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Dinero, trueque y ecuación cuantitativa

Bajo condiciones normales y a largo plazo sólo una fracción despreciable de los intercambios actuales  se realiza mediante trueque.
Irving Fisher, The Purchasing Value of Money

En cualquier manual de economía se nos explica que el dinero aparece como un modo de superar las limitaciones del trueque. Una vez los individuos disfrutan de un "medio de intercambio generalmente aceptado" el trueque es relegado a una posición marginal en la economía. Pero la idea de que el dinero representa la superación definitiva del trueque parece intuitivamente cierta, pero no lo es. El dinero, lejos de desplazar al trueque, le confiere una utilidad mucho mayor y permite su uso generalizado.

El principal inconveniente del trueque no es exactamente que sólo puedan perfeccionarse aquellos intercambios donde ambas partes tengan demandas y ofertas de bienes que se complementen, sino las enormes dificultades que existen para liquidar o compensar esos intercambios en ausencia de precios de mercado y de un bien líquido.

En principio, todas las demandas y ofertas de bienes podrían compensarse unas con otras. La gran mayoría de la profesión económica sostiene, aún hoy, que el dinero es sólo un velo pero que, en última instancia, los bienes se intercambian por otros bienes. En realidad el dinero es mucho más que un simple facilitador del intercambio. Aunque la demanda y la oferta sean iguales, normalmente existe un desfase temporal entre ambas. Un individuo puede ofrecer bienes hoy para demandar otros mañana, de modo que su exceso de oferta no se le pueda compensar hoy con ningún bien.

El dinero, sin embargo, le convierte a uno en propietario de unos bienes que son enormemente demandados –incluso en grandes cantidades– y que, por tanto, pueden ser convertidos de manera rápida y cierta en otros bienes cuando su propietario lo requiera. En otras palabras, los individuos que quieran demandar en otro momento pueden liquidar hoy sus saldos mediante el dinero. Además, esa generalizada demanda da lugar a un enorme volumen de transacciones contra ese bien dinerario, lo que permite encontrar precios de mercado muy actualizados para casi cualquier bien expresados en esa unidad monetaria.

La razón por la que un trueque masivo sin dinero es inviable reside en la dificultad para compensar los millones de intercambios sin una unidad de cuenta común (que permita agregar y saldar deudas y créditos) y, sobre todo, en la imposición para los acreedores que no quisieran consumir hoy de aceptar, como liquidación parcial de sus saldos acreedores, bienes que carecen de una enorme demanda, esto es, que no pueden intercambiarse por otros bienes de manera rápida y cierta.

En cambio, la existencia de medios líquidos permite superar este inconveniente. Los distintos intercambios pueden saldarse en una unidad de cálculo común y además los acreedores cuyos créditos (oferta) no se compensen por entero con sus deudas (demanda) pueden recibir dinero, que sí podrán intercambiar en el futuro de manera rápida y cierta.

Benjamín Anderson en su magistral libro The Value of Money ofrece algunos ejemplos de cuán extendido está el uso del trueque en la sociedad moderna. Sin ir más lejos, cuando nos rebajan el precio de un bien por entregar otro (por ejemplo, uno de la misma especie pero más viejo) asistimos a un trueque parcial: el trueque entre el bien viejo y el bien nuevo se compensa con la entrega de una cantidad extra de dinero (el precio rebajado). Las fusiones y adquisiciones entre empresas también se efectúan normalmente mediante trueque. Si yo lanzo una OPA sobre otra compañía y ofrezco pagar (total o parcialmente) mediante mis acciones, lo que tenemos es un trueque entre la propiedad de unos recursos y la propiedad de otros.

Pero, sobre todo, el trueque es una práctica muy habitual en el caso de las cámaras de compensación. Su funcionamiento es muy simple: si yo he comprado bienes por importe de 50.000 euros y he vendido otros bienes por importe de 40.000, tengo una deuda con la cámara de 10.000, cantidad que ella distribuirá entre los correspondientes acreedores. La diferencia entre los créditos y las deudas se salda en dinero, pero el resto de las operaciones (cuyo valor en euros es de 40.000) son, en el fondo, puro trueque.

Las cámaras de compensación son un instrumento fundamental en las sociedades modernas. Existen para multitud de productos, como depósitos a la vista, valores de renta fija, de renta variable, contratos de futuro, etc., y manejan enormes cantidades de recursos. CHIPS, la cámara de compensación para las operaciones en dólares, realiza operaciones diarias por valor de 1,6 billones de dólares con tan sólo un movimiento efectivo de tres mil millones; en otras palabras, en esta cámara se efectúa diariamente un trueque por importe de 1,597 billones de dólares. Consideraciones similares podrían realizarse con respecto a otras cámaras de compensación como Euroclear, Fedwire o LCH.

Queda claro pues que la afirmación de Fisher con la que abríamos el artículo no puede ser más errónea. El trueque juega un papel cada vez más relevante en el comercio actual porque la función del dinero no es estar presente en todos los intercambios, sino sólo saldar las posiciones acreedoras netas de los individuos. No es de extrañar, sin embargo, que Fisher tratara de relegar al trueque a una posición marginal, ya que su ecuación cuantitativa del dinero parte de la hipótesis de que todos los intercambios tienen su contraparte monetaria.

Si un incremento de la producción puede intercambiarse sin recurrir al dinero, los precios no tendrían por qué descender como predice la ecuación cuantitativa. Del mismo modo, un incremento de la masa monetaria que indujera una reducción de las transacciones vía trueque no tendría por qué provocar un aumento general de los precios. Me temo, por consiguiente, que si la ecuación cuantitativa se basa en una hipótesis tan irreal como la inexistencia del trueque, no resulta válida para explicar los procesos inflacionarios. Y en especial los procesos inflacionarios actuales... pese a lo que Fisher pudiera pensar.