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Anarcocapitalismo. Crisis de la democracia y el Estado Nación

Hay muchas razones para considerar el anarcocapitalismo un escenario superior al de la democracia. Muchas personas no lo conciben por su apego al sistema. No se dan cuenta de que pueden existir sistemas diferentes. Es la fatal arrogancia de los demócratas. El pensamiento único les invade y convierte en establishment de una sociedad colectivista.

Uno de los fallos de la democracia es que su sistema de mayorías sólo es operativo en comunidades reducidas, donde todos los miembros de la comunidad se conocen y pueden argumentar entre sí, o también, en un sistema con una democracia duramente delimitada. El sistema de un hombre, un voto, siempre llevará al populismo. Algo tan claro ya lo vieron los padres fundadores de los Estados Unidos (Democracia frente a República). Acertadamente, los padres fundadores asemejaron democracia con la semilla de la Oclocracia, donde los gobiernos y políticos dirigen un país a través de las emociones de sus ciudadanos. Es el famoso pan y circo al que hemos asistido en los últimos 100 años. Su cúspide lo vemos ahora con dirigentes como Zapatero en España, Obama en Estados Unidos y Hugo Chávez en Venezuela. No venden gestión de gobierno, sino ilusiones y trucos de magia. La democracia se estructura en una oligarquía política y usa las armas de la oclocracia para llegar al Poder y legislar.

Un gobierno que domina a más de cuarenta millones de personas no puede ser efectivo bajo un sistema democrático. Las opiniones son demasiado diferentes, los intereses demasiado contrapuestos y las presiones políticas, demasiado acusadas. Uno de los enemigos de la democracia es el volumen. Imaginemos un mundo mundial. ¿Quién sería mayoría? China, la India y Rusia, probablemente. ¿Se imagina qué ocurriría? Tales gobiernos usarían la fuerza de la ley y la política para vivir a costa de occidente. Tendríamos altos impuestos y nos impondrían su cultura mediante la ley. Por supuesto, sería para nuestro bien común.

Este crecimiento de la democracia ha venido por el aumento del Estado, el Estado Nación. Un gobierno de gobiernos que se ha ido creando mediante guerras, asesinatos y tratos políticos. Algo totalmente opuesto al concepto voluntario de los medios económicos de Oppenheimer.

Expresado de una forma más llana. No sólo el gobierno es demasiado grande, también los pilares en los cuales se fundamenta, como el concepto de Estado Nación y Democracia. Una sociedad anarcocapitalista, basada en el principio de “no agresión” y en la voluntariedad de los actos, ha de pasar inevitablemente por la desaparición del Estado Nación y la democracia. Éstos son conceptos que han crecido más que el propio individuo, absorbiendo y transformando, no en un medio para servirlo, sino en un fin mismo. El individuo, pues, es una herramienta más para servir al sistema.

Muchos liberales clásicos añaden otra variable a su utópico sistema de gobierno limitado, estado nación (y el sentimiento de éste, el patriotismo) y democracia. La quimera de la "Sociedad Abierta". Otra absurdidad más incompatible con el sistema actual. El concepto de sociedad abierta proviene del filósofo Henri Bergson, que la definió como el de un gobierno transparente, justo y atento a las inquietudes de sus ciudadanos. Hemos necesitado un Wikileaks para que muchos vean que esto no puede existir y que los gobiernos precisamente se caracterizan por vivir a costa de sus ciudadanos, de mentirles y otorgar derechos a grupos de poder privilegiados, los lobbies.

En una sociedad enorme, de millones de personas, no entra en la lógica que todos los católicos toleren a anticatólicos. Racistas a antirracistas. Keynesianos a ‘austriacos’ y ecologistas a antiecologistas. Todos aquellos grupos que no sean netamente liberales —que siempre serán minoría— y defiendan valores colectivistas, ya sea desde la parte del socialismo o conservadurismo, harán lo imposible para acallar a su grupo rival. Todos ellos crearán lobbies para presionar al gobierno de turno y que éste actúe en su conveniencia para hundir al opositor. Ocurre lo mismo que con la democracia, el concepto de sociedad abierta sólo puede producirse en grupos pequeños. A medida que crece, los medios políticos usan esta idea, mediante la oclocracia, para imponer su corporativismo e intereses personales.

La democracia ha crecido demasiado. Es insostenible. El Estado Nación es el principal pilar que la mantiene derecha. Así como los hombres se agrupan a medida que avanza su vida, escogiendo a amigos que le asemejan o buscando parejas que son iguales a ellos, lo mismo ha de ocurrir en grandes conjuntos de masas. El anarcocapitalismo es la solución a un sistema podrido donde cada persona forma sociedad con sus pares y similares, olvidando las imposiciones políticas de dónde ha nacido. De hecho, en Estados Unidos ya existe: las HOA (Home Ownership Associations). Las únicas fronteras son privadas y voluntarias. Así como la globalización económica es el camino a una mayor prosperidad, la globalización política de un Gobierno mundial o un Estado Nación es la garantía de una sociedad atrapada en las fauces de sus políticos, viciada por el populismo (oclocracia), el robo (impuestos), la guerra y la violencia de la ley.

Sólo conseguiremos libertad plena cuando la democracia caiga junto al concepto de Nación Estado. Entonces sí que podremos hablar de una sociedad abierta real donde grupos de individuos se reúnan en un espacio físico para convivir sin necesidad de políticos ni estados.