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Comunicado sobre algunas críticas recientes a la organización del IJM

Fernando Díaz Villanueva ha publicado un texto en el que relata una serie de graves acusaciones contra esta institución. Es práctica habitual del Instituto evitar inmiscuirse en este tipo de ataques directos, generalmente con tintes conspiranoicos y profundamente desinformados, que suelen proceder desde los más variados frentes ideológicos. Nuestro deseo es el de no alimentar la polémica y el de centrar nuestros esfuerzos en la que es nuestra auténtica misión: promover las ideas liberales en todos los ámbitos posibles y hacerlo desde el respeto a las personas y el rigor en las ideas.

Sin embargo, la condición de Fernando Díaz Villanueva de socio del Instituto Juan de Mariana, desde su misma fundación hasta finales del año 2016, podría otorgar verosimilitud a tales acusaciones, especialmente entre todas aquellas personas que no participen regularmente en la vida del Instituto y que, en consecuencia, desconozcan sus estatutos, su organización y sus actividades. Es verdad que el propio Fernando ha publicado más recientemente un segundo texto en el que rectifica o matiza parte de sus acusaciones iniciales, pero la mayor parte de las mismas parecen mantenerse intactas. Por eso, y porque desde luego deseamos seguir siendo completamente transparentes frente a nuestros miembros y seguidores ante cualquier atisbo de duda que pueda existir, hemos optado por redactar esta respuesta.

En primer lugar, querríamos comenzar por aclarar algunas cuestiones básicas sobre el funcionamiento y la organización del Instituto que el propio Fernando relata de manera apreciablemente distorsionada. Posteriormente, queremos aprovechar para resolver las dudas que Fernando extiende sobre la asociación.

Socios, miembros y seguidores

Existen tres modalidades de vinculación personal con el Instituto: socios, miembros y seguidores.

Los seguidores son una figura no reglada que se corresponde con todo aquel que se acerque al Instituto y que desee participar en alguna de sus actividades. El Instituto no es una organización cerrada que exija ningún tipo de aportación económica para poder asistir a sus eventos —al contrario, muchos de los que regularmente participan son seguidores—, dado que nuestro objetivo es justamente el de divulgar las ideas liberales entre el mayor número de personas.

Los socios son aquel conjunto de personas que promovieron en origen la creación del Instituto y los que posteriormente fueron votados como tales por los propios socios. El conjunto de socios compone la Asamblea General que es el máximo órgano de toma de decisiones en el Instituto. A día de hoy, el Instituto está compuesto por 16 socios. A este respecto, conviene aclarar que el propio Fernando Díaz Villanueva era socio hasta que él mismo solicitó su baja a finales de 2016 y, a su vez, que sólo una persona de la “familia Calzada” es socia: el propio Gabriel Calzada.

Los miembros son los donantes que, adicionalmente a los socios, apoyan financieramente las actividades del Instituto. La cuota regular de miembro es de 150 euros al año (60 euros para menores de 27 años). Los miembros no integran la Asamblea General, pero eso no significa que, como incorrectamente indica Fernando, carezcan de derechos, incluso de derechos políticos. Por un lado, y según indican los propios estatutos, todos los miembros con al menos un año de antigüedad son elegibles para los cargos de la Junta Directiva (artículo 6 de los estatutos); por otro, los miembros tienen derecho a participar en las actividades del Instituto a precios notablemente inferiores a los de los seguidores.

Creemos conveniente remarcar estos dos últimos puntos, dado que Fernando critica, por un lado, que el Instituto no es una asociación “en sentido estricto” y, por otro, que los socios del Instituto no pueden llegar a presidir la asociación, no pueden interpelar a la Junta Directiva, y apenas se limitan a abonar la cuota anual sin ningún tipo de contrapartida. El Instituto es evidentemente una asociación (estatutariamente organizada como tal e inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones con número 585877). Como ya hemos explicado, los socios y los miembros sí pueden ser elegidos presidentes (o cualquier otro cargo de la Junta); los socios pueden plantear sus quejas en la Asamblea General que se celebra regularmente todos los años; los miembros manifiestan sus opiniones y peticiones ante los miembros de la junta; y, por último, los miembros que participan activamente en las actividades del Instituto no sólo recuperan de manera prácticamente íntegra su cuota, sino que pueden incrementar su grado de vinculación con el Instituto.

Así pues, en los doce años de existencia del Instituto, ha habido bajas de socios fundadores por desvinculación propia y altas de hasta cuatro nuevos socios que tenían previamente la condición de miembro. Entre ellos, María Blanco y Domingo Soriano han desempeñado cargos de diversa responsabilidad en la institución, en general, vinculados con el desarrollo de actividades del Instituto. En cuanto a la cuota de los miembros, el precio del cubierto en la Cena de la Libertad es de 45 euros (para su acompañante, de 65 euros, aun cuando este acompañante no sea miembro): el coste real del cubierto es de 125 euros, de modo que sólo por esta vía cualquier miembro participante ya recupera más del 50% de su cuota; y si fuera acompañado por un no miembro, recuperaría prácticamente el 100%. Asimismo, si un miembro participa en la Universidad de Verano, su matrícula únicamente asciende a 420 euros, cuando el coste real de la misma supera los 700 euros (de modo que, en este caso, un miembro recuperaría prácticamente el doble de lo que ha aportado).

Con los anteriores ejemplos sólo queremos poner de manifiesto que el miembro disfruta de claras ventajas a la hora de relacionarse con el Instituto. Con todo, no deberíamos olvidar que el propósito último de la cuota de los miembros es el de sufragar el mantenimiento de las actividades del propio Instituto que en su inmensa mayoría son gratuitas para miembros y seguidores. Por un lado, la organización de conferencias semanales que son emitidas en directo y posteriormente subidas a internet; la edición y actualización diaria de la página web; la redacción de informes sobre cuestiones de fondo (como nuestra serie de “Mitos y realidades”); la realización de nuestros eventos anuales como el Free Market Road Show, la Jornada de Finanzas, el Congreso de Economía Austriaca o Liberacción. Por otro, las becas para estudiantes a la Universidad de Verano o los seminarios de formación intensiva (cuya partida representa alrededor del 20% de todos los ingresos brutos por donaciones). Todas estas actividades requieren de recursos materiales y humanos que son, en última instancia, a lo que se dedican las cuotas de los miembros. Tal vez podría hacerse un mejor uso de los fondos con los que contamos, pero tratamos de aprovechar al máximo las aportaciones voluntarias de los miembros.

Cinco preguntas sí respondidas

Fernando Díaz Villanueva fundamenta el grueso de sus acusaciones y críticas en el silencio que supuestamente ha mantenido el Instituto ante cinco preguntas que él mismo remitió a su dirección. En efecto, el 11 de marzo 2016 a las 21:27, Fernando envió cinco preguntas a Juan Ramón Rallo y a Raquel Merino, director y subdirectora del Instituto, planteando sus dudas o sospechas sobre cuál estaba siendo la gestación de la institución.

Sin embargo, Fernando se queja de que hasta el presente momento (casi año y medio después de su formulación) tales preguntas no le han sido respondidas, lo cual equipara con un silencio culpable. En realidad, el propio director del Instituto le respondió a esas cinco preguntas apenas dos horas después de que le fueran enviadas.

Es verdad que, en más ocasiones de las que desearíamos, no nos es posible responder con puntualidad a todos los mails que recibimos. Sin embargo, en este caso fue justamente al revés: y si se le contestó con tanta celeridad fue justamente por lo contrario que Fernando denuncia en su escrito. No porque desde el Instituto se le exhibiera desprecio alguno, sino porque apreciábamos enormemente su colaboración y no queríamos que mantuviera la más mínima sospecha acerca de su gerencia. Tal vez Fernando juzgara que las explicaciones ofrecidas no fueron suficientes, pero desde luego no contestó pidiendo aclaraciones adicionales y, en todo caso, podría haberlas pedido frente a la Asamblea General de socios, que fue celebrada el 29 de junio de 2016 y a la que en condición de socio fundador por supuesto fue convocado. Precisamente, la Asamblea General es el foro adecuado, establecido y reglado por los propios estatutos del Instituto (artículos 17 a 22), para controlar y censurar cualquier duda y posible irregularidad que pudiera cometer la Junta Directiva durante su mandato. Podría considerarse un error humano el que a Fernando se le traspapelara un correo electrónico que decía haber estado aguardando durante 18 meses; mucho menos justificable es que, creyendo no haber obtenido respuesta, decidiera saltarse el canal realmente habilitado para plantear y resolver tales cuestiones —la Asamblea General— y que haya decidido, en cambio, extender un manto de sospechas y dudas sobre el Instituto sin haberse esforzado lo más mínimo por contrastar previamente sus acusaciones.

En todo caso, las cinco preguntas formuladas por Fernando no esconden ningún misterio que no pueda ser revelado. En algunos casos contienen algunas críticas potencialmente válidas que deben ser tomadas en consideración, pero la intención global detrás de las mismas no parece ser la de mejorar el funcionamiento del Instituto, sino es la de desdibujarlo y desacreditarlo. En aras de la claridad, pasamos a responderlas en público, como ya se hiciera en su momento privadamente con Fernando.

1. ¿Por qué tenemos una comunicación tan abiertamente pésima?, ¿por qué no se ha contratado a un profesional cualificado y, por qué cuando éste se ofreció se le dijo que no?

Es verdad que la comunicación del Instituto Juan de Mariana es mejorable. Ésta es una carencia que internamente ya habíamos detectado y que estábamos interesados en corregir. Sin embargo, en contra de lo que se afirma en el texto de Fernando, el Instituto no es una asociación a la que le sobren los recursos financieros y humanos: año tras año, conseguimos mantenernos en equilibrio presupuestario con una ligera tendencia hacia el superávit. Somos quizá excesivamente prudentes a la hora de gastar más de lo que ingresamos porque no queremos hipotecar el futuro del Instituto: de ahí que cualquier nueva inversión —en este caso, nueva contratación— la valoremos con extremo cuidado y diligencia.

En todo caso, precisamente porque ésa era una carencia que ya habíamos detectado, en septiembre de 2016 optamos por contratar a Gustavo Vargas, ex coordinador de Students for Liberty Madrid, como coordinador de comunicación del Instituto. No es que el área de comunicación sea ahora mismo perfecta, pues siempre se puede y debe mejorar, especialmente en este campo, pero desde luego estamos esforzándonos por solucionar cualquier carencia.

2. ¿Por qué el presidente es un tipo que está a 9.000 kilómetros desde hace casi cuatro años? Si decide algo no tiene sentido mantenerlo así. Si no lo decide, tampoco.

Hasta la Junta General del 3 de marzo de 2012, Gabriel Calzada asumía la doble responsabilidad de presidente y de director del Instituto Juan de Mariana. Es decir, Gabriel no sólo era el representante legal del Instituto Juan de Mariana (presidente de la Junta) sino que era el encargado de dirigir las actividades diarias del Instituto (director). Desde marzo de 2012, Gabriel cesó de su cargo como director debido a que fue nombrado vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín y no podía seguir ocupándose de la gestión del Instituto: en esa Junta General de marzo de 2012, Gabriel propuso nombrar a Juan Ramón Rallo director del Instituto y convocó elecciones al cargo de presidente.

Los propios socios fueron quienes en esa Asamblea General le pidieron a Gabriel que siguiera como presidente y aprovechara sus nuevas responsabilidades para representar al instituto internacionalmente. Entre esos socios que votaron por la continuidad de Gabriel en marzo de 2012, se encontraba el propio Fernando. Por supuesto, uno podría cuestionar como arbitraria la decisión que tomaron los socios en la Asamblea General, pero, más allá de las animadversiones personales, tiene pleno sentido y razón de ser: Gabriel es rector de la Universidad Francisco Marroquín, presidente de la Association for Private Enterprise Education y miembro del consejo directivo de la Mont Pelerin Society y de otras cinco organizaciones liberales internacionales; objetivamente, es difícil encontrar un socio o miembro del Instituto que sea tan conocido y reconocido en las instituciones liberales de América Latina, EEUU y Europa.

El cargo de presidente es, además, un cargo representativo: se ejerce a título gratuito y al haber renunciado a las funciones directivas tiene un alcance principalmente protocolario. Raquel Merino es, además, vicepresidente del Instituto, de manera que ejerce aquellas funciones atribuidas al presidente en su ausencia. Así las cosas, desde marzo de 2012, la administración del Instituto la llevan colegiadamente Juan Ramón Rallo y Raquel Merino, y son ellos quienes rinden cuentan ante la Asamblea General por sus aciertos y desaciertos.

Como decimos, cualquier miembro o socio puede postularse como presidente ante la Asamblea General. No hay ningún impedimento para ello. Pero hasta la fecha nadie ha sometido a votación una candidatura alternativa.

3. ¿Cuál es la labor de Inés Calzada y por qué está en todos los guisos a pesar de que no vive en Madrid, no es fundadora y no se la conoce más aportación a la causa que ser hermana de su hermano?

Inés Calzada es coordinadora de proyectos. Entró a formar parte del equipo del Instituto Juan de Mariana una vez Gabriel ya había renunciado a sus funciones directivas (finales de 2012) y por petición de Juan Ramón Rallo y Raquel Merino. Como coordinadora de proyectos, participa activamente en los eventos del Instituto y organiza una gran parte de ellos: el Free Market Road Show, la Universidad de Verano, la Cena de la Libertad o los seminarios de formación interna. Justamente por ello, Inés está presente en todos esos actos y se relaciona con todos los implicados (miembros, entidades colaboradoras o proveedores). Tras estos cuatro años de vinculación, ha venido desarrollando un trabajo eficiente, detallista y atento, como pueden constatar quienes hayan participado en nuestras actividades.

4. ¿Por qué, a pesar de tener la caja rebosante de fondos, seguimos sin tener una sede, algo sencillo pero funcional, al que puedan acudir los socios y desde el que podamos prestarles servicios adecuadamente?

Ahora mismo, el Instituto Juan de Mariana está utilizando gratuitamente las instalaciones que le proporciona el centro de estudios OMMA. El principal servicio que semanalmente se proporciona a los miembros son las conferencias de los sábados, y las instalaciones que nos proporciona OMMA cubren, de momento, sobradamente ese propósito. Por supuesto, la cuestión de si el Instituto debe buscar una sede independiente es pertinente y llevamos tiempo valorándolo. Pero la cuestión sigue siendo si merece realmente la pena: teniendo unas instalaciones cedidas a título gratuito, ¿es alquilar un local —que nos proporcionaría exactamente el mismo servicio que esas instalaciones— el mejor uso que podemos hacer de las donaciones de los miembros? De momento, tanto la directiva como la Asamblea General ha dado una respuesta negativa a esa cuestión, pero evidentemente puede replantearse en el futuro si las circunstancias cambiaran.

En todo caso, las finanzas del Instituto se mantienen, como ya hemos indicado, en un sano equilibrio presupuestario: no falta la financiación para desarrollar las actividades actuales, pero tampoco sobra para desarrollar otras o acometer otros gastos. A menos que se consigan donaciones adicionales, alquilar un local independiente supondría recortar gastos en las actividades que realizamos hoy o bien entrar en déficit. Ninguna de ambas opciones ha sido considerada adecuada ni por la Junta Directiva ni por la Asamblea General del Instituto.

5. ¿Por qué otros think tanks con trayectorias mucho más cortas que la nuestra tienen mejor implantación en todos los ámbitos, su impacto es mayor y están financiados hasta el punto de poder contar con personal contratado?

La labor desarrollada por el Instituto en términos de captación de financiación es sin duda mejorable. Como ya hemos indicado, los fondos recibidos cubren los gastos de las actividades actuales y apenas resta un remanente positivo. Por consiguiente, es del todo lícito que un socio o un miembro critiquen a la dirección por no haber sido capaz de captar una mayor financiación externa. Pero fijémonos en que esta pregunta es contradictoria con las anteriores: tanto en la pregunta 1 como en la pregunta 4, Fernando le reprochaba al Instituto no contratar a personal de comunicación y no contar con sede propia pese a tener fondos rebosantes. En este punto, la crítica es más bien la contraria: por qué no tenemos financiación suficiente para disponer de personal contratado. 

La actual dirección no tiene una visión tan crítica de la labor del Instituto como la que relata Fernando —no cree que su impacto sea tan escaso o que nuestra implantación sea baja—, pero entiende perfectamente que un socio o un miembro crean que se podrían hacer las cosas muchísimo mejor y critiquen a la dirección por no alcanzar las metas que ellos consideran que deberían haberse alcanzado. En este sentido, existen varias posibilidades: la primera, quejarse y proponer soluciones ante la Asamblea General, hasta el punto de reprobar la gestión de la actual Junta Directiva; la segunda, plantear una candidatura alternativa de Junta Directiva, con un proyecto y un equipo distinto, que convenza a los socios por considerar que posee un mayor potencial. Todo ello es razonable y tiene cabida estatutariamente en el Instituto Juan de Mariana: lo que no tiene sentido es construir sobre esa crítica legítima una tergiversación general sobre la labor del Instituto.

Conclusión

En definitiva, todas las cuestiones que plantea Fernando se resuelven desde el sentido común y así le fue expuesto apenas dos horas después de que las enviara a la actual dirección del Instituto. A su vez, nos parece tremendamente injusto que se insinúe que el Instituto está malgastando las aportaciones voluntarias de los miembros, cuando con un muy escaso presupuesto sacamos adelante —gracias al trabajo duro y escasamente remunerado de su equipo de colaboradores—: más bien al contrario, siempre tratamos de darles el mejor uso posible para promover la misión del Instituto, que es la promoción de las ideas liberales.

Lamentamos profundamente no sólo las acusaciones sin fundamento que ha articulado Fernando Díaz Villanueva, sino sobre todo que haya decidido distanciarse del Instituto tras su regreso de Guatemala. Siempre le estaremos agradecidos a Fernando por todas las horas de trabajo y por toda la carga de ilusión que ha dedicado al Instituto y que han ayudado a que muchos de los mejores proyectos de esta institución salieran adelante. También le agradecemos toda la labor que sigue realizando en la difusión de las ideas liberales, pues al final esa es una misión compartida con la del Instituto que celebramos que siga realizando aunque sea al margen del Instituto. Sin embargo, no es de recibo que se intente desacreditar al Instituto Juan de Mariana como represalia por enfrentamientos personales que podrán estar justificados o no estarlo, pero que en todo caso son completamente ajenos al propio Instituto.


Firmantes

Raquel Merino Jara, vicepresidente, subdirectora y socia del Instituto Juan de Mariana

Juan Ramón Rallo, director y socio del Instituto Juan de Mariana

María Blanco González, socia del Instituto Juan de Mariana

Albert Esplugas Boter, socio del Instituto Juan de Mariana

Francisco Capella, socio del Instituto Juan de Mariana

José Ignacio del Castillo, socio del Instituto Juan de Mariana

Alberto Illán Oviedo, socio del Instituto Juan de Mariana

María Teresa Juárez García, socia del Instituto Juan de Mariana

Gonzalo Melián Marrero, socio del Instituto Juan de Mariana

Massimiliano Neri, socio del Instituto Juan de Mariana

Adrià Pérez Martí, socio del Instituto Juan de Mariana

José Carlos Rodríguez, socio del Instituto Juan de Mariana

Daniel Rodríguez Herrera, socio del Instituto Juan de Mariana

Domingo Soriano, socio del Instituto Juan de Mariana