éxito mientras en otras partes el dinero escasea; es el llamado "faraonismo". Es lo mismo que sucede en Cuba, donde la dictadura alardea del gran número de médicos por persona mientras escasean las medicinas y las cucarachas proliferan en los hospitales.

Los ungidos exponen así su doble moral: les parece mal cobrar por donar un órgano, pero no que alguien cobre por convencer de que se done gratuitamente. Es como estar moralmente en contra de la prostitución pero a favor de las web de contactos; lo importante no es que no haya dinero de por medio, sino que no lo cobre quien ofrece el bien deseado. Es como estar a favor de la compraventa de hortalizas siempre y cuando no cobre el agricultor sino los mayoristas, transportistas y minoristas. En fin, que de tan "laicos" resultan ser mucho más papistas que el Papa.

Pero lo importante no es lo que ni ellos ni nosotros consideremos en nuestro fuero interno que es bueno o malo. Mientras no haya terceras personas a las que se dañe con ello, ¿quiénes somos para interponernos en los tratos voluntarios que pueda haber entre dos personas?

 

Opinión de los lectores

Mikimoss

La idea de libertad que utiliza el autor, de una superficialidad teórica escandalosa, es peligrosa por sus implicaciones prácticas.

El autor entiende la libertad como la posibilidad de hacer algo, de manera que legalizar el mercado de órganos aumentaría tanto la libertad de los potenciales enfermos como la de los potenciales vendedores. Es decir, confunde aumento de la libertad con aumento del espectro de elección, en lugar de identificarla con disminución de las coacciones que limitan nuestra voluntad.

Y digo que ese concepto erróneo de libertad es peligroso porque la aplicación de los mecanismos que la desarrollan repercuten en una "selvatización" de las relaciones sociales. Así, en este caso, la legalización de la compra-venta de órganos lo que hace es dar carta de naturaleza al abuso del débil por parte del poderoso, que al tener más recursos tendrá más capacidad para adquirir aquellos órganos de los que el vendedor no se desprendería (por repercutir negativamente en su calidad y esperanza de vida) de manera voluntaria, sino únicamente por la tremenda coacción que le impone su precaria situación económica.

En definitiva, se amplía el abaníco de posibilidades de elección pero se reduce la capacidad del débil para escoger las correctas.

Saludos.

Daniel Rodríguez Herrera

Ibas bien con lo de la libertad y la coacción hasta que la fastidiaste hablando de la "coacción que le impone su precaria situación económica". Efectivamente, ahora mismo hay coacción: el Estado prohíbe, a punta de pistola, que dos particulares se pongan de acuerdo y uno compre a otro algo.

Con la excusa bastarda y falsa de esa "coacción" (que, según tu teoría, puede existir sin que nadie la imponga), lo que legitimas es una coacción real, contante y sonante. Y eso sin contar con las muertes que provoca el que no exista ese mercado, que parece ser no te importan en absoluto.

Por otro lado, ignoro en qué está mejor ese supuesto pobre que antes. Sigue igual de pobre. Pero claro, llegamos a la guinda del postre, al eliminar la coacción "se reduce la capacidad del débil para escoger las [opciones] correctas". Que son las que tú has elegido por él y obligas a punta de pistola a que tome. ¿Quién te crees que eres para elegir por él y para decidir qué es bueno para él?

Mikimoss

"...ahora mismo hay coacción: el Estado prohíbe, a punta de pistola, que dos particulares se pongan de acuerdo y uno compre a otro algo."

Ciertamente, pero yo no he dicho que toda coacción sea perjudicial. Los proyectos nos imponen deberes para su cumplimiento y la regulación del tráfico de órganos no es más que un deber concreto para que sea posible cumplir con el proyecto de una sociedad justa. Otro asunto distinto es el de la legitimidad del agente coactor, que en este caso es el gobierno elegido democráticamente por la comunidad.
Así pues, podemos hablar de coacciones justas, porque ayudan a la consecución del proyecto de justicia que la sociedad en cuestión está construyendo, o de coacciones injustas, por ser limitaciones contrarias a ese fin.

"Con la excusa bastarda y falsa de esa "coacción" (que, según tu teoría, puede existir sin que nadie la imponga),"

Eso de que nadie las impone, lo dirá Vd. En este caso, las coacciones económicas las ejecutan en primera persona tus acreedores embargándote tu vivienda, tus cuentas, tus tierras, etc. En casos más extremos la coacción te la causa el hambre, la frustración de la penuria de tus hijos, etc.

"Y eso sin contar con las muertes que provoca el que no exista ese mercado"

Ahí es donde entra la comunidad y el establecimiento de mecanismos de solidaridad mancomunada. En nuestro mundo, el Estado democrático.


"Por otro lado, ignoro en qué está mejor ese supuesto pobre que antes."

Gracias a la solidaridad social, al renunciar a la posibilidad de vender el órgano consigue conservar su salud manteniendo así su bienestar físico y posibilitándolo para efectuar en mejores condiciones una actividad laboral que repercuta positivamente en su nivell económico.

"¿Quién te crees que eres para elegir por él y para decidir qué es bueno para él?"

Esta pregunta me parece que denota un relativismo atroz. ¿Es que no podemos ponernos de acuedo que tener un dos riñones es mejor que poseer sólo uno? Me parece que el criterio de autoridad de cualquier médico zanja el asunto a mi favor.

Saludos.

Daniel Rodríguez Herrera

Me da que ya entiendo qué es eso de "superficialidad teórica escandalosa". Significa básicamente llamar a las cosas por su nombre y no alterar el significado de las palabras para colar de rondón cosas que no son.

Coacción: "Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo."

No hay fuerza o violencia en el hambre, la frustración o cualquier otra cosa que te saques de la manga. Coacción significa lo que significa, y libertad significa ausencia de coacción. Intenta ser al menos sincero, y reconoce que tus esfuerzos intelectuales de justificar una "sociedad justa" se hacen reduciendo la libertad. Así se puede discutir. Intentando cambiar el significado de las palabras, no.

Pero bueno, ahora vemos exactamente cuál es el fondo de tu argumentación. Toda ella se basa en trasladar el centro de decisión del individuo al Estado, de quien disfruta o sufre las consecuencias de la decisión y dispone del conocimiento necesario para hacerla a un ente que ni disfruta ni sufre ni conoce.

Estamos de acuerdo en que dos riñones son mejor que uno. También que tener, por ejemplo, 60.000 euros es mejor que tener 1.000. Decidir cuál de las dos cosas es más importante para una persona concreta es algo que sólo puede evaluar esa persona, no tú ni yo ni, por supuesto, la Ley o el Estado. El día que entiendas que el concepto de trade-off, quizá comprendas que no hablamos de relativismo, sino de opciones individuales bajo circunstancias individuales.

Mikimoss

"No hay fuerza o violencia en el hambre, la frustración o cualquier otra cosa que te saques de la manga."

Entonces el problema es más grave que un "selvático" concepto de libertad: se trata de ausencia de sentido común. Porque es de sentido común que la falta de recursos materiales -hasta el límite que lleva a una persona a desprenderse de un órgano sano- disminuye drásticamente la felicidad en sus dos dimensiones, el bienestar (tanto físico como psicológico) y la autonomía (la capacidad para llevar pasar de la voluntad a la acción).

"Coacción significa lo que significa, y libertad significa ausencia de coacción"

No es ese el sentido de libertad con el que te manejas. Si lo fuera abogarías por la eliminación de las coacciones que obligan al ofertante a tomar una opción contraria a su voluntad. Auque quizás lo que no entiendas es precisamente qué es la voluntad y, presumo, la confundas con querencia, como aquellos que dicen que hacen "lo que les da la gana", es decir, que las ganas mandan sobre sus decisiones inteligentes y voluntarias. Claro, si entiendes voluntad como "ganas", entonces el buey actúa libérrimamente cuando bien se lame su rabo. De ahí que tache de selvática a esa pirámide conceptual con la libertad como cúspide.

"reconoce que tus esfuerzos intelectuales de justificar una "sociedad justa" se hacen reduciendo la libertad"

La libertad tal y como tú la entiendes, claro que sí. Es lo que llevamos haciendo desde que bajamos del árbol, nos dimos cuenta de que estamos condenados a vivir en sociedad e inventamos las normas morales (la ley, el derecho, no es más que la parte de la moral que se impone mediante coacciones violentas. Otras normas morales se imponen por mecanismos de vergüenza, repudio o exclusión afectiva, familiar, vecinal, social, etc). Sólo podemos convivir si limitamos las infinitas posibilidades que nuestra inteligentísima especie es capaz de desarrollar.

Ahora, según mi concepción de la libertad -como capacidad de elegir nuestros fines voluntariamente y llevarlos a la práctica: autonomía- las normas sociales justas la aumentan, en lugar de disminuirla. Es la concepción clásica de que ser libre es vivir bajo normas justas. Nada nuevo.

"Toda ella se basa en trasladar el centro de decisión del individuo al Estado"

Te olvidas que en democracia los individuos gobernados eligen las normas por las que se rigen. ¿No te gusta? ¿Qué otro sistema consideras más justo? ¿Sobreviviría la sociedad sin moral? ¿Puedes vivir sin sociedad? A mi me parece que no, que grandes objetivos de la felicidad humana sólo son alcanzables mancomunadamente. ¿Crees que en medio de la selva sirven para algo los Derechos Humanos o el dinero, que son creaciones culturales que aumentan nuestras posibilidades vitales? Si el dinero tiene valor es porque existe una sociedad que se lo confiere. Si la libertad de expresión tiene alguna sustancia no es porque no seamos mudos, sino porque la sociedad articulada crea mecanismos de coacción para impedir que el que lo desee te tape la boca.

Saludos.

formatc

Respondo a varias de las afirmaciones de Mikimoss:

"...confunde aumento de la libertad con aumento del espectro de elección, en lugar de identificarla con disminución de las coacciones que limitan nuestra voluntad."

Una de las coacciones que limitan nuestra voluntad es, precisamente, la prohibición por parte del Estado de la venta de órganos. Así pues, la legalización de esta venta aumentaria nuestro espectro de elección a la vez que disminuiría la coacción estatal.

"...la legalización de la compra-venta de órganos lo que hace es dar carta de naturaleza al abuso del débil por parte del poderoso..."

Más bien, al contrario, el respeto a la propiedad impide que el poderoso tome nada del débil, ya que de lo contrario se incurriría en un robo o una expropiación. Donde hay propiedad privada no puede haber abuso: si el débil se niega a ceder o vender lo suyo, el poderoso no tiene nada que hacer, ya que la ley no permite la apropiación forzosa de lo que es propiedad de otra persona.

"...al tener más recursos tendrá más capacidad para adquirir aquellos órganos de los que el vendedor no se desprendería ... de manera voluntaria..."

El respeto a la propiedad y a la voluntad de las personas es el mayor garante de que nadie ceda algo propio forzosamente. Por mucho dinero que tenga alguien para comprar un determinado bien, si el propietario del bien se niega en redondo el comprador no tiene absolutamente nada que hacer: o convence al propietario del bien para realizar la venta, o la venta no se llevará a cabo. De hecho, toda venta implica la voluntariedad del vendedor de desprenderse de un bien (a cambio de una contraprestación). En cambio, si una de las partes no quiere vender, pues no vende y el intercambio no se hará efectivo.

"...la tremenda coacción que le impone su precaria situación económica."

Coacción es cuando alguien obliga a otra persona a hacer algo bajo la amenaza del uso de la fuerza física. Por tanto, una situación económica, precaria o no, no puede coaccionar a nadie. Para que haya coacción tiene que haber un sujeto que coaccione.

"...reduce la capacidad del débil para escoger las [posibilidades de elección] correctas."

Si la propiedad sobre el propio cuerpo se hace respetar, las posibilidades de elección del débil (y de cualquiera) se amplían: donde antes estaba sólo la posibilidad de no vender, ahora se puede elegir entre vender/no vender. Por otra parte, aquí piensas que estás capacitado para elegir por los demás.

"...las coacciones económicas las ejecutan en primera persona tus acreedores embargándote tu vivienda, tus cuentas, tus tierras, etc."

Para que haya un acreedor, tiene que haber primero un trato. De hecho, el embargo se lleva a cabo en situaciones en la que una de las partes ha incumplido su parte del trato. Es decir, para que yo tenga un acreedor, primero tengo que hacer un trato con otra persona y luego incumplir ese trato. Dicho más claro: todo embargo va precedido de un incumplimiento de contrato, y todo incumplimiento de contrato va precedido de un contrato libre y voluntario. Así pues, para evitar un embargo lo que hay que hacer es no realizar contratos que no se puedan cumplir o cumplir lo previamente acordado.

"En casos más extremos la coacción te la causa el hambre, la frustración de la penuria de tus hijos, etc."

Precisamente, el tipo de cosas que han desaparecido en las sociedades donde se respetan la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos. El hambre y la penuria de los hijos siguen existiendo allí donde no se respetan los principios del liberalismo.

"...al renunciar a la posibilidad de vender el órgano consigue conservar su salud manteniendo así su bienestar físico y posibilitándolo para efectuar en mejores condiciones una actividad laboral que repercuta positivamente en su nivell económico."

No, para que haya una renuncia a vender un órgano (o cualquier otra cosa) tiene que haber previamente la posibilidad de venderlo. Es decir, se renuncia a algo sólo si previamente existe la posibilidad llevar a cabo ese algo. Donde no hay capacidad de elección no hay posibilidad de renuncia: yo no puedo renunciar a vender algo mío si no tengo la posibilidad de venderlo. También mencionas la posibilidad de trabajar para salir de una condición económica precaria: entonces, no hace falta vender ningún órgano para salir de la miseria. Con lo cual, te contradices donde decías que el poderoso aprovecharía la precariedad del débil para comprar órganos en contra de la voluntad del débil (atención al concepto, "comprar en contra de la voluntad"): basta que el débil se ponga a trabajar para que deje atrás la precariedad económica, con lo que desaparece la "coacción" que "obliga" al débil a vender sus órganos.

Mikimoss, también afirmas que la autoridad de los médicos zanja el asunto a tu favor. Pero esta autoridad también sirve para prohibir el alcohol, el tabaco, las comidas con mucha grasa, el llevar una vida sedentaria... No me convence esa autoridad, no puede ser que alguien me obligue a que yo haga algo por mi propio bien.

Saludos cordiales.

aristipo

Hola Mikimoss,
Creo que hay una cuestión esencial que está siendo eludida en este diálogo y que puede permitir clarificar un poco la cuestión de la moralidad o no de la compraventa de órganos. Lo cierto es que los argumentos que utilizas, si son válidos para este tipo de intercambio comercial, habrían de serlo para todos: Si un individuo se ve obligado a vender su vivienda debido a su mala situación económica, estaría, desde tu punto de vista, siendo coaccionado a hacerlo, y lo justo, entonces, sería que el estado prohibiera la compra de viviendas, al menos cuando se dieran estas circunstancias. Curiosamente, en este caso, lo que de facto prohíbe la ley es el regalo, pues el estado cobra impuestos como si de una venta se tratase.
La cuestión está. más bien, en si consideramos que los órganos son una "propiedad" del individuo, —y por lo tanto susceptibles de ser tratados como cualquier otra propiedad— o no, y no es éste un tema que pueda resolverse a la ligera. La sociedad admite e incluso aplaude, por ejemplo, que una persona ponga en peligro su vida y su integridad física a cambio de dinero. ¿Por qué una persona podría disponer libremente de su organismo completo pero no de una parte de él?
Si nos decidimos porque las partes del cuerpo no son propiedad del individuo, ¿de quién lo son entonces?, ¿de la comunidad?, ¿del estado? ¿No pueden caber dentro del concepto de propiedad? ¿Alguien puede, entonces, dar lo que no tiene? ¿Debemos mantener un concepto del cuerpo humano como algo único e indivisible aunque la tecnología biomédica nos demuestre que no tiene que ser así necesariamente?
Como sucede con muchos otros aspectos bioéticos, las normas morales tradicionales no son válidas porque parten de presupuestos materiales que han sido superados por la ciencia y la tecnología. El hecho de que hayan sido dictadas por gobiernos elegidos democráticamente no las hace ni más justas, ni más racionales, ni más eficaces, sencillamente significa que acordamos acatarlas aunque no estemos de acuerdo con ellas. Pueden muy bien establecerse normas para asegurar que el intercambio de órganos se realice en las condiciones más idóneas, asegurar que no se producen abusos etc..., pero no veo motivo para prohibir que haya dinero de por medio.

Finalmente, lo que apunta Daniel acerca de los incentivos económicos que reciben los médicos que participan en los transplantes es muy cierto. De hecho, los diagnósticos de muerte cerebral en accidentados suelen hacerse bastante apresuradamente ya que en muchos hospitales, si se diagnostica la muerte a tiempo para aprovechar los órganos el médico cobra, y en caso contrario no.

Un saludo

Mikimoss

Sin intención de eternizar el debate y bajo el riesgo de repetirme o no ser exhaustivo, sin embargo, respondo a lo que me parece más importante:

"Una de las coacciones que limitan nuestra voluntad es, precisamente, la prohibición por parte del Estado de la venta de órganos"

Como he explicado, nadie vende un órgano propio de manera voluntaria, sino por acuciante necesidad. Voluntariamente sólo hacemos lo que nuestra inteligencia dictamina como bueno o correcto en relación a cumplir cierto proyecto vital, y el desprendimiento de un órgano sano no es una decisión de este tipo, sino un "mal menor" que en determinada circunstancia puede ser la única salida. Sin ánimo de ser pedante, pero ya dijo Sartre que estamos obligados a elegir. La cuestión es ¿qué? y ¿bajo qué presiones?

Como sociedad que se da las normas de manera democrática, lo que debemos decidir es si impulsamos medidas que fomenten la autonomía de las personas -(aún a costa de reducir el abanico de opciones escogibles) para que no tengan que plantearse desprenderse de un riñón por necesidad o fomentamos lo contrario liberalizando ese mercado y dando así carta de naturaleza a la obtención de salud de las castas más poderosas a expensas del empeoramiento de la calidad de vida de las más desfavorecidas.

" Donde hay propiedad privada no puede haber abuso: si el débil se niega a ceder o vender lo suyo, el poderoso no tiene nada que hacer"

No creo que sea Vd. tan ingenuo como para ver coacción únicamente en la violencia física directa de un sujeto hacia otro. El pobre no es libre para negarse voluntariamente a vender sus órganos. Se puede negar, sí, pero porque se rinda a un mal mayor. Puede escoger, sí, pero sólo una opción mala (quizás el hambre de su familia). Eso no es libertad.

Saludos.

Albert Esplugas

Como he explicado, nadie vende un órgano propio de manera voluntaria, sino por acuciante necesidad.

Mikimoss, sobre esta cuestión quizás te interese el debate que estoy manteniendo con Antonio en este otro hilo.

Un saludo

Gaspar Duarte

"Como he explicado, nadie vende un órgano propio de manera voluntaria, sino por acuciante necesidad."

Como ya han comentado en anteriores comentarios, este caso puede aplicarse a muchas otras circusntancias y sobre otros muchos bienes. En ningún caso se trata de una coacción, sino de lo que llamamos coste de oportunidad.

Aplicado al caso referido en este tema, está claro que una persona tiene más calidad de vida viviendo con dos riñones que solo con uno, pero en base al coste de oportunidad personal, habrá muchas personas que consideren que poseer la remuneración obtenida tras la venta de uno de sus órganos resulta de mucho más valor que seguir viviendo con él, y ésto, en muy diversas circunstancias, pero en ningún caso se trata de una coacción: la persona, en base a la propiedad, es libre de optar por su venta o no, y al hacerlo, obtener la remuneración legítima que conlleva el desprenderse de una propiedad suya mediante un intercambio voluntario.

De lo contrario, aplicando tu punto de vista, estaríamos pretendiendo obligar a las personas a seguir una senda moral determinada, cosa que en ningún caso, venga de un particular o de un Estado, está legitimada, porque eso, en verdad, sí es coacción.

Derem

Sr. Mikimoss:

Creo que desde su punto de vista lo que más le preocupa no es tanto que el pobre se vea obligado a vender, como que estas ideas llevadas a la práctica hagan que no pueda comprar.

Se podría argumentar que el Estado nos cubriría en casos de indefensión -hambre, frío, enfermedad,...- con lo que la necesidad de venta sería muy relativa, y la necesidad de compra ninguna.

Albert Esplugas

Un artículo muy pertinente en The Economist sobre la compra-venta de órganos.

formatc

"El pobre no es libre para negarse voluntariamente a vender sus órganos. Se puede negar, sí, pero porque se rinda a un mal mayor."

Entonces sí que se puede negar, tal y como escribes al comienzo de la segunda frase. Por otra parte, reconoces que hay males mayores que la venta voluntaria. Es decir, que en este caso la venta sería un mal menor. Si se prohíbe la venta, se prohíbe el mal menor.

"Puede escoger, sí, pero sólo una opción mala (quizás el hambre de su familia)."

Incluso en el caso de tener que escoger sólo entre opciones malas, existen opciones malas y opciones peores. En este caso, si por ley se elimina la opcion mala, tan sólo quedaría la opción peor.

"Eso no es libertad."

Entonces, libertad debe ser prohibir a alguien tomar decisiones sobre su propio cuerpo.


La donación voluntaria es algo loable, ahí estamos todos de acuerdo. Sin embargo, se ha revelado como insuficiente: muy poca oferta para una gran demanda. La opción de la venta, entonces, se sumaría a la opción anterior: si con la donación tenemos X órganos al año, con las opciones de donar y vender se obtendrían X+Y órganos al año. Es decir, más opciones para la gente que necesita un órgano y está en lista de espera. El tipo de gente a la que no le sobra el tiempo como para esperar como única opción un órgano donado, pero no vendido.

Un saludo.

© 2005-2009. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.