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6 ideas erróneas a superar en 2017

El machismo y la islamofobia son un invento de la izquierda

La extrema izquierda ha hecho bandera de la lucha contra el machismo y la islamofobia en estos últimos años, y como no puede ser de otra manera, la ha convertido en una caricatura. Es todo tan grotesco que es difícil no sentirse tentado de pasarse de rosca y negar la mayor: no existe ningún problema con la libertad de las mujeres y de los musulmanes en Occidente, y todo es un invento de una panda de descerebrados.

Pero la realidad es que el machismo y la islamofobia sí existen, son problemas serios y requieren de análisis desapasionados y que se alejen de frentismos absurdos.

La economía mejora pero todo lo demás empeora

Somos una minoría los que nos dedicamos a difundir que la economía mundial mejora cada año. La pobreza se reduce, la mortalidad infantil cae a niveles mínimos y cada vez más y más seres humanos pueden tener una existencia sin grandes carencias.

Por desgracia dentro del pequeño grupo de defensores de esta mejora es muy común encontrar a personas que piensan que en todo aquello que no es puramente económico estamos yendo a peor.

Al parecer moralmente no hemos hecho más que empeorar. La educación de nuestros hijos cada día es de menor calidad y el terrorismo nos castiga como nunca antes.

Todo esto es falso y proviene de la gran influencia que el conservadurismo tiene en parte del liberalismo. Tendemos a idealizar nuestra época de la juventud o la de nuestros padres, pero las estadísticas no mienten, y actualmente todas indican que se producen menos delitos violentos, se destroza menos mobiliario urbano y se producen menos atentados terroristas que hace 30 o 40 años.

Mi sentimiento nacional es patriotismo, constitucionalismo o europeísmo y el de los demás es nacionalismo

Cuando se dieron a conocer los resultados del Brexit se desataron todo tipo de reacciones sentimentales y exageradas por todos aquellos que habían desarrollado un sentimiento nacionalista europeo. Por supuesto ellos se ofenderían mucho si leyeran que califico sus reacciones como nacionalistas, pero no dejan de serlo por el hecho de que no sean conscientes de ello.

El mejor ejemplo fue la de un periodista en Twitter al que tuve que afearle que considerara que un amigo suyo, de nacionalidad inglesa, fuera a dejar de ser europeo por el hecho de que Reino Unido saliera de la Unión Europea. El periodista, con bastante sentido común, me aceptó el reproche, pero no sé si llegó a ser consciente de que en su interior se había establecido la equivalencia entre el proyecto político supranacional llamado Unión Europea y el propio continente europeo.

Y de esa idea tan sencilla nace el nacionalismo. Conviene tenerlo presente para dejar de verlo en todas partes menos en uno mismo.

La corrección política es un invento reciente, y monopolio de la izquierda

El ser humano nunca ha sido libre de poder ofender a sus semejantes de manera impune. Y el ser humano siempre ha sido muy propenso a sentirse ofendido.

Siendo estas dos premisas hechos bastante claros, ¿cómo es posible que sea tan popular la creencia de que vivimos en la época de lo políticamente correcto?

Aquí volvemos a encontrarnos con la fatal influencia conservadora en el pensamiento liberal. El análisis sobre la actual restricción a la libertad de expresión (ya sea por imperativo legal o por presión social) es bastante claro: la ideología imperante en una sociedad tiende a silenciar al resto, especialmente a las que son una amenaza más directa.

Esto ha sido así desde siempre, y simplemente asistimos al enésimo combate entre la idea liberal de no poner trabas a las ideas ajenas, por mucho que nos repugnen, y la liberticida de que sólo poniendo límites a las ideas erróneas se puede convivir en sociedad.

¿A quién le interesa ocultar esto y vender la corrección política actual como una amenaza de reciente aparición?

Efectivamente, a los conservadores. Ellos son los primeros que consideran ciertos temas (iglesia, víctimas de terrorismo, etc.) como tabúes que no pueden ser ofendidos, pero como la izquierda ha expandido sus propios tabúes a ámbitos que limitan enormemente la libertad de expresión del conservador medio, hay que recurrir a inventarse una nueva amenaza, calificada como lo políticamente correcto, para poder definir aquellos temas que son injustamente silenciados, mientras se puede mantener el veto sobre aquellos temas que sí son justamente silenciados.

Los exponentes más idiotas de una tendencia ideológica representan a la ideología en su conjunto

En nuestra sociedad existe un problema que gracias a herramientas como Twitter se puede ver de forma nítida: los miembros de una tendencia ideológica tienden a escoger a los miembros más estúpidos de la ideología contraria como únicos ejemplos de la misma.

La cosa se agrava cuando este fenómeno coincide con la capacidad de ignorar a los miembros más estúpidos de tu propia ideología, o considerar que estos en realidad no pertenecen a tu ideología (que no deja de ser otra forma de ignorarlos).

De esta forma se consolida la creencia de que tus ideas son apoyadas por gente razonable y serena mientras que las del resto solo se sostienen por la existencia de un grupo de idiotas recalcitrantes.

Estar a sueldo de Soros es motivo de crítica per se

Que un tipo rico financie a personas que ayudan a propagar la ideología que él considera correcta y beneficiosa para la humanidad debería ser considerado como algo correcto.

Evidentemente si la ideología en cuestión es en realidad perjudicial habrá que criticarlo por ello, pero no por el hecho de que la financie. Y lo mismo ocurre con todo aquel periodista o intelectual que esté recibiendo la financiación.

Es bastante delirante que personas que se califican como liberales critiquen que se esté financiando con dinero privado a medios de comunicación de izquierda, en vez de estar preguntándose por qué no ocurre lo mismo con las organizaciones liberales.

Existen multitud de millonarios que han conseguido sus fortunas de forma legítima gracias al grado de libertad de mercado del que disponemos a día de hoy, y al parecer no sienten el deseo de contribuir con algo de su fortuna a que las ideas que han creado las reglas que les han permitido competir se sigan difundiendo. Están en su derecho, por supuesto, pero quizá va siendo hora de preguntarse si el desprecio a las ideas, y a su financiación, del que hace gala la derecha no sea la causa de todos sus males.

Es una tesis algo más complicada que entender que la del villano archimillonario socialista. Pero parece más plausible.