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Colaboración privada-pública: salvados por el eje del mal

Cuando Pablo Iglesias Turrión, allá por noviembre de 2019, fue a divertirse al Hormiguero de su tocayo Motos, entre hormiga y hormiga y en pleno prime time español, nos lanzó el siguiente mensaje a los españoles: “España no es una república bananera que dependa de que un señorito venga dando cosas”, en referencia a Amancio Ortega.

Pero llegó marzo de 2020, la propagación de una pandemia por todo el mundo, como si de una de las diez plagas de Egipto se tratase, y todo cambió. Las prioridades políticas que hasta el día 8 pasaban por una manifestación en la que nos iba la vida o un mitin multitudinario en Vistalegre, se centraron en cerrar colegios y centros de día, confinar a la gente en sus casas, levantar hospitales más rápidamente que en Wuhan y conseguir material sanitario a contrarreloj y a toda costa.

Fue entonces cuando vimos lo mejor y lo peor. Titulares que afirmaban “Sanidad reconoce que los kits de la primera partida comprada al país asiático no son fiables y asegura que ya ha encontrado nuevos proveedores”, “Sanidad vuelve a recurrir a la empresa china de los test fallidos del coronavirus” o “El Gobierno retira de urgencia decenas de miles de mascarillas defectuosas que repartió a las autonomías”. Pero también otros del tipo “Sarasola y Matutes ofrecen sus hoteles para hospitales”, “Inditex salva al Gobierno al transportar 457 M en material de Sanidad en lo peor de la covid”, “Los grandes del Ibex se unen para hacer un fondo y comprar material por 150 millones” o “Pedro Sánchez visita el taller donde El Corte Inglés confecciona mascarillas”.

Con la comparación de titulares podemos comprobar cómo la colaboración público privada ha resultado fundamental para hacer frente a la mayor crisis sanitaria de nuestra historia reciente. Y podríamos pensar que los miembros del Gobierno de España y los Gobiernos autonómicos están profundamente agradecidos por la ayuda recibida. Pero como se suele decir, la alegría va por barrios. Y mientras alguna lideresa tuiteaba: “Los empresarios, autónomos y ciudadanos anónimos son otros héroes de esta lucha contra el #COVID19. Solo es posible salir adelante con ellos. Sí a la colaboración público-privada”. El vicepresidente tercero del Gobierno evitaba en sus ruedas de prensa mencionar y agradecer la ayuda privada recibida.

Esto no nos debe sorprender, su objetivo era entrar en el Gobierno para jugar al ajedrez y acabar con el capitalismo y las injusticias derivadas del mismo, para, en palabras de Antonio Gramsci, ganar una batalla cultural donde la “individualidad moral del hombre medio” se desarrolle en una concepción del mundo contraria al sistema de mercado y las democracias liberales. Y claro, estos objetivos no casan con haber sido salvados por el “eje del mal”.

Por eso resulta fundamental mostrar a la ciudadanía la importancia que ante esta crisis ha jugado el sector privado. Un sector que, a diferencia del político, tiene el mayor interés de terminar con esta crisis cuanto antes para subir la persiana de sus empresas y recuperar el empleo y la riqueza perdida durante estos más de cincuenta días de estado de alarma.

Decía Paloma de la Nuez, en La política de la libertad: estudio del pensamiento político de F .A. Hayek, que a la hora de proporcionar la ayuda que se encuentra fuera de la lógica del mercado el Estado debe ir acompañado por la acción de asociaciones, fundaciones y organizaciones privadas de todo tipo. Porque de lo contrario nos encontraremos ante un regreso a los instintos atávicos, al tribalismo y a una concepción colectivista del Estado.

Pero para ello, no podemos dejar que la individualidad moral del hombre medio se desarrolle en un ambiente cultural donde los ciudadanos se estén preguntando constantemente como les puede salvar el Estado de las plagas bíblicas. Porque entonces estaremos creando el caldo de cultivo propicio para aquellos que quieren terminar con el sistema de mercado y la democracia liberal.   

Efectivamente, si el Estado tiene una razón de existir, y ya lo decía Adam Smith, es la de garantizar la seguridad jurídica y seguridad física de sus ciudadanos. Pero también debemos saber que no tiene por qué hacer esto último solo. Porque si dejamos todo en manos del Gobierno ¿Quién nos salvará cuando este no es capaz de conseguir mascarillas o material sanitario?

Por eso el ciudadano deber saber que, el gran éxito, dentro de lo dramático y lo tarde que llegó la actuación de los podres públicos a nivel mundial, ha sido la colaboración público privada. No olvidemos que fue el sector privado el que canceló el Mobile World Congres. Pero es también el que en España está sosteniendo la educación a distancia de miles de niños. Cisco, IBM, Telefónica, La Caixa, Orange o Vodafone están aportando herramientas, dispositivos o conectividad para que los alumnos con menos recursos reciban sus clases. Lo mismo sucede en Italia o en Suiza, donde a través de plataformas como Solidaridad Digital o Five up, el Gobierno, junto al sector privado, está consiguiendo prestar ayuda a personas de la tercera edad o a aquellos con menos recursos. Hasta en la China comunista, y con todas las salvedades que hay que tener en consideración por el caso, empresas como Alibaba han jugado un papel fundamental en la ayuda al Estado para luchar contra el coronavirus.

En tiempos de coronavirus, en tiempos de crisis y en un tiempo dramático con una más que dudosa actuación de algunos poderes públicos es importante poner al discurso populista, colectivista y contrario a la globalización, ya sea socialista o conservador, frente al espejo. Contraponer que frente al discurso de un Estado paternalista y holista que se ha demostrado incapaz e insuficiente no solo hay un modelo eficaz y solidario, sino un discurso de libertad, de individuos que escapan del atavismo y la tribu para crear una Gran Sociedad formada por ciudadanos libres y soberanos.