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Portada - Estudios - Una sociedad de propietarios - Epílogo. Un examen crítico de la renta básica estatal como alternativa a la sociedad de propietarios
Pensiones Estado providencia

16/11/2006 - Raquel Merino Jara

Una sociedad de propietarios

El camino de los ciudadanos hacia la independencia financiera
El objetivo del estudio es analizar el funcionamiento de las economías actuales, basadas en el paradigma del Estado del Bienestar, sus achaques y el descontento que genera en los ciudadanos, presentando una alternativa real, concreta y eficaz: la sociedad de propietarios.

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V. Epílogo. Un examen crítico de la renta básica estatal como alternativa a la sociedad de propietarios

Terminamos este trabajo con un examen crítico de la renta básica estatal que, de algún modo, parece configurarse como la propuesta alternativa socialista a la sociedad de propietarios aquí defendida. Esta renta, reivindicación de ERC llevada al Parlamento Europeo por el Partido Socialista español y apoyado, nace en medio de una crisis del estado de bienestar, que está demostrándose incapaz de resolver las necesidades y problemas que afligen a los ciudadanos, recurriendo, para más inri, a prácticas carentes de ética con objeto de poner en marcha las políticas "sociales" que los políticos urden en sus despachos. De hecho, muchas de estas medidas (fiscalidad confiscatoria, hiperregulación y burocracia, persecución al ahorro, desaliento de la caridad privada, adoctrinamiento y embrutecimiento en las aulas públicas, incapacidad en la gestión de la cosa pública unida a una paupérrima calidad en el servicio final al cliente-ciudadano…), como hemos venido mostrando, han rematado al sufrido ciudadano desvaliéndolo y desmotivándolo hasta el puro hastío.

La renta básica estatal (RBE) podría definirse como el derecho universal a recibir una renta periódica e incondicional por parte del Estado que permita a cada individuo garantizar su propia subsistencia. En tanto la RBE pretende garantizar unas percepciones pasivas a los ciudadanos, podemos considerarla como una alternativa a la sociedad de propietarios defendida en este estudio. Conviene, por ello, examinar brevemente sus implicaciones y compararlas con los beneficios de la inversión financiera.

La RBE supone una transferencia de riqueza neta desde los creadores de la riqueza hacia los subvencionados netos. Rafael Pinilla y Luis Sanzo, dos partidarios de la RBE, han estimado que aproximadamente el 30% de la sociedad tendría que pagar la prestación al otro 70%[7].

El problema de este tipo de estimaciones es que se basan, como más tarde explicaremos, en aprovecharse de la creación de riqueza de un sistema que no funciona con los parámetros que ellos pretenden imponer; esto es, su propuesta se inserta en un marco estático donde la creación de riqueza no se ve modificada por esa redistribución forzosa de la renta. Sería como quitarle las gafas a un miope y esperar que hubiera menos accidentes automovilísticos por el hecho de habérselas dado a otro conductor hipermétrope.

Pero aun aceptando estas cifras extremadamente optimistas, hay que tener en cuenta que en España la distribución de la renta no es territorialmente homogénea; parece claro que la mayor parte de la población de regiones ricas como Madrid o Cataluña serían las encargadas de sustentar económicamente a la mayor parte de la población de regiones más empobrecidas, como Andalucía o Extremadura[8]. Exactamente lo mismo sucede con la propuesta de renta básica europea; en este caso, la mayoría de ingleses y alemanes transferirían mensualmente parte de su riqueza a millones de polacos, checos y demás europeos del este.

En realidad, por tanto, la Renta Básica europea supone un regreso por la puerta de atrás al sistema económico empobrecedor que ya sufrieron los antiguos satélites soviéticos; esto es, un esquema centralizado donde cada individuo trabajaba de acuerdo con las capacidades que apreciaba el planificador de turno y recibía una exigua renta en función de las necesidades que ese mismo órgano planificador consideraba dignas de consideración.

La RBE, pues, va ligada necesariamente a las tensiones sociales, a los recelos y conflictos interterritoriales, a la concentración del poder en manos de los políticos y a la contemplación del pobre como un parásito de los ricos y no como un potencial aliado en la división del trabajo. Los impulsores de la RBE conciben las relaciones sociales como un juego de suma cero: la unidad monetaria que gana Pepe debe perderla Juan.

El debate entre la sociedad de propietarios o rentas patrimoniales (RP) y la RBE puede plantearse como una discusión de dos teorías económicas sobre cómo reducir la pobreza y favorecer el progreso económico.

1. Las Rentas Patrimoniales

Como ya hemos visto, la RP se consigue a través de la capitalización de los ahorros de los individuos. Si eliminamos los gastos superfluos y dedicamos el dinero resultante a la inversión (bien creando empresas o comprando activos financieros) percibiremos al cabo de varios años cuantiosas rentas pasivas gracias al interés compuesto (tal y como hemos explicado en el apartado.

A diferencia de lo que sucede en un casino, estas rentas pasivas no proceden de una suerte de apuesta, sino de una creación efectiva de riqueza. Durante una emisión de acciones, los propietarios de la sociedad anónima sacan a la venta una porción de la empresa; si usted compra esa porción del negocio, el empresario obtiene capital adicional con el que poder realizar nuevas inversiones provechosas y usted adquiere un derecho sobre una parte alícuota de la empresa y sobre una porción de los beneficios futuros que ésta genere.

En otras palabras, dado que sus ahorros fueron utilizados por la compañía para fabricar nuevos bienes, incrementar la productividad y satisfacer las necesidades de los consumidores, usted, como propietario, se apropia de una parte de los beneficios (ya sea a modo de dividendo o de revalorización de la acción) y se vuelve más rico. Pero tenga presente que, en última instancia, usted se vuelve más rico porque otros individuos –los consumidores– se han vuelto también más ricos. La rentabilidad de la inversión, por tanto, será mayor según se haya destinado a empresas con grandes potencialidades para satisfacer a los consumidores. De modo que las RP generan múltiples incentivos para que cada individuo se preocupe sobre la situación de la economía, se informe sobre los gustos del resto de ciudadanos y planifique sus financias personales, esto es, para que progresivamente vaya adquiriendo una mayor cultura financiera que le evite caer en "la carrera de la rata" de Kiyosaki.

Con todo, las repercusiones positivas de las RP no terminan aquí. Una mayor capitalización de la empresa permite también pagar salarios más elevados, contratar a más gente, mejorar la calidad de los productos o venderlos más baratos.

Los intereses logran un encaje y una armonía envidiables. Los inversores obtienen rentabilidades notables que les permiten gozar de la independencia financiera; los consumidores cuentan con más productos, de mayor calidad y más baratos; los trabajadores, salarios más elevados o jornadas laborales más breves; y los empresarios sin capital pero con ideas, una fuente de financiación escalonada desde los ángeles hasta los mercados primarios. Todo gracias a la sociedad de propietarios y a la inversión inteligente de sus ahorros.

2. La Renta Básica Estatal

A diferencia de las RP, la RBE no deriva de la creación de riqueza sino, como hemos visto, de la sustracción de la riqueza que otros han creado. El propósito último de la RBE, como ya escribiera Galbraith en La Sociedad Opulenta, consiste en "romper el vínculo actual entre la producción y la renta", esto es, en que al menos una parte de los ingresos que obtenga una persona no procedan de la satisfacción de las necesidades ajenas[9].

Los defensores de la RBE aseguran que esta desvinculación parcial resultará enormemente provechosa ya que "profundiza en el ejercicio de la libertad, la autonomía y la autorrealización de las personas"[10], lo cual no significa necesariamente que esa autorrealización se tradujera en la vagancia o en la cesación de cualquier actividad, sino que podría traducirse en salarios más elevados[11] o en la ejecución de otras actividades de interés público como "servicios sociales y sanatorios para pobres y clase media, construcción de viviendas, cuidado de los niños, servicios comunitarios, participación en asociaciones, ONG, investigaciones esenciales, arte, cultura...[12]". Por tanto, atendiendo a sus defensores podemos considerar que los posibles efectos de la RBE son dos: a) sustitución del trabajo asalariado por actividades de ocio (que pueden ser incluso de servicio a la comunidad) o bien, b) incremento de los salarios de reserva.

Recordemos en este momento que las RP eran un derecho a la rentabilidad proporcionada por unas inversiones que habían generado valor añadido para los consumidores. La independencia financiera se conseguía una vez hubiéramos generado mucha riqueza en la sociedad. Por el contrario, la RBE es un derecho que se obtiene simplemente por existir, que proporciona la independencia financiera antes de crear valor añadido para nadie.

O dicho de otro modo, la RBE propone, como hemos visto, desvincular la renta de la producción, mientras que las RP sólo desvinculan renta de salario. Con la sociedad de propietarios, los individuos obtienen renta porque siguen incrementando las disponibilidades de un capital que permite expandir la producción en aquellos sectores valorados por los consumidores; el individuo puede dejar de trabajar por cuenta ajena no porque rapiñe al vecino, sino porque su actividad productiva ha dejado de ser el mero esfuerzo físico para convertirse en una tarea directiva de la inversión.

De hecho, ni siquiera puede considerarse que la redistribución de la RBE sea neutral, en el sentido de que las pérdidas de los ricos se compensen con las ganancias de los pobres. Si, como opinan las previsiones más optimistas, el 30% de la sociedad tendría que financiar la RBE al otro 70%, habrá que plantearse qué partidas económicas de los ricos pueden ser atacadas para recaudar los fondos necesarios. Y la respuesta es sencilla: o bien el consumo suntuario o bien sus ahorros.

El problema es que resulta harto dudoso que el incremento de la tributación sobre los artículos de lujo sirva en modo alguno para obtener la recaudación necesaria, máxime cuando ese consumo puede diferirse en el tiempo y aprovechar para ahorrar e invertir en mayor cuantía.

Mucho más lógico es esperar un mayor gravamen sobre las rentas del capital que permita incrementar aparentemente nuestro consumo presente a costa de la inversión y riqueza futuras; algo similar a hacer caldo de pollo con la gallina de los huevos de oro.

Las propuestas de financiación de la RBE suelen aludir a una genérica necesidad de incrementar la recaudación del IRPF sin concretar cuáles serán las rúbricas que verán incrementada su tributación.

Con todo, una parte de los impulsores de la RBE ha dejado de reclamar la reforma del IRPF para exigir la denominada "tasa renta básica", definida por Ramiro Pinto como "una tasa sobre la revalorización económica, pero extendida a todos los ámbitos, pues no sólo sucede en las transacciones monetarias, sino en la revalorización del terreno, de un piso, de la imagen publicitaria"[13]. En efecto, el autor considera que "la transformación económica exige que del capital privado pase una parte a los fondos públicos y de éste otra vez al privado, pero no para sumarse al capital empresarial (para generar empleo) sino en forma de rentas básicas".

Por consiguiente, la financiación de la RBE exige transformar en gastos corrientes lo que habrían sido gastos productivos; en lugar de incrementar la productividad y el empleo –como sí hacen las RP– se dedica a consumir el capital que hace posible esa mayor productividad y empleo.

Por supuesto, los defensores de la RBE no pueden admitir que la transferencia de riqueza entre individuos se realiza en la totalidad de los casos sin contrapartida alguna y que además contribuye a empobrecernos a todos. Al fin y al cabo, el ideal subyacente en la RBE es la de una solidaridad igualitarista dentro de la comunidad y pocas cosas hay menos solidarias que apoderarte de los bienes ajenos para dejar de colaborar en la satisfacción de las necesidades del resto de personas.

Así, se suele argumentar que los perceptores de la RBE podrían dedicarse a otras actividades que personalmente les enaltecieran y que incluso podrían consistir en labores de asistencia social. De este modo, la RBE incentivaría una desviación del trabajo hacia actividades que el mercado desatiende y que son igualmente necesarias.

Sin embargo, aun cuando el perceptor de la RBE se dedicara a actividades comunitarias, los problemas permanecen. Sin precios de mercado es imposible conocer cuáles de entre todas estas actividades son más necesarias: ¿debe dedicarse a construir viviendas, a enseñar literatura a los hijos del vecino, a escribir libros que llenen la existencia de miles de personas, a cultivar tomates, a vacunar a los enfermos? Cada individuo sólo tendría su propia intuición para guiarse y nunca podría verificar si ha acertado o se ha equivocado (como sí pueden hacer las empresas a través de las pérdidas y las ganancias).

Es más, el rango de actuación de cada individuo se vería constreñido por su limitado conocimiento de la realidad. La prestación de servicios se limitaría a su círculo social, con lo que la división internacional del trabajo quedaría seriamente lacerada. Un trabajador actualmente puede estar produciendo bienes para chinos que ni remotamente conoce; con las actividades fuera del mercado, nada de esto podría tener lugar.

En definitiva, la prestación de servicios sufriría de un progresivo desorden y atomización, lo cual reduciría su aptitud para satisfacer las necesidades reales de los consumidores. El trabajo voluntario no es un sustitutivo a la destrucción de riqueza derivada de la desvinculación de producción y renta, precisamente, porque sin precios de mercado no puede orientarse hacia la generación de esa riqueza.

Sólo las RP permiten al individuo dedicarse a otras tareas no remuneradas que lo realicen personalmente sin hipotecar el futuro de la sociedad, precisamente, porque aunque abandone el trabajo por cuenta ajena, la inversión favorecida por su ahorro le ha permitido obtener una renta periódica que emana directamente de la acertada producción de bienes y servicios para los consumidores.

Otro argumento empleado para maquillar el impacto de la desvinculación entre producción y renta es que la RBE no tendría por qué disminuir la apetencia de los individuos a trabajar en una empresa, tan sólo les permitiría lograr salarios más elevados por tener cubiertas sus necesidades básicas y ganar así poder negociador.

La diferencia entre ambas rentas vuelve a hacerse patente. Con las RP, los salarios se elevan como consecuencia de los incrementos en la productividad causados por una mayor acumulación de capital que se ha visto favorecida por los ahorradores individuales. Con la RBE, en cambio, los salarios se elevan antes de que se incremente la productividad, y, por tanto, lo hacen a costa del capital. El empresario debe recortar sus cuotas de reinversión en amortizaciones, I+D, bienes de capital o nuevas líneas de negocio para lograr pagar los salarios más elevados de sus trabajadores.

Dicho de otro modo, la RBE no sólo atacará fiscalmente los ahorros de la sociedad, como ya hemos analizado, sino que en un contexto de capital menguante promoverá un incremento de salarios (lo cual reducirá aún más el capital disponible en términos relativos).

Las empresas se descapitalizarán y si los trabajadores no aceptan volver a cobrar salarios más reducidos, se incrementará el paro; y, en cualquier caso, dado que el número de bienes y servicios caerá debido a la menor productividad, sus precios se incrementarán y los salarios reales disminuirán.

Los menores beneficios de las empresas provocarán una disminución de la rentabilidad de las inversiones financieras, dando lugar a un efecto expulsión de una parte de los ahorros de la bolsa que pasarán a dedicarse a un mayor consumo presente. La RBE empeorará los estándares de vida de los perceptores de una RP, con lo que se incentivará el desinterés por la cultura financiera y la satisfacción de las necesidades ajenas.

En este punto, cabe plantearse cuál será la utilidad de la RBE en un contexto de salarios menguantes, precios crecientes y producción deprimida. Sus defensores olvidan que la riqueza no está contenida en las unidades monetarias que transfieren coactivamente a los ciudadanos, sino en los bienes y servicios que éstas pueden adquirir.

En tanto la RBE destruya la capacidad del sistema capitalista para coordinar a los distintos individuos y así incrementar de manera sostenida la provisión de bienes y servicios, su utilidad se esfuma por completo.

3. Una panorámica global
Tabla 9.- Comparativa entre las rentas patrimoniales y la renta básica estatal
Rentas patrimoniales Renta básica estatal
Armonía de intereses: mayor crecimiento, más empleo, mejores sueldos, mayores beneficios. Conflicto de intereses entre contribuyentes netos y subvencionados netos: balcanización territorial, enfrentamiento social y deslocalización empresarial
Mayor ahorro y formación de capital; los individuos pueden acceder con más facilidad a fuentes de financiación para sus buenas ideas, lo que favorece la promoción social. Destrucción neta de capital; la financiación de nuevas ideas se ve obstaculizada en un contexto donde la dificultad radica en lograr amortizar la estructura productiva actual.
Rentas familiares crecientes a un ritmo incluso superior al de la economía nacional Renta estancada o decreciente
Se desvincula salario de renta; el individuo sigue generando riqueza a pesar de que disfruta de más tiempo libre. Se desvincula producción de renta; los individuos sólo consiguen consumir más en el presente a costa de destruir la riqueza futura.
Incentivos a la planificación personal a medio y largo plazo, la eliminación de gasto superfluo y la asignación eficiente del capital. Dar un pez NO es enseñar a pescar; desinterés por la planificación financiera y carrera de la rata.
Distribución más amplia de la riqueza y las decisiones económicas Politización de recursos económicos: concentración de poder, clientelismo.
Menos impuestos Más impuestos
Estabiliza el ciclo económico Acentúa el ciclo económico
Fuente: elaboración propia

La diferencia esencial entre la RP y la RBE ha quedado, por tanto, meridianamente trazada.

Las RP estimulan la responsabilidad financiera, el ahorro, la inversión en empresas que creen valor, la innovación y la creatividad empresarial, el crecimiento económico compuesto, el aumento de salarios y la reducción de precios. Esto es, permite a sus receptores alcanzar cotas más altas de bienestar: un poder adquisitivo que aumenta gracias a una renta económica cada vez mayor, a salarios en expansión y a unos precios decrecientes.

La RBE, por otro lado, promueve el conflicto social, la desvinculación de renta y producción a costa de los activos empresariales, la ampliación del desempleo, el aumento de los precios, la caída de los salarios reales y la carestía de capital para los emprendedores. Dicho de otro modo, los receptores de la RBE reciben cada vez un poder adquisitivo menor debido a su cuantía constante fijada por ley, a un acceso más difícil al mercado laboral y a una producción menguante que hace aumentar los precios.

A este evidente contraste hay que añadir otras diferencias significativas entre ambas rentas básicas.

La primera está relacionada con los impuestos. Mientras las RP estimulan una reducción continuada de impuestos –ya que ello favorece crecimientos empresariales más elevados que redundan en mayores rentabilidades para los receptores de las RP–, la RBE necesita de incrementos de impuestos para financiarse. Esto implica a su vez que los centros de poder pasan de estar en manos de los ciudadanos a concentrarse en las garras de los gobiernos. Son los políticos quienes pueden decidir cómo y dónde gastar enormes montantes de dinero, lo cual favorece el corporativismo empresarial, la corrupción y el clientelismo electoral.

Por último, conviene mencionar brevemente que RP, por estar basadas en la inversión en mercados financieros, permiten anticipar las crisis económicas y realizar las liquidaciones de las malas inversiones con mayor prontitud que la RBE. Los mercados de capitales son los primeros escenarios donde las malas inversiones de los períodos expansivos se dejan notar, de ahí que sean los primeros en favorecer las liquidaciones de los excesos y reorientar el ahorro hacia los proyectos empresariales realmente necesarios.

Por el contrario, la RBE favorecerá la acentuación del ciclo económico por diversos motivos: a) la carestía de capital derivada de su control estatal impulsará a los emprendedores a recurrir al crédito bancario fiduciario, de modo que los booms serán mucho más duraderos y expansivos; b) la transferencia de una renta constante no ligada a la producción estimulará el consumo durante las épocas de decadencia, lo cual disminuirá el ahorro y dificultará la liquidación de las malas inversiones, y c) al elevar los salarios de reserva, los trabajadores pueden rechazar su reubicación en otras empresas a salarios más reducidos, de modo que la recuperación empresarial queda notablemente retrasada en el tiempo.



[7] Coste y viabilidad de la introducción de un sistema de renta básica en España. Septiembre 2004.

[8] Esta es la razón por la que tanto ERC como ICV, en sus respectivas proposiciones de Ley, han dejado claro que “la renta básica correspondiente a cada Comunidad Autónoma, teniendo en cuenta el Índice de Precios al Consumo de cada una de las Comunidades Autónomas y el umbral de la pobreza de cada Comunidad Autónoma” (art. 8 de la Proposición de Ley sobre Renta Básica, a iniciativa de Esquerra Republicana de Cataluña, 19 de enero de 2005). Es curioso cómo implícitamente se reconoce un conflicto redistributivo entre territorios pero no entre ciudadanos. Parece más bien que el motivo de preocupación de los políticos no es la aireada disminución de la pobreza, sino la concentración de poder en sus respectivos feudos.

[9] Es interesante darse cuenta de que John Stuart Mill en sus Principios de Economía Política de 1848, ya realizó una propuesta muy similar cuando afirmó que “una vez la producción ya está ahí, la humanidad, de manera individual o colectiva, puede hacer con ella lo que quiera”. Esta sentencia fue calificada posteriormente por el propio Nobel de Economía Friedrich Hayek como “la afirmación más estúpida pronunciada jamás por un economista famoso” al “demostrar una completa ignorancia sobre la función guía de los precios en informarnos acerca de los acontecimientos relevantes y futuros sobre los que nada sabemos todavía”. En Friedrich Hayek, Origins and Effects of Our Morals.

[10] Francisco Ramos, Chantaje de la supervivencia o autorrealización: empleo y renta básica.

[11][La renta básica] daría a los trabajadores la posibilidad de rechazar empleos inaceptables, obligando a los empresarios a incrementar los salarios para lograr hacer los empleos más atractivos. Kart Widerquist, Reciprocity and the Guaranteed Income.

[12]J.P. Mon, H.G. Heiman, R. Winterhalter, Social Money for financing Basic Income

[13]Financiación de la Renta Básica mediante una tasa específica, Ramiro Pinto Cañón (ver op.cit.).


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