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Bitcoin entre las 10 mayores divisas mundiales

En artículos anteriores hemos insistido mucho en que Bitcoin es un bien presente o activo real. Un bitcoin no representa nada ni es un derecho sobre nadie.  Vale por lo que es, igual que un saco de harina o una pepita de oro.   

Los Euros que utilizamos todos los días son obligaciones del sistema bancario.  ¿Qué significa esto de que son obligaciones? Pues que el sistema bancario se obliga a aceptar los euros que emite para que paguemos las deudas que tenemos con ellos. Veamos un ejemplo.

Cuando pedimos una hipoteca nos comprometemos a pagar al banco cierta cantidad de euros. El banco pone nuestra promesa en su activo (derecho a cobrar del banco) y nos abona esa misma cantidad en euros en nuestra cuenta corriente anotándolo en su pasivo, que utilizaremos para pagar al vendedor de la casa. A partir de ese momento intentaremos recuperarlos a cambio de nuestro trabajo y con esos euros ejercer nuestro derecho contra el banco para que cancele la parte correspondiente de nuestra hipoteca. Si esos euros nos confieren un derecho es porque son una obligación para el banco, la obligación de aceptarlos para cancelar nuestra deuda, por eso los anotó en su pasivo al concedernos nuestra hipoteca. 

Los euros emitidos por otros bancos y los billetes físicos de euro funcionan de la misma manera, con el añadido de que la legislación decreta que todos son totalmente intercambiables.

Los euros son pasivos o artilugios financiero-contables. La naturaleza económica de Bitcoin, como la del oro, es mucho más simple. Su valor de mercado depende únicamente de sus cualidades intrínsecas, de su oferta y de su demanda. A diferencia del euro, Bitcoin no tiene riesgo de contrapartida.

¿Qué es el riesgo de contrapartida? La probabilidad de que quien emite el dichoso artilugio no cumpla con sus obligaciones. En la era de los todopoderosos bancos centrales actuales como el BCE o la Reserva Federal parece disparatado siquiera plantear que puedan quebrar o no cumplir con sus obligaciones de aceptar su propia moneda para cancelar deudas, pero recordemos que tan recientemente como en 2012 varios países del sur de Europa, España incluida, estuvieron a un tris de ser expulsados del euro o, lo que es lo mismo, estuvimos a un tris de que Alemania lo abandonara. Es decir, el BCE habría repudiado los euros de los bancos españoles. 

Y por poner un ejemplo que si acabó por materializarse: las nocturnas y alevosas devaluaciones de la peseta en los años 90. Si buscamos ejemplos históricos y actuales en otros países los ejemplos son innumerables. Es más, es de hecho la norma y no la excepción que los bancos centrales acaben quebrando o destruyendo totalmente su moneda. Eso sí, a partir de ahora ya no va a volver a pasar porque ya saben, han aprendido, son todopoderosos, esta vez es diferente...

Es clarísimo que Bitcoin, igual que el oro físico en bruto, no tiene ningún tipo de riesgo de contrapartida. Para su valoración es totalmente irrelevante quién es el productor, da igual la solvencia de esa persona o entidad, incluso da igual que exista o deje de existir.   

Ahora bien, desde que se inventó el telégrafo, transmitir promesas de pago es muchísimo más barato que transportar oro físico. El oro inmediatamente adoptó esta tecnología, que requería desprenderse del oro físico y confiarlo a custodios para que realicen los pagos, reduciendo enormemente los costes de transporte físico. La parte mala de todo esto es que las promesas de oro sí tienen riesgo de contrapartida.

Apenas unas décadas después de inventarse las telecomunicaciones a principios del siglo XX, el sistema comenzó a resquebrajarse. La tentación era demasiado fuerte. Toneladas de oro almacenadas en las bóvedas de los custodios, ¿Por qué devolverlas? El horror de la Primera Guerra Mundial era imposible que no desembocara en una irresoluble desconfianza entre las naciones.  Ya no es que hubiera una campaña contra el oro por parte de los Estados, que la hubo, es que, en esas condiciones de constante temor al impago internacional, el oro tenía los días contados. Los acuerdos de Bretton Woods debilitaron al oro dejándolo pendiente de un solo hilo, y Nixon materializó todos esos temores cortando ese hilo en 1971.

Escarmentados de Nixon, ya nadie quiere desprenderse de su oro. Muestra de ello fue el Bundesbank gastándose un riñón y la mitad del otro para repatriarlo en 2013, y bancos centrales como el de China acumulan reservas de oro con regularidad.

Es posible que Bitcoin pueda triunfar allí donde el oro fracasó. Bitcoin tampoco tiene riesgo de contrapartida, pero con la grandísima ventaja de que es infinitamente más barato de transportar y almacena y, por tanto, no es necesario tener que confiarlo a custodios en distintas ubicaciones. Es extremadamente pronto para pronosticar una cosa así. Bitcoin está aún en pañales, de ahí su gran volatilidad.  

Pero teniendo en cuenta que Bitcoin, mientras continúa su proceso de maduración en un segundo plano, es ya la octava mayor moneda del mundo sobre un total de 180, un escenario más realista a considerar es que pudiera llegar a ser una alternativa privada como unidad de reserva en aquellos países con monedas fallidas o disfuncionales, y que para aquellos países con las monedas menos malas, como Europa, Estados Unidos, Japón, Reino Unido o Suiza, pueda actuar como dique de contención obligando a los banqueros centrales a ser menos imprudentes en su cometido.

No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.

F.A. Hayek, 1984