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El AVE, Ciudadanos y Garicano

Hace unas semanas el partido político Ciudadanos anunció, por recomendación del economista Luis Garicano, que en el caso de gobernar en España frenaría la inversión en el AVE, es decir, la construcción de más metros lineales de tren de alta velocidad. Además, especificó que no paralizaría el gasto en las vías que se están construyendo actualmente, sino que abandonaría la idea de construir nuevos tramos, muchos de ellos ya planificados.

Mariano Rajoy Brey, Presidente del Gobierno de España, tachó de frivolidad esta propuesta y otros políticos han acusado de disparate el anuncio de Ciudadanos. Es más, incluso han intentado hacer pasar por ocurrencia de chiflados esta idea de la paralización del AVE.

“Construir infraestructuras públicas siempre es beneficioso, es una inversión”. Ésta quizás sea una de las frases más repetidas por los políticos y aceptada por la mayoría de la sociedad. La realidad es que el coste que supone informarse de cómo es el sistema, cuánto cuesta algo o si es rentable o no económicamente sería muy elevado para cada individuo, por ello, éstos, tal y como nos ha enseñado la Escuela de la Elección Pública, votan aquellas cosas que les suenan bien. Esto es conocido en la ciencia económica como las irracionalidades democráticas, pues, ¿quién va a rechazar a un político que dice que le va a poner un aeropuerto, un metro, una circunvalación o un tren de alta velocidad en la puerta de su casa?

A lo anterior hay que sumar que existen intereses especiales. Es decir, existen intereses tanto de políticos como de pequeños grupos de poder en llevar a cabo este tipo de acciones económicas que sólo les benefician a ellos. La principal razón es que para estos grupos y para los políticos y funcionarios que defienden estas operaciones el coste de intentar lograr vender algo así es próximo a cero y sin embargo sus beneficios son muy altos. Imaginen la cantidad de millones que consiguen ganar las empresas que realizan este tipo de obras públicas, los votos que consiguen los políticos que las promueven o los escalones que va a subir un funcionario que apoye este tipo de operaciones. Es más, la mayoría de los ciudadanos cree incluso que están ganando, cuando un análisis económico simple demostraría que se están desviando rentas importantes a funciones improductivas. Es decir, como diría Frederic Bastiat, sólo nos fijamos en la infraestructura realizada, en lo que el ojo ve, pero no nos percatamos de lo que el ojo no ve, o lo que es lo mismo, la cantidad de riqueza que se deja de crear al destinar una importante cantidad de recursos a infraestructuras improductivas. Además, el coste de estas operaciones aisladas es casi inapreciable y disuelto entre todos los ciudadanos. Por esta razón, no van a ser conscientes de lo que están pagando y van a caer en manos de los grupos de presión que llevará a los Gobiernos a realizar acciones dañinas para el conjunto de la sociedad.

Aunque el Gobierno de España lo niegue, desde carreteras sin automóviles hasta aeropuertos sin pasajeros, España es un claro ejemplo de destrucción de capital construyendo unas instalaciones que no sirven para nada, que han sido pagadas con el dinero de los contribuyentes y solo han sido útiles para engordar los bolsillos de algunos de estos grupos de poder o, incluso, de funcionarios y políticos.

Pero ¿es el AVE una de estas infraestructuras disparatadas que perjudican al conjunto de la sociedad?

Recientemente, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) ha concluido en un informe que «España no debería haber construido ninguna línea de AVE» y en el que se demuestra que la alta velocidad ha sido una de las peores inversiones públicas de nuestro país.

En el mercado las inversiones se realizan cuando éstas van a aportar beneficios, pues si aportan beneficios significa que son necesarias y buenas para el conjunto de la sociedad. Pero, ¿cuántos beneficios? La historia de la Bolsa hasta hoy, incluyendo el crack del 29, ha dado un 8% anual de retorno sobre la inversión. Por ello, cualquier empresario que se aventura a realizar una inversión en un negocio quiere conseguir un retorno superior a este porcentaje. Hoy en día se consideran negocios aceptables aquellos que dan entre un 10 y un 12% anual. Según el informe de Fedea, el AVE ha costado desde 1998 hasta hoy unos 7.500 millones de euros. Por ello, vamos a estudiar si la inversión pública del AVE daría dicho beneficio.

Según el estudio los beneficios del AVE durante 50 años, incluyendo los beneficios sociales, es decir, no sólo los directos del negocio, estarán en torno a 3.500 millones de euros o, lo que es lo mismo, el 45,94% de la inversión realizada de 7.500 millones. Es decir, que tras 50 años la rentabilidad del AVE sería de 0,91% anual. Este simple dato nos indica que jamás debió haberse realizado ni una sola línea de AVE, pues se estaban sacando recursos de la estructura productiva, es decir, de los bolsillos de los ciudadanos, para emprender acciones económicas que perjudican claramente el crecimiento económico de nuestro país.

Pero, realmente, la gravedad de la construcción del AVE es mucho mayor. Pues no sólo se han destinado una importante cantidad de recursos a infraestructuras innecesarias, sino que además ha perjudicado a empresas privadas que realizaban el servicio de transporte correctamente y a buenos precios.

Un ejemplo claro de lo expuesto es el trayecto Madrid-Barcelona. En la imagen del informe podemos comprobar que tras la implantación del AVE las compañías aéreas que realizaban un servicio exitosamente y a buenos precios han visto perjudicada su cuota de mercado. Es decir, empresas con capital privado, que no le costaban absolutamente nada al contribuyente, han tenido que reducir sus vuelos y beneficios para favorecer servicios de empresas públicas que nos han costado una importante cantidad de dinero a todos los contribuyentes y que no eran en ningún caso necesarias.

Otro ejemplo podría ser el AVE en el País Vasco. Muchas personas lo esperan con impaciencia, pues no disponen de un servicio rápido y accesible de transporte. Sin embargo, esto no es del todo cierto, hasta hace unos meses se podía viajar con compañías Low Cost de Bilbao a Madrid y otros lugares a precios mucho más baratos de lo que se tendrá que pagar por un billete de AVE en el futuro. ¿Pero por qué esto no sigue siendo así? Muy fácil de comprender, el Estado, además de realizar infraestructuras improductivas que benefician únicamente a unos pocos y que perjudican a empresas que realizaban un servicio sin ningún tipo de coste para el erario público, han elevado las tasas o impuestos en aeropuertos como el de Bilbao, lo que ha hecho que las compañías aéreas de precios bajos se fueran por dejar de ser competitivas con otros medios de transporte baratos como el autobús.

Pero esto no ha sucedido únicamente con el tren de alta velocidad. Revisemos por un momento el metro de Madrid o de Bilbao. Dos de los metros que tienen más fama y son más aceptados por el conjunto de la ciudadanía. El metro de Madrid perdió 219 millones de euros en 2013 y en la ampliación de sus vías y nuevas estaciones se gastó más de 4.000 millones de euros entre 2003 y 2007. Por otro lado, el metro de Bilbao proporcionó un beneficio de 14 millones de euros en 2010.  Podría ser una alegría que tengan beneficios, pero es que para estas pírricas ganancias se han gastando una importante cantidad de millones de euros, pues si en construir los casi 6 kilómetros de la nueva línea 3 se van a gastar 279 millones de euros imaginemos la cantidad de millones que se han supuesto los 43 kilómetros de las líneas 1 y 2. Las cifras son claras, estas inversiones públicas han sido un auténtico dislate, pues entre otras cosas en estas dos ciudades no existe densidad suficiente de habitantes para hacer rentable una operación así.

El metro en Madrid o Bilbao podría funcionar si esas ciudades contaran con muchísima más población de la que hay hoy y, en especial, más concentrada. Sin embargo, en ese caso no habría que emplear un solo euro público, pues habría inversores dispuestos a construirlos. No obstante, ese incremento de población desgraciadamente no va a suceder mientras seamos una de los países con más impuestos, regulaciones y subvenciones del mundo y tengamos unos planes urbanísticos que promueven la expansión de nuestras ciudades con una baja densidad. Con respecto al AVE, la situación es más compleja, pues a todas luces parece que sigue siendo mucho más económico el transporte aéreo, sobre todo cuando el Estado no fríe a impuestos a las compañías aéreas perjudicando así a todos los viajeros. Por esta razón, lo sensato y lo económico sería lo propuesto por Ciudadanos y lo frívolo o disparatado lo realizado por los Gobiernos de España del Partido Popular y el PSOE en los casi últimos 20 años.