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Prensa

30/03/2009 - Diario de Mallorca

El ladrillo hunde a la caja más joven

A. MAGRO. PALMA. Aún no había llegado a Mallorca, pero ya tenía más de 600 oficinas. La caja más joven de España corrió mucho. Demasiado. Esprintó hacia su quiebra.

Sus 17 años de vida han coincidido con la etapa más próspera de la economía española. Fueron los años del crédito fácil. Del dinero barato y el ladrillo cada vez más caro. Del préstamo confiado y la efervescencia desmedida. Y en ese torbellino muchas cajas perdieron el norte. Una de ellas fue la de Castilla La Mancha, que tras nacer de la fusión en 1992 de las cajas de Albacete, Cuenca, Ciudad Real y Toledo se lanzó a un modelo de crecimiento basado en dos factores que han demostrado ser muy peligrosos: la costosísima búsqueda de tamaño con la expansión de sus tentáculos hasta puntos muy alejados de su matriz (tiene la sede social en Cuenca) y, sobre todo, la apuesta decidida por el sector inmobiliario, motor del crecimiento durante un decenio y sumidero por el que España se hunde cada vez más en la crisis.

De ahí el agujero de Caja Castilla La Mancha, negado ayer por el Gobierno pero ratificado por especialistas del sector como los economistas del Observatorio Económico Juan de Mariana, que subrayaban que el problema de la entidad no es de liquidez "sino de insolvencia". "Caja Castilla-La Mancha ni quedaba fuera de la supervisión del Banco de España ni incurrió en operaciones financieras que quedaran fuera de balance, sino que los impagos que la han abocado a la quiebra han sido fundamentalmente créditos a promotores y constructores", detallan en el observatorio.

Por eso el pinchazo inmobiliario ha desinflado a la caja. Lo dicen sus cuentas, que han cambiado drásticamente de color: sus beneficios consolidados caían casi a la mitad en 2008 (hasta los 29,8 millones de euros), mientras las pérdidas por el deterioro de sus activos financieros alcanzaban los 140 millones (91 de ellos correspondientes a las inversiones crediticias que enladrillaron sus cuentas).

El problema ahora es que la caja más joven y dinámica ha perdido su capacidad para reaccionar en un contexto como el actual. Lastrada por su red con más de 600 oficinas, agobiada por el peso de las 3.000 nóminas que paga, castigada por las necesidades de crisis de las catorce empresas en las que está presente y asediada por los impagos de un sector inmobiliario que no da para más, Caja Castilla La Mancha, la caja más joven y rápida, se enfrenta ahora a la posibilidad de ser también la más fugaz de la historia reciente.


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