
Ya hemos explicado por qué las inyecciones de liquidez de los Bancos Centrales sólo pueden tener un éxito transitorio en caso de que nos encontremos ante una genuina crisis de liquidez. Sin embargo, en este caso, tenemos multitud de activos que han perdido totalmente su valor y que deben ser asumidos como pérdidas extraordinarias por las entidades de crédito.
El Banco Central no puede convertir un activo en default en uno de calidad por mucho dinero que imprima. Esos nuevos fondos simplemente buscarán refugio en otras inversiones con valor, elevando sus precios.
La situación es complicada porque las malas inversiones no se restringen a las hipotecas subprime. De momento han sido los únicos créditos que han entrado en default, pero habrá más en el futuro. La escalada en el precio de las materias primas se mantendrá mientras los Bancos Centrales sigan expandiendo el crédito; es ilusorio creer que resulta posible incrementar la cantidad de ahorro en la sociedad simplemente con una decisión política.
Así pues, los Bancos Centrales confrontan dos escenarios y ambos apuntan a la recesión. El primero consistiría en mantener los tipos de interés bajos para tratar de contener la carga financiera de las familias y de las empresas, a costa de sufrir inflación.
El segundo pasaría por revertir la política de tipos, para tratar de recuperar credibilidad en la divisa y frenar la inflación, aun a costa de incrementar la carga financiera de familias y empresas.
El primer escenario, del que parece ser partidario el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, pretende beneficiar especialmente a los deudores: impedir que los tipos de interés en los mercados monetarios superen los objetivos de la Fed, expandiendo tanto el crédito como sea necesario.
El problema de esta propuesta es que, por un lado, resulta irreal y, por otro, no evita la crisis, aun cuando fuera factible.
Los Bancos Centrales expanden el crédito con la esperanza de que los nuevos fondos fluyan hacia los mercados monetarios, de modo que la abundancia de numerario permita prestar el dinero a tipos de interés más reducidos. Esto alivia a las familias y empresas que soportaban el riesgo de interés, pero también induce a los bancos, que acaban de tener acceso a un crédito más barato, a prestar a un tipo fijo más reducido (esto es, que estén dispuestos a prestar a un tipo fijo bajo o a adquirir bonos que proporcionen una baja rentabilidad).
El problema es que esto sólo funciona así cuando no se conciertan los préstamos en una moneda que se está depreciando a marchas forzadas. En esos momentos, los bonos a tipo fijo están prometiendo devolver en el futuro una cantidad de numerario cuyo valor será mucho menor al actual; o, dicho de otro modo, existen tipos de interés reales negativos. Y al mismo tiempo, los mercados de materias primas continúan con una tendencia alcista en el medio plazo.
La consecuencia es obvia: la liquidez adicional que los bancos centrales proporcionan en los mercados monetarios no afluye hacia el mercado de renta fija, sino hacia el de materias primas[37], ya sea comprando contratos de futuros para revenderlos con ganancia, adquiriendo materias primas al contado y atesorándolas o incluso adquiriendo acciones de empresas relacionadas con la extracción y gestión de las materias primas. No sólo eso, es muy posible que los tenedores de bonos a tipo fijo decidan vender sus bonos e invertir también los saldos obtenidos en materias primas.
A los bajos tipos de interés que proporciona el Banco Central, resulta conveniente apalancarse para invertir en materias primas, por lo que la presión vuelve a trasladarse sobre el monetario, que también verá incrementado sus tipos de interés. Tenemos al mismo tiempo un incremento en el precio de las materias primas y de los tipos de interés.
Así pues, la política de la Fed y el BCE está sentando las bases para futuros incrementos de los tipos de interés, que dificultará la financiación empresarial e incrementará la carga financiera de quienes soportaran el riesgo de interés.
Pero aun en el caso de que los tipos de interés no se incrementaran (lo cual no resulta muy verosímil en un contexto de caída de valor de la divisa), el precio de las materias primas sí continuaría aumentando[38]. La consecuencia sería un estrechamiento de los márgenes de beneficios para aquellas empresas cuya posición no les permita repercutir los mayores costes en los precios y un incremento de los precios de todos los restantes productores que sí puedan hacerlo[39].
Ya en este punto las empresas que no puedan repercutir los mayores costes en sus precios pueden verse abocadas a cerrar, lo que a su vez puede ejercer una nueva presión alcista sobre los tipos de interés. Primero, porque antes de que las empresas quiebren, muchas de ellas pueden buscar financiación de manera desesperada para mantenerse más tiempo en el mercado con la esperanza de que los costes volverán a reducirse. Segundo, porque una vez hayan quebrado, sus trabajadores se encontrarán en el paro; en la medida en que esta interrupción de su renta les impida atender sus eventuales cargas financieras, el sistema bancario afrontará nuevos defaults, y la situación de principios de agosto en los mercados monetarios se reproduciría[40].
Pero además, el incremento de precios terminará trasladándose, a buen seguro, a los salarios en forma de mayores reivindicaciones por parte de trabajadores y sindicatos que compensen el envilecimiento de la moneda. Si ello se produjera, los costes de las empresas aumentarían aún más, y el proceso anterior se realimentaría, dando lugar finalmente a una crisis generalizada.
De momento nos estamos moviendo en esta dirección, la crisis en el sector inmobiliario se agravará y arrastrará al resto de la economía, como incluso el propio Bernanke parece reconocer[41]. Es el resultado inevitable del creciente peso que han ido adquiriendo las hipotecas con la consecuente contradicción crediticia global que supondría un default generalizado:
Gráfica 39 – Hipotecas residenciales sobre el total de la deuda no financiera

Fuente: KASRIEL, Paul L. No recession in sight if you are nearsighted
El segundo escenario, al que parece acercarse más Trichet, consistiría en subir los tipos de interés hasta que la inflación, sobre todo en los mercados de materias primas, se contenga. Greenspan ya ha advertido de que volveremos a ver tipos de interés por encima del 10%[42]. Se trataría de que regresara un Paul Volcker (presidente de la Fed entre 1979 y 1987 que terminó con la inflación del dólar subiendo los tipos de interés) que salvara la credibilidad del dinero fiduciario, restringiendo la expansión crediticia.
No queda muy claro si esta segunda venida de un dólar fuerte conseguiría el resultado pretendido, pero sí es evidente que sus efectos serían devastadores para multitud de familias, empresas y bancos. La pirámide de deuda que ha ido acumulándose durante los últimos años se vendría debajo de manera inmediata.
Numerosas familias y empresas no serían capaces de atender la carga financiera, con lo que los prestamistas tendrían que proceder a liquidar los subyacentes. Esto no sólo provocaría una deflación en numerosos activos como la vivienda (lo que supondría que los prestamistas podrían en el futuro no recuperar enteramente el valor de los préstamos colaterizados), sino que además el valor de otros instrumentos estructurados como las tranches de las CDO o los valores titulizados también se hundirían, en un proceso análogo al que ya ha ocurrido con las subprime.
Los bancos, obviamente, se resentirían por todos los lados. Su cartera de activos perdería gran parte de su valor, y sólo aquellos que pudieran respaldarla con sus fondos propios (que, según el Acuerdo de Basilea, suponen alrededor del 8% del valor de los activos) estarían en posición de sobrevivir.
Con todo, parece claro que en este contexto se les plantearía una dificultad adicional: el pánico bancario. Si los depositantes acuden en masa a retirar sus fondos ante la incierta situación del banco, no sólo tendrán que hacer frente a un problema de solvencia, sino a uno de liquidez. Y si tenemos en cuenta que los bancos centrales se han propuesto no inflar la oferta monetaria, los altos tipos de interés del interbancario resultarían o bien prohibitivos para obtener financiación o bien ejercerían una mayor presión sobre los fondos propios del banco mediante mayores pérdidas.
Es una incógnita qué política decidirán seguir los bancos centrales. Pero sí hay que tener en cuenta que el dólar no puede permitirse una caída libre en el valor del dólar, como la que parece propugnar Bernanke. Si de momento no se ha producido el repudio total y absoluto del billete verde ha sido, en buena medida, porque los productores de petróleo siguen aceptando el dólar para cobrar por sus exportaciones y porque los chinos atesoran o reinvierten en bonos norteamericanos los dólares que consiguen merced a su enorme superávit comercial.
Si los productores de petróleo rechazan el dólar o los chinos dejan de adquirir bonos con tipos reales negativos, por mucho que quiera evitarlo Bernanke, EEUU sufrirá de una rampante inflación y de tipos de interés elevados antes del repudio total de su moneda[43].
[37] MoneyMarket, Pese a la expansión crediticia desde agosto, las condiciones de acceso al crédito no han dejado de restringirse: Los bancos están endureciendo las condiciones del crédito comercial e industrial, y un 40% de los bancos lo está haciendo incluso con los hipotecas de calidad, no sólo las subprime, frente al 14% del tercer trimestre. Casi un 30% están pidiendo condiciones más estrictas para el crédito comercial distinto de las tarjetas de crédito, frente al 12% en verano. Credit crunch spreads beyond financial markets (2007) http://www.moneyweek.com/file/37678/credit-crunch-spreads-beyond-financial-markets.html
Bernanke también reconoce esta situación en su última comparecencia ante el Congreso: BERNANKE, Ben. La información de las encuestas sugiere que los bancos han endurecido las condiciones del crédito durante los últimos meses para un conjunto de productos. The Economic Outlook, Before the Joint Economic Committee, U.S. Congress, (8-11-2007).
La encuesta realizada a los bancos por el Banco Central Europeo en noviembre apuesta hacia la misma dirección: BCE. Los bancos indican que han endurecido las condiciones del crédito, ampliando los márgenes de los préstamos, reduciendo tanto su duración como su cuantía, y pidiendo un mayor colateral. Mirando hacia el futuro, los bancos esperan implantar condiciones de crédito más severas para los préstamos a empresas. EU Banking Stability Sector (2007:28)
[38] HUERTA DE SOTO, Jesús. Dado que gran parte de la nueva renta de los factores originarios de producción procede directamente de la expansión crediticia, es preciso que ésta se incremente de manera progresiva con la finalidad de que el precio de los factores de producción siempre vaya por delante del precio de los bienes de consumo (...) En el momento en que esto no sea así [surgirá] de forma irremisible la crisis y la depresión económica. Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos (2006:318)
[39] HUERTA DE SOTO, Jesús. En las etapas más alejadas del consumo, el precio de los bienes intermedios que se producen en cada etapa no experimenta una variación muy significativa, mientras que el coste de los factores originarios de producción empleados en cada etapa experimenta un aumento continuado, resultado de la mayor demanda monetaria de los mismos que tiene su origen directo en la expansión crediticia. Crédito Bancario y Ciclos Económicos (2006:292)
[40] Hay que señalar que este es un riesgo muy serio que confronta, sobre todo, la economía española. El peso de las hipotecas en los activos de las entidades de crédito de nuestro país oscila entre el 60% en el caso de los bancos y el 70% de las Cajas. Un incremento súbito del paro (que podría verse inducido por la escasa competitividad exterior de nuestras empresas) dispararía la morosidad, con lo que el interbancario podría volver a “secarse” e incrementar, aun más, la carga financiera que soportan las familias.
[41] BERNANKE, Ben. El Comité no considera que el crecimiento reciente pueda sostenerse en el futuro cercano (...) la contracción en las actividades dedicadas en la construcción parece que se intensificará. The Economic Outlook, Before the Joint Economic Committee, U.S. Congress (2007)
[42] USA Today. Los tipos de interés de dos dígitos son algo que puede volver a ocurrir en un período corto de tiempo (2007)
[43] En este sentido, ya se han producido las primeras amenazas. Arabia Saudí, Omán y Barhein no recortaron sus tipos de interés el pasado 18 de septiembre, al unísono de la Reserva Federal como habían venido haciendo durante los últimos 31 años. Esto ha favorecido que sus divisas se apreciaran con respecto al dólar, lo que hace temer que puedan migrar hacia otra moneda. Del mismo modo, el pasado 7 de noviembre, el vicepresidente del Parlamento chino lanzó un serio aviso contra el dólar: “En lo que respecta a nuestra reservas externas, tenemos que aprovechar la apreciación de las divisas fuertes para compensar la depreciación de las débiles(...) El euro se está apreciando contra el yuan mientras que el dólar se está depreciando, por lo que debemos buscar un equilibrio entre ambos”.
De hecho, Stephen Jen, jefe de divisas de Morgan Stantley también manifestó recientemente que: “Esta es la primera vez en toda mi vida que siento preocupación por el dólar (...) No sé cuánto va a durar, pero el dólar está en peligro. Lo que hasta ahora ha sido una caída ordenada puede degenerar en un hundimiento violento”.
Similares han sido las declaraciones de Jim Rogers, uno de los inversores más importantes del mundo: Si tienes dólares, te recomiendo que te desprendas de ellos. El dólar ha dejado de ser una moneda para conservar el valor.