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Botswana, o el buen gobierno

Muchas de las explicaciones tradicionales (es decir, socialistas) sobre la pobreza en África, como basarla en la difícil herencia de la época colonial, han argüido motivos que hubieran explicado igualmente la pobreza en Asia. Desgraciadamente, el éxito de los tigres asiáticos primero y de China e India actualmente no ha llevado a muchos de sus defensores, entre los que se cuentan naturalmente los manifestantes antiglobalización y sus portavoces mediáticos, como TVE, a modificar sus posiciones. Así pues, aún contando con que los de siempre seguirán en su mundo feliz en el que los males del mundo se explican por las maldades del imperialismo yanqui y el capitalismo "salvaje", quería aportar otro contraejemplo: Botswana.

Este país sudafricano ha sido un ejemplo para toda África, ejemplo que las demás naciones del continente no han dudado en no seguir. Ocupa el puesto 31 en la clasificación de países más libres económicamente que edita la Heritage Foundation (justo por delante de España, y empatado con Noruega y Portugal) o el 35 en la del Fraser Institute (página 17), lo que lo convierte en el más libre del África subsahariana. Es un país pequeño en el que la mayor parte del territorio es desértico y que no cuenta con salida al mar, dependiendo de sus vecinos para efectuar muchas de sus exportaciones. Desde su independencia en 1966 ha conservado su sistema multipartidista de gobierno y, sobre todo, su respeto por instituciones como la propiedad privada y el Estado de Derecho. Durante los treinta años que siguieron a esa fecha, Botswana estuvo entre los países de más rápido crecimiento, un 7,7% anual de media.

Aunque los liberales tendamos a criticar principalmente la intromisión del Estado en la esfera de actividad individual y el tamaño elefantiásico que ha llegado a tener, lo cierto es que no es sólo eso lo que cuenta a la hora de impedir la prosperidad de un país. La calidad del gobierno puede ser un factor tanto o más importante, en algunos casos. Un buen gobierno busca la prosperidad de su gobernados creando un marco estable en el que las personas de a pie puedan buscarse la vida y prosperar. En África, la escasez de calidad es un problema que se extiende mucho más allá de tiranos conocidos como Mugabe. Muchos de los gobiernos son depredadores; sus ocupantes no tienen ninguna preocupación por sus gobernados y se dedican a robar y rapiñar mientras permanecen en el poder. A más bajo nivel, los súbditos encuentran en la corrupción policial un obstáculo casi insalvable para prosperar. Un ejemplo clásico son los "controles" en las carreteras, en los que los uniformados intentan buscar cualquier excusa para acusar a los viajeros, incluyendo a los transportes de mercancías, de violar la ley y poder cobrarles su parte.

Botswana supone un ejemplo de lo que debe hacer un gobierno si desea que su país prospere. No se gastaban el dinero que no tienen, y el que pudieron obtener, principalmente a través de la minería del diamante, no lo gastaron en costosas y superfluas suntuosidades sino en infraestructuras, sanidad y educación, evitando el riesgo de depender en exceso de ese recurso natural. Aprovecharon las costumbres y estructuras tribales tradicionales para crear un marco en el que se respetara la propiedad. Ha recibido relativamente poca ayuda exterior, incluyendo en esto al FMI y el Banco Mundial, de los que no depende como otras naciones. Y ha dado la bienvenida al capital extranjero, eliminando trabas y creando un ambiente favorable para la inversión.

El ejemplo de Botswana pone de relieve un hecho importante. Pese a que el proteccionismo europeo y estadounidense en materia agraria suponga de hecho un freno al desarrollo africano, el libre comercio no es suficiente para el desarrollo de un país. Lo más importante es siempre la política económica interna. El camino para África es abandonar coartadas como las políticas agrícolas occidentales o la "herencia del colonialismo" y asumir que si se hace lo adecuado, cualquier país africano puede prosperar. Los habitantes de estos países son tan capaces como cualquiera de actuar en el mercado libre con provecho para ellos y sus conciudadanos. Pero para que puedan hacerlo, los gobiernos fallidos de la zona deben dejar de impedírselo. Botswana es el ejemplo en que deberían basarse muchos de ellos.