
La continua alza de precios en los mercados internacionales obliga a economías altamente dependientes del petróleo a la adopción de buenas políticas que disminuyan su vulnerabilidad ante el gran choque petrolero que está por llegar.
El problema mantiene en jaque a países que, como la República Dominicana y otros de la región, son importadores netos de un insumo decisivo que en el primer decenio del siglo genera tensiones de costes, fiscales y sociales en el mercado interno, en las empresas y en las familias, con una tendencia a complicarse en la medida en que no se vislumbra un horizonte claro para los precios de este insumo decisivo del cual se asegura podría alcanzar hasta los $150 dólares el barril.
Aquello que hasta hace días podría haberse considerado como posibilidad de mediano plazo, con precios de los hidrocarburos muy por encima de la barrera de los cien, ahora puede convertirse en amarga pesadilla para las débiles economías de pequeñas y débiles naciones que no cuentan con un repertorio inmediato de salidas ante el problema que amenaza su estabilidad macroeconómica.
A esta compleja situación viene a sumarse la propuesta de países como Irán y Venezuela, miembros de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), en la que el secretario general del cártel pidió a los miembros que abandonen el dólar como moneda oficial para la valoración de su petróleo y adopten el euro. “Las consecuencias serían muy serias, catastróficas, pues según el más reciente Observatorio Económico del Instituto Juan de Mariana en España, concluyó que la sustitución del dólar por el euro para fijar el precio del crudo elevaría la inflación y los tipos de interés en los Estados Unidos”, en más de un 50 por ciento.
“La sustitución del dólar por el euro para fijar el precio del petróleo en el mercado internacional se justifica, pues la divisa estadounidense ha perdido mucho valor frente al oro en las últimas cuatro décadas”. La continua baja de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense, junto a las inyecciones de liquidez y el aumento de la deuda pública de ese país han devaluado el dólar de manera notoria.
Los empresarios. El problema, que ha llamado la atención de representantes empresariales, líderes políticos, funcionarios públicos y de entidades de la sociedad civil, determinó que en el último estudio efectuado por la Unidad Asesora de Análisis Económico y Social de la Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo, señalase que “en las economías importadoras, como República Dominicana, el impacto esperado del crecimiento de los precios del petróleo se refleja principalmente en aumento de la inflación, impacto negativo en el crecimiento del producto interno bruto (PIB), y en el impacto negativo en el balance de la cuenta corriente de la balanza de pagos”.
En el caso de representantes empresariales, el presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada expresa en su preocupación por el problema que todos los sectores deben unirse para crear un programa nacional para enfrentar el alza del petróleo. Lisandro Macarrulla, presidente de la entidad, sostiene que las autoridades deben enfrentar múltiples retos para lograr el mantenimiento de la estabilidad en tanto logra el crecimiento.
Advierte el hecho de que el país no ha podido desarrollar las bases del crecimiento a largo plazo y sostenido, que permita mayor competitividad a los productores, tal como han hecho otros países de economías más reducidas que la nuestra. Reitera es imprescindible un plan para ahorrar combustibles, así como para sustituir las fuentes energéticas tradicionales, para lo cual las autoridades deben acelerar su puesta en vigencia.
El presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), Manuel Diez Cabral, expuso en términos semejantes la necesidad de que se tome en serio el impacto que el componente combustible tiene para la producción local, sobre todo porque el país no puede seguir en desventajas competitivas ante otras naciones que disponen de mejores ventajas que la industria criolla de bienes y servicios.
“Se trata de un tema que es vital en estos momentos en que se está por definir el futuro de la industria y la producción nacional, para lo cual nos hemos estado preparando, aún con las desventajas ya detectadas, y que es preciso superar con el programa de competitividad y acciones para superar inconvenientes como el que presentan los hidrocarburos importados hacia el país”.
A su vez, el presidente de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE), Pablo Piantini, sostiene la necesidad de que los elevados subsidios que otorgan las autoridades para contrarrestar los elevados precios mundiales del petróleo sean dados mediante subsidios focalizados, lo cual permita la debida transparencia y eficiencia en la optimización de los recursos a los sectores socialmente menos favorecidos.
El Impacto Al pasado año 2007, la economía dominicana importó un total de 50 millones de barriles de petróleo, con una factura petrolera que consumió más de $3 mil 300 millones de dólares, “aproximadamente el 8 por ciento del PBI, un 32 por ciento de las importaciones y aproximadamente el 20 por ciento de la generación total divisas.
En el número 4 del último “Monitor Energético” correspondiente a enero-febrero de este año se indica que “estos indicadores de incidencia en la economía sugieren la sensibilidad y trascendencia del manejo de la política económica en ocasión de la escalada alcista de los precios del petróleo. La experiencia histórica demuestra que el manejo imprudente de la política fiscal y monetaria exacerba el impacto inflacionario del alza de los precios del petróleo”.
Al comparar los períodos en que el país vivió situaciones de crisis originadas por malas aplicaciones de políticas económicas no compatibles con la estabilidad, se sostiene que en la década de los ochentas, un manejo inadecuado de estas políticas contribuyó a llevar la inflación a niveles récord; en cambio, “otro ha sido el manejo y otros los resultados durante el período 2005-2007, con inflación moderada, a pesar de los niveles históricos de precios del petróleo y derivados”.
Acorde a la publicación, a pesar de la tendencia alcista de los precios del petróleo, “afortunadamente el tipo de cambio se mantuvo estable a lo largo del año, en torno a los 33.50 dólares, comportamiento que atenuó en buena medida el impacto del crecimiento de los precios del petróleo sobre los combustibles en el mercado local”.
Resalta que el aumento de precio de los combustibles presionó al alza la inflación, acumulando hasta noviembre de 2007 un crecimiento de 7.65 por ciento. El año 2005 fue el período en que más peso tuvo el alza de los precios de los petrolíferos en el encarecimiento de la canasta básica, explicándolo en un 55.2 por ciento, seguido por el 2007 (enero-noviembre) en que la inflación explicada por los combustibles y el transporte representó un 35.9 por ciento. No obstante estas alzas moderadas, los niveles observados al iniciar el año 2007, los precios de los combustibles continuaron elevándose.
La cifra
Al límite de la tolerancia
Aunque registros históricos en los precios del crudo y derivados en sus costes mundiales muestran altibajos, se considera que resulta sorprendente y paradójico que contra lo esperado, el choque actual en los precios, pareciera “no haber causado hasta ahora daños de consideración a la economía global”.
Para el caso dominicano, el petróleo caro no representó gran dificultad para que la economía se levantara de la crisis de 2003, recuperara el crecimiento hacia fines del 2004 y se expandiera a ritmo excepcional al promedio de 9.5 por ciento en el lapso 2005-2007.
No obstante estos resultados, el consumidor final, ahora más que nunca, resiente los efectos inmediatos cuanto carga combustible, para la tarifa del servicio eléctrico, adquiere un tícket de avión o cuando paga la tarifa del servicio eléctrico.
Un factor que exacerba los precios mundiales del producto radica en que prevalece una mayor demanda que oferta, lo cual permanecerá al menos hasta el primer trimestre de este año 2008, lo cual deja el campo abierto para que haga su papel el influjo de la ley de la oferta y la demanda.
También las tensiones geopolíticas ante el descontrol de Irak que posee el 10 por ciento de las reservas mundiales, la pérdida del control en parte de Afganistán, el factor Irán y la cuestión nuclear con países de Occidente, así como las tensiones políticas en Pakistán. Asimismo, la caída del dólar ante el euro, los cuellos de botella en la refinación de los Estados Unidos, los descensos de inventarios en los países de la OCDE y reportes de la Agencia Internacional de Energía de que la capacidad de producción de la OPEP está en baja.
Pero advierte que en el caso dominicano el efecto inflacionario fue enmascarado, en gran medida, por la estabilidad cambiaria, la política del gobierno de mantener congelada la tarifa eléctrica y la política de contención de precio del GLP, durante el período de referencia. Expone las tensiones a que se ven los países sometidos ante los altibajos de los precios inconstantes. Resalta que “visto en perspectiva regional, los derivados del petróleo son más caros en República Dominicana que en todos los países de Centroamérica”.
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