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Bitcoin, 'forks' y el derecho de secesión

Bitcoin tiene establecido un límite máximo de 21 millones de unidades, y una de las críticas habituales hacia Bitcoin es la de qué pasaría si este límite se viola de alguna forma porque los mineros o los desarrolladores decidieran unilateralmente cambiar dicho límite.

Los que defienden el oro en detrimento de Bitcoin argumentan que la escasez relativa del oro viene determinada por la naturaleza y que, por tanto, a diferencia de Bitcoin, no es manipulable.

En este sentido es necesario advertir que Bitcoin es un programa de software, en concreto software libre y abierto, y como tal efectivamente puede ser modificado o actualizado y sería trivial generar una nueva versión de 210 millones de Bitcoins, por ejemplo. Cualquiera puede hacerlo, no solo los mineros o los desarrolladores. En la jerga esta nueva versión se denomina fork. Ahora bien, que se pueda generar dicho fork no quiere decir que se pueda obligar a los usuarios a utilizarlo, ni tampoco que la antigua versión de 21 millones quede eliminada de todo computador o sea olvidada/desaprendida por todos aquellos que la usaban.

La cuestión es que el conjunto de reglas o “consenso científico” que utilizamos para determinar si un material es oro o no es en esencia equivalente al conjunto de reglas que utilizamos para diferenciar una versión de Bitcoin de otra.  Este conjunto de reglas reside en el conocimiento humano, no en las cosas. ¿Es que acaso no es posible hacer un fork del oro sintetizando aleaciones con otros metales? Desde luego que sí. ¿Significa eso que el mercado vaya a tragar con alguna de esas nuevas aleaciones como si fuera oro o que el mercado va a olvidar qué es el oro puro? Evidentemente, no. Cuestión aparte es que el consenso científico para identificar versiones de Bitcoin sea más complejo que el del oro, que lo es, y que aún necesite someterse a muchas más pruebas, que sin duda lo necesita. 

El carácter totalmente abierto y voluntario de Bitcoin otorga total libertad a los usuarios para llevar a cabo su propio fork o ejercer su “derecho de secesión” de la política monetaria establecida en una versión concreta de Bitcoin. Tanto es así, que muchos usuarios lo han ejercido dando lugar a múltiples forks o copias de Bitcoin como Bitcoin Cash, Litecoin, Bitcoin Gold y otras muchas. Pero igual que existe la posibilidad de “secesionarse”, también existe la posibilidad de permanecer o retornar a la versión antigua.

Por cierto, algunos sostienen que las distintas versiones de Bitcoin u otras criptomonedas generan inflación. Eso es tan incorrecto como decir que el oro es inflacionario porque se produzca más plata o cobre, o porque se sinteticen grandes cantidades de aleaciones de oro.

Dicho todo esto, no debemos olvidar que Bitcoin como unidad monetaria tiene un problema que el oro no tiene, y es que si el mercado decidiera rechazar una determinada versión de Bitcoin o incluso cualquier versión de Bitcoin su demanda se desplomaría. Y llegado el punto en el que la demanda fuera inferior a la oferta, Bitcoin dejaría de ser un bien económico para pasar a ser un bien libre o una simple cosa inservible, por tanto, su precio casi con toda seguridad se aproximaría a cero. Podría conservar cierta demanda como único y exclusivo medio que permita almacenar datos en el registro difícilmente mutable de Bitcoin como, por ejemplo, timestamps o huellas digitales (hashes) de documentos importantes si es que el mercado realmente demanda ese servicio, aunque seguiríamos hablando de una utilidad monetaria ya que se trataría de un medio de pago interno muy restringido al sistema Bitcoin, pero medio de pago al fin y al cabo. No sería el caso del oro dado que tiene otras utilidades no monetarias e incluso en su estatus de desmonetización actual el equilibrio entre oferta y demanda no parece haber variado, ya que el poder adquisitivo del oro en términos de otros bienes no es muy distinto al de hace 40, 100 o 200 años.

El oro, por su parte, tiene un importante inconveniente que Bitcoin no padece. Los liberales somos muy aficionados a culpar al Estado por meter sus zarpas en el dinero, pero lo cierto es que el avance de las comunicaciones provocó que el uso de oro físico o el oro en papel (certificados de oro o billetes convertibles) deviniera en extremadamente impráctico. Una propiedad importante del dinero es la transportabilidad, que quedó muy retrasada en el caso del oro físico en relación al descomunal impulso que las comunicaciones han supuesto para el comercio mundial en los últimos 150 años. La solución a este problema fue recurrir cada vez más a los apuntes contables centralizados por parte de custodios y bancos, lo cual implica necesariamente riesgo de crédito y/o de contrapartida para el titular del oro. Estos riesgos lamentablemente acabaron por materializarse a lo largo del siglo XX en distintos hitos, el último de ellos el cierre de la ventanilla por parte de Nixon en 1971. O visto desde otro punto de vista menos dramático, el mercado decidió que puestos a elegir, la moneda-crédito inconvertible ofrecida por los Estados era más ágil y conveniente que una moneda convertible en oro.  Y esto último lo afirmo con toda la contundencia que aportan las innumerables ocasiones a lo largo de la historia en las que el mercado rechazó el uso de una moneda sin que ninguna ley de curso legal, Gobierno o ejército pudiera hacer absolutamente nada al respecto.

Con la idea de recuperar y revitalizar la utilización del oro como moneda muchos sugieren la posibilidad de “bitcoinizar” el oro para evitar los riesgos de contrapartida y de crédito, es decir utilizar apuntes contables en un registro descentralizado como el de Bitcoin, o incluso en el propio registro de Bitcoin. Es una propuesta muy interesante que varios proyectos están llevando a cabo, pero presenta el inconveniente que en ciencias de computación se denomina problema del oráculo. Este problema no es otra cosa que la imprescindible participación de un intermediario (oráculo) entre el sistema y el mundo físico, que en este caso sería el custodio del oro que permitiría ejercer los derechos de propiedad sobre el oro físico. Con Bitcoin los usuarios ejercen de forma directa e inmediata sus derechos de propiedad dentro del sistema sin necesidad de interactuar con el mundo físico. Es decir, en mi opinión con esta solución no es posible evitar el riesgo de contrapartida con los custodios.  

El gran Carl Menger identificó y describió magistralmente el dinero como institución social que se descubrió libremente mediante el mecanismo de prueba y error. Bitcoin encaja a la perfección en este proceso, ahora “solo” queda por ver si resulta ser un éxito o un error.

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