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Portada - Comentarios - Usted, ciudadano, es un terrorista potencial

24/11/2006 - Manuel Llamas

Usted, ciudadano, es un terrorista potencial

Desde principios del mes de noviembre, el Estado, en su afán y denostado esfuerzo por garantizar la seguridad de sus frágiles y desamparados ciudadanos, ha vuelto a hacer uso de su omnipotencia regulatoria para, en este caso, impedir la entrada de sustancias altamente peligrosas en los aviones que, diariamente, sobrevuelan el espacio aéreo europeo: perfumes, geles de baño, champús, pastas de dientes, máscaras de pestañas, cremas, lociones, aceites corporales y demás líquidos de similar naturaleza son las nuevas armas de destrucción masiva, a los ojos de nuestra inepta clase política.

De este modo, todas aquellas personas que se preocupen mínimamente por su aseo e higiene personal se convierten, de facto, en un potencial terrorista químico dispuesto a volar por los aires el medio de transporte de larga distancia más empleado hoy en día en los países desarrollados. Su neceser es susceptible de ser revisado hasta el más mínimo detalle por las autoridades competentes para que todas aquellas sustancias que no se ajusten a los parámetros y criterios contenidos en la nueva normativa comunitaria puedan serle incautados automáticamente... eso sí, ¡por su propio bien!

Ya puede viajar tranquilo y exento de preocupaciones, pues ahí está el Estado, poniendo nuevamente a pleno rendimiento su arsenal regulatorio, confiscatorio y coercitivo al servicio de la defensa y protección de la integridad física de sus resignados súbditos, ante la amenaza plausible de que algún desalmado haga uso de la pasta dentrífica fluorada e, incluso, del esmalte de uñas, para articular un complejo y sofisticado explosivo con el macabro fin de ser detonado en pleno vuelo.

Esta brillante medida fue propuesta a iniciativa de la Comisión Europea a raíz de un plan terrorista, frustrado por las autoridades policiales británicas el pasado verano, que tenía por objetivo atentar contra, al menos, diez aviones que, preferentemente, realizaran trayectos entre Reino Unido y EEUU. No es algo nuevo. Desde los atentados del 11-S, los servicios de seguridad occidentales recomiendan la adopción de este tipo de medidas cautelares, de forma progresiva, en función de los nuevos ingenios destructores que diseñan las mentes terroristas islámicas.

Primero fue la prohibición de transportar tijeras u objetos punzantes a bordo de los aparatos aéreos, al tiempo que se extremaban los cacheos y registros individualizados de prendas y maletas en los controles de seguridad aeroportuarios de EEUU y Europa, llegando incluso a desvestir completamente a ciertos pasajeros escogidos al azar, es decir, de forma aleatoria. A ello, hay que sumarle los rígidos sistemas de verificación identitaria puestos en marcha por las autoridades norteamericanas a fin de comprobar hasta los más íntimos datos personales de los viajeros con destino a su país. Pero, lejos de quedar satisfechos, la paranoia burocrática, en su afán de alertar a la población del inminente riesgo de sufrir nuevos ataques, ha servido de excusa para que el Estado extienda su manto protector a ámbitos de la esfera personal hasta ahora excluidos de la intervención gubernamental, con el correspondiente detrimento de la libertad individual que, lógicamente, ello supone.

La siempre atenta progresía europea no tardó en denunciar a viva voz el recorte de las libertades civiles que se estaba produciendo en EEUU como consecuencia de la puesta en práctica de determinadas medidas de seguridad. Sin embargo, curiosamente, en cuanto Europa fue azotada por la furia islamista radical, la burocracia europea de todo signo y condición corrió a imitar sin miramientos las políticas allí adoptadas, llegando a superar, en algunos casos, las restricciones impuestas por la Casa Blanca a la siempre denostada e infravalorada sociedad estadounidense. Entonces, las críticas acallaron de golpe para que, a continuación, la UE se hiciera cargo de la situación.

Las directivas europeas emergieron, así, cual chaleco antibalas o salvavidas, para implementar toda una serie de instrumentos legislativos que, en la práctica, al tiempo que coartan y restringen nuestras libertades, consiguen tan sólo matar moscas, pero eso sí, a cañonazos. En los próximos meses, dicha batería normativa empezará a entrar en vigor a pleno rendimiento: la Ley de Retención de Datos, próxima a ser aprobada por el Gobierno, obligará a los operadores de telefonía (fija y móvil) e Internet a conservar durante, al menos, un año, todos los datos relativos a nuestras comunicaciones, con un coste aproximado de entre veinte y treinta millones de euros anuales por compañía; el anteproyecto de ley de la Sociedad de la Información dotará a las autoridades competentes (es, decir, estatales) de competencia plena para clausurar cualquier página web cuyos contenidos sean considerados inconvenientes, sin necesidad de intervención judicial alguna (tal y como ocurre hoy en día en la tan democrática República Popular China, o en la también comunista Cuba de Fidel).

La prohibición de llevar en nuestro equipaje de mano líquidos de todo tipo es tan sólo un capítulo más, aunque, por desgracia, no el último, de la inefable y caótica política de nuestra clase dirigente que, con la excusa de protegernos, nos convierte a todos en potenciales e hipotéticos terroristas capaces de perpetrar los más terribles y sanguinarios actos, por lo que debemos someternos irremediablemente al exhaustivo control estatal. No se extrañe usted si en el futuro, nuestro Gobierno protector le obliga a subir en el avión desprovisto de toda prenda de vestir, cual nudistas en una playa, pues tan sólo hace falta que un ingenioso y desvergonzado terrorista invente los calzones explosivos... El error de origen, estriba en la complacencia ciudadana a la hora de depositar nuestra seguridad personal en manos de la clase política al rezo colectivo de... Oh, Estado, líbranos de todo mal.

 

Opinión de los lectores

Iván Moreno

El argumento de que al registrarnos no están considerando terroristas potenciales, me parece bastante demagógico.

Por la misma regla de tres, debería resultarnos inaceptable el detector de metales, e incluso el que un guardia nos vigilara.

Estamos de acuerdo en que todas esas medidas son exageradas, y que todo quedaría menos extravagante si fuera la empresa de viajes, la que pusiera las normas para sus vuelos.

Pero aun así es curioso que siguiendo tu argumento, las empresas de viajes también presupondrían que eres un terrorista potencial. ¿Lo considerarías igual en este caso? ¿O en este caso no eres un terrorista potencial? A mí no me importaría... incluso volaría mejor con ellos.

Hay un punto más, que es por el que he escrito realmente: El problema de los vuelos de avión es que su seguridad no sólo afecta a los pasajeros que toman el avión. Si el avión se estrella por poner un ejemplo contra una Torre Gemela, pueden morir cientos de personas que no pudieron eligir una avión más seguro o menos seguro.

(Todo esto lo comento manteniendo que los controles actuales son desproporcionados)

¿Tiene sentido permitir circunstancias similares en aras de la libertad?

A mí, me recuerda formalmente a aquel que se despreocupa de la caldera de gas de su casa y de su cuidado, haciendo uso de su libertad... ¿Podremos exigirle sus vecinos unas reglas mínimas de seguridad? ¿Sí ... no?

Un saludo



María

Iván, el ejemplo de la caldera me parece poco afortunado. Una cosa es un peligro real por negligencia y otra cosa es la amenaza posible de un ataque. Yo creo que para evitar todo lo que dices, que es cierto, nos pueden poner una bomba en cualquier sitio en cualquier momento, y seguramente la vida sobre la tierra se acabe pasado mañana... deberíamos ir todos desnudos, y de momento, los suicidas, no iban a poder disimular. No podrían llevarse armas (no hay bolsillos). Y en invierno, especialmente, no iba a haber delincuencia. ¿Quién iba a atreverse a bajar a la calle en pelota picada?

Iván Moreno

María, no estoy seguro de que sea tan distinto el caso del avión al de la caldera. A lo mejor no quedó claro que me refería la caso de que fueran las compañís privadas las que decidieran sobre la seguridad en sus vuelos. Tal vez con ese dato se vea más clara la analogía.

Tampoco creo que de lo que comento se deduzca que todos tengamos que ir en pelotas ;). Eso podría ser si hubiera dicho que deberíamos prohibir las calderas de gas, para evitar las explosiones.

Eso sí, creo de gran importancia la cuestión, dentro de la defensa de las libertades. La pregunta es clara: ¿cuáles son los límtes a la libertad en pos de la seguridad?

Desde mi punto de vista, creo, que los límites deben ponerse en función de la probabilidad de encontrarnos con un caso de terrorismo. (O fijando, siguiendo las técnicas utilizadas en detección, la probabilidad de falsa alarma, conocidas las probabilidades en juego.)

Poniendo un ejemplo numérico:

Si el 90% de las personas que entran en un avión lo hicieran para estrellarlo, no veo ninguna razón para no obligar a pasar todas las medidas de seguridad necesarias, incluídas las de desnudar a los viajeros si fuera necesario. Del mismo modo que si el 90% de las personas cometieran descuidos que llevaran a las calderas a explotar, prohibiría, si de mí dependiera, las calderas.

Obviamente, el riesgo ni se aproxima a eso, por lo que las medidas tampoco deben ser disparatadas. Pero... ¿cuáles deben ser?

Del argumento de este post, sólo nos queda deducir que ninguna, salvo que haya pruebas inequívocas de que seas un terrorista. Lo contrario sería considerarte un posible terrorista aunque no lo seas, y eso, hemos dicho que es inaceptable. ¿Realmente podemos aceptar dicha argumentación? Desde mi punto de vista no. Es más, como argumentación creo que hace más daño que bien a los que criticamos el exceso de control y el aumento del miedo que se produce con estas intervenciones.

Un saludo, María





María

Iván, ninguna compañía privada estaría encantada si tuviera fama de insegura, negligente... o sucia, descuidada en el trato, impuntual. Forma parte del producto que venden: le llevo a Londres en tiempo record, no me retraso, soy formal, y le dejo en perfecto estado. Todas iban a competir por ser LAS MÁS seguras...

Iván Moreno

Sí, María. Estoy seguro de ello. Las empresas tenderán a la seguridad.

Pero ello implicaría tratar a sus pasajeros como terroristas potenciales: registrarles, pasarles por el detecto de metales, revisar sus posesiones, etc.

Creo que a Manuel, por ejemplo, no le hace gracia eso. Así que él optará por otra compañía. Y más, cuando la compañía por eliminar los mecanismos de revisión de equipajes y pasajeros, reduzcan el precio a la mitad, u ofrezcan un vuelo más cómodo y rápido.

Así, el quid de la cuestión sigue estando ahí. No me has respondido en ningún caso a mi pregunta original... la repito:

Dado que la seguridad de un avión no afecta exclusivamente a aquellos que deciden voluntariamente usarlo... ¿deben existir unas normas de seguridad impuestas por la sociedad?

Recalco de nuevo que el artículo de Manuel no habla de que sin el Estado todo estaría más seguro. Habla de que no quiere que le traten como a un delincuente. No sé si queda claro mi punto de vista: ese argumento o es demagógico o debe ser aplicado exactamente igual para la propiedad privada. De esta forma, no lleva a ningún camino aceptable. Y como tal debe ser rechazado.

La sociedad, como defensa de su vida y su propiedad, debe velar por asegurarse frente a las amenazas que no dependendan de su actuación. Obligar a revisar la caldera de gas, u obligar a la existencia de ciertas normas de seguridad en los aviones, creo que es fundamental como garantía de nuestros derechos. Los límites deben de ser proporcionados y perfectamente estudiados... promover su eliminación no es más que dejarse llevar por un sueño utópico. Y más si nos apoyamos en argumentos poco sólidos.

Un saludo, María

María

Pues ya siento haberme explicado tan mal, Iván. Pero pensé que era evidente que si hay compañías que compiten por clientes, y clientes a quienes no les gusta sentirse tratados como delincuentes, habrá compañías que inventarán modos de ser eficientes sin herir la susceptibilidad del pasajero. Pero por lo visto no está tan claro como pensé.
Tu pregunta es difícil, porque involucra la seguridad del espacio aéreo de los sitios por donde pasa la ruta del avión. La defensa de la vida y la propiedad son muy importantes. La defensa de la libertad también. ¿Debe ser la sociedad quien salvaguarde todo eso? pues supongo... ¿a través de mecanismos impuestos pot el estado o a través de otras instituciones no estatales, no dirigistas, sino espontáneas como la empresa privada? pues casi voto lo segundo...

Iván Moreno

Pero pensé que era evidente que si hay compañías que compiten por clientes, y clientes a quienes no les gusta sentirse tratados como delincuentes, habrá compañías que inventarán modos de ser eficientes sin herir la susceptibilidad del pasajero

Por supuesto que buscarán las maneras de hacer que el cliente se sienta más cómodo y lo harán con una mayor eficacia que el Estado. (Eso sí, según lo comentas parece que el Estado pasa de ello). Pero el sentirse cómodo no evita la necesidad de una intromisión en el pasajero y una suposición de que todo el mundo es un terrorista potecial, para garantizar la seguridad. De nuevo volvemos a lo que critica Manuel, y que no se puede evitar, salvo que desatendamos completamente la seguridad.

Con respecto a quién debe garantizar dicha seguridad, no creo que haya forma de hacerlo sin que un parte de la sociedad se lo imponga al resto. Llámale a esa parte de la sociedad Estado, si quieres. No hay forma de garantizar la seguridad, mientras que haya gente dispuesta a no garantizarla, y no haya nadie que le obligue a ello. La empresa privada que lo gestionare, de llegar el caso, se convertirá en un Estado de facto.

Un saludo, María. Un placer

María

Sociedad, estado y empresa rivada son tres categorías que definencosas muy diferentes y no intercambiables. Esa es la diferencia sustancias entre nuestros planteamientos. La sociedad NO es el estado, y la empresa privada surge de la sociedad, para proveer de bienes y servicios a dicha sociedad.

Iván Moreno

Esa es la diferencia sustancias entre nuestros planteamientos.

No lo creo. Es más, creo que la visión que tenemos es muy similar al respecto.

Pero si un grupo de personas de una sociedad, deciden adoptar una serie de medidas que impongan normas al resto en sus relaciones libres, ya sea el grupo elegido democráticamente, ya sea ésta una empresa privada pagada por otro grupo o ya sea un tirano que decida por todos... ¿de qué manera se diferencia eso de la protección del Estado? Yo lo tengo claro: de ninguna. Si no piensas igual, me gustaría saber cual es la que piensas que es la diferencia con un caso concreto. Creo que hablar en abstracto hace muy difícil llegar a un punto en común.

Un saludo

María

El estado es un tirano que elige por ti y te seduce para que consientas y para seguir haciéndolo. Una empresa privada que es contratada para imponer algo es una banda de mafiosos. Un grupo de personas de la sociedad es cualquier cosa... una banda de mafiosos, unos niños que jugan al corro de la patata, un partido político... si intentan imponer algo a los demás porque tiene el monopolio de la fuerza y han seducido a la población para ser elegidos son un gobierno.

Iván Moreno

Sí María... estoy de acuerdo en lo que dices. Pero me cuesta hilar tus respuestas con las mías. Si te parece voy a intentar aclararme de adonde quieres llegar.

Con respecto a la seguridad en los aviones tenemos dos opciones:

1.- Impedir cualquier control ajeno al que se somentan los intervinientes en el vuelo: compañía de vuelo, viajero, compañía que gestiona rutas aéreas, etc.

2.- Permitir algún tipo de control por parte de los no participantes en el vuelo, dado que un vuelo inseguro, no sólo afecta a los que decidieron y acordaron el vuelo.

¿Desde qué posición partes tú?

Un saludo

María

impedir o permitir ¿quién?

Iván Moreno

¿Qué más da quién?

Tú, yo... la mayoría, un dictador, una empresa privada de seguridad, el pueblo, la sociedad... ¿qué más da quién? ¿Acaso la libertad es más o menos libertad en función de quién la viole?

Creo que os dejáis llevar por un odio al Estado, cuando el problema no puede ser el Estado sino la falta de libertad. Habéis simplificado la lucha por la libertad dejándola en la lucha contra el Estado, y eso puede hacer que vuestro discurso se empobrezca, y se aleje del fin fundamental.

Un saludo, María.

PD: Si después de esta respuesta puedes contestar a mi pregunta, perfecto. Si no, veo muy difícil continuar con el diálogo, porque no consigo encontrar ningún punto de apoyo común desde donde alcanzar un acuerdo básico.

María

Siento ser tan testaruda. La pregunta era crucial. Si es el dueño de la compañía el que impone restricciones me parece bien, porque el consumidor elige. Si son pocas, y el ciudadano siente amenazada la seguridad del territorio donde vive, no elegirá esa compañís. Si la compañía es negligente Y PASA ALGO, pagará por ello si hay legislación que penalice la negligencia. pero hacer pagar al ciudadano POR SI ACASO, no.

Iván Moreno

Y yo vuelvo al ejemplo de la caldera de gas, para hacer más fácil entenderlo.

De tu último post, interpreto que
si yo tengo una caldera de gas que decido no vigilar ni revisar, tú no podrás evitarlo, aunque vivas al lado, y sepas que lo más normal es que esa caldera explote.

Deberás irte de tu vivienda al menos hasta que explote la caldera, pues yo no estoy dispuesto a pagar nada para vigilar la caldera. Una vez que explote te deberé una indemnización... pero hasta entonces tú misma.

¿Crees que dicha actuación mía no afecta tu propiedad? ¿Tú no tienes derecho a exigir unas normas como defensa de tu propieda e incluso tu vida?

Y no es para nada crucial quién debe imponer dichas normas (si aceptamos que se deban imponer). Tu respuesta según la has dado, no necesitaba mi respuesta a tu pregunta. Tu respuesta ha sido clara: Nadie tiene derecho a imponer un control del tipo que sea a los participantes del vuelo (viajeros, compñías de vuelo y gestora de tráfico aéreo). ¿Por qué entonces me preguntas que quién debe imponer nada aparte de ellos si no aceptas a nadie salvo a ellos?

Creo que te colocas en una posición bastante defensiva, y das por hecho que digo coasas que realmente no digo. Así se complica bastante el debate.

Un saludo, María.

Iván Moreno

Por cierto... me he dado cuenta que tal como interpreto a la luz de tu último mensaje tu pregunta, la respuesta estaba implícita en mis opciones:

Permitir algún tipo de control por parte de los no participantes en el vuelo

Es decir... los que impiden o permiten son personas ajenas al vuelo (ni los pasajeros, ni la compañía de viajes, ni los gestores de tráfico aéreo, etc)

Gente que ve amenazada su seguridad por un vuelo que suprime sus medidas de seguridad, del mismo modo que mi vecino suprime la vigilancia de su caldera.

Y me parece muy bien que pague una indeminzación por estrellar su avión en mi casa. Pero me va a resultar difícil que me devuelva la vida.

Te repito la pregunta con el caso de la caldera:

¿Tiene alguien derecho a exigirme (obligarme) un mínimo de cuidados de la caldera ?

¿O debemos impedir que nadie me obligue a cuidar mi caldera?

Un saludo

María

No. No son personas ajenas al vuelo los que imponen medidas, son los eferentes del vuelo: ofrecen un producto de mejor calidad, más seguro. Igual que en el caso de las calderas, si el oferente ofrece calderas más seguras que él retira al cabo de x tiempo y repone a bajo precio, el demandante inteligente comprará esas, y deseará que los demás hagan lo mismo. Los oferentes de vivienda en venta o alquiler puedes ofrecer contratos con cláusulas al respecto, las comunidades de vecinos toman decisiones al respecto, si eres negligente esa comunidad te puede presionar hasta que te vayas... parece que te oigo... "¿y si no me voy?" ¿Y si se acaba el mundo? :-P
Fíjate que pensaba que eras tú el que estás a la defensiva... A lo mejor se trata de reconocer que discrepamos sin más.

Iván Moreno

Bueno, María. Empezaste diciendo que el caso de la caldera era distinto al del avión, y hemos llegado al final a que sí es lo mismo. Hemos avanzado.

Ya por lo menos acepto tu argumentación como coherente. Hasta ahora, me daba la sensación que habíoa puntos comunes pero el razonamiento nos llevaba a dicrepar. Ahora veo que son las bases las que nos diferencian. Y las bases son difíciles de discutir.

Un placer la discusión.

Salud

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