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Dinero en abundancia en la donación de órganos

Hace ya tiempo, publiqué en mi blog una referencia a un artículo de Sowell donde éste defendía la libre compraventa de órganos. Esa anotación es ahora la segunda página que aparece en Google al buscar "venta de órganos", lo que provocó que muchas personas se ofrecieran a vender los suyos en los comentarios. No soy el único a quien le ha pasado; también a los críticos de esta práctica les sucede. Sin embargo, desde el momento en que un ungido lo descubrió se produjo cierto escándalo, bastante hipócrita, por otra parte.

Se considera que es inmoral vender una parte de tu cuerpo, aunque no regalarla. Es el mismo tipo de moralidad que encuentra perfectamente aceptable el sexo libre pero no la prostitución voluntaria. La cuestión no es que no resulte espeluznante que haya gente dispuesta a desprenderse de una parte de su cuerpo por dinero, sino en qué mejora la vida de esas personas que están tan desesperadas como para estar dispuestos a realizar esa transacción el prohibirles hacerla. Los ungidos pueden tener la moral que quieran, pero no deberían arrogarse el derecho a imponérsela a los demás vía Congreso de los Diputados. Porque, mientras ellos sestean satisfechos en sus casas, los pobres siguen igual de pobres y quienes mueren sin el órgano que necesitan siguen muriendo. Pero los ungidos nunca han buscado el bien de los demás, sino su propia autosatisfacción moral, a costa de quien sea.

Lo curioso es que muchos alegan que introducir dinero en el sistema de donaciones destrozaría un sistema que, al parecer, "funciona bien". Ningún sistema funciona bien en términos absolutos cuando hay listas de espera; cuando eso sucede es evidente que hay una carencia de oferta. Aún así, es cierto y generalmente reconocido que el sistema español de trasplantes es el mejor del mundo. El problema es que eso sucede debido a que el dinero corre, y a raudales, por el mismo. Claro que ese dinero lo reciben a manos llenas los médicos y las enfermeras, y no los donantes. Eso, cabe suponer, es lo que lo hace "moralmente aceptable".

En España no se hacen más donaciones de órganos porque seamos mejores y estemos "más concienciados"; las bajísimas cifras de donación de sangre así lo demuestran. Nuestro mayor número de donantes se debe a que se ofrecen enormes incentivos económicos a los trabajadores del sistema estatal de salud implicados en la identificación y captación de donantes; estos médicos y enfermeras pueden cobrar el doble que quienes han tenido la mala suerte de especializarse en otra rama de la medicina, puesto que "reciben, más o menos disfrazada y aparte de sus sueldos, una retribución especial por trasplante hecho, retribución sustanciosa que los mantiene en alerta continua, diligentes en identificar y seguir a todos los enfermos potenciales donantes que entran en el hospital y en persuadir a los familiares para que autoricen la extracción de los órganos". En definitiva, nuestros "éxitos" en las donaciones se deben a una característica típica del funcionamiento político de las instituciones: el gasto exagerado en una parte del sistema para presentarlo como éxito mientras en otras partes el dinero escasea; es el llamado "faraonismo". Es lo mismo que sucede en Cuba, donde la dictadura alardea del gran número de médicos por persona mientras escasean las medicinas y las cucarachas proliferan en los hospitales.

Los ungidos exponen así su doble moral: les parece mal cobrar por donar un órgano, pero no que alguien cobre por convencer de que se done gratuitamente. Es como estar moralmente en contra de la prostitución pero a favor de las web de contactos; lo importante no es que no haya dinero de por medio, sino que no lo cobre quien ofrece el bien deseado. Es como estar a favor de la compraventa de hortalizas siempre y cuando no cobre el agricultor sino los mayoristas, transportistas y minoristas. En fin, que de tan "laicos" resultan ser mucho más papistas que el Papa.

Pero lo importante no es lo que ni ellos ni nosotros consideremos en nuestro fuero interno que es bueno o malo. Mientras no haya terceras personas a las que se dañe con ello, ¿quiénes somos para interponernos en los tratos voluntarios que pueda haber entre dos personas?