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Blockchain, más allá de bitcoin

Paco Capella ha descrito en la página del Instituto Juan de Mariana (I, II, III) en qué consiste el bitcoin, la tecnología que lo sustenta, y las características, buenas y malas, que le definen como dinero. En el origen se utilizaba la palabra “bitcoin” para tres conceptos diferentes: La moneda electrónica, la tecnología que la hace posible y la red sobre la que se constituye esa moneda. Pero se ha acabado desgajando tanto la tecnología como la red, a las que se llama blockchain. Recibe el nombre porque es, literalmente, una cadena de bloques, en cada uno de los cuales se inscriben las transacciones que se realizan con la moneda.

Blockchain es un sistema de contabilidad que tiene las siguientes características: 1) Es abierto, lo cual permite que cualquiera pueda comprobarlo. 2) Ofrece un sistema de recompensa por la labor de validación de las transacciones en un proceso que se llama “minería”. Este proceso, por un lado, permite un crecimiento continuo del número de bitcoins en el mercado (25 por bloque) y, por otro, remunera la labor de control y validación del mismo proceso. 3) Es un proceso descentralizado. No depende de un único organismo, que enseguida sería cooptado por la política y manipulado, sino que es una red en la que cualquiera, en principio, puede participar. Y 4) por sus características, en la práctica resulta inmutable a posteriori. Todo ello asegura su viabilidad y le otorga una fiabilidad sin precedentes en el ámbito de internet.

Se puede considerar que internet es la red de intercambio de información, y blockchain es la red de intercambio de activos. Y es esa seguridad la que le permite ejercer ese papel. Pero puede ser útil también para otros usos, más allá del bitcoin.

Al igual que blockchain documenta la transmisión de bitcoins, puede vincular las anotaciones en su contabilidad a otros activos, lo cual abre multitud de posibilidades. Una de ellas es, por ejemplo, la capacidad de registrar terrenos y viviendas en el blockchain. Hay países en los que la definición de los derechos de propiedad es insegura, ya sea por el mal funcionamiento del sistema, ya por la corrupción, ya por el hecho de que la propiedad se adelante al proceso de registro público, que puede no llegar nunca. Pensemos en las barriadas desparramadas por los contornos de ciudades como Sao Paulo o Méjico. Esa incapacidad para acreditar la propiedad impide a decenas de millones de personas hacer un uso pleno de su propiedad; por ejemplo, utilizarla de colateral para financiar la compra de otro activo, o lo necesario para iniciar una actividad empresarial.

Al igual que puede acreditar la propiedad de un activo, puede realizar la misma función con un contrato. Es más, según un informe elaborado para el World Economic Forum, la tecnología permite lo que llama “contratos inteligentes”: acuerdos que entran automáticamente en vigor en cuanto se dan ciertas características. Y lo que vale para, por ejemplo, un contrato de compraventa, vale también para un contrato de matrimonio. Jeffrey Tucker ofició la primera boda certificada en blockchain.

Del mismo modo, se puede acreditar la identidad de una persona. Pensemos en la llegada de una riada de refugiados a un país, muchos de los cuales no tienen medios para identificarse. Bitnation ha creado una solución para otorgar una identificación segura. También ofrece una identificación a cualquiera. Onename también cuenta con un servicio como este.

Otro de los usos de su capacidad de acreditación es la certificación de las cadenas de producción. De este modo, es un sistema de control de calidad barato y efectivo. Hay compañías de auditoría que están estudiando el modo en el que esta tecnología les ayude a realizar su labor. También puede mejorar y rebajar el coste de la acreditación de las transacciones financieras, y los bancos están trabajando el modo de asumir y utilizar esta tecnología.

En definitiva, nos encontramos con una manifestación más de cómo una tecnología ofrece soluciones que mejoran la seguridad de la propiedad y, en consecuencia, el desempeño económico.