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El Efecto <em>Endowment</em> explicado por la economía austriaca

El comentario de hace dos meses se lo dediqué al psicólogo Daniel Kahneman y su teoría de las perspectivas[1]. En él, se buscaba la conciliación entre dicha teoría psicológica, obtenida a partir de la observación empírica, y la teoría económica austriaca, desarrollada a priori a partir del axioma de que el hombre actúa.

En estos meses he tenido tiempo de terminar la lectura del libro Thinking, Fast and Slow, que citaba en aquel comentario, y adentrarme un poco más en el apasionante mundo de la psicología. Y la verdad es que no son pocas las veces que Kahneman, en sus aproximaciones a la teoría económica, muestra su extrañeza e incluso desazón ante los postulados utilizados por los economistas mainstream para modelar al ser humano en la construcción de sus supuestas teorías.

Esto no debería ser sorprendente para el economista austriaco, familiarizado de sobra con dichas deficiencias desde una perspectiva apriorística. Pero más importante que dicha constatación por Kahneman, está el hecho de que sus observaciones empíricas en el ámbito de la economía sí suelen ser coherentes con las conclusiones de las economía austriaca. Un ejemplo es la ya desarrollada conciliación con la teoría de la perspectiva, y otro es el que se va a analizar en estas líneas para el llamado efecto “endowment”, traducido en algunos casos como “efecto de dotación”.

El efecto endowment procede de la observación empírica, no es predecible a priori. En otras palabras, la teoría económica no puede establecer la existencia de este efecto. Pero, constatada su existencia empíricamente, sí debería poder explicarla. Adicionalmente, debería ser capaz de incorporar a sus modelos y teoremas la existencia (constatada empíricamente) del efecto, de la misma forma que es capaz de elaborar modelos que incorporan la existencia del dinero al sistema económico, y de explicar por qué surge el dinero, suceso que también es una constatación empírica.

¿En qué consiste el efecto endowment? Muy sencillo: es el efecto por el cual el valor de un bien sube para el individuo cuando lo posee. El efecto fue constatado originalmente por Richard Thaler, considerado el fundador de la economía del comportamiento (behavioral economics), y su existencia ha quedado demostrada en múltiples experimentos. De hecho basta hacer la siguiente comparación para vislumbrar su existencia: ¿cuánto estarías dispuesto a pagar por una entrada para ver (ponga aquí la final deportiva que corresponda, o el concierto en directo de sus cantantes preferidos)? ¿Por cuánto estarías dispuesto a vender la misma entrada si la tuvieras? La mayor parte de la gente solo está dispuesta a pagar para obtener la entrada una fracción del precio al que estaría dispuesta a venderla si la tuviera.

La existencia de este efecto es inexplicable para los economistas neoclásicos: si el valor del bien es uno para el individuo, ¿cómo puede ser que esté dispuesto a pagar mucho menos de lo que exigiría para venderlo una vez en su posesión?

Thaler encontró una posible explicación del efecto en la teoría de las perspectivas de Kahneman, y más en concreto en el principio de aversión a las pérdidas. Recuérdese que, según este principio, las pérdidas parecen mayores que las ganancias similares al compararse directamente. Así, la ganancia que supone hacerse con la entrada antes dicha se observa como menor que la pérdida de la entrada una vez se tiene. Ello explicaría que no estemos dispuestos a pagar tanto por comprarla, como exigimos a cambio de venderla.

Al mismo tiempo, se constata empíricamente que el efecto endowment no existe para todos los bienes. Por ejemplo, no parece existir para el dinero, ni parecen sufrirlo los comerciantes con los bienes que venden. Thaler y Kahneman concluyeron tras una serie de observaciones que el efecto endowment parece únicamente existir en los bienes que valoramos por su uso, y no en aquellos que valoramos para intercambio.

Desde la perspectiva de la teoría económica austriaca, la existencia del efecto endowment se explica fácilmente. La escala de valores del individuo no es invariable con el tiempo; por el contrario, dichas preferencias varían con las circunstancias y la información que obtiene cada persona, además de acuerdo a la percepción subjetiva y la experiencia previa de cada uno. Es claro por tanto que el efecto endowment procede de un cambio en las preferencias del individuo como consecuencia de pasar a ser propietario de un bien concreto que antes no poseía. Obsérvese que en el modelo austriaco se explica de forma muy sencilla algo que resulta inexplicable e inaceptable para el economista neoclásico.

¿Por qué en los bienes para intercambio no hay efecto endowment? En estos bienes, el valor de uso (salvo para las primeras unidades del bien) es cero, pues el propietario dispone de más bienes de los que requiere para satisfacer sus necesidades directas. Lógicamente, las unidades adicionales que se adquieran seguirán teniendo valor de uso cero, y solo se estarán adquiriendo por su valor de intercambio. A su vez, este valor de intercambio viene en buena medida condicionado por el precio al que se puede vender el bien, que es algo externo al individuo.

Por tanto, aunque la adquisición de dichos bienes pueda suponer una variación en las preferencias del individuo, resulta muy difícil que alteren el valor de las unidades adquiridas (salvo, insisto, para las primeras unidades del bien).

Es más, es evidente que el comerciante querrá intercambiar las unidades a un valor superior al que le han costado, lo que podría hacer a alguien pensar que tenemos de nuevo un efecto endowment. Sin embargo, en este caso no hay variación en el valor del bien por el mero hecho de poseerlo: lo que ocurre es que el individuo valora el bien adquirido más que el precio de adquisición (como en todas las transacciones económicas), porque para él el valor del bien es el precio al que (cree) lo puede vender. Más claro: que el precio de la leche sea superior en la tienda que en el mayorista de la leche no es porque el minorista sufra efecto endowment, sino porque el minorista sabe que el valor de la leche en su tienda es mayor para sus clientes.

Así pues, vemos como la teoría económica austriaca parece compatible con la evidencia empírica en el ámbito psicológico. En este caso, se ha utilizado para explicar el efecto endowment, y porque éste no parece afectar a los bienes para intercambio.

Estos son solo un par de ejemplos, que abren no obstante un campo de investigación bastante amplio y quizá fundamental. Sinceramente, creo que sería muy interesante para los economistas austriacos aproximar posiciones con los psicólogos. Es clara la insatisfacción de estos últimos con el paradigma dominante, como también parece claro que desconocen el potencial de la praxeología para aportar explicaciones a sus hallazgos empíricos. Es una gran oportunidad que no deberíamos desaprovechar. Y, parafraseando a Humphrey Bogart en la archiconocida película, ojalá éste fuera el comienzo de tal gran amistad.

[1] Ver https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/conciliando...