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El hombre en la incertidumbre

Vivimos en un mundo en el que el conocimiento del futuro es incierto. De hecho, al escribir esta primera frase, no sé exactamente cómo seguirá este artículo, y menos aún cómo acabará. Los seres humanos vivimos en una realidad social en la que impera la incertidumbre, padecemos de una ignorancia que no se puede eliminar, pero sí puede suavizarse, o reducirse. Esto es así por dos razones: en primer lugar porque la acción humana no puede conocerse de antemano de manera precisa, tal y como sucede con los fenómenos que, por ejemplo, estudia la mecánica newtoniana, y que gozan de una regularidad exacta. Y en segundo lugar, porque hay acontecimientos externos que son impredecibles y no podemos controlar.

Como dijo Javier Aranzadi citando a Bergson: "El futuro no es un porvenir sino un por hacer". ¿Cómo se va a conocer algo que no existe?

No obstante, para tratar de suavizar este panorama tan incierto, el ser humano no se ha quedado de brazos cruzados, y han surgido ciertos mecanismos que, entre otras funciones, sirven para reducir la incertidumbre sobre el futuro. Éstos podrían clasificarse en tres:

  1. Ampliar el conocimiento de la realidad y de los fenómenos naturales (como la predicción meteorológica), sociales y económicos (conocer la teoría austriaca del ciclo, por ejemplo); así como mejorar el conocimiento respecto a la relación medios-fines de los planes individuales. Un factor importante para impulsar el conocimiento del segundo tipo es no poner trabas a la función empresarial.
  2. Un mayor ahorro, renunciando a consumo presente para disponer de mayores recursos en el futuro, como motivo de precaución, es una manera de reducir la inseguridad psicológica respecto a eventos futuros. Asimismo, una mayor riqueza, tanto del individuo como de la sociedad, también puede tener los mismos efectos (las consecuencias de un terremoto en un país rico y en uno pobre son diferentes, causando más daño en el pobre).
  3. Las instituciones, entendidas como comportamientos pautados que surgen de manera evolutiva y espontánea, sin que sean diseñados deliberadamente (es decir, "resultado de la acción humana, pero no del diseño humano" como dijera Adam Ferguson) tienen un papel fundamental.

Veamos el papel de las instituciones con mayor atención, a través de diferentes tipos de instituciones. Un ejemplo muy característico es el dinero, que representa un salto cualitativo positivo respecto al trueque, dado lo embarazoso e incierto que era realizar las transacciones.

También los seguros son otro medio para reducir las consecuencias impredecibles de acontecimientos adversos y la inseguridad que eso nos puede crear, como podrían ser las catástrofes naturales. Todavía tenemos reciente el caso del Huracán Katrina, con consecuencias desastrosas y una gestión muy ineficiente por parte del Gobierno federal en lo que respecta a socorrer y ayudar a las víctimas. Recientemente se ha publicado un estudio del Mercatus Center, llamado Making Hurricane Response More Effective: Lessons from the Private Sector and the Coast Guard During Katrina en el que se muestra quiénes fueron los verdaderos héroes que acudieron en socorro de los damnificados: ¿Sean Penn y su barquita? No, la respuesta es: Wal-Mart y otras compañías privadas, y la Guarda Costera de EEUU.

Según el autor del estudio, la razón del éxito de éstos últimos fue la flexibilidad y rapidez de sus acciones (los altos líderes de Wal-Mart dejaron libertad a sus empleados para actuar según su conciencia y capacidad, tal y como les anunció uno de los altos directivos: "Tomad la mejor decisión que podáis con la información disponible que dispongáis en el momento, pero sobre todo, haced lo correcto"), y especialmente, el conocimiento e información locales de que disponían, frente a la rigidez y centralismo que caracteriza a las burocracias como la FEMA. Algo similar a los argumentos defendidos por Hayek para sostener la imposibilidad del socialismo.

Por último, otro tipo de instituciones muy importante son las normas o comportamientos pautados, los esquemas de acción en los que nos solemos mover, y que reducen el gran abanico de posibilidades de acción. Por ejemplo, las personas de bien consideramos moralmente reprobable el robo o el asesinato. Si esto no fuera así, esto es, si no siguiéramos un cierto marco de normas pautadas, se dispararía el miedo y la incertidumbre, y la sociedad sería un caos. De ahí el vital papel de la moral, de unos principios y valores que guíen la conducta, para que los planes de los individuos puedan coordinarse de manera más eficiente.

Como hemos visto, el hecho de que nos enfrentemos con una incertidumbre inerradicable no implica que no se puedan suavizar sus efectos. Para ello, el papel de las instituciones, ya sean el dinero, los seguros, o la moral, es fundamental, y su estudio no debería relegarse a un segundo plano dentro de las ciencias sociales, y en particular de la ciencia económica.