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El gen egoísta (y político)

Al parecer la última noticia es que el padre de Rita Maestre, portavoz del Gobierno del Ayuntamiento de Madrid, ha sido nombrado subdirector general de Atención al Contribuyente de dicha institución.

Se suma así a otros recientes casos de nepotismo en los nuevos partidos, pese a que prometían ser un soplo de aire fresco en el ambiente cargado de la política española.

Lo cierto es que los políticos de Podemos, y variantes, se comportan como sus genes le dictan. Cualquier ser humano tiene una tendencia innata a beneficiar a sus familiares por encima del resto. Por supuesto un político, por muy extremista que sea, no está exento de este defecto.

El problema, por tanto, no es tanto la tendencia al nepotismo del ser humano, sino la necedad de ignorar la misma cuando los candidatos a ostentar el poder son de tu simpatía.

Del mismo modo que sólo nos subimos en los ascensores diseñados por personas que conocen las leyes de la física que los hacen funcionar, sólo deberíamos fiarnos de aquellas personas que propongan sistemas sociales que no ignoran la naturaleza humana.

Dicho de otra manera, nuestra fe en los ascensores se basa en que están construidos para el mundo real; el motor genera empuje suficiente para el ascenso, los cables tiene suficiente resistencia para no partirse, y en el caso de hacerlo, existe un sistema de frenado por cuñas cuya resistencia contra las guías pararán la cabina.

Por desgracia en las instituciones del Estado todo se apuesta a un sistema de confianza en el político basada en la afinidad ideológica y/o de intereses con el votante.

Siguiendo con nuestro ejemplo, es como montarse en un ascensor solo porque ha sido diseñado por alguien que odia o ama las mismas cosas que tú o que te promete parar más veces en la planta de tu negocio. En el mejor de los casos el ascensor no se moverá, en el peor subirá muy alto para luego caer a plomo con todos sus ocupantes dentro.

La solución podría pasar por confiar en políticos que se hayan molestado en conocer qué motivaciones mueven a las personas, cuáles son sus debilidades y cómo mitigarlas. Y lo más importante de todo, que compartan esta información públicamente, por mucho que desagrade a sus posibles votantes.

¿Conocen a algún político así? Yo tampoco, y tiene su lógica: de existir, durarían bastante poco como políticos. Del mismo modo que una empresa de ascensores quebraría si estos se caen o no funcionan, un político deja de tener razón de ser si no puede engañar a la gente diciéndoles lo que quieren oír y favoreciendo a los grupos que le apoyan.

Así que la solución pasa por no confiar en políticos para diseñar ascensores, formar a nuestros hijos, limpiar las calles, etc. Y en todo lo que no sean reemplazables ser conscientes de que son simples seres humanos buscando su propio interés.