Usted está aquí

Cómo funciona la mente según F. A. Hayek

Uno de los aspectos menos conocidos del pensamiento de Friedrich Hayek es su teoría de la mente. ¿Qué es, cómo funciona, cómo se relaciona con el mundo exterior y con el propio organismo, cómo genera las ideas? Estas cuestiones le ocuparon en su juventud. Unos primeros años en los que Hayek dio con una idea original que se quedaría en un breve ensayo escrito en 1920.

Hayek dudaba entre seguir ese camino o el de la economía, y finalmente optó por esta disciplina. Pero no abandonó del todo sus intereses sobre la psicología teórica. Se mantuvo al tanto de la literatura más importante, y finalmente escribió un libro que se publicó en el año 1952: El orden sensorial.

El año es un dato importante. Hayek ha publicado en 1944 Camino de servidumbre, que marca un cambio de rumbo en sus intereses; de la economía, que no abandonaría del todo, a cuestiones más generales sobre cómo se organiza la sociedad, cómo surgen las instituciones y demás. Es en esa década de reorientación de su carrera donde publica El orden sensorial.

¿Cuál es el propósito de Friedrich A. Hayek en esta obra? ¿Qué problema o conjunto de problemas se plantea? Podemos plantearlo así. Según él lo expone en El orden sensorial, hay tres realidades o tres mundos. El primero es lo que podemos llamar el mundo objetivo o físico. El segundo lo constituyen los organismos que, por un lado, forman parte del mundo I, y por otro necesitan de una comprensión del mismo gracias al mundo III. El Mundo III es el orden mental o fenomenológico, y que es una representación esquemática de los mundos I y II.

Es decir, que lo que se plantea es cómo es posible que dentro del macrocosmos (la realidad exterior) pueda haber un microcosmos (una parte del mismo) que reproduzca ciertos aspectos de ese macrocosmos y que, a través de esto, haga posible que la estructura de la que forma parte se comporte de modo que ayude a su supervivencia.

El mundo exterior, objetivo, está compuesto por partículas, que tendrán unas características, algunas de ellas perceptibles. Estas partículas se muestran de forma ordenada, en estructuras, y algunas de ellas podrán ser estables o semi permanentes. Cuanto mayor sea la complejidad de la estructura (como son las estructuras biológicas), más difícil será que se mantenga. Para que lo logre, tendrá que reaccionar de forma adecuada a los cambios en su ambiente o ser capaz de adelantarse a ellos. Pero para reaccionar o adelantarse de forma adecuada, necesita tener la capacidad de interpretar el mundo exterior, la de aprender a desarrollar esas respuestas, y una memoria de la conexión entre los fenómenos. O, como dice en su obra, “esas estructuras complejas que llamamos organismos deben su propia supervivencia a la capacidad de responder a ciertas influencias externas con modificaciones en su estructura o actividad adecuadas al mantenimiento o al restablecimiento del equilibrio necesario para su persistencia. Esto implica, incluso en los organismos más primitivos, cierta capacidad de discriminar respuestas a diferentes estímulos físicos y, quizá, incluso cierta capacidad de ‘aprendizaje’”.

Luego los organismos tienen que tener un mecanismo que les permita responder a diferentes combinaciones de acontecimientos externos. En ese mecanismo, ha de haber un sistema de relaciones entre acontecimientos que sea estructuralmente equivalente al sistema de relaciones entre los acontecimientos externos. Ese “mecanismo” es lo que llamamos mente, que Hayek define así: “Un orden particular de un conjunto de acontecimientos que tienen lugar en cierto organismo y que en cierto modo están relacionados con el orden físico de los acontecimientos del entorno (aunque no son idénticos al mismo).

De modo que el problema es saber de qué forma pueden desarrollarse dentro de un organismo un subsistema que refleja algunas características del orden físico, y que habilita al organismo a asumir un comportamiento adecuado a las condiciones ambientales. Para entender cómo cree Hayek que ocurre eso, tenemos que tener en cuenta unos cuantos elementos: Los estímulos, que son los acontecimientos del mundo exterior, los órganos receptores, el sistema nervioso central, los impulsos nerviosos, las cualidades sensoriales (que son los atributos o dimensiones con las que entendemos y ordenamos el mundo exterior) y la mente.

Partiendo del problema que ya hemos expuesto, y con estos elementos, ¿qué es lo que dice Hayek? ¿Cuál es su tesis? Lo que dice nuestro autor es que las cualidades sensoriales son un orden análogo al orden de los impulsos sensoriales, al conjunto de conexiones entre neuronas dentro del sistema nervioso. Es decir, que el sistema de conexiones neuronales constituirá un sistema equivalente estructuralmente al orden de cualidades sensoriales. En ese orden, cada nuevo impulso o conexión no tendrá significado por sí mismo, sino que sólo lo tiene en función de su relación con otros impulsos o conexiones neuronales. Estas conexiones, esta memoria del sistema nervioso que constituye la base del pensamiento, se forma por dos vías: Una, por vía genética. Digamos que venimos al mundo con una estructura física que nos predispone a ver el mundo como lo vemos. Y otra, por el aprendizaje de la persona.

Con esas conexiones la mente crea representaciones del mundo. Dice en un momento: “La tesis central de la teoría que aquí se expone es que no sólo una parte, sino todo el conjunto de las cualidades sensoriales es, en este sentido, una “interpretación” basada en la experiencia del individuo o de la especie”.

Y la idea más característica de Hayek a este respecto es que la mente, ese orden de cualidades sensoriales con el que entendemos el mundo y que tiene una base fisiológica en las conexiones entre neuronas, es un órgano de clasificación. De tal modo que cada nuevo impulso no tiene por sí significado, sino que es la mente quien se lo da. Ese nuevo impulso evoca un conjunto de impulsos análogos, que permitirán a la mente situarlo dentro del orden que es la propia mente.

En este sentido, la mente recoge un acervo ordenado de experiencias. Parte de ellas se transmite por vía genética, pues están conformadas en ciertas conexiones en el cerebro que le predisponen a entender lo que le rodea. Otra parte se renueva por dos vías, la adquisición de nuevos impulsos, y los procesos de clasificación y reclasificación. Hayek, por otro lado, distingue entre el conjunto del acervo de conexiones que supone una recreación del mundo, al que llama “mapa”, y la idea de cómo es la realidad que le rodea en cada momento, alimentada por la experiencia sensorial e interpretada desde ese mapa, que él llama “modelo”.

Y así llegamos a una de las conclusiones más chocantes, pero más feraz, de la teoría de Hayek. Él dice que “no tenemos primero las sensaciones que después se conservan en la memoria, sino que es más bien como resultado de la memoria fisiológica como los impulsos fisiológicos se convierten en sensaciones. Las conexiones entre elementos fisiológicos son por lo tanto los fenómenos primarios que crean los fenómenos mentales”. Es decir, que en realidad es nuestra mente la que crea las sensaciones, al dotar de sentido los impulsos que llegan del exterior. O, como dice en cierto momento: “Todo lo que sabemos sobre el mundo está formado por teorías y toda la experiencia que podemos hacer consiste en cambiar esas teorías”.

Su teoría es más compleja y rica que lo que he podido recoger en este artículo. Pero nos da una idea aproximada de cuáles son sus ideas, y sobre todo nos permite entender la relación que tiene con otros aspectos de su pensamiento. Por ejemplo, el proceso que hemos descrito hace que el conocimiento que tengamos de la realidad sea abstracto, en el sentido de que sólo sabemos algunas cualidades generales sobre ella. En un artículo posterior, “La primacía de lo abstracto”, señala que nuestro pensamiento es abstracto también en el sentido de que nuestro comportamiento se guía por la superposición de normas abstractas de las cuales no somos plenamente conscientes. Y por esa vía se entiende mejor su teoría sobre la evolución de las instituciones, y el papel de la razón.

Por otro lado, lo que nos permite la mente es un conocimiento de la realidad, suficiente para nuestra supervivencia, pero parcial y muy limitado si lo comparamos con la complejidad de la misma realidad. De modo que la razón tiene límites infranqueables. En otro sentido, siguiendo a Carnap, Hayek describe una prelación de órdenes, de los más sencillos a los más complejos, en el que estarían el físico y el químico, en otro orden de magnitud el orden biológico, y por encima de éste la mente humana. Y aún por encima, la combinación coordinada de mentes que es la sociedad. Puesto que un orden no puede comprender otro de mayor complejidad, la mente humana no es capaz de comprender del todo ni a sí misma ni por supuesto a la sociedad. Y, en consecuencia, tampoco podría diseñarla.