
El último trimestre de 2007 se ha caracterizado por la continuidad de la crisis financiera que estalló oficialmente a principios de agosto. Los mercados de crédito continúan en buena medida congelados y lo que para muchos parecía simplemente una crisis financiera, ya se está materializando en la economía real mediante aumentos del paro y quiebras de empresas.
La rápida reacción de los bancos centrales durante agosto y septiembre para sostener un crédito inflado no parece haber surtido ningún efecto positivo sobre los mercados financieros (y en cambio sí ha generado una rampante inflación en las materias primas), por lo que, junto a las autoridades políticas, se han visto obligados a idear nuevos planes para tratar de solucionar lo que todavía muchos siguen calificando de “turbulencias”.
Nuestro juicio no puede ser tan optimista. Estamos sumergidos en una crisis que será más larga y más intensa que las correcciones habidas en las últimas décadas. La mayoría de economistas son incapaces de efectuar un correcto diagnóstico y de emitir propuestas útiles porque simplemente no entiende qué está ocurriendo al carecer de una teoría económica sólida, realista y acertada. Del mismo modo, los políticos o simplemente ignoran la situación o prefieren ocultar la realidad a sus ciudadanos para frenar cualquier pánico generalizado.
La finalidad de los boletines de coyuntura no es arrastrar a ningún lector a la histeria, sino analizar y explicar la realidad correctamente con el objetivo de minimizar los errores individuales y colectivos. Para ello contamos con el mejor instrumental analítico existente en la actual: la teoría austriaca del ciclo económico, desarrollada a lo largo del s. XX por economistas tan ilustres como Ludwig von Mises, el premio Nobel Friedrich Hayek o, en España, el catedrático Jesús Huerta de Soto.