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El azul de Nivea y las flores de la puerta de Alcalá

Dos noticias de relleno me han llamado la atención; primera: Dove no consigue arrebatar a Nivea el registro del color azul, y segunda: Carmena sustituye el Belén de la Puerta de Alcalá por flores.

Parecen, y son, dos tonterías sin mucha importancia, pero a la vez demuestran fácilmente por qué vivimos en un sistema donde la política se va imponiendo más y más a la sociedad civil.

Es bastante dudoso que el hecho de que un color sea monopolio de una marca comercial sea fruto de un sistema de derecho y libertades. Más bien parece el típico apaño entre una corporación y el poder establecido. En cambio está claro que vivimos en un sistema democrático, por lo que la conclusión lógica es que la democracia lleva a este tipo de sinsentidos.

La realidad es que si se pusiera a votación algo tan absurdo como que una empresa pueda tener el privilegio de utilizar un color en exclusiva no creo que la idea tuviera mucho apoyo de los votantes (si es que hubiera personas que se animaran a votar por semejante cuestión).

Así que la trampa se esconde en que con Estados cada vez más grandes y con más poder no es necesario que el ciudadano sepa qué leyes va a provocar su voto. Sólo se trata de escoger a un gobierno con mucho poder (a poder ser nacional, europeo o mundial) y ellos ya se encargarán de hacer leyes y leyes que mantengan la paz y armonía (y de paso que beneficien a unos grupos de presión sobre otros, y sobro todo sobre el individuo de a pie).

Tampoco hay que descartar que el ciudadano se lo merezca. Ahí tenemos el ejemplo de la segunda noticia; al parecer, a los ciudadanos de Vallecas, y otros barrios donde Podemos ha sacado la mayoría de sus votos, lo que más les importaba era que en la Puerta de Alcalá no hubiera símbolos religiosos. Los vecinos y empresas de la zona, que son los que pagan el mantenimiento de las calles (incluidas las dichosas luces) no tienen mucho que decir al respecto, ya que lo que cuenta es la opinión de la mayoría, aunque la mayoría no viva allí ni pague las facturas.

Por supuesto el gesto de las luces solo sirve para que el gobierno de Podemos, y cualquier otro de cualquier otro partido, pueda colocar a sus familias, amigos y disfrutar a lo grande con el inmenso poder que los ciudadanos les otorgan a cambio de mangonear a los de la ideología de en frente.

A veces me imagino un mundo donde las empresas que quieran tener el monopolio de un color tienen que negociar con cientos de comercios y cadenas comerciales para conseguirlo, sabiendo que les va a salir caro y siempre será algo temporal que depende de la voluntad (e interés) de terceros, y donde los vecinos y comercios de los barrios tienen que escoger qué iluminación poner, pagarla de su bolsillo y escoger si es religiosa o no. Luego me acuerdo de qué aburrida sería la vida sin votar cada cuatro años para echar a los fachas (o los rojos, o a la casta, o a los viejos, a los machistas, etc.) del gobierno para poner a los míos, y vuelvo a la realidad.