Usted está aquí

Descubrimiento en los pasillos de Columbia

En su libro Economía liberal para no liberales, Xavier Sala i Martín refiere que, en una de sus conferencias, descubrió que una alumna ciega utilizaba unos extraños dispositivos basados en la síntesis de voz para seguir sus estudios de economía. El catedrático de Columbia presentó su hallazgo como un ejemplo de la forma en la que muchos grupos sociales pueden mejorar espectacularmente sus condiciones de vida gracias a los mecanismos propios del sistema capitalista, de la economía libre.

Es natural que el acertado razonamiento del profesor Sala escociera entre sus enemigos ideológicos. Tanto que un profesor de economía para sociólogos en la Complutense, Diego Guerrero, en su libro Economía no liberal, hace apología del tomatazo sobre las chaquetas y corbatas del ilustre liberal español.

Guerrero apoya su indignación en una reflexión ciertamente original y profunda, que difícilmente podrá ser refutada alguna vez por los economistas que se consideren serios, ya se llamen von Bohm-Bawerk, von Mises o von lo que quieran, y es que, claro, la ciega que tuvo la suerte de conocer don Xabier es una de esas de la clase rica, y su situación contrasta seguramente con la que viven la mayor parte de los invidentes en los propios Estados Unidos.

Tenemos que dispensar –tales son las barbaridades vertidas por Sala i Martín en su libro– que el profesor Guerrero se dejara llevar por su oposición al credo liberal y que no tuviera tiempo de estudiar el desarrollo de la tecnología adaptada para el uso de los ciegos en las dos últimas décadas. Si lo hubiera hecho, tendría que haber rechinado los dientes, reservando sus tomates maduros para corbatas menos lucidas.

Por mucho que le pese al engalanado soldado antiliberal, los dispositivos que permiten a los ciegos manejar un ordenador personal y transformar la letra impresa en señal Braille o sonora han sido desarrollados por empresas pequeñas, creadas en su mayor parte en Estados Unidos y Gran Bretaña, durante los años setenta y ochenta. Y aunque las dificultades técnicas y el restringido tamaño del mercado son un lastre para el avance del sector, el precio de los equipos no hace más que reducirse, de forma que cada vez son menos los invidentes que no pueden conectarse a Internet. Si contar con las innumerables formas de abaratar aún más el precio, que van desde las ayudas o subvenciones hasta la compra conjunta o el cada vez más extendido pirateo.

Pero el profesor Guerrero probablemente seguirá prefiriendo ese mundo de ciegos sin clase, como la antigua República Democrática de Alemania. Algunos ciegos españoles tuvimos la oportunidad de escribir con aquellas pintorescas máquinas que venían de más allá del muro, en las que un trozo de tanza de pescar era el responsable de cargar con el peso del carro. ¡Lástima que se rompiera tantas veces!