
La enorme y peligrosa concentración en los activos bancarios del crédito a los sectores relacionados con la construcción supone una auténtica bomba de relojería para la estabilidad del sistema financiero español. La teoría austriaca del ciclo económico explica perfectamente cómo las manipulaciones monetarias llevadas a cabo por los bancos centrales tienden a concentrar el crédito en determinados sectores (burbuja financiera) que finalmente terminan por explotar.
Es del todo razonable pensar que el mercado inmobiliario español pasa por una de estas burbujas y que, de hecho, ya ha comenzado a pinchar. Los recientes incrementos del desempleo en la construcción y los servicios inmobiliarios son sólo un antecedente de una crisis similar a la de las hipotecas subprime en EEUU.
Por muchas que sean las precauciones que supuestamente ha adoptado la banca española a la hora de conceder las hipotecas y préstamos a promotores y constructores, debería generar un cierto desasosiego que unos créditos en riesgo de impago respaldados por unos colaterales con precios a la baja constituyan alrededor del 50% de todo el activo de las entidades de crédito españolas.
En este sentido, conviene reiterar algunas de las recomendaciones que, a lo largo de nuestros distintos informes y boletines, hemos venido exponiendo.
En primer lugar, el gasto público debe reducirse de forma muy intensa para implementar una rebaja fiscal no financiada con déficit público que permita que los créditos bancarios vayan repagándose con seguridad. Nada sería más perjudicial para la economía que un elevado repunte de la morosidad familiar y empresarial que convirtiera de facto los préstamos bancarios en créditos basura como los estadounidenses. Se trata de una posibilidad que no cabe descartar especialmente después de los recientes repuntes del desempleo y del Euribor.
En segundo lugar, hay que evitar una fuerte caída en los precios de la vivienda que hunda el valor de los colaterales de los créditos bancarios. La medida más inmediata para ello es detener la construcción de vivienda de protección oficial que sólo tiende a incrementar la oferta en un mercado ya saturado. Otra medida importante a adoptar sería la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos para dotar de mayor seguridad jurídica a los arrendadores y propietarios de una vivienda para que de esta manera puedan rentabilizar su inversión a través del alquiler en lugar de mediante una venta masiva de los inmuebles.
Y en tercer lugar, nuestro sistema financiero y monetario debe ser sometido a una profunda reforma que evite la recurrencia de burbujas financieras tan prolongadas como la actual. Parece claro que la existencia de un organismo supervisor como el Banco de España ha sido incapaz de frenar el ritmo de expansión crediticia que él mismo promovía a través del Sistema Europeo de Bancos Centrales. Las entidades españolas se han embarcado en una más que evidente concentración de riesgos al socaire de unos bajos tipos de interés que inflaban los precios de las viviendas y el supuesto valor de los colaterales.
La reforma, por consiguiente, debería consistir en eliminar a un supervisor público del todo superfluo y, sobre todo, en regresar a un patrón monetario oro que pusiera coto a las expansiones artificiales del crédito. Dicho de otro modo, la reforma del sistema financiero, lejos de incidir en el esquema erróneo de un dinero fiduciario emitido por un banco central monopolístico como el que ahora estamos padeciendo, debería pasar por restablecer los principios de la banca libre.
Es muy posible que sea tarde para evitar la crisis, pero desde luego seguimos estando a tiempo tanto para suavizar algunas de sus fatales consecuencias como para evitar que vuelva a reproducirse en el futuro.