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Cómic: Lieber y cómo David ganó a Goliat (II)

Por mucha presión de la CCA y mucha autocensura que existan, en una sociedad donde la libertad es un principio moral dominante, ésta termina abriéndose camino pese a los impedimentos, e incluso podríamos decir que gracias a ellos. Al fin y al cabo, las ausencias te permiten apreciar mejor lo que tienes. Los temas inicialmente censurados fueron poco a poco volviendo al mercado más oficial,  los temas tabú se fueron tratando de maneras al principio más suaves, para terminar cogiendo el toro por los cuernos.

Durante los últimos años, los cómics de superhéroes se fueron poco a poco recuperando y, si había una editorial ganadora, ésa era DC, la antigua Detective Comics, que tenía en cartel personajes como Superman, Batman, Wonder Woman, Green Arrow, Green Lantern, Aquaman o Flash. Muchos venían de la Edad de Oro de los superhéroes, otros venían de la compra de derechos de editoriales menos exitosas. A principio de los años 60 dominaban un mercado caracterizado por la corrección política y alguno podría decir que algo aburrido. Tenía la ventaja del que está en la cumbre, pero también sus debilidades, una de ellas la soberbia.

En esa época, DC era dirigida por Jack Liebowitz y Marvel Comics, que en ese momento no editaba cómics de superhéroes, por Martin Goodman. Goodman era un empresario en toda regla. En la década de los 50 trabajó en Atlas Comics, donde empezó con una plantilla compuesta por una veintena de dibujantes que cobraban un sueldo fijo. Decidió hacer más competitiva y creativa la empresa y optó por un sistema en el que pagaba a sus dibujantes y guionistas por trabajo entregado. Durante algunos años, el éxito fue a más y ello le permitió crear su propia distribuidora, de forma que sus publicaciones no dependían de terceros. Pero las cosas se fueron torciendo, las ventas se redujeron y tuvo que hacer concesiones a su principal competidora, que le distribuía algunas colecciones siempre y cuando no llevaran el sello de la editorial.

Liebowitz y Goodman coincidieron en una partida de golf y el primero presumió de su éxito frente al segundo, que aceptó el reto, aunque algunos aseguran que esto es una leyenda urbana y que nunca ocurrió. En ese momento, la que terminaría convirtiéndose en Marvel Comics tenía un escaso pero brillante equipo editorial, compuesto por un puñado de genios del dibujo como Jack Kirby, Steve Ditko, Don Heck, Joe Sinnot, Dick Ayers y Paul Reinman y, por supuesto, Stanley Martin Lieber, más conocido como Stan Lee.

Este hijo de rumanos de origen judío está muy alejado de lo que puede entenderse como un libertario estadounidense, pero tuvo y posiblemente tiene, con sus noventa y pocos años, una visión de los negocios que pocos tienen y entre ambos, Lee y Goodman, Goodman y Lee, Marvel Comics desbancó a DC de la cumbre, aunque para caer también con el tiempo. A ese tema ya llegaremos.

Goodman le pidió a Lee que creara un grupo de superhombres que desbancara en ventas a los superhéroes de DC y eso hizo con Los Cuatro Fantásticos, a los que siguieron en sucesivos años, Spiderman, Los Vengadores, X-Men y un sinfín de personajes más o menos famosos e importantes. Stan Lee hizo algo fundamental en un negocio: crearlo todo desde el principio y cambiar la filosofía del superhéroe.

Y en este punto enlazó con el cómic underground. En este tipo de cómics se trataban temas espinosos, socialmente difíciles, no sólo el sexo o la política, sino que también se incidía en la profundidad psicológica de los personajes. De alguna manera, Stan Lee quiso transmitir que los superhéroes eran también personas con problemas, de modo que el lector se identificara con esos personajes. Peter Parker/Spiderman se echa la culpa de la muerte de su tío a manos de un ladrón que decide no atrapar después que éste robe a un magnate de las luchas callejeras que acaba de engañar al joven Peter. Además, debe trabajar para llegar a fin de mes, como tantos y tantos lectores de cómics. Los Cuatro Fantásticos, pese a su poder y riqueza, tienen serios problemas entre ellos, incluyendo de nuevo el tormento de Míster Fantástico, que ha convertido en monstruo a su mejor amigo, La Cosa, Ben Green. Esta visión del héroe atormentado, que ya nació con Batman, será redundante en el universo de los superhéroes. Aunque tardara en ser evidente, la persecución de los mutantes de X-Men por su condición genética tiene mucho que ver con el racismo y los derechos civiles.

Desde el punto de vista creativo, la otra genialidad de Lee fue entrelazar los cómics de forma que se creara un universo de héroes que tenían relación unos con otros y que “obligara” a los que quisieran seguir el universo a comprar todas las colecciones. Los villanos se comparten, los grupos irán cambiando de miembros (hecho que es desde el principio uno de los atractivos de los ahora archifamosos Vengadores) y las andanzas de los superhéroes se mezclan en lo que ahora suena tanto: el cross-over. El origen diverso de los héroes de DC hacía que esta posibilidad fuera más complicada y, pese a tener la Liga de la Justicia, la competencia con los personajes de Marvel terminó por afectar a las ventas de DC, que pasó a ser la empresa destronada. Sin embargo, esto no explica cómo una empresa surge de la nada y golpea hasta vencerla a una ya asentada y exitosa. Ésta es la tercera genialidad de Stan Lee.

Todo liberal valora la división del trabajo. Básicamente, nadie puede hacer todo, tiene que confiar en los demás, en el trabajo y las capacidades del resto para seguir viviendo. Por eso, las sociedades libres son tan dinámicas y colaborativas, no las sociedades ligadas a reglas inflexibles o dogmas de difícil incumplimiento. Stan Lee acudió a la división del trabajo para competir con DC. Separó el guión del dibujo, y el dibujo del color o del entintado, de forma que cada uno de ellos simplemente tenía que hacer lo que le mandaba el anterior y eso fue lo que le permitió crear tantos personajes en tan poco tiempo, en un universo más o menos coherente y, a la vez, complicado.