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La economía española ante el 'shock' de la COVID-19: incertidumbres, fortalezas y fragilidades [nuevo informe Market Trends]

Madrid, a 12 de junio de 2020.-

Los datos macro más recientes evidencian el enorme shock sufrido por la economía española. No podía ser de otra manera, tras cerrar prácticamente toda la economía alrededor de dos meses y mantener severas restricciones durante más tiempo. Como señala el último informe de coyuntura de España elaborado por el Instituto Juan de Mariana y UFM Market Trends, la profundidad de la recesión es gigantesca, con previsiones de contracción del PIB en 2020 que van desde el 9% en un escenario de recuperación temprana al 11.6% si la recuperación empieza más tarde, según el Banco de España.

Ángel Martín Oro revisa los últimos datos macroeconómicos disponibles en el Informe España de UFM Market Trends del 1er Semestre de 2020, sobre los que hacemos un resumen en la segunda parte de esta nota. Aunque la caída de la actividad económica es generalizada en Europa y buena parte del mundo, en España el impacto negativo es superior. Entre las razones destaca la mayor virulencia del virus, ocasionando medidas más restrictivas y durante mayor tiempo, además de una estructura económica más dependiente de los servicios especialmente afectados (como el turismo) y de pequeñas empresas más vulnerables.

La cuestión ahora, por tanto, es tratar de dilucidar cuál será la duración de la recesión y el perfil de la recuperación. Existe una elevada incertidumbre al respecto, dado que depende de numerosos factores y variables que a día de hoy son desconocidos y sobre los que solo podemos estimar con un alto margen de error. Prueba de ello es la alta volatilidad de los mercados financieros, cuyos participantes están constantemente ajustando sus expectativas con los datos y la nueva información que va apareciendo.

Entre otras cuestiones, no sabemos cómo evolucionará el virus y sus efectos (¿habrá rebrotes y/o una segunda oleada masiva de infecciones? ¿se reducirá su tasa de letalidad?), existen efectos de segundo orden todavía por ver (por ejemplo, el impacto en el sector bancario o las reacciones de política económica a una posible segunda oleada) y resulta muy complicado estimar cómo serán los hábitos de los agentes económicos una vez desaparezcan gran parte de las medidas del confinamiento (¿cómo reaccionará el turismo a nivel general y en particular en España?).

A estas alturas no queremos descartar por completo ningún escenario: ni una recuperación rápida y sorprendente ni un estancamiento desde niveles muy bajos con graves daños en el tejido productivo y el sector bancario. Un escenario a medio camino de ambos extremos sería nuestro escenario más probable, con la esperanza de que la política económica del Gobierno no desemboque en el peor escenario, generando todavía mayor incertidumbre entre los agentes económicos.

Las razones para pensar que el peor escenario es poco probable estriban principalmente en el notable ajuste que el sector privado hizo después de la anterior crisis. Creemos que empresas, familias y parcialmente bancos, en agregado, parten de una situación más sólida para enfrentarse al enorme shock actual tras el significativo desapalancamiento acometido. No obstante, si se produjeran rebrotes virulentos que llevaran a volver a cerrar buena parte de la economía, es evidente que los daños serían muy serios.

En cambio, la otra cara de la moneda la representa el sector público. Este relativo optimismo se ve sustancialmente compensado por el hecho de que los años de expansión no se aprovecharon para fortalecer las finanzas públicas. La deuda pública apenas se redujo, dejando a la economía española en una posición de mayor fragilidad, como estamos presenciando en la actualidad. Este es quizá el principal riesgo al que nos enfrentamos, con una deuda pública que se incrementará en alrededor de 20 puntos sobre el PIB a final de 2020 (del 95% a cierre de 2019 al 115%, según estimaciones del propio Gobierno).

Crecimiento económico, empleo y confianza de los agentes económicos

  • El PIB de la economía española sufrió una contracción interanual del 4,1% en el primer trimestre de 2020, frente al crecimiento del 1,8% en el anterior trimestre. La caída en el periodo fue superior al -3,2% de la eurozona. Las cifras se estiman sensiblemente peores para el segundo trimestre.
  • El fuerte golpe sufrido por el consumo privado y la inversión fue solo parcialmente compensado en términos de caída del PIB por el repunte en el gasto público, que pasó de crecer al 2% en trimestres anteriores a hacerlo al 3,6% en el primer trimestre.
  • Por sectores destaca negativamente el sector de la construcción con una contracción del 8.6% interanual y una caída de la inversión del 12%. Asimismo, los visados de dirección de obra nueva descendieron un 36,3% en el mes de marzo respecto al mismo mes del año anterior.
  • Otro sector cíclico gravemente afectado ha sido el de la automoción. La matriculación de automóviles cayó un 64% en términos interanuales en los tres meses últimos incluyendo abril, y un 96% en el mes de abril.
  • La desaceleración que ya se venía produciendo en el mercado laboral, y que recogió la EPA del primer trimestre, ha tomado dimensiones de fuerte crisis económica. Los datos de abril de afiliados a la Seguridad Social registran un descenso interanual del 4,1% frente a la caída del 3,4% de marzo y al aumento del 0,2% durante el primer trimestre de 2020.
  • No es de extrañar que en este entorno la confianza de los agentes económicos o los índices de gestores de compras (PMIs) se hayan desplomado. Estos últimos ya han rebotado en mayo desde niveles mínimos nunca vistos en abril, señalando aún contracción de la actividad.

Índices de precios y agregados monetarios

  • La tasa de variación anual del IPC sigue experimentando una elevada volatilidad causada por los precios del petróleo, situándose en mayo en el -1%, desde el 1,2% de diciembre de 2019. Pero si se excluye este componente, y los alimentos no elaborados (que experimentaron un significativo repunte en abril), se observa una relativa estabilidad en los últimos meses, con un crecimiento de los precios de consumo ligeramente por encima del 1% anual y lejos de marcar un escenario deflacionario.
  • En cambio, las presiones deflacionarias sí se dejan notar en los precios industriales, si bien esta es una tendencia que ya existía desde hace tiempo, derivada de la desaceleración/recesión industrial de los últimos años y acelerada, más recientemente, por el shock reciente. Excluyendo el componente energético, los precios industriales descendieron un 0,6% interanual, tasa más baja desde 2016. Si incluyéramos el volátil componente de los precios de la energía esta caída sería del 8,4%, la mayor desde que comenzó la serie en 1975.
  • La tasa de crecimiento de los agregados monetarios repuntó de forma considerable en abril, con la M1 (depósitos a la vista) creciendo al 11,5% interanual. Esto fue impulsado por el repunte de los depósitos de las empresas no financieras, que crecieron al 11,5% interanual respecto al promedio del 2,2% del primer trimestre.

Mercados financieros

  • 2020 ha sido un año especialmente convulso, cosa que han reflejado los mercados financieros, experimentándose uno de los mercados bajistas bursátiles más abruptos de la historia. El Ibex 35 ha sufrido un castigo sustancialmente mayor, mostrando a 5 de junio una caída en lo que va de año del 17,6% frente a menos del 10% en el caso del Eurostoxx 50. Esta caída, que llegó a superar el 40% en los mínimos, se ha recuperado parcialmente tras un rebote que se aceleró a finales de mayo.
  • La volatilidad también se dejó notar en los mercados de crédito e incluso en los tipos de interés de la deuda pública española, con movimientos diarios muy fuertes que los llevaron del 0,2% hasta el máximo del 1,2% el 18 de marzo en apenas dos semanas. Desde entonces han caído hasta el entorno del 0,6%, relajándose también la prima de riesgo, en parte por el apoyo del BCE.

Sector bancario, niveles de deuda y apalancamiento     

  • Tras un largo proceso de reducción del nivel de préstamos y créditos totales del sector bancario, este creció en abril —al calor de la demanda de crédito empresarial para cubrir sus necesidades de liquidez— al 5,3%, su mayor tasa desde enero de 2009. En cambio, la variación anual del stock de crédito a las familias entró en terreno negativo en marzo y abril: -0,6% interanual en abril 2020 vs. 0,4% interanual en abril 2019.
  • Los créditos de dudoso cobro continuaron reduciéndose en marzo, a una tasa interanual del 17%, bajando al 3,3% sobre el total. Es una reducción notable desde los máximos por encima del 10% de finales de 2013 y 2014, pero recordemos que en la década de los 2000 no superó el 1% hasta entrado 2008.
  • En las posibles comparaciones que se realicen con la gran crisis anterior (entendiendo desde 2008 a 2013), debe tenerse en cuenta que tanto empresas no financieras como hogares parten de una situación de partida muy distinta, tras una década en la que se ha reducido su endeudamiento, mientras que en la década previa a 2008 lo incrementaron muy notablemente.

Déficit y deuda pública

  • 2019 cerró con un déficit público del 2,8%, tres décimas superior al del año anterior pese a registrar un crecimiento del PIB del 2%. La deuda pública se redujo durante 2019 en dos puntos sobre el PIB hasta el 95,5%, viniendo de niveles del 101% en 2015. Vemos esta escasa reducción en los últimos años de expansión como una oportunidad perdida de poner las finanzas públicas en orden.
  • En el primer trimestre de 2020 el déficit de las Administraciones Públicas (sin incluir las Corporaciones Locales) subió un 135% respecto al mismo periodo del año anterior. Se estima que el déficit y la deuda pública en términos de PIB alcancen niveles del entorno del 10% y 115- 120%, respectivamente.
  • De no ser por unos tipos de interés en niveles histórica y artificialmente bajos —que previsiblemente se extenderán durante más tiempo del esperado, aunque no indefinidamente—, la situación sería a todas luces insostenible para las cuentas públicas.

Balanza de pagos

  • En términos acumulados de los últimos 12 meses hasta marzo 2020, el superávit por cuenta corriente o capacidad de financiación de la economía española se incrementó un 27%. El primer trimestre del presente ejercicio mostró un déficit inferior al de 2019, a pesar de que en marzo sucedió lo contrario arrastrado por la fuerte caída del saldo superavitario del turismo (-73% interanual). Es un adelanto de lo que veremos en los meses siguientes ante el desplome de la actividad turística, y eso pese a la reducción del déficit comercial energético.
  • La elevada posición deudora frente al exterior continuó reduciéndose en el cuarto trimestre de 2019 hasta el 74% del PIB, desde el 80% un año antes. La magnitud de este indicador muestra la fragilidad externa de la economía española ante episodios de inestabilidad financiera internacional como los vividos, que por el momento se han amortiguado gracias al apoyo de las significativas compras de deuda por parte del BCE.

RECURSOS ADICIONALES: