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Eisenhower, un republicano humilde

Cada cañón que se fabrica, cada buque de guerra que se bota, cada cohete que se lanza significa, a fin de cuentas, que se está robando a los que tienen hambre y no están siendo alimentados [...] Este mundo armado no solo está gastando dinero. Está gastando... las esperanzas de los niños.

Dwight D. Eisenhower, 1953.

A la hora de enumerar los grandes presidentes estadounidenses, Eisenhower tiende a ser un típico gran olvidado. Y lo es en gran parte por una gran virtud: Eisenhower era un hombre modesto que, a diferencia de Teodoro o de F.D. Roosevelt, rehusó utilizar su presidencia como un púlpito para fomentar el culto a su persona.

Pero esa modestia encontró su mejor plasmación en la conciencia de los límites del Gobierno y su acción. En 1953, Eisenhower heredó un amplio déficit, y sin embargo dejó la Casa Blanca con superávits. Algo francamente impensable bajo los presidentes norteamericanos de las recientes décadas. Y durante sus dos mandatos no hubo nada semejante a una recesión. Es indudable la favorable situación general económica que vivió EEUU tras la Segunda Guerra Mundial, pero no tuvo las típicas piedras en el camino que le ponen los políticos: por ejemplo, Eisenhower se preocupó por equilibrar –y lo logró en tres ocasiones- los presupuestos del Gobierno federal, algo de nuevo casi impensable por desgracia. Lo que podría haber sido una burbuja se convirtió en un crecimiento no viciado por el Gobierno.

Eisenhower finalizó la Guerra de Corea iniciada por los demócratas (Harry Truman) y no inició ninguna nueva guerra. Cuando Francia estaba perdiendo la Guerra de Vietnam se negó en rotundo a entrar en esa guerra (“Estáis locos”, dijo a dirigentes militares), en la cual entrarían luego los demócratas. Épico sin duda es su discurso contra los peligros del complejo militar-industrial estadounidense, e intentó alejar a su partido del paranoico macartismo y su caza de brujas anticomunista (de McCarthy).

Eisenhower era francamente reacio al uso de la fuerza militar e intentaba usarlo como último resorte. Cuando en 1956 los soviéticos enviaron masivamente tropas a Hungría, en vez de emprender acciones militares, Eisenhower se limitó a escribir a una carta –obviamente desoída- por los soviéticos. Eisenhower era un hombre que prefería siempre el lenguaje de la diplomacia. Siendo uno de los hombres claves para diseñar la OTAN, siempre vio ésta como una organización de disuasión y prevención más que de ataque.

Hizo lo posible por acabar con la segregación racial en el ejército, y no dudó en enviar tropas para hacer cumplir los derechos civiles cuando el gobernador de Arkansas se negó a admitir negros en la escuela de Little Rock. Todo esto hizo que fuera y sea el candidato presidencial republicano con mayor apoyo de población negra (hasta un 39%) desde los años 30 hasta aún hoy.

Aunque Eisenhower permanece aún lejos de un ideal libertario, su querencia por el Gobierno limitado y su respeto a los límites constitucionales son sin duda un ejemplo para los W. Bush y Obama de hoy en día.