
Madrid, 4 de febrero de 2008. Los datos de paro registrado publicados hoy por el Ministerio de Trabajo constatan la seria desaceleración que está padeciendo la economía española. La subida de 132.378 parados es la mayor de la historia de la serie para cualquier mes del año (desde 1996) y supera en 2,5 veces la media histórica de incrementos en enero. Además, el número absoluto de desempleados se coloca en su cifra más alta desde noviembre de 1998.
La construcción sigue con su enfriamiento y en un año su número de parados ha crecido un 27%. Y los efectos de esto comienzan a trasladarse al resto de la economía: el sector servicios tiene tras este mes 98.104 desempleados más (también la mayor cifra de la historia de la serie) y el número de parados está en niveles de febrero de 1997.
El origen de esta fuerte caída en la creación de empleo comparte causas con la crisis financiera internacional originada en EEUU. Pero no se trata sólo de que nos esté afectando negativamente las dificultades para obtener financiación internacional, sino que España presenta su propia dinámica y patrón de crisis.
El notable endeudamiento hipotecario en el que han incurrido las familias españolas durante los últimos años se ha visto recrudecido por las recientes subidas de tipos de interés. Esto ha provocado por un lado el desplome de la construcción residencial, como acreditaba hace unos días la caída en un 23% de los visados en viviendas hasta noviembre; y por el otro que buena parte de la renta disponible de las familias haya tenido que destinarse a sufragar los incrementos de la carga financiera y no al consumo, por lo que numerosas empresas están sufriendo una importante restricción de ingresos (la renta disponible de las empresas cayó un 69% durante el tercer trimestre del año).
A esta disminución de la demanda se le ha unido un contexto internacional complicado, con costes de financiación crecientes y con unas materias primas cuyo precio no deja de aumentar. Esta caída de los beneficios (menor demanda unida a mayores costes) está dando lugar al crecimiento del número de desempleados al que asistimos.
Los riesgos de esta subida del paro son enormes y recuerdan, en buena medida, lo sucedido en EEUU antes del estallido de la crisis subprime. Si las familias endeudadas no logran encontrar un nuevo empleo y ven caer su renta disponible, los impagos de hipotecas repuntarán considerablemente, en un contexto donde se espera que los precios de la vivienda empiecen a caer. Si esto sucediera, las entidades de crédito españolas serían incapaces de recuperar sus préstamos ni siquiera ejecutando unos colaterales cuyos precios se están desinflando.
A partir de aquí el proceso anterior podría realimentarse: subidas de tipos de interés, mayores costes de financiación, menores márgenes empresariales, más paro, más impagos hipotecarios y más presión bajista sobre los precios de la vivienda.
Desde el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana reiteramos las dos medidas fundamentales a la hora de afrontar esta crisis: reducción de impuestos y de gasto público y liberalización del mercado de factores productivos.
Con la reducción de impuestos, las familias y las empresas verán aliviada su situación financiera. Hay que señalar, sin embargo, que no se pueden reducir los impuestos y aumentar de manera espectacular el gasto público, como los grandes partidos parecen pretender en sus programas electorales, ya que en este caso las rebajas fiscales se financian con déficit público, cuyos efectos sobre los tipos de interés y la inflación son tremendamente nocivos.
Hay que tener en cuenta, además, que tal como está evolucionando el paro todo hace prever un sustancial aumento de las prestaciones por desempleo que podría acabar con el superávit y el margen para bajar impuestos sin déficit. En diciembre las prestaciones alcanzaron los 1.407 millones de euros, un 16,5% más que al final de 2006; el gasto para el mes de enero bien podría superar los 1.500 millones de euros.
La liberalización de los mercados de factores productivos permitirá que los incrementos del paro sean reabsorbidos por las empresas con mayor rapidez y agilidad. Es necesario que la mano de obra sobrante en algunas empresas pueda recolocarse en otras; pero para ello no conviene imponer enormes costes laborales a empresas que, en medio de la incertidumbre económica, deciden arriesgarse y contratar nuevos trabajadores.
Comunicación: comunicacion@juandemariana.org
El Instituto Juan de Mariana es una institución independiente dedicada a la investigación de los asuntos públicos. Con el fin de mantener una independencia plena, el Instituto no acepta subvenciones o ayudas de ningún gobierno o partido político. Su objetivo es convertirse en un punto de referencia en el debate de las ideas y de las políticas públicas con la vista puesta en una sociedad libre. Para conseguirlo nos proponemos estudiar y difundir la naturaleza del mercado. El nombre del Instituto proviene del más prominente pensador de la Escuela de Salamanca, encarcelado a principios del siglo XVII por su oposición a Felipe III.
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